Atentados terroristas

Nigeria, Irak y Pakistán concentran el 70% de los grandes atentados terroristas de los últimos cinco años

Nigeria, Irak y Pakistán concentran el 70% de los grandes atentados terroristas de los últimos cinco años

Los atentados perpetrados el pasado martes 22 en Bruselas y reivindicados por la organización terrorista Dáesh –Estado Islámico–, que dejaron tras de sí 31 muertos y más de 200 heridos, unidos al atentado suicida que acabó con la vida de 69 personas en un parque infantil de Pakistán el pasado domingo 27, obligan a enfocar el problema del terrorismo de una manera global.

Pese a la tendencia mediática de priorizar la cuestión únicamente cuando atañe a los países occidentales, la gran mayoría de los grandes atentados terroristas –definiendo como tales aquellos que han dejado más de 50 víctimas en un solo ataque– fueron ejecutados en países de Oriente Medio. Así ha sido durante los últimos cinco años, desde 2010 hasta 2014, período en el que fueron registrados 104 atentados de estas características –un total de 79 en el rango de 50 a 100 víctimas, y 25 de 101 en adelante– según la base de datos Global Terrorism Database, centro de investigación vinculado a la Universidad de Maryland. De continuar con esta tendencia, la década del 2010 al 2019 será la más mortífera de la historia en cuanto a grandes masacres terroristas.

De hecho, la cifra no ha dejado de experimentar un crecimiento progresivo con el avance del tiempo. Los peores datos registrados hasta el momento habían recaído en la década del 2000 al 2009, con un total de 140 atentados terroristas con más de 50 muertos. En los noventa el número de grandes atentados fue de 97, mientras que en lo ochenta se situó en 76 y en los setenta se quedaron en 7.

Irak, Pakistán y Nigeria, los más afectados

Ninguno de los tres países que registraron un mayor número de atentados con más de medio centenar de víctimas entre enero de 2010 y diciembre de 2014 –los datos del 2015 se harán públicos el próximo mes de agosto– son occidentales. Se trata de Nigeria (39 atentados), Irak (20) y Pakistán (13), que en conjunto sufrieron el 69,2% de todos los atentados de estas características.

En Nigeria, el grupo terrorista autor de la gran mayoría de los atentados es Boko Haram, mientras que en Irak la responsabilidad recae sobre el Dáesh y en Pakistán va a parar al Movimiento de los Talibanes Pakistaníes (TTP), el mismo grupo que en su día atentó contra la Nobel de la Paz Malala Yousafzai. Se da la circunstancia de que todas estas organizaciones profesan la religión suní en territorio donde la mayoría de musulmanes rinden culto a esta rama del islam. Todos ellos, precisamente, alegan motivaciones religiosas para justificar sus actos terroristas. 

El experto en terrorismo yihadista Chema Gil destaca, en conversación con infoLibre, que los tres grupos mencionados "son franquicias de un mismo fenómeno", y señala como raíz común a la organización terrorista Al Qaeda. "Boko Haram rinde pleitesía a Al Qaeda, y el propio Dáesh es la evolución de Al Qaeda en Irak", continúa. Por este motivo es algo habitual encontrar similitudes en su línea de actuación y en sus reivindicaciones, porque "todas están atravesadas por la misma ideología religiosa, están anclados en la misma fenomenología", explica Gil. 

El componente religioso de estos grupos gira en torno al denominado salafismo yihadista, en su versión más radicalizada. Una corriente suní dentro del islam que "en teoría apuesta por una vinculación a los valores originales", relata el experto, "lo curioso es que eso es una innovación de los propios grupos terroristas, es algo que no está permitido en el islam". Se trata, por tanto, de una "perversión del propio salafismo, la pátina religiosa que estos grupos adoptan y cuya primera víctima es el propio islam", sostiene Gil.

Por su parte, el reportero de guerra Javier Martín se remonta a los inicios del siglo XXI para ilustrar el notable crecimiento de esta fenomenología. "Los atentados de tinte sectario se incrementan del 2003 al 2010 en Irak, los había día sí y día también, y esto ocurre desde la invasión americana en 2003", señala Martín en declaraciones a este periódico. "El líder de Al Qaeda en Irak convierte el conflicto en el terreno, que era civil y sin atentados entre suníes y chiíes, en un conflicto sectario", continúa, "es ahí donde comienza el verdadero cambio".

Chema Gil añade que "al final la religión ha servido como excusa para desplegar todo tipo de conductas que sirven a unos intereses que nada tienen que ver con la propia religión", pretexto que entiende como un "edulcorante para convencer, y que aparece por igual en todos esos grupos". Por ello, valora, "el componente religioso es el mismo, porque están vinculados a una misma matriz y usan el hecho religioso manipulado simplemente como una forma de dignificar su actuación, su conducta, porque si no la justificaran no existirían".

De los grupos terroristas que han operado en los tres territorios cobrándose la vida de más de 50 personas en un solo ataque, hay uno que llama especialmente la atención por no compartir los rasgos anteriormente mencionados. Se trata de los militares fulani, que en abril del 2014 cometieron su mayor ataque hasta el momento, dirigido contra líderes comunitarios y residentes que estaban reunidos en la aldea de Galadima, en el estado de Zamfara en Nigeria, matando a 200 personas. Los militares fulanis son, esencialmente, un grupo étnico seminómada y pastor que batalla por los recursos agrícolas de las tierras.

Javier Martín explica que el islam en África subsahariana tiene "un componente diferente". Tanto el islam como el cristianismo, continúa, "se han impuesto de forma tardía y por misioneros ultraradicales". De este modo, surge un "choque de culturas, porque para las religiones tradicionales y la cultura africana, la tierra siempre ha tenido mucho más valor que la espiritualidad". Existen grupos que siguen manteniendo esas "tradiciones ancestrales, y por tanto se produce una confrontación", apunta.

Por detrás de Nigeria, Irak y Pakistán, los países que más atentados de gran magnitud han sufrido en los últimos cinco años son Siria, Afganistán y Yemen. El primero de ellos, Siria, registró un total de siete atentados de estas características, uno de ellos ejecutado por el Dáesh, dejando 310 muertos, y otros cuatro cometidos por el frente Al Nusrah –grupo yihadista nacido durante la Guerra Civil de Siria y asociado a Al Qaeda, que dejó en estos cuatro ataques 123, 70, 61 y 57 muertos–, otro por la colaboración entre los dos grupos anteriores, con 71 muertos, y finalmente uno cuya autoría se desconoce.

En Afganistán, un total de seis atentados de estas características tuvieron lugar en el último lustro. Cuatro de ellos perpetrados por el movimiento talibán, dejando 82, 82, 70 y 53 muertos. Otro de ellos fue producto de la colaboración entre talibanes y Haqqani –insurgentes islámicos muy cercanos a los talibanes–, dejando 58 muertos, y finalmente otro cometido por Lashkar-e-Jhangvi –yihadistas sunís nacidos en 1996–, con 56 víctimas.

En Yemen, tres fueron las masacres que se cobraron más de 50 vidas de un sólo golpe. Dos de ellos responden a la autoría de Al Qaeda, que acabó con 110 y 68 vidas, mientras que el restante fue organizado y llevado a cabo por los rebeldes Huthi –grupo insurgente chií–, que dejaron tras de sí 69 víctimas.

Atentados suicidas

Del total de los 72 ataques que se cobraron más de 50 vidas en Nigeria, Irak y Pakistán, el 30,5% responden a atentados suicidas, es decir 22 frente a los 50 que no lo fueron. Una cifra "verdaderamente alta", a juicio del periodista Javier Martín. "Para cometer un atentado suicida se necesita de un enorme trabajo de ideologización", defiende, de modo que "quien es capaz de matarse por una causa es porque cree en ella, y eso es difícil de conseguir". Por ello, "que un 30% de los terroristas sean capaces de apretar el botón sin que les genere dudas es un porcentaje muy alto", considera Martín, quien sostiene que "para llegar a ese nivel hay que trabajar mucho la mente de esa persona".

Con él coincide Chema Gil al entender que "el terrorista suicida responde a una conducta operativa", por tanto "se le manipula para usarlo como arma". En lo que Gil considera escenarios especialmente violentos, los ataques suicidas son "una táctica". "¿Cómo metes mil kilos de explosivos y los haces detonar dentro de un cuartel del ejército sirio?", se pregunta. La respuesta la da él mismo enseguida: "Usando a un taxista de Ceuta al cual has predeterminado en la violencia hasta tal extremo que no le importa perder la vida".

El experto cree oportuno señalar que el fenómeno ha comenzado a darse también durante los últimos años en Europa. "No lo habíamos visto jamás", explica Gil, "y ahora tenemos chavales de Bruselas que se ponen un chaleco y se hacen detonar". "Aquí el componente no es táctico, aquí es simbólico. En un contexto europeo nos impacta más, se usa un recurso humano para impresionar", remata.

Tendencia en aumento

Por otro lado, el aumento en el número de grandes atentados desde los setenta hasta el 2014 pone la voz de alarma a la hora de analizar el fenómeno y la incapacidad global para frenarlo. ¿Cómo se explica una evolución que va de siete atentados durante la década de los setenta a los 104 cometidos en el último lustro? Para Javier Martín, la tendencia responde a "un cambio o profundización de las políticas intervencionistas de Europa y Estados Unidos en Oriente Medio". Los primeros grandes atentados en estos territorios se dan con el inicio de los desplazamientos de tropas americanas y francesas, y la aparición de las políticas intervencionistas. "Con la guerra del Líbano (1975-1990) aparece un nuevo movimiento de resistencia basado en el terrorismo, que surge cuando las tropas americanas y francesas entran", apunta Martín. "En la misma época Irán deja de ser amigo de Occidente para convertirse en su enemigo, y en ese momento comienza la intervención en los países árabes", continúa, al tiempo que recuerda también los atentados contra las tropas soviéticas en Pakistán y Afganistán durante la década de los ochenta.

Chema Gil cree que el terrorismo es un fenómeno que "nos va a acompañar durante todo el siglo XXI", y se apresura a aventurar que "algunos de los atentados más grandes serán contra Estados Unidos". El experto adquiere un cariz crítico a la hora de valorar la reacción a la oleada de atentados en países occidentales: "Cuando los terroristas atentan en Occidente el hecho se convierte en algo terrible, pero cuando asesinan a lo bestia en otros lugares giramos la vista". En este sentido, cree que "el mundo no habla" cuando se trata de grandes atentados en el mundo de Oriente Medio, pero sí lo hace cuando se trata de musulmanes que atentan en Occidente. "Los medios deberían entonar un mea culpa respecto a la mirada que han dirigido a la violencia y la forma en la que la han descrito", remata. Lo mismo opina Javier Martín, quien denuncia que "la información internacional cojea en la prensa, sobre todo en España". Los medios, valora, "se han vuelto superficiales en ese sentido, es el gran drama que tenemos actualmente". Para Martín, la nuevas tecnologías y el avance de Internet han proporcionado "la mejor ventana para ver el mundo, pero tenemos los medios de comunicación que menos miran por ella".

Ambos expertos advierten además de los riesgos de establecer diagnósticos apresurados. La creciente islamofobia persiste en señalar a la comunidad musulmana como responsable de estos atentados, pese a la condena global que ésta ha hecho de ellos, y pese a ser los países musulmanes los principales afectados por los grandes atentados. En España, cuatro mezquitas han sido atacadas desde los atentados en Bruselas, mientras que el número de concentraciones islamófobas convocadas en Europa desde entonces ha ido en aumento.

Chema Gil recuerda que algunos de los grandes atentados también tienen un componente cristiano. En la República Democrática del Congo, un atentado en febrero del 2010 acabó con la vida de 74 personas. Las investigaciones realizadas apuntaron al Ejército de Resistencia del Señor como autores, una organización extremista cristiana que opera desde 1987 y cuyo objetivo es establecer un régimen teocrático basado en el cristianismo. En la República Centroafricana, la milicia cristiana Anti-Balaka acabó con la vida de 54 personas en un solo ataque, en diciembre del 2013. Chema Gil critica que, en estos casos, que no son minoritarios en el seno de dichos territorios, "no se nos ocurre decir que es terrorismo cristiano, pese a que ellos lo reivindiquen como tal".

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