Las elecciones generales que este domingo se celebrarán en Hungría acaparan la atención y los esfuerzos de la alta clase política en Europa, pero también al otro lado del Océano Atlántico. El vicepresidente de los Estados Unidos, JD Vance, aterrizó este martes en Budapest para apoyar la campaña del actual primer ministro, Viktor Orbán, con motivo del Día de la Amistad Húngara-Americana, poniendo de manifiesto que en esos comicios no sólo está juego la jefatura de gobierno de un importante socio europeo para Washington sino la necesidad de contar con un estrecho y fiable aliado que reme en la misma dirección que la Administración Trump. Un rumbo opuesto a los intereses de la UE, de la que Hungría es Estado miembro.
La posición de Bruselas y la mayoría de Estados miembros es totalmente diferente. Ningún gobierno ni alto dirigente comunitario, como la presidenta de la Comisión, Úrsula von der Leyen, o el del Consejo, Antonio Costa, se han manifestado públicamente sobre las elecciones húngaras para evitar que se vea como una mínima injerencia de la UE. La consigna es clara, no dar combustible a Orbán. Al mismo tiempo, el ejecutivo comunitario mantiene en un cajón fondos para Budapest como los de su plan nacional para acceder al programa de rearme militar europeo SAFE.
En privado, las críticas al primer ministro húngaro sí emergen y son claras. Una alta fuente diplomática reprocha su actitud en los debates recientes en la Cumbre Europea y denuncia, por ejemplo, “las derivadas cortoplacistas” de la postura de Orbán sobre Ucrania y Rusia, con la vista puesta sólo en sus intereses electorales de este domingo, pero también otras derivadas que proyecta hacia toda la UE como “el precio de la energía, la dependencia de los hidrocarburos rusos” en medio de la tensión bélica que enciende Oriente Medio.
El bloqueo de los 90.000 millones de euros a Ucrania es reprochado en Bruselas mientras en Washington se obvia. Antonio Costa lo calificó como “inaceptable” y exigió a Orbán en una conversación telefónica privada que respetase “el compromiso asumido en el Consejo Europeo”, pero el veto no se ha levantado y la Alta Representante Exterior, Kaja Kallas, amenaza ahora con sortear a Budapest trabajando de nuevo en el plan inicial de la UE, financiar el préstamo a Kiev con los activos rusos congelados.
Las críticas son más feroces por la última polémica provocada por el gobierno de Orbán en la capital comunitaria, la conversación entre el ministro de Exteriores húngaro y su homólogo ruso en la que el primero se mostraba “siempre a disposición” de Sergei Lavrov y le ofrecía ayuda con las sanciones contra Moscú. Para los líderes de Polonia e Irlanda son acciones “repulsivas” y “siniestras”. Y lo que ya se sabe en Bruselas es que durante los debates sobre Rusia o Ucrania en las Cumbres hay dirigentes, especialmente del este, que prefieren guardar silencio o aportar poca información sobre su posicionamiento hasta que Orbán abandona la sala.
Orbán, el peón ultra de Washington en la UE
La visita de Vance es la segunda en poco tiempo de un peso pesado del gobierno estadounidense, tras la del secretario de Estado, Marco Rubio, a finales de febrero. Hace sólo unos pocos días, Orbán y su partido, Fidesz, organizaron también en su país la Conferencia de Acción Política Conservadora en la que estuvo presente el líder de Vox, Santiago Abascal, agradeciendo al anfitrión ser el “protector de Europa” ante “los disparates de la Comisión”, y también otros líderes de la extrema derecha europea como la francesa Marine Le Pen, el italiano Matteo Salvini o el neerlandés Geert Wilders.
Este mensaje contra el proyecto europeo es el mismo portado por Vance a su llegada a Budapest. “Querría enviar de verdad una señal a todo el mundo, en particular a los burócratas de Bruselas”, afirmó el vicepresidente estadounidense, “que han hecho todo lo posible para mantener el pueblo húngaro bajo presión porque ellos no aman al líder que defiende al pueblo de Hungría”, en referencia a Orbán.
La franca oposición de Washington contra el proyecto comunitario y el uso de caballos de Troya como el húngaro para debilitarlo acercan a los Estados Unidos a la Rusia de Putin en su relación con la UE, y son las que debilitan su rol como socio fiable a ojos de Bruselas y de una gran parte de las capitales. “La estrategia que Europa debe tener con Estados Unidos no es sencilla, los canales desde luego están abiertos pero no es una administración sencilla a la hora de saber qué quiere”, explica la alta fuente diplomática.
La internacional ultra se vuelca con Orbán, sabedora de que si pierde las elecciones ante el conservador Péter Magyar, su fuerza en el viejo continente se verá debilitada, con una menor capacidad para influir en el rumbo de la Unión Europea, dejando a la primera ministra Giorgia Meloni más dispuesta aún a participar en políticas comunitarias como el apoyo a Ucrania, las sanciones contra Rusia, las críticas a Estados Unidos por su unilateralismo belicista y, quizás, a rebajar la presión sobre las políticas del Pacto Verde, y quedando sólo como líder euroescéptico el eslovaco Robert Fico, a la espera de lo que deparen las presidenciales francesas de 2027.
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Esta agenda une a la internacional ultra y así lo destacó JD Vance en Budapest. A ojos de la Administración Trump, el primer ministro húngaro es el mayor defensor de las energías fósiles, un sector al que Washington no piensa renunciar en favor de las renovables. El vicepresidente norteamericano habló de que gracias a sus políticas en Hungría “los precios de la energía son bastante menos altos que en casi ninguna parte de Europa”. Datos desmontados en el mercado mayorista eléctrico europeo, donde el megawatio hora rozó en marzo los 120 euros en Hungría frente a los 42 de España, los 50 de Suecia, los 64 de Francia o los 99 euros de Alemania.
Más importante para todos los líderes de esta extrema derecha europea, estadounidense y latinoamericana es “la defensa de la civilización occidental, donde los niños deben poder ir a la escuela para ser enseñados y no adoctrinados”, según JD Vance. Las críticas a la igualdad de genero, a los derechos LGTBI+ o a la pérdida de los valores cristianos supuestamente por culpa de la inmigración son comunes en los actuales gobiernos de Washington y Budapest.
Y en medio de las públicas muestras de apoyo de la internacional ultra y el apoyo callado de los dirigentes de la UE en favor de Magyar, la tensión no deja de crecer en el país. Orbán acaba de redoblar sus ataques contra Ucrania y ahora la acusa de estar detrás de un intento de ataque contra un gasoducto de gas ruso entre Serbia y Hungría. El ejército serbio ha rechazado la implicación de Kiev en el dispositivo explosivo desactivado, mientras la oposición húngara habla claramente del intento de perpetrar un atentado de falsa bandera como pretexto para posponer la celebración de elecciones. Sin duda, este domingo 12 de abril los comicios de Hungría representan la cita electoral más importante del año en Europa.
Las elecciones generales que este domingo se celebrarán en Hungría acaparan la atención y los esfuerzos de la alta clase política en Europa, pero también al otro lado del Océano Atlántico. El vicepresidente de los Estados Unidos, JD Vance, aterrizó este martes en Budapest para apoyar la campaña del actual primer ministro, Viktor Orbán, con motivo del Día de la Amistad Húngara-Americana, poniendo de manifiesto que en esos comicios no sólo está juego la jefatura de gobierno de un importante socio europeo para Washington sino la necesidad de contar con un estrecho y fiable aliado que reme en la misma dirección que la Administración Trump. Un rumbo opuesto a los intereses de la UE, de la que Hungría es Estado miembro.