Año 1 del Trump 2.0: la democracia se convierte en 'persona non grata' en EEUU

Una ola de frío asola Washington. Los termómetros se congelan con temperaturas que bajan hasta los -14 grados. En la radio suena Like a Virgin de Madonna y en el Capitolio se preparan para la toma de posesión del presidente Ronald Reagan. Era la segunda vez que el antiguo actor de Hollywood ganaba los comicios, en esta ocasión con una de las mayores palizas de la historia de las elecciones estadounidenses (solo perdió Minnesota y el D.C.), confirmando que esto de la política se le daba mejor que las películas. Desde ese momento, nunca se había vuelto a producir una investidura a puerta cerrada en EEUU, un hecho que suele estar reservado a circunstancias extremas como el juramento de un sucesor de un presidente fallecido.

Sin embargo, en 2025, el traspaso de poderes volvió a celebrarse dentro de las paredes del Capitolio. Allí, en donde algo más de 4 años antes una turba asaltó uno de los símbolos de la democracia del país, el hombre que alentó a esa muchedumbre juraba el cargo para oficializar su vuelta a la Casa Blanca. El motivo volvió a ser el frío, pero las circunstancias no podrían ser más diferentes. La transición de la primera a la segunda Administración Reagan apenas se notó, la de Biden-Trump simboliza la quiebra entre dos modelos de EEUU y el fin de la tregua trumpista que había comenzado con la derrota del magnate en las elecciones de 2020. Donald Trump estaba de vuelta y, como su toma de posesión, todo iba a ser muy distinto a partir de ese momento. 

El presidente estadounidense ha desarrollado, durante estos 12 meses de mandato, una agenda con casi nulos precedentes en la historia del país. Bien es cierto que ha continuado muchas de las obsesiones y exabruptos de su primer mandato, pero este Trump 2.0 lo ha hecho con una virulencia inusitada. Lo hizo desde el primer momento, con una firma multitudinaria de una avalancha de órdenes ejecutivas justo después de tomar posesión y que dejaron en agua de borrajas muchas de las medidas de Biden. 

El Trump más desatado ya se vio con los nombramientos de los principales cargos de su Administración. El presidente, que se veía más fuerte que nunca tras su triunfo electoral, decidió no repetir los errores que, a su juicio, había cometido en su primer mandato. “Trump está convencido de que su anterior estancia en la Casa Blanca había sido saboteada por el ala tradicional del Partido Republicano”, recuerda Pedro Soriano, experto en política estadounidense. Por eso, esta vez Trump no primó para esos puestos ni las competencias ni el pedigrí político, sino la total y absoluta lealtad a su figura. Con nombramientos como los de Pete Hegseth, Tulsi Gabbard o el posteriormente anulado de Matt Gaetz, el magnate ponía el último clavo en el ataúd de los republicanos tradicionales.

Todo el poder en la Casa Blanca

Eso sí, dinamitar la estructura de su propio partido no ha sido, ni mucho menos, el mayor impacto que ha tenido Trump en su primer año. Para Roger Senserrich, politólogo especializado en política de EEUU, el cambio más importante que se ha vivido en el país en este segundo advenimiento de Trump ha sido la centralización del poder en la figura del presidente en detrimento del Congreso. “En la Constitución de EEUU el artículo 1 regula precisamente el legislativo, no la presidencia. Eso hace ver que el sistema estadounidense está pensado de origen, al contrario de lo que pudiera parecer, con el Congreso en el centro con el objetivo de primar el debate. Eso ha sido destruído por Trump”, señala Senserrich.

De hecho, el politólogo recuerda cómo ningún presidente desde Richard Nixon se había atrevido a ir tan lejos en ese sentido. “Tras su legislatura, en la que el presidente acumuló mucho poder, se trató de compensar hacia el legislativo, una tónica que más o menos se mantuvo desde entonces”, continúa Senserrich. Soriano está igualmente de acuerdo con que EEUU se ha encaminado con Trump a un sistema mucho más centralizado en la Casa Blanca: “La falta de respeto a la separación de poderes ha sido quizás la innovación más grande que ha traído este nuevo mandato. Ha transformado al legislativo en una mera extensión de la presidencia”.

Una justicia desbordada y politizada

En ese juego de debilitar los contrapoderes, la Justicia ha sido otra de las grandes víctimas de Trump. Los litigios judiciales que han abierto sus órdenes ejecutivas y decisiones con respecto a la migración son ya incontables, generando un enfrentamiento cada vez más abierto entre el presidente y los tribunales. “Trump no desobedece como tal las órdenes judiciales, pero intenta, mediante triquiñuelas y lagunas legales salirse con la suya siempre que puede. Constantemente falta al respeto al normal funcionamiento de la Justicia y de las instituciones”, arguye Soriano.

Esa actitud de Trump ha derivado en un enfrentamiento abierto con muchos de los Estados demócratas, que han intentado protegerse de las medidas del presidente. Mònica Clua Losada, profesora Beatriz Galindo Senior del Departamento de Ciencias Políticas y Sociales de la UPF y que pasó parte de su vida en Texas, cuenta cómo esta actitud de conflicto de Trump con los gobernadores no es nada nuevo, y ya lo ensayó antes de su llegada a la Casa Blanca. "Texas fue el laboratorio de pruebas del trumpismo para este tipo de acciones. Entre 2021 y 2025, Greg Abbot, mandatario del Estado, estuvo tratando de crear conflicto con las instituciones. En este caso a la inversa de lo que se está produciendo. Texas se enfrentaba al Gobierno Federal de Biden continuamente. En la frontera incluso llegó a haber tiroteos entre agentes del Estado y los que dependían de la Casa Blanca", relata la profesora.

En esa deriva se encuadra otra de las tendencias autoritarias más evidentes de la segunda Administración Trump. “El presidente está usando continuamente la burocracia federal y, concretamente, el Departamento de Justicia, para satisfacer sus propios intereses y perseguir a sus enemigos políticos. La Justicia trumpista está completamente politizada”, comenta Senserrich. Como ejemplo, el politólogo cita una investigación donde se estudiaba el comportamiento de los jueces nominados por Trump y en el que se demostraba que estos votaban a favor del presidente en porcentajes nunca antes vistos. 

Para el politólogo, dentro de las decisiones judiciales más importantes y donde se verá el alcance de esta parasitación de la Justicia por parte de Trump está la resolución de los tribunales sobre la ciudadanía por nacimiento. La regla de que cualquier persona nacida en EEUU era automáticamente estadounidense lleva siendo uno de los pilares más sólidos en la idiosincrasia estadounidense… hasta ahora, cuando Trump ha limitado este principio que parecía intocable. “Es algo que está en la Constitución y que no da margen a la interpretación. Si el Supremo da una sentencia favorable a la idea de Trump sería algo muy peligroso”, insiste Senserrich. De hecho, la cuestión de la Corte Suprema es especialmente relevante, pues es quien delimita hasta qué punto puede llegar Trump. "Los jueces estatales o de condado solo tienen el poder de parar algo de forma momentánea, pero nada más", lamenta Clua.

Una violencia nunca antes vista

Y es que la migración ha sido el principal caballo de batalla del magnate en este primer año de mandato. Ningún presidente había ido tan lejos. “Trump no tiene política migratoria, lo que realmente quiere hacer es una limpieza étnica. Cuando le eligen en la convención republicana, los asistentes piden deportaciones masivas, y aunque se está topando con la resistencia civil y la Justicia, la situación es crítica. Ya no se está hablando de expulsar a inmigrantes ilegales, cuando se habla de deportaciones masivas eso incluye a toda persona no nacida en EEUU. Eso no es una política migratoria, es limpieza étnica”, dice el politólogo.

Ciudades completamente militarizadas, agentes del ICE persiguiendo a migrantes e incluso el asesinato a sangre fría de una madre de familia en Minnesota que ha disparado la indignación del país. Esto último ha sido la gota que ha desbordado el vaso, sobre todo tras las declaraciones del vicepresidente, JD Vance, diciendo que el agente del ICE tendría “inmunidad absoluta” por sus acciones y que la mujer asesinada había sido víctima de la “ideología de izquierda”. “Trump utiliza tácticas dictatoriales. Lo que estamos viendo estos días en Minneapolis se podría comparar incluso con la España franquista. No es aceptable que un agente mate a una mujer y desde el Estado se esté obstruyendo una investigación”, asegura Senserrich. 

Para Clua, esta cuestión entronca perfectamente con uno de los momentos más trascendentales en la historia reciente de EEUU: el 6 de enero de 2021. "Todo lo que estamos viendo con la migración es una continuación del asalto al Capitolio. Trump trata de manufacturar una guerra civil. Es evidente que EEUU tiene muchos problemas, algunos de ellos enormemente enquistados en temas raciales o de género, la diferencia es que sus predecesores siembre trataron de, dentro de ellos, buscar consensos e intentar calmarlos, él no. El presidente podríamos decir que incluso trata de crear él mismo esos conflictos. Es una forma completamente distinta de hacer política", añade la profesora.

Restringir el aborto y silenciar a las universidades

Los derechos de las mujeres tampoco han quedado a salvo de Trump. Si el presidente ya había contribuído en su primer mandato a afianzar la mayoría del Supremo que suprimió la protección federal al derecho al aborto, en esta segunda estancia en la Casa Blanca también ha hecho todo lo posible por limitar este derecho. Trump, por ejemplo, eliminó las ayudas federales que Biden había impulsado para garantizar el aborto electivo a personas de ingresos bajos. También incluyó a Estados Unidos en dos pactos internacionales antiaborto y retiró buena parte de la protección a las mujeres que deseen abortar frente a las personas que tratan de obstaculizar o incluso obstruir su entrada en las clínicas.

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Con todo ello, explica Clua, Trump no solo ha puesto sus ojos en el aborto en sí, sino que ha iniciado una persecución contra todo lo que tiene que ver con él. "Ya no es que haya Estados en los que está completamente prohibido abortar incluso en casos de incesto, violación o peligro de la persona gestante, es que hay incluso una criminalización de la asistencia a la persona. Por ejemplo, a la hora de ayudar a alguien que quiere abortar a viajar a otro Estado donde sí está permitido o dar dinero para que pueda irse. Además, todo esto afecta mucho más a las comunidades racializada, que en muchos de los Estados donde se ha prohibido el aborto son mayoría, o migrante, ya que si la persona no tiene papeles regularizados no tiene oportunidad de viajar a otro lugar, bien porque está directamente prohibido o por miedo", concluye la profesora.

Las garras del trumpismo han llegado también a lugares que parecían sagrados en EEUU. A principios de su mandato, el presidente comenzó una cruzada sideral contra las universidades por las protestas propalestinas que recorrieron todo el país por el genocidio en Gaza. Pero no solo fue un ataque por Palestina, Trump acusó a los centros, cuya independencia era uno de los grandes sellos del sistema, de estar “adoctrinando” a la juventud y prometiendo recuperar la institución de manos de la “izquierda radical”

Su respuesta ha sido una desfinanciación masiva de la educación, cancelando más de 2.500 millones de dólares en fondos federales y, en el caso de algunas como Harvard, el magnate llegó a restringir la inscripción de estudiantes extranjeros. “El comportamiento de Trump no es una sorpresa. Odia que le lleven la contraria, lo único que quiere es lacayos y eliminar toda crítica a su figura. No soporta que nadie se le oponga y por eso no quiere debate, solo subordinación”, mantiene Soriano.

Una ola de frío asola Washington. Los termómetros se congelan con temperaturas que bajan hasta los -14 grados. En la radio suena Like a Virgin de Madonna y en el Capitolio se preparan para la toma de posesión del presidente Ronald Reagan. Era la segunda vez que el antiguo actor de Hollywood ganaba los comicios, en esta ocasión con una de las mayores palizas de la historia de las elecciones estadounidenses (solo perdió Minnesota y el D.C.), confirmando que esto de la política se le daba mejor que las películas. Desde ese momento, nunca se había vuelto a producir una investidura a puerta cerrada en EEUU, un hecho que suele estar reservado a circunstancias extremas como el juramento de un sucesor de un presidente fallecido.

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