Alemania

El atentado alimenta a la extrema derecha y endurece el discurso de Merkel

Angela Merkel entre el presidente del Bundestag, Norbert Lammert, y el presidente de Alemania, Joachim Gauck.

La investigación policial transcurre con cierta lentitud en la capital de Alemania después de que en la noche del lunes un atentado terrorista acabase con las vida de doce personas y dejase heridas a otras 48. Aunque en un primer momento las autoridades detuvieron a un sospechoso como presunto autor material de los hechos –un joven pakistaní que residía en el país como refugiado–, el hombre finalmente fue puesto en libertad este martes sin cargos y la búsqueda de responsables continúa activa. Alrededor de las 20:30 horas del martes, Estado Islámico reivindicó la autoría del ataque.

Pese a los hechos aún por esclarecer, los representantes políticos del país ya han manifestado sus posiciones al respecto, algo especialmente significativo teniendo en cuenta que las próximas elecciones federales se celebrarán a finales del 2017. Expertos en relaciones internacionales consultados por infoLibre valoran que, si bien el ataque no conlleva necesariamente un cambio radical en el panorama nacional, se suma a toda una serie de eventualidades que el escenario político ha ido acumulando y que vaticinan una transformación más que probable en el país. 

La respuesta política tras el atentado

La Unión Social Cristiana (CSU), el partido hermano de la Unión Cristiano Demócrata (CDU) de la canciller alemana, Angela Merkel, reclamó al Gobierno un cambio en la política migratoria: "Le debemos a las víctimas, a los afectados y a toda la población alemana repensar nuestra política migratoria y de seguridad y cambiarla". La reacción por parte de la ultraderecha tampoco se hizo esperar. El eurodiputado Marcus Pretzell, líder de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) en el Estado de Renania del Norte-Westfalia, aseguró, antes de que lo confirmaran las autoridades, que los hechos respondían a un atentado y que las víctimas son "muertos de Merkel".

Por su parte, el líder socialdemócrata Sigmar Gabriel, optó por realizar un llamamiento a la unidad nacional. "Nuestra respuesta al odio es la cohesión, la prudencia y la determinación", sentenció. Finalmente, Merkel subrayó que, en caso de que la autoría apunte a un solicitante de asilo, "sería particularmente doloroso para todos los alemanes comprometidos día tras día en ayudar a los refugiados y para toda la gente que necesita nuestra protección cada día y se esfuerza por integrarse".

Estas palabras cobran una dimensión particularmente relevante debido a la proximidad de la cita con las urnas. Acontecimientos como el de este lunes tienden a moldear la opinión pública y generar comportamientos que habitualmente quedan reflejados en los resultados electorales o en las políticas públicas que se llevan a cabo. Durante la pasada Nochevieja, la ciudad alemana de Colonia presenció una serie de agresiones sexuales masivas que las autoridades se apresuraron a vincular con la llegada de refugiados al país. La identificación de los agresores como posibles refugiados generó una importante tensión en el Gobierno de Angela Merkel debido a su apuesta por las políticas de asilo. Pese a que finalmente se confirmó que entre los 58 detenidos únicamente había tres refugiados, la alarma social y la consecuente repercusión política fueron imparables.

Angela Merkel endurece su discurso

Miguel Otero, investigador del Real Instituo Elcano, advierte de lo aventurado que supone establecer cualquier análisis respecto a unos hechos aún por aclarar. El autor del atentado, sostiene, "pudo haber nacido en Alemania o haber llegado al país pero no como refugiado sino como inmigrante", cuestión clave a la hora de valorar los próximos acontecimientos. En cualquier caso, "va a abrir todavía más la brecha" entre "una sociedad europea dividida por aquellos que están a favor de una sociedad plural, multicultural y de la ayuda a los refugiados, y la gente que no lo está". Por tanto, considera Otero, los partidos quedarán segregados entre quienes defienden ideas "cosmopolitas o nativistas".

La situación que describe el investigador, podría derivar en que "será cada vez más complicado para los partidos liberales presentar un discurso frente a la barbarie, que tiene que ver con el miedo y la amenaza identitaria". La posición de Merkel en este contexto, se basaría  juicio de Otero en un endurecimiento de su mensaje "sin dejar de ser liberal de una manera social y económica". La actual canciller alemana cuenta, además, con la rama del CSU como facción más dura respecto a la política migratoria, pero permitiéndole mantener su imagen moderada. "Merkel va a sufrir, pero va a ser la más votada y obtendrá una cómoda ventaja frente a la oposición", vaticina el experto.

Por su parte, José Enrique de Ayala, general retirado y analista de la Fundación Alternativas, califica la cuestión de la inmigración como "el punto débil de Merkel", que en un primer momento "abrió los brazos a los inmigrantes y luego ha rectificado". El atentado perpetrado en la capital, entiende De Ayala, "puede costarle votos a la canciller, pero no va a modificar sustancialmente el resultado", que prevé evidenciará "un desgaste de poder para Merkel, pero que no impedirá que siga ganando y necesitando apoyo para gobernar" como hasta ahora.

"Hasta verano del año pasado, la política alemana era relativamente estable y había pasado por la crisis del euro porque la gente confiaba más o menos en Merkel", señala Ignacio Molina, investigador del Real Instituto Elcano. El cambio de coyuntura en el último año, añade, "demuestra que para una movilización populista de derecha son más importantes las cuestiones identitarias que las económicas", algo que "perjudicaría a la CDU, que puede situarse por debajo del 30%, de modo que peligra su posición de dominio". Ante esta circunstancia "Merkel puede modular su discurso y rectificar" respecto a las políticas migratorias, algo que "realmente ya hizo a través del acuerdo con Turquía". A juicio de Molina, la canciller alemana "es especialista en adaptarse a la opinión pública", y aunque "afortunadamente en materia de refugiados es imposible que sea tan incoherente, sí va a defender al alemán y a intentar convencer para no perder votos". 

La periodista Begoña Quesada, autora del libro Alemania, el país imprescindible (Nobel), entiende que existe la posibilidad de un "endurecimiento del discurso de Merkel", quien con "probabilidad sentirá la necesidad de moverse hacia la derecha". En este sentido, agrega, las primeras acciones apuntan a una serie de "recortes sociales, control de fronteras o identificación de los refugiados, que será lo primero que va a caer, porque es la parte más débil". La fisura entre la CDU y la CSU, asimismo, se verá acentuada a través de "unas negociaciones que se van a usar" para presionar a la actual canciller.

Pese a ello, Molina añade que existe un "elemento alemán de fondo", y es el "sentimiento de culpa" que puede resultar una "vacuna ante el aumento del populismo", de forma que juzga "imposible que éste alcance las cuotas de otros países como Hungría o Austria". El mismo elemento es también mencionado por Quesada, quien asegura que los alemanes tienden a "ayudar a la gente para cubrir las culpas de la Segunda Guerra Mundial", algo que, no obstante, corre el riesgo de quedar disipado y "derivar en un sentimiento arrogante y peligroso".

Caldo de cultivo para la extrema derecha

Los expertos coinciden en que la derecha radical del país será quien obtenga un ascenso más significativo de cara a los comicios de 2017. El principal partido en esta categoría, Alternativa para Alemania (AfD), "pasaría del 3% o 4% a oscilar entre el 13% y el 14%", sostiene Molina. Algo que, si bien comparado con Holanda o Austria no supone un gran riesgo, "es verdad que si en un año ha crecido todos esos puntos, este atentado podría ser gasolina para AfD".

Además, en caso de que el autor de la masacre fuera de origen extranjero, "la repercusión sobre la opinión pública se aprovecharía por los opositores de la extrema derecha", una situación que "tiene que ser manejada con cuidado por parte de los políticos responsables, y sabiendo diferenciar entre el solicitante de asilo, el emigrante económico y el delincuente común o terrorista", considera De Ayala. El analista entiende que la derecha radical "probablemente entre en el Parlamento al superar la barrera del 15%, algo ya previsible antes del atentado", pero que "seguirá siendo una minoría" dentro de la cámara.

También Quesada comparte esta misma tesis, al entender que los ultraderechistas seguirán manteniéndose fuera de los "márgenes de lo peligroso", por debajo del 14% o el 15%.  A juicio de la periodista, el verdadero problema vendrá con las siguientes elecciones, que serán "un verdadero punto de inflexión" porque se producirá "un cambio generacional importante". Para entonces, continúa Quesada, "será la primera vez que voten los más jóvenes, gente que no conoció la guerra, la posguerra ni la pobreza de la Alemania dividida, sólo la estable y potente", de modo que "van a tener mucho que decir y es ahí donde está el riesgo" en caso de que las fuerzas de extremaderecha, tanto en Alemania como en los países de su entorno, continúen con el impulso que han venido experimentando en los últimos años.

La encrucijada de la izquierda

Según entiende Miguel Otero, frente a la postura de Merkel "habrá cada vez un discurso de AfD más nativista, pero esta división para quien supone un problema serio es para la socialdemocracia, porque hace mucho tiempo que no sabe lidiar con el tema de la inmigración". Se trata, a juicio de el general De Ayala, de una crisis que afecta a toda Europa: "En Francia el candidato de izquierda probablemente no pase de la segunda vuelta y en Italia está relegada a un papel marginal". Por ello, en Alemania "probablemente no suba del 20% o el 22%" en las próximas elecciones. De este modo, añade, el SPD "obtendrá un resultado similar o inferior, mientras que La Izquierda (Die Linke) quedará más o menos en la misma tesitura, y los verdes puede que aumenten", dando pie a una posible coalición tripartita, aunque resulta "más probable que se mantenga la actual alianza".

En este sentido, Ignacio Molina pronostica que "los partidos de izquierda intentarán defender una posición similar a la del candidato ecologista de Austria, basada en una visión abierta", que sin embargo será insuficiente ante el refuerzo de la extrema derecha, ya que "el votante de izquierda puede optar por un punto medio moderado y reforzar a Merkel como consecuencia del miedo a la derecha". 

El problema, sentencia De Ayala, es que la izquierda alemana "carece de un discurso coherente" ante los radicalismos que se nutren de la crisis económica y migratoria que azota a los países europeos. 

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