El recelo europeo hacia Israel encuentra en la Italia de Meloni un respaldo inesperado

El distanciamiento entre Israel y los países de la Unión Europea es lento pero progresivo desde que España, Irlanda y Noruega —este último país aliado no comunitario— reconocieron a Palestina como Estado en mayo de 2024. Entonces, aquella era aún una postura minoritaria y controvertida entre los Veintisiete que levantó críticas, pero pronto otros países como Eslovenia, y posteriormente Francia, Bélgica, Luxemburgo y Malta, la imitaron.

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Ahora, Italia ha decidido suspender el acuerdo de cooperación militar con Tel Aviv, vigente desde 2025 y que debe renovarse cada cinco años. Guido Crosetto, ministro de Defensa, notificó en una carta formal a su homólogo israelí que el pacto se pondrá en cuarentena, afectando a 11 artículos de un memorándum de entendimiento sobre cooperación en defensa, investigación militar o desarrollo de capacidades conjuntas.

La realpolitik, en un contexto internacional cada vez más tensionado donde los conflictos bélicos van en aumento desde hace un lustro, está trastocando las posturas tradicionales de países y partidos políticos europeos. Tras las críticas de gobiernos progresistas o liberales, como el español, el esloveno o el irlandés, ahora es Italia, con un Ejecutivo de extrema derecha, o son formaciones y políticos ultras quienes empiezan a distanciarse de Israel.

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Italia rompe con Israel

Giorgia Meloni ha asumido personalmente la decisión de cortar amarras con Israel. “En consideración de la situación actual, el Gobierno ha decidido suspender la renovación automática del acuerdo de defensa con Israel”, anunció la primera ministra italiana. La semana pasada, Roma convocó al embajador israelí después de que las fuerzas armadas hebreas dispararan contra un convoy de cascos azules trasalpinos en Líbano. A ello se sumaron los “ataques inaceptables” contra civiles libaneses denunciados por el ministro de Exteriores, Antonio Tajani, que provocaron una protesta formal de Tel Aviv.

Italia podría modificar ahora su postura sobre la suspensión del Acuerdo de Asociación entre la UE e Israel, algo que ha solicitado formalmente el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. En septiembre de 2025, la Comisión Europea propuso una suspensión parcial de sus disposiciones tras concluir que las fuerzas armadas israelíes habían vulnerado los derechos humanos en Gaza. Desde entonces, la iniciativa sigue bloqueada, pero si Italia cambia el sentido de su voto alteraría las mayorías dentro del Consejo al ser uno de los países más poblados de la Unión.

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El próximo martes, los ministros de Exteriores de los 27 estudiarán imponer nuevas sanciones al Gobierno de Benjamin Netanyahu por la expansión de sus asentamientos en Cisjordania, los ataques indiscriminados en el sur del Líbano y la posibilidad de adoptar también sanciones comerciales. La Comisión tiene además desde este semana una petición ciudadana firmada por más de un millón de europeos para suspender ese acuerdo bilateral, y no sólo las partes comerciales o de colaboración en proyectos de I+D.

El recelo con Israel crece en la UE

La suspensión del acuerdo de defensa por parte de Italia afecta al tercer proveedor de armas a Israel, por detrás de Estados Unidos y Alemania, aunque este negocio sólo supone un 1,3% de las importaciones de armas de ese país. En agosto de 2025, Eslovenia se convirtió en el primer país europeo en formalizar un embargo total de armas a Israel. Un mes después lo hizo España, Bélgica lo aplicó para las exportaciones desde la región de Valonia y, posteriormente, prohibió cualquier movimiento de material militar con dirección Israel desde el puerto de Amberes.

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El pasado fascista de la extrema derecha trasalpina, —ya sea en Fratelli d'Italia, heredero del Movimiento Social Italiano, o de forma menos explícita en La Lega—, así como el colaboracionismo nazi del lepenismo francés, distancian a estos movimientos de un apoyo cerrado a Israel, más habitual en la democracia cristiana y en el conservadurismo europeos. Carlota García Encina, investigadora principal del Real Instituto Elcano explica a infoLibre “que es bastante ambiguo” sostener que la extrema derecha haya sido más proisraelí. “Muchas veces lo han sido precisamente por apoyar a la Administración Trump”. García Encina añade además que ese distanciamiento, o al menos esas dudas respecto a Israel, “es incluso anterior al Gobierno de Netanyahu” y a la guerra abierta en Oriente Medio.

La reorientación que Marine Le Pen realizó del Front National para convertirlo en el Rassemblement National posibilitó al partido abandonar sus posturas antisemitas para presentarse como defensor del Estado de Israel. Su delfín, Jordan Bardella, llegó a visitar ese país hace un año. Pero recientemente la líder ultra francesa ha exigido a Tel Aviv que “respete las reglas del derecho internacional, especialmente en los conflictos armados”, en un reproche claro a su actuación en Gaza y Líbano, al tiempo que ha pedido al Gobierno de Macron que proteja a Israel, “a su población y su soberanía”.

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En Polonia, el distanciamiento entre elementos de su extrema derecha e Israel también es visible. El diputado Konrad Berkowicz, uno de los líderes de la formación ultra KORWiN, Nueva Esperanza, ha mostrado en su Parlamento una bandera del Estado judío con la Estrella de David reemplazada por la esvástica mientras acusaba a ese país de ser un “nuevo tercer Reich” por los crímenes de guerra y el genocidio cometidos en Gaza. En Hungría, el cambio de Gobierno sustituirá un aliado incondicional como era Viktor Orbán por un nuevo primer ministro también de derechas, que deberá posicionarse en el debate europeo.

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A preguntas de infoLibre, el también investigador de Elcano, Federico Molina, señala la división ideológica entre formaciones de extrema derecha en la UE, “una paradoja interesante, porque además es muy difícil juntar el agua y el aceite de derechas nacionalistas húngaras, eslovacas o francesas” al explicar la diferente posición sobre Israel o la Administración Trump y cómo, ante la actual coyuntura internacional, estos partidos vuelven a enfocarse en los problemas internos domésticos y mismo europeos ya que “vender a tu electorado una globalización o cosas que son completamente ajenas a su agenda tiene, a mi juicio, muchas limitaciones y creo que la europeización de estos grupos va a seguir avanzando”.

“Hay quien interpreta la elección del domingo en Hungría como la prueba de que Orbán se había vuelto demasiado globalista y había abandonado el discurso conservador húngaro tradicional para abrazar agendas llegadas de Estados Unidos o de Israel”, dice Molina, que enmarca también en esa lógica “la reacción de las últimas horas en Italia, con un Gobierno cerrando filas” frente a Trump o Israel. Esa renacionalización de los ultras europeos los está alejando del belicismo y de las ambiciones territoriales de Tel Aviv en Oriente Medio y, por tanto, de un apoyo sin fisuras.

El distanciamiento entre Israel y los países de la Unión Europea es lento pero progresivo desde que España, Irlanda y Noruega —este último país aliado no comunitario— reconocieron a Palestina como Estado en mayo de 2024. Entonces, aquella era aún una postura minoritaria y controvertida entre los Veintisiete que levantó críticas, pero pronto otros países como Eslovenia, y posteriormente Francia, Bélgica, Luxemburgo y Malta, la imitaron.

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