Dar la batalla cultural en las redes, la guerra digital que también libran Estados Unidos e Irán
La incertidumbre por el conflicto en Oriente Medio entre EEUU e Irán se ha convertido en el tema que rodea toda la actualidad. Las vidas iraníes y libanesas, el mercado del petróleo, el precio de los alimentos y la geopolítica global cambia casi cada día, a merced de las decisiones de Donald Trump.
El cambio de opinión constante de este mandatario —que hace semanas aseguraba que esta guerra duraría apenas unos días— ha hundido la economía global, pero su narrativa sigue siendo la de una “victoria contundente”, como aseguraba este miércoles su secretario de Guerra, Pete Hegseth. Y es que el país americano siempre ha invertido muchos esfuerzos en la creación de esta autoimagen. Recientemente, altos cargos dieron una orden directa a sus embajadas que les obligaba a difundir propaganda política favorecedora en sus redes sociales, como X (Twitter), según ha adelantado el medio británico The Guardian.
El comunicado, firmado por el secretario de Estado, Marco Rubio, el pasado 30 de marzo, da instrucciones a esta red diplomática para “contar la historia de América” y coordinar su labor con el Departamento de Operaciones Psicológicas del Ministerio de Guerra, que forma parte del Pentágono. La prioridad de estas instituciones a partir de ahora es luchar contra cualquier forma de discurso “antiestadounidense”, reclutando a influencers, académicos y líderes comunitarios como herramienta de presión política en los más de 160 países en los que se encuentra.
Esta nueva forma de controlar la narrativa e influir en la opinión pública de las ciudadanías no solo se encuentra centrada en la guerra en Oriente Medio, sino que intenta imponer la visión de Washington en demás asuntos de interés público. En España, por ejemplo, el pasado 2 de abril la embajada de EEUU en Madrid hizo una publicación en relación a la eutanasia de Noelia, una práctica rechazada por la política conservadora y no alienada con los intereses del gobierno de Trump.
Las respuestas al tuit parecían desacreditar cualquier intento de influencia americana, en su mayoría apuntando la hipocresía de un estado que privatiza la sanidad y promueve guerras con miles de pérdidas de vidas humanas por intereses económicos. Sin embargo, la capacidad expansiva de la propaganda estadounidense es inmensurable y sus raíces están muy arraigadas en el imaginario colectivo y político.
Irán se abre paso en el panorama digital
Por su parte, Irán también ha desplegado la estrategia de utilizar sus embajadas para un fin similar. Sin embargo, la forma y el contenido distan bastante de las de su homólogo americano. En este caso, la sorna, el humor ácido y la crítica política protagonizan las redes de las instituciones diplomáticas persas, trasladando a un plano digital una batalla, esta vez, cultural.
La velocidad y la visibilidad que ofrecen las redes sociales ha sido aprovechado por Teherán para encontrar este hueco. Un país con escaso poder movilizador en Occidente ha conseguido, a través de la viralidad que permiten las comunidades digitales, alzar la voz y expresarse en el panorama de la opinión pública.
Sus publicaciones satíricas contra Estados Unidos se han visto alineadas con el desconcierto y el rechazo generalizado a las decisiones de Trump, muchas de ellas calificadas como posibles "crímenes de guerra", según expertos de la ONU y la organización civil Human Rights Watch (HRW).
La capacidad de difusión propagandística que ofrecen las redes sociales permite democratizar también las proclamas de países con diferente peso político. Este enfrentamiento digital iraní pretende conectar con audiencias globales, alimentando la desacralización del estado americano, tan ansiado en un momento de desestabilización política y económica, producido por unas maniobras imperialistas que no se sabe cuando llegarán a su fin.