Los gestos y actitudes de Trump que avivan el fantasma de la demencia que ya afectó a Biden

Donald Trump interrumpió una reunión estratégica con ejecutivos de las mayores petroleras del mundo para levantarse de la mesa, caminar hasta la ventana de la sala y quedarse mirando las obras de su nuevo salón de baile, un proyecto personal que ya ha duplicado su coste inicial y que el presidente volvió a elogiar durante varios minutos ante una audiencia desconcertada.

 “Un momento inusual para mirar, pero pensé que ya que estábamos…”, dijo, antes de volver a sentarse y retomar la conversación. Minutos después, anunció en voz alta que el Secretario de Estado, Marco Rubio, acababa de pasarle una nota privada, y procedió a leerla íntegra ante todos los presentes, generando confusión en la sala y obligando al propio Rubio a reconducir la reunión.

Las escenas, captadas en vídeo, tuvieron lugar el pasado 9 de enero durante un encuentro con ejecutivos de las compañías petroleras Chevron y Exxon para impulsar inversiones en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro. Para buena parte de la prensa estadounidense, se convirtió en la imagen más reciente de una sucesión de comportamientos públicos que han reactivado el debate sobre la capacidad cognitiva del presidente para ejercer el cargo en su segundo mandato.

Gestos que se acumulan

A lo largo de 2025, Trump ha protagonizado intervenciones erráticas, discursos plagados de digresiones y episodios de aparente desorientación que han alimentado la preocupación incluso entre antiguos aliados. En un análisis publicado a finales de año, The Guardian recopiló múltiples apariciones públicas en las que el presidente se desvió de los temas previstos para hablar de asuntos inconexos, mezcló anécdotas improbables con afirmaciones falsas y mostró dificultades para mantener el hilo de sus intervenciones.

Trump se convirtió el año pasado en el presidente estadounidense de mayor edad al jurar el cargo, tras una campaña en la que el supuesto deterioro cognitivo del presidente saliente, Joe Biden, fue uno de sus mayores argumentos electorales. Biden protagonizó durante su mandato varias escenas alarmantes como su actuación en su último debate electoral antes de dejar paso a Kamala Harris, quedarse aparentemente dormido en cumbres internacionales o sufrir varias caídas en actos públicos

Ahora, la sucesión de varios episodios similares, aunque no tan flagrantes, por parte de Trump, ha llevado a algunos medios estadounidenses a dejar de tratar estos gestos como simples excentricidades y a situarlos en un marco más amplio: el de un presidente de 79 años que ejerce el poder sin apenas filtros ni contrapesos efectivos. 

La defensa que genera más preguntas

Frente a estas dudas, Trump ha optado —como es habitual en él— por una estrategia de confrontación. A comienzos de enero volvió a presumir en su red social, Truth Social, de haber “acertado al 100%” un test cognitivo —cuyos resultados no publicó— por “tercera vez consecutiva”, asegurando que los médicos de la Casa Blanca le habían declarado en “perfecta salud”. El mensaje, lejos de cerrar el debate, lo reavivó.

En declaraciones a The Daily Beast, el analista médico de NBC News Vin Gupta advirtió de que someterse con tanta frecuencia a pruebas como el test cognitivo de Montreal no suele ser un indicio tranquilizador. Según explicó, este tipo de evaluaciones se repiten habitualmente cuando existe un seguimiento de posibles deterioros, no como chequeo rutinario. El psicólogo John Gartner fue más allá al señalar, en declaraciones al mismo medio, que repetir la misma prueba varias veces sugiere monitorización de un problema, no simple evaluación preventiva.

La Casa Blanca ha rechazado de plano estas interpretaciones. Sus portavoces han insistido en que Trump goza de una agudeza mental “sin parangón” y han evitado facilitar información detallada sobre las pruebas médicas a las que se ha sometido el presidente. La opacidad ha contribuido, sin embargo, a mantener viva la especulación, especialmente después de que en octubre trascendiera que Trump se había realizado una resonancia magnética durante un reconocimiento médico, cuya explicación oficial fue que era una “prueba preventiva”.

De la salud al riesgo institucional

El debate ha trascendido el ámbito mediático y médico para instalarse en el terreno político y jurídico. Un análisis publicado por la International Bar Association, una organización global de juristas, subraya que no se trata solo de diagnosticar al presidente, sino de evaluar si determinados comportamientos públicos pueden tener consecuencias constitucionales. El texto recuerda que la 25ª Enmienda de la Constitución de Estados Unidos contempla un mecanismo —nunca utilizado, aunque también frecuentemente mencionado con Joe Biden— para apartar a un presidente incapacitado para desempeñar sus funciones, siempre que el vicepresidente y la mayoría del gabinete así lo declaren.

El artículo repasa discursos recientes de Trump, como su intervención ante la Asamblea General de la ONU o su discurso ante mandos militares en Virginia, en los que combinó amenazas, digresiones y afirmaciones falsas, y recoge las declaraciones de dirigentes demócratas que han planteado abiertamente la posibilidad de activar ese mecanismo. La propia IBA reconoce, no obstante, que la viabilidad política de una medida así es mínima en un gabinete dominado por leales al presidente.

En un segundo mandato marcado por la concentración de poder y la erosión de los contrapesos democráticos, los gestos de Trump han dejado de ser simples anécdotas. Para una parte creciente del debate público estadounidense, se han convertido en síntomas de un problema mayor: qué ocurre cuando el poder absoluto se ejerce sin nincgún control, y cuando las dudas sobre la capacidad de quien lo ostenta ya no pueden despacharse como ruido mediático.

Donald Trump interrumpió una reunión estratégica con ejecutivos de las mayores petroleras del mundo para levantarse de la mesa, caminar hasta la ventana de la sala y quedarse mirando las obras de su nuevo salón de baile, un proyecto personal que ya ha duplicado su coste inicial y que el presidente volvió a elogiar durante varios minutos ante una audiencia desconcertada.

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