La mirada de Sally Issa impresiona por su serenidad, difícil de imaginar en medio del vértigo de estos días. De origen sirio, se casó en 2014 con Saif Abukeshek, el activista palestino nacionalizado español y miembro de la flotilla humanitaria con destino a Gaza, secuestrado ilegalmente junto a Thiago Ávila por el Ejército israelí en aguas del Mediterráneo. Protegida por su inseparable kufiya palestina, nos recibe en el municipio catalán en el que reside. "Yo no estoy muy involucrada en la política. Pero ahora veo que es importante tener una idea", cuenta.
En estos días de incertidumbre y espera, Sally Issa habla sin odio ni deseos de venganza. Solo de resistencia, solidaridad y movilización civil. Convencida de que la defensa de los derechos humanos y las libertades, igual que la indignación, pueden ser un motor de la historia.
Ahora tiene una ventaja enorme: contar con un Gobierno sensible a la situación que estás viviendo. Mucha gente vuelve a su país y no encuentra ni el apoyo de su propio Gobierno.
Es cierto, eso cambia mucho las cosas.
¿Cómo conoció a Saif?
Los dos colaborábamos en un movimiento internacional de jóvenes palestinos, del que él fue fundador y organizador. Yo vivía entonces en Suecia, tengo la nacionalidad sueca, y formaba parte de un grupo. Fue trabajando en ese movimiento de solidaridad con Palestina como nos conocimos.
¿Cuándo salió él de Palestina?
No recuerdo exactamente el año, pero tenía alrededor de 20 o 22 años.
¿Ambos militaban desde que eran muy jóvenes?
Cuando tu origen es palestino, naces con el conflicto, lo vives desde el minuto uno. O incluso antes. Saif luchó siempre por Palestina y yo también. No es algo que hayamos empezado ahora.
¿Llegaron directamente a Cataluña?
Sí. Durante diez años Saif había trabajado en diferentes sitios de España y luego encontró trabajo en Barcelona. Por eso estamos aquí.
¿Ha sentido que aquí ha tenido una buena acogida?
Sí. Siempre hago una comparación con Suecia, donde nací. Y la verdad, me siento mejor aquí. Con más apoyo y con gente que me entiende. Me siento más libre para expresarme.
A raíz de lo sucedido, ¿las autoridades catalanas se han puesto en contacto con usted para ofrecerle ayuda o soporte?
A nivel personal, sí. Hace dos días tuve una reunión con el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni. Un cara a cara. Me ofreció el apoyo del Ayuntamiento de Barcelona para todo aquello en lo que pueda ayudarnos y también para movilizar.
¿Es el único apoyo que ha tenido por parte de las autoridades catalanas?
Sí.
¿Y del Gobierno nacional?
Me reuní con el ministro Albares el martes pasado. Fue muy positivo. También sus declaraciones contra las acusaciones de Israel a Saif. Les dijo: “Sabemos que no hay nada. Y si tenéis algo, ponedlo sobre la mesa. Vamos a proteger a nuestros ciudadanos”.
Me dio contacto directo con su director de gabinete. Ayer mismo, por ejemplo, les envié la información de que Saif solo tiene acceso a un vaso de agua al día. En la celda hay una fuente que Israel dice que es potable, pero no lo es, huele horrible. Cuando va al interrogatorio pide un vaso de agua y tiene que esperar hasta el siguiente interrogatorio para poder pedir otro.
¿Le tranquiliza saber que hay un seguimiento por parte de las autoridades españolas?
Sé que el ministro está en contacto diario con el cónsul y que el cónsul estuvo tanto en el centro de detención como en las visitas al tribunal. Fue el primer contacto con Saif cuando llegaron a Israel. Pero no hay tranquilidad posible con Israel, no hay garantías con ellos. Aun así, ese control es importante. Yo no tengo la nacionalidad española, soy sueca, y pienso que si yo fuese en la próxima Flotilla no tendría nadie que me protegiera. Por eso valoro mucho lo que está haciendo el Gobierno español.
En medio de todo esto, ¿qué es lo que le da fuerza o esperanza?
Siempre tenemos esperanza. Vamos a liberar toda Palestina. Esta no es solo la causa de Saif y Thiago. Es algo mucho más grande.
Otro punto importante es que Thiago cuenta con el apoyo del Gobierno de Lula en Brasil y que ambos gobiernos estén cooperando en la misma línea…
Sí, porque ni Thiago ni Saif van a salir si el otro no sale. Son compañeros hasta el final.
¿Está en contacto con Lara, la esposa de Thiago?
Sí, claro. No sé si habéis visto las noticias de que murió la madre de Thiago. Creo que esta noche. Estaba enferma. Intenté hablar con Lara, pero no respondió de momento.
Saif iba en un barco como observador, no tenía previsto llegar hasta Palestina, ¿verdad?
Sí, el de Saif era un barco de observación. Se trasladaba de un barco a otro para reuniones o para hablar. Había una embarcación pequeña con la que se movían entre barcos. No tengo mucha información de esa logística, pero oficialmente estaba en un barco de observación. Saif quería apoyar el viaje de la Flotilla, pero su condición de palestino lo hacía más vulnerable. Y nosotros no teníamos ningún plan sobre qué hacer si lo detenían. Esa posibilidad no estaba sobre la mesa.
¿Cree que por eso lo interceptaron tan lejos de Palestina?
Sí, esa es mi opinión personal.
¿Qué significa para usted que Israel haya prorrogado seis días más la detención?
Israel no tiene acusaciones concretas. Todo son sospechas y falsedades. No tienen nada. Por eso están prorrogando. Si tuviesen algo, podrían decir: “hay una lista de acusaciones y vamos a seguir con el tribunal. El ministro Albares ha dicho que han investigado y saben que no hay nada. Lo ha dicho clarísimo: la Flotilla es una misión humanitaria legal. Y el secuestro fue absolutamente ilegal porque ocurrió en aguas internacionales.
¿Qué opinión les merece a los abogados esa prórroga?
Los abogados solo se refieren a hechos. Yo confío en Saif. Sé que tiene fuerza para aguantar. Y también tengo esperanza en la movilización civil. El problema no es Saif y Thiago. El problema es Palestina. La gente está entendiendo que esto va mucho más allá.
¿Qué tipo de abogados llevan el caso de Saif y Thiago?
Son abogados israelíes, pero palestinos, especializados en defensa de derechos humanos y de palestinos. Trabajan bajo el derecho israelí, pero también en base a la ley internacional. Por ejemplo, mantener a Saif y Thiago con los ojos vendados también es ilegal en Israel.
Después de la reunión con el ministro Albares creo que puede lograrse más si es necesario. Tienen sus maneras diplomáticas y sus protocolos, pero el contacto directo con el director de gabinete me hace pensar que el Gobierno español podría ayudar más si fuera necesario.
¿Ha podido hablar directamente con su esposo?
No.
¿Cómo vive el día a día en una situación así?
Con mucha fuerza. Es una situación muy dura. Lo que más me duele son nuestros hijos. Tenemos tres niños.
¿Saben lo que está pasando?
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Sí. El mayor tiene ocho años, va a la escuela y todos hablan sobre su padre. Tuve que hablar con él, contarle, explicar. Y también darle esta fuerza que yo siento. Es un niño de ocho años que vive aquí, en un pueblo pequeño, y sabe lo que está pasando. Pero al mismo tiempo es difícil para él entenderlo como nosotros. El mediano tiene seis años, los cumplió el día del secuestro y no pudo hablar con su padre. El pequeño tiene dos años.
¿Qué mensaje le parece importante para cerrar esta entrevista?
Hay que seguir movilizándose, no olvidar Palestina, denunciar la ocupación ilegal, el genocidio.
La mirada de Sally Issa impresiona por su serenidad, difícil de imaginar en medio del vértigo de estos días. De origen sirio, se casó en 2014 con Saif Abukeshek, el activista palestino nacionalizado español y miembro de la flotilla humanitaria con destino a Gaza, secuestrado ilegalmente junto a Thiago Ávila por el Ejército israelí en aguas del Mediterráneo. Protegida por su inseparable kufiya palestina, nos recibe en el municipio catalán en el que reside. "Yo no estoy muy involucrada en la política. Pero ahora veo que es importante tener una idea", cuenta.