El actor y cantante Patrick Bruel, acusado de violencia sexual por ocho mujeres

Marine Turchi (Mediapart)

“Hoy estoy dispuesta a hablar y voy a presentar una denuncia que debería haber presentado hace treinta años”. Daniela Elstner ha tardado tres décadas en acudir a la justicia y siete años en responder a la solicitud de Mediapart. El 12 de marzo, Elstner, directora general de Unifrance, que promueve el cine francés en el extranjero, presentó una denuncia por intento de violación y agresión sexual contra Patrick Bruel.

Un largo recorrido que ella cuenta en Mediapart, junto con otros siete testimonios, recopilados durante una investigación iniciada a finales de 2018 a raíz del movimiento #MeToo, y retomada a principios de 2025.

En estos relatos, recopilados en los sectores de la música, el teatro, el cine y el tenis, las mujeres afirman haber sufrido abusos sexuales por parte del famoso cantante entre 1992 y 2019. Una de ellas era menor de edad en el momento de la agresión sexual que denuncia.

En el caso de una de ellas, actualmente hay una investigación preliminar en curso por violación en la Fiscalía de Saint-Malo, tras la presentación de su denuncia el 30 de septiembre de 2024, según las informaciones de Mediapart. Los hechos denunciados habrían tenido lugar en octubre de 2012, durante el Festival de Cine Británico de Dinard, cuyo jurado presidía Patrick Bruel. Contactada por Mediapart, la denunciante no ha querido pronunciarse públicamente en este momento.

Patrick Bruel, que goza de la presunción de inocencia, no ha sido interrogado hasta ahora en este procedimiento. Contactado por Mediapart, asegura, a través de su abogado Christophe Ingrain, que durante ese festival “estuvo con su pareja de entonces”, incluyendo “todas las noches”. Rechaza “cualquier acusación de violación” y, en general, todas “las acusaciones de violencia, brutalidad o coacción”, y afirma “no haber pasado nunca por alto una negativa, ni haber forzado nunca un gesto o una relación sexual”.

No obstante, “no pone en duda los sentimientos de las mujeres” y “lamenta profundamente el sufrimiento que se percibe al leer” sus testimonios en Mediapart. “Nunca ha intentado ejercer poder ni utilizar su notoriedad para coaccionar a nadie a realizar un acto sexual”, añade su abogado.

Una primera investigación archivada

No es la primera vez que se cuestiona el comportamiento del cantante y actor, de 66 años. En 2019, cinco mujeres que trabajaban como masajistas en saunas de lujo, en cinco ciudades diferentes, lo acusaron de agresiones sexuales, relatando hechos similares. Cuatro de ellas habían acudido a la justicia, que también había recibido una denuncia de las autoridades suizas.

Interrogado en el marco de una investigación preliminar por agresión sexual, acoso sexual y exhibicionismo, el cantante lo negó todo. “Solo me atraen las mujeres que me desean”, había asegurado. En diciembre de 2020, el procedimiento fue archivado, “a falta de elementos que permitieran caracterizar un delito penal”.

Tras este caso (difundido por Le Parisien), muchos pensaron que “se daría rienda suelta a la palabra”. Que sería “el fin de la omertà”. “Pero no pasó nada”, observan con amargura varias mujeres entrevistadas por Mediapart. Patrick Bruel siguió siendo homenajeado en grandes eventos: el espectáculo de Les Enfoirés cada año, la Fiesta de la Música en France 2, los Juegos Olímpicos de París (en los que fue uno de los portadores de la antorcha), e incluso homenajes nacionales, en el Panteón con motivo de la entrada de Missak Manouchian y en Los Inválidos para la ceremonia de homenaje a las víctimas francesas del 7 de octubre.

Su carrera ha prosperado sin obstáculos: una película en 2021, un álbum en 2022, una serie en TF1 en 2025 y la inauguración de su hotel-spa de lujo en Vaucluse. A excepción de la petición, por parte de las feministas de # NousToutes, de retirarlo del cartel de Les Francofolies de La Rochelle en 2024, todo ha seguido como antes. En este comienzo de año, Patrick Bruel vuelve a encabezar el cartel, con una gran gira por el 35º aniversario de su álbum de culto Alors regarde y su regreso al teatro.

“Mientras él seguía con su vida tranquilamente, por mi parte, las consecuencias han sido graves”, cuenta a Mediapart Julia*, una de las denunciantes de entonces, que trabajaba en un hotel-spa de Perpiñán (ver su relato en el recuadro más abajo).

Julia afirma haber “gastado importantes sumas en honorarios de abogados” y dice que ha “cerrado sus perfiles en redes sociales ante los repetidos ataques de sus fans”, “sufrido un agotamiento poco después”, y luego “dejado finalmente su empleo” y tenido que “iniciar una terapia, porque se sentía profundamente humillada y herida por la forma en que había sido tratada”. En aquel momento, explica que sintió “un profundo sentimiento de injusticia”: “Me sentía sola en el mundo frente a esa personalidad que tiene poder. Durante varios años, sentí mucha ira”.

Patrick Bruel se mete con mujeres que a menudo son subordinadas. Se metió conmigo porque era una principiante, una desconocida

Fue esa ausencia de consecuencias tras los primeros testimonios lo que convenció a otras mujeres a hablar. Según la información de Mediapart, en 2019, una de ellas envió su relato al fiscal de Ajaccio —entonces encargado de la investigación— en una carta manuscrita anónima, y luego testificó en 2020 bajo el seudónimo de “Coccinelle” en la plataforma de #MusicToo, el colectivo que lucha contra la violencia sexual y sexista en la industria musical.

“Si lo hago hoy es porque, en un momento en el que las jóvenes se atreven por fin a hablar de lo que el señor Bruel les hizo, me resulta insoportable que se dude de sus palabras. Porque lo que ellas describen me pasó a mí también hace ya años”, escribe esta mujer en una segunda carta que envió en marzo de 2022 al abogado de las masajistas.

Mediapart pudo localizarla: nos ha contado su caso, el de “una agresión sexual” que habría tenido lugar en un camerino a principios de la década de 2000, cuando era periodista. Pero no desea que los detalles aparezcan en este artículo.

Cuando presentó su denuncia, sabía que un testimonio anónimo no podía ser utilizado por la justicia. “Yo estaba al límite, no tenía las fuerzas necesarias para dar la cara. Lo escribí sobre todo por las víctimas, para decirles ‘yo lo viví, os creo’, para echarles una mano. Quería ayudar”, explica a Mediapart.

Aún hoy, no tiene “ganas de ser la abanderada del caso Bruel” ni de “acabar como una mártir”, o como un “animal de circo”. Pero quiere transmitir un mensaje: “Patrick Bruel se mete con mujeres que a menudo son subordinadas. Se metió conmigo porque era una principiante, una desconocida”.

Al ser preguntado, Patrick Bruel “niega toda agresión sexual” y afirma no tener “conocimiento de ningún hecho que se parezca ni de lejos a este relato anónimo”.

Varias acusaciones en el festival de Acapulco

Mediapart ha recopilado otros relatos de hechos que tuvieron lugar durante un mismo evento: el Festival de Cine Francés de Acapulco (México), en noviembre de 1997.

En la denuncia que Daniela Elstner presentó ante la fiscalía de París —consultada por Mediapart—, la directora general de Unifrance afirma haber sido agredida sexualmente de forma repentina por Patrick Bruel durante dicho festival, mientras trabajaba. En aquel momento tenía 26 años y era asistente en Unifrance. “¿Pero tú quién crees que eres? Nadie te creerá. No eres nada”, le habría espetado el cantante —a quien ella no conocía personalmente—, mientras “lloraba” y “intentaba defenderse” en su coche. A continuación, afirma haber sufrido “un intento de violación” en el bungalow del músico e indica que pudo “escapar” porque empezó a “gritar” y lo “empujó” con fuerza, en un “instinto de supervivencia” (leer su relato completo en esta entrevista).

Unos minutos más tarde, fue recogida por una compañera de Unifrance, que “la creyó de inmediato y se indignó”. Esa compañera, Isabelle, no ha olvidado nada de este episodio que la “marcó”. “La encontré detrás de un árbol, llorando”, cuenta a Mediapart. “Incluso recuerdo su ropa, unos pantalones ajustados blancos y negros y un top corto. Me habló de una agresión, claramente”.

Entendí que aquello no tenía nada que ver con la seducción o los sentimientos, solo era un objeto que se podía poseer

Una vez en el aeropuerto para volver a París, Isabelle afirma que, “muy enfadada”, le hizo saber al equipo de Unifrance que iba a “decirle cuatro cosas a Patrick Bruel”. “Pero me respondieron: ‘Así es la vida, es lo que hay’, ‘y además, ¿has visto cómo va vestida?’. Me dijeron que, de todos modos, Bruel ya estaba embarcando hacia Atlanta. Yo les dije que por qué le habían dejado irse.”

En la cola de embarque, “se soltaron las lenguas” sobre el comportamiento de Patrick Bruel, asegura, refiriéndose al relato de dos mujeres. La compositora y productora Maïdi Roth, invitada al festival, indica también que recogió el relato de una de esas mujeres.

En aquel entonces, una actriz de 27 años, cuenta que, al llegar a Acapulco, el cantante también se habría “abalanzado” sobre ella en el taxi compartido que el festival había puesto a disposición en el aeropuerto. “No lo conocía personalmente, me puso la mano en el muslo, intentó besarme a la fuerza. Insistía, yo lo rechazaba, él insistía. Al final le dije que mi novio me esperaba a la salida del taxi. Me respondió que no era celoso. Eso me dejó de piedra”, afirma la artista. “Con la perspectiva del tiempo, comprendí que aquello no tenía nada que ver con la seducción o los sentimientos, yo solo era un objeto que se podía poseer.”

Maïdi Roth explica que, junto con otras mujeres presentes en el festival, decidió actuar. “Una de nosotras se lo contó a un responsable de Unifrance, quien respondió, en esencia: ‘¡A ese hay que pararle los pies!’. Entre mujeres, reunimos nuestras experiencias en el sector y elaboramos una lista de los depredadores para evitar encontrarnos a solas con ellos. Intentamos hacer #MeToo antes de que existiera #MeToo.”

Al ser preguntado sobre esos relatos, Patrick Bruel “niega los gestos y comentarios descritos” y “refuta la mera posibilidad de cualquier acto de violencia, coacción o amenaza ejercida contra una mujer”. Menciona intentos de seducción o propuestas “directas” de “relación íntima”, pero afirma que “nunca se ha abalanzado sobre nadie, ni en un coche, ni en un aparcamiento, ni en ningún otro sitio”.

Según los testimonios recopilados por Mediapart, el relato de Daniela Elstner también habría llegado hasta Toscan du Plantier, presidente de Unifrance en aquella época, fallecido en 2003, quien habría pedido a Patrick Bruel “que se disculpara”, durante un cóctel en el Ayuntamiento de París, en enero de 1998. “Me dijo: ‘No sé por qué, pero te pido disculpas’. Para mí, fue una segunda humillación”, recuerda.

Su compañera Isabelle lo confirma: “Le vi, duró dos minutos, unas disculpas de mierda…” Aunque Patrick Bruel reconoce ante Mediapart haberse “disculpado”, afirma que Daniel Toscan du Plantier “en absoluto” habría mencionado la “brutalidad”, la “violencia” o una “agresión”, sino “un comportamiento considerado insistente que a ella le había sentado mal”.

A finales de 2019, el cantante se habría mostrado de nuevo dispuesto a “disculparse”, según su agente, alertada por Daniela Elstner de un comportamiento problemático en Acapulco (ver último apartado).

Una menor denuncia una agresión sexual

Mediapart ha recabado otros dos testimonios de mujeres que conocieron al cantante cuando eran menores de edad, en plena ”bruelmanía”.

Maja* se cruzó en el camino de Patrick Bruel en septiembre de 1992, en el US Open, en Nueva York, cuando tenía 15 años y era voluntaria en el torneo de tenis. En aquella época la joven dejaba la escuela secundaria para entrar en el instituto y era fan de Bruel, a quien había visto en concierto. “Para mí, era el hombre ideal, casi una autoridad moral. Parecía incapaz de matar una mosca”, recuerda.

En dos ocasiones, cuenta que se cruzó con el cantante en compañía de un entrenador que conocía. Él la había saludado y se sintió “halagada”. Al final de un partido (en el que los gritos del cantante entre el público habían sido mencionados en L’Équipe), Patrick Bruel se habría acercado para entablar conversación y le habría preguntado su edad. “Me respondió: Ah, tienes 15 años, nunca lo he hecho con una chica de 15 años”, afirma. “En ese momento, aluciné. Todavía no había besado a ningún chico. Pero me sentí intimidada, no dije nada”.

Afirma que el cantante le propuso dar un paseo por los pasillos y la “apretó contra él”, lo que la hizo sentir “muy incómoda”, y que, en dos ocasiones ese mismo día, él “se me abalanzó” . En un ascensor, él la “puso contra la pared” y la “tocó el pecho, por encima del sujetador” intentando “besarla a la fuerza” mientras ella estaba inmovilizada. Luego, por la noche, en las gradas de la pista número 1, le había hecho señas para que se reuniera con él fuera y había intentado de nuevo “besarla”. Ante su negativa, él “no lo había entendido”.

Unos días más tarde, él acudió al stand de la cadena CBS, donde ella trabajaba, y ella le propuso “quedar, como amigos, en el Museo de Arte Moderno” . Ella afirma que él dijo “que le llamara al día siguiente al hotel, el Pennsylvanian”, dejándole su “número de habitación en un papel”.

Al día siguiente, la adolescente afirma que le llamó por teléfono desde la recepción tal y como habían acordado, y que el cantante le habría “ordenado de forma tajante que subiera a su habitación”. Pero la recogepelotas neoyorquina que alojaba a Maja durante el torneo se opuso. Esta mujer, de más edad, había decidido acompañar a la joven y se negaba rotundamente a dejarla subir sola a la habitación.

“Insisto, hablo largo y tendido con ella y me dice que pida permiso a mis padres. Al teléfono con mi padre, alego que tengo una oportunidad única de conseguir un autógrafo de Patrick Bruel, y consigo su visto bueno”, nos cuenta Maja. Su anfitriona americana y su padre confirmaron a Mediapart esa llamada. “Protesté, su padre le dio permiso, sí, pero solo le concedí unos minutos, porque soy mujer y sé que las cosas pueden pasar rápidamente”, cuenta la mujer. “Bruel era su ídolo, confiábamos en Maja, en aquella época no veíamos ningún peligro”, justifica el padre.

Maja afirma que, una vez delante de la habitación, fue Yannick Noah quien le abrió la puerta, sorprendida: “¡Vaya, Bru’, ¡ahora las traes de preescolar!” Recuerda que Patrick Bruel habría salido detrás del tenista “en albornoz, muy irritado”, explicando que “ya era demasiado tarde, que Noah había venido a buscarlo para irse a Canal+”.

En el ascensor, mientras bajaban, la adolescente les explicó que su padre era periodista en L’Équipe. “Noah se echó a reír mirando a Bruel, que quería saber por qué no se lo había dicho antes. Al salir, Bruel me dice en privado que esta historia entre nosotros es demasiado complicada. Intenta besarme de nuevo en la boca, como un beso de despedida, y yo le ofrezco la mejilla para evitarlo”.

Contactado por Mediapart, Yannick Noah confirma que estaba presente en ese torneo como “consultor para Canal+”, que le había “dado sus entradas” a Patrick Bruel y que pudo “pasar a recogerlo a su hotel”, pero dice que no recuerda ese episodio concreto. “Si hubiera pasado algo grave en mi presencia, me habría acordado”, asegura.

La lengua de un hombre de 33 años en la boca de una chica de 15 años era desagradable. Me daba asco

Dos viejas amigas de Maja nos han confirmado sus confidencias. Una de ellas, Camille, quedó “muy marcada”, con tan solo 17 años, por esta “historia fundacional”: “Mi nueva mejor amiga sufrió una agresión sexual. Ella lo cuenta como si fuera una broma, lo minimiza, pero fue algo bastante fuerte, era una adolescente.”

En aquella época, Maja dice que para ella era la historia “de un tipo que se enamoró tan perdidamente que se volvía loco e incontrolable en cuanto la veía”. “Pero cuando tenía veintipocos años, soñaba con volver a encontrarme con él para decirle que había actuado como un cerdo”. Aunque esta historia “no la traumatizó”, sí “tuvo un impacto” en la adolescente que era: “La lengua de un hombre de 33 años en la boca de una chica de 15 años, era desagradable. Me daba asco, no sentía ningún deseo por él, no conseguía conciliar la imagen de la estrella de rock amable con la bestialidad que había visto, el ídolo y el hombre. Tenía un lado Dr. Jekyll y otro Mr. Hyde”.

Al ser preguntado, Patrick Bruel niega esas escenas “en un ascensor y luego en las gradas” y cualquier “intención sexual”. Afirma “no haber hecho nunca insinuación sexual alguna a esa joven” y dice que hubo simples “intercambios” durante ese torneo, “de forma amistosa”. Asegura no haber “tenido jamás una relación íntima con una persona menor de 15 años” ni “haber deseado tenerla”, y haberle “preguntado su edad” por ese motivo, en un “rechazo por principio”.

Una acusación de violación

“Soy una víctima muy mala, porque estaba enamorada de él”, explica de entrada Jeanne* cuando nos reunimos con ella. Ella también tenía 15 años cuando conoció a Patrick Bruel, en 1991, durante una excursión escolar a Victoires de la musique: “Era fan suya, coleccionaba todos los artículos de prensa. Al salir, dejé a mi grupo del instituto para ir a esperarle al aparcamiento y que me firmara un autógrafo. Hablé con su guardaespaldas, que me dijo que le esperara en su coche, un Renault 5, que estaba abierto.” Jeanne consiguió el autógrafo del cantante, “muy encantador”, y se marchó “completamente enamorada”. Su mejor amiga de entonces confirma a Mediapart que “había vuelto con un autógrafo y el bolígrafo de Bruel”.

Después de eso, “toda mi vida de adolescente giraba en torno a él y a la idea de volver a verle, diciéndome: ‘Es el hombre de mi vida’…”, cuenta. Se vuelve a encontrar con él, sobre todo, en 1995 en Roland-Garros, donde trabaja como azafata, y luego en el rodaje de la película Le Jaguar, en la que hace de figurante. Con el paso de los años y los encuentros, “se va tejiendo un vínculo”.

Jeanne relata una primera relación sexual en el verano de 1999 en su casa, “consentida pero no deseada” porque “era demasiado pronto”. “Habría necesitado sentir algo, una historia posible… “ Afirma que Patrick Bruel “se negó a ponerse un preservativo”, lo que la sumió en un “pánico total”. “Desanimada”, siguió a pesar de todo “respondiendo a sus insinuaciones” siempre “con esa esperanza de una relación normal y esa idea del amor”.

Explica que lo volvió a ver varias veces “en su casa” y que “se iba directamente, porque él la hacía subir a su habitación de inmediato”. Hasta aquella tarde del año 2000, en la que afirma haber sufrido “una violación” en el domicilio del cantante. Según su relato, ella le dijo que “no tenía ganas en absoluto”, pero él le respondió “que él sí” y la “obligó a practicarle una felación en el recibidor”. “Fue horrible, estaba en un estado terrible, atónita, avergonzada. Me pareció que era un enfermo sexual”. Llamó inmediatamente a un familiar para que fuera a recogerla, y luego cortó toda relación con Bruel.

Cuenta que se volvió a cruzar con el cantante por casualidad en el Festival de Cannes en 2006 y rechazó sus insinuaciones, y luego en su camerino en el teatro en 2010, cuando una amiga común —a quien no le había contado la violación que denuncia— la llevó a ver su obra Le Prénom.

Cuando has sufrido violencia, a veces tienes un comportamiento irracional. Siempre me dije: sí, pero es un tipo generoso, simpático

Años más tarde, en febrero de 2019, al enterarse de que Patrick Bruel daba un concierto en su ciudad, Lille, salió de su reserva para pedirle entradas para asistir con su marido. En un SMS, le escribió que le “encantaría verle, escucharle” en ese espectáculo y le envía “besos cariñosos”. El cantante le consigue dos entradas y ella le da las gracias: “Eres un encanto.”

“Fue un intento desesperado por enfrentarme a la violencia que había sufrido”, explica hoy. “Quería ver cómo reaccionaría ante mí, protegiéndome con la presencia de mi marido. Nos hicimos fotos, no dije nada…” Al volver a casa, “estuvo bebiendo sola parte de la noche” y luego estuvo “mala durante dos días”.

El 9 de septiembre de 2019, cuando la prensa reveló las denuncias de las masajistas, ella compartió el artículo en Facebook con este mensaje: “Siempre me pregunté si alguien se atrevería, algún día, a denunciar sus actos. Ya está hecho.”

Jeanne nunca volvió a ver a Patrick Bruel. Pero le escribió varias veces hasta 2020, por su cumpleaños, por un favor, o cuando se enteró de que había pillado el covid. “Les había pedido a mis hijos que grabaran un vídeo para animarle… Cuando has sufrido violencia —y yo la he sufrido en varias ocasiones a lo largo de mi vida—, a veces tienes un comportamiento irracional. Siempre me dije: sí, pero es un tipo generoso, simpático. Eso forma parte de mi gran mansedumbre”.

Ella explica que fue el encuentro, en 2021, con sus “compañeras de lucha” —otras mujeres que se declaran víctimas de violencia sexual— lo que le “permitió avanzar”. Una de ellas, Cécile, recuerda su relato de una “violación”. “Me describió a un pervertido que le daba asco, y al que, sin embargo, volvía a ver. Pero estaba muy claro que aquella vez ella no quería, y que fue horrible”.

Preguntado Patrick Bruel, dice que era una relación “esporádica y plenamente consentida” y “niega rotundamente la existencia de la escena” en 2000 en su domicilio. Considera que los SMS que Jeanne le envió “demuestran que la relación era perfectamente normal”.

Afirma que su amiga común, Aurélie Bonlieu, “que ha hablado varias veces sobre esta relación con Jeanne”, también guarda “un recuerdo preciso” de “una relación consentida”. Esta mujer, que se presenta como una “excompañera” del cantante, relató sin embargo a Mediapart unos recuerdos más vagos: “Ella le conocía, sí, creo que hubo algo. Pero no sé qué relación tenía ella con él”, nos dijo.

Invitaciones a su camerino

Otras mujeres dicen haber sentido miedo en el camerino de Patrick Bruel. Pauline*, estilista de 26 años en aquel momento, afirma que en 2003, con ocasión de una sesión fotográfica con el cantante para la portada de la revista Elle, él la invitó a su obra de teatro Le Limier, en París, explicando que había invitado a todo el equipo.

Tras la representación, el actor la invitó a su camerino. Ella fue “para darle las gracias” y pensando que “habría mucha gente”. “Pero cuando llego, estoy sola, él está en albornoz y cierra la puerta con llave”, asegura.

Desconcertada, dice que puso como excusa el cumpleaños de su hermana para escabullirse, pero él la “besó” de repente y le metió  “la mano dentro del albornoz, sobre sus genitales”.

Pauline cuenta que “abrió la puerta” y “salió corriendo”, y recuerda haberse cruzado con “las groupies que esperaban a Bruel fuera”. “Pensé que cuando tenía 14 años y era fan suya, solo tenía que ser una estrella en un póster, y ha sido asqueroso”.

Al día siguiente, su jefa le habría pedido que le llevara a Patrick Bruel el abrigo de Gucci de la sesión fotográfica, a petición del cantante. Entonces pidió ayuda a una amiga. “Me dijo: ‘Si voy a su casa, me va a hacer pasar por el aro’, así que envié el abrigo por mi servicio de mensajería”, confirma a Mediapart esta amiga cercana que trabajaba en una casa de alta costura. Pauline afirma que, durante la semana siguiente, Patrick Bruel la llamó “varias veces”. “Era muy insistente, decía que quería pasar a verme a casa, que le había caído bien. Me negué.”

Cuando llego, estoy sola, él está en albornoz y cierra la puerta con llave

Isabelle también tenía 26 años, y a ella también la invitaron a su obra Le Prénom, en 2011, tras conocerse en el rodaje de la película Paris-Manhattan. La joven figurante desistió de acudir en el último momento, porque su directora de casting le habría “advertido” sobre el comportamiento del actor, según asegura a Mediapart.

Cuando comenzaba la representación, Isabelle afirma que el actor la llamó molesto por no haber ido, “cuando ni siquiera nos conocíamos”; y que, poco después, volvió a insistirle para que fuera a ver la obra. Finalmente acudió una tarde “manteniendo la guardia”. Al recoger su entrada en recepción, un hombre le habría indicado “que Patrick Bruel la esperaba al final del pasillo a la derecha”.

En su camerino, dice que se sintió “muy incómoda”: “Había una ducha, un sofá, tenía la impresión de estar en su casa, yo me preguntaba qué hacía allí. Me dijo que volviera después de la obra.” Ella asegura que “no tenía ganas de volver” y que, tras la representación, se quedó en el umbral de la puerta: “Él no lo entendía. Le dije: ‘Te tengo miedo, tengo la impresión de que vas a abalanzarte sobre mí.’ Se burló de mí”, recuerda. Al acompañarla por el pasillo, mientras unas fans se acercaban a pedirle un autógrafo, le habría espetado: “¡Mira lo que te estás perdiendo!” Nunca volvió a verlo.

Patrick Bruel desmiente estas versiones y afirma que nunca se ha encontrado “a solas en su camerino con una invitada”, ya que su equipo “estaba presente todas las noches en los camerinos antes y después de la obra” y que “un responsable de seguridad permanecía constantemente frente al camerino”.

En cuanto al testimonio de Pauline, afirma que, en los registros de 2003, “no hay ninguna noche […] en la que se invitara a menos de cinco personas” y asegura que “todo el equipo de la sesión fotográfica fue invitado a ver la obra y figura en dichos registros”. En cuanto al testimonio de Isabelle, indica que esto “no constituye en absoluto una infracción”, “ni siquiera un comportamiento problemático”. Mediapart solicitó al abogado Ingrain poder acceder a dichos registros y testimonios, pero se topó con una negativa.

Por su parte, las dos mujeres son categóricas: aunque el personal del teatro las acompañó a los camerinos, afirman que estaban solas en la sala con el actor.

Patrick Bruel dice que fue una seducción “torpe”

Durante la investigación, varias personas nos han comentado su reputación de hombre “pesado” o “insistente” en el mundo del espectáculo. En los rodajes, “nos dábamos cuenta de que si le gustaba mucho alguien, lo decía, pero era realmente pesado, por mucho que le dijéramos que no…”, cuenta una técnica de plató. Recuerda que durante el rodaje de un programa, hace unos veinte años, el cantante le pidió que “le llevara a su camerino a la becaria”, “una chica de 18 ó 20 años, muy guapa”. “Corrí a decirle a la chica que se largara. Me dijo que él la había mirado fijamente y la había acosado todo el día. Se marchó dándome las gracias.”

Una exlocutora de radio asegura que, en diciembre de 2012, tras una cena de trabajo en Lyon en la que se sentó junto a Patrick Bruel, se sorprendió al recibir un SMS con su número de habitación de hotel, lo que confirma a Mediapart un humorista que la acompañaba y vio el mensaje.

“Al día siguiente, la responsable de prensa me dijo: Ah, sí, le he dado tu número a Patrick”, cuenta. Ella, que ha tenido eco de otros testimonios a lo largo de su carrera, añade: “Siempre se le presenta como un ‘seductor’, mientras que yo no he recibido más que historias de angustia.”

Por su parte, la agente Élisabeth Tanner, que conoce a Patrick Bruel desde 1980, lo describe como “un chico amable”, “bastante respetuoso con las mujeres” y asediado por “mujeres de todas las edades que lo adoran, gritan en sus conciertos y hacen concentraciones para conocerlo”.

La agente reconoce “una reputación de seductor”, amplificada por “una especie de histeria durante la bruelmanía”, pero asegura que “es un tipo dispuesto a cuestionarse comportamientos que quizá haya tenido en cierta medida”, refiriéndose a “una generación que se movía un poco en la línea de ‘rindo homenaje a una mujer cuando le digo que…’”. “Pero nunca ha sido alguien que no acepte un no”, asegura, al tiempo que precisa que no ha estado “en su dormitorio” ni “en los camerinos al final de los espectáculos”.

Patrick Bruel indica a Mediapart que, aunque “pudo intentar seducir, proponer relaciones íntimas, a veces de manera directa, o quizá torpe, nunca le impuso nada a nadie, y nunca pasó por alto las reticencias, y mucho menos el rechazo, de una mujer”.

El relato de Julia*, una de las masajistas

En 2019, Julia contó a la policía que Patrick Bruel, que actuaba en el festival Les Déferlantes ese verano, había venido a reservar un masaje “exigiendo que fuera ella quien le diera el tratamiento”, y que luego habría contactado a un miembro de su equipo diciendo: “Quiero que ella venga a verme al espectáculo esta noche”. Al parecer, el cantante la consiguió un acceso VIP y la invitó a pasar a su camerino “para tomar una copa de champán” después del concierto. Pero estaba “cansada” y la masajista de 29 años se marchó antes de que terminara el espectáculo.

A la mañana siguiente, afirma que él la agredió sexualmente durante el masaje. Declaró a la policía que el cantante se habría puesto “desnudo”, quitándose la toalla en varias ocasiones, que la pidió que le metiera las “manos” y los “codos” “entre las nalgas”, mientras “se excitaba sobre la camilla de masaje” con “movimientos de vaivén con la pelvis”, y que luego habría hecho todo lo posible para que ella le tocara “sus partes” íntimas. También le puso “la mano en las nalgas”.

Ella explicó a la policía que no “sabía cómo salir de todo aquello” y que, en varias ocasiones, le pidió “que se calmara”, indicándole que ese spa no ofrecía “ese tipo de servicios”. “Me gusta salirme del guion, si no es aburrido. En Francia hay demasiadas leyes, en el extranjero hacemos lo que queremos”, le respondió Bruel, reprochándole que fuera “demasiado rígida”. Ella dice que se enfadó: “Le dije: “¿Qué es lo que quiere, en definitiva? ¿Que le toque y le haga una felación?” Me respondió que no le importaría, porque era una chica guapa que no le dejaba indiferente”, cuenta a Mediapart. Dice que entonces puso fin al masaje.

Al marcharse, él le habría dicho que iba a meter en memoria su número de móvil (que ella había tenido que facilitar para recibir la invitación al concierto) con las iniciales “Julia IFPB”, por “Julia Interfessier [interglúteos] de Patrick Bruel”. “Se rió, me abrazó y me pidió que todo lo que había pasado en la cabina fuera nuestro secreto”, nos cuenta.

No fue el caso: dos meses después, al descubrir los testimonios de otras masajistas en la prensa, Julia entra en la comisaría de Perpiñán: “No quisiera que esos actos se repitieran contra otras jóvenes”. El caso fue archivado sin más trámite.

Al ser preguntado por Mediapart, Patrick Bruel indica que, aunque “a menudo ha solicitado masajes terapéuticos antes o después de sus conciertos, nunca ha habido ningún gesto ni palabras con connotaciones sexuales, lo que la justicia ha confirmado”. Afirma que el número de Julia lo guardó en la agenda con la anotación “HP por ‘hand power’, ya que el masaje era tonificante”, y asegura que “bromeaban juntos” con ello.

Las múltiples denuncias de Daniela Elstner

A lo largo de los años, Daniela Elstner nunca ha dejado de denunciar. Tras la onda expansiva del #MeToo, en 2017, cuenta su historia en la revista profesional británica Screen Daily, sin nombrar a Patrick Bruel. Afirma haber sido “agredida sexualmente por una figura muy conocida del sector cinematográfico francés” y “haber escapado por los pelos de una violación”.

Tras la denuncia de la actriz Adèle Haenel en noviembre de 2019, y tras convertirse en directora general de Unifrance, Daniela Elstner confía a algunos miembros de los órganos de la entidad su “problema” con Patrick Bruel, en el marco de un debate sobre la redacción de una carta de prevención de la violencia sexual. También aborda el tema con una representante de Pathé, que por entonces distribuía una película con el actor.

Se planteó la cuestión de una posible participación de Patrick Bruel en un viaje o un evento de Unifrance para la promoción de una película, tal y como atestiguan los documentos a los que ha tenido acceso Mediapart. Daniela Elstner propone entonces —sin que esta solución se formalice— que, si el actor tuviera que viajar con Unifrance, ella solicitaría un careo, en presencia de su abogada, Jade Dousselin. La penalista confirma a Mediapart que su clienta la había consultado y da testimonio del “difícil camino” que recorrió para llegar a “la dolorosa y comprometida decisión de alzar la voz” (leer su respuesta íntegra en la caja negra). Al ser contactados, el entonces presidente de Unifrance, Serge Toubiana, y la representante de Pathé, no respondieron.

La directora de Unifrance también informa a Élisabeth Tanner, agente y amiga del actor desde hace treinta años. Contactada por Mediapart, ésta confirma que “Daniela Elstner le había dicho que se había sentido escandalizada por un comportamiento que Patrick había tenido durante un viaje a Acapulco, en la época de Daniel Toscan du Plantier, que le había parecido insistente, que había tenido miedo, que él estaba en una posición de poder y ella era becaria”, y que le había pedido poder “hablar con él”, en su presencia, “para una posible reparación”.

La agente dice que se lo comentó a Patrick Bruel, quien habría respondido: “No lo recuerdo, no lo sé, me parece extraño por mi parte, pero si eso es lo que ella sintió, me disculparé. Quedemos”. Explica que el encuentro nunca tuvo lugar porque Daniela Elstner la habría “llamado de nuevo diciendo: ‘Déjalo, la verdad es que lo he pensado, era la bruelmanía, él era joven, un poco loco’. Lo cual la interesada desmiente rotundamente: “No hubo ningún viaje de Unifrance, por lo que ese encuentro nunca se produjo”.

Patrick Bruel indica a Mediapart que en aquel momento “aceptó sin la menor vacilación volver a ver a Daniela Elstner” y “lamenta que ese encuentro no se haya producido”.

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En 2023, Daniela Elstner también se sinceró sobre su historia con el nuevo presidente de Unifrance, Gilles Pélisson. “Efectivamente, me lo contó”, confirma a Mediapart, expresando “su compasión” y compartiendo “su dolor por haber cargado con todo eso durante todos estos años, sin poder hablar de ello”. Dentro de la organización, el director de cine y la directora de comunicación y de lo digital dan testimonio a Mediapart de la intensa “emoción” de su colega cuando les confió su relato, respectivamente en 2017 y 2021. “Me parece una iniciativa valiente”, comenta el primero, Gilles Renouard. “Es bueno que la directora de Unifrance cuente lo que ha vivido, porque eso situará a Unifrance en el lugar que le corresponde y demostrará que no se tolera este tipo de abusos”, declara la segunda, Stéphanie Gavardin.

 

Traducción de Miguel López

“Hoy estoy dispuesta a hablar y voy a presentar una denuncia que debería haber presentado hace treinta años”. Daniela Elstner ha tardado tres décadas en acudir a la justicia y siete años en responder a la solicitud de Mediapart. El 12 de marzo, Elstner, directora general de Unifrance, que promueve el cine francés en el extranjero, presentó una denuncia por intento de violación y agresión sexual contra Patrick Bruel.

Caja negra

* Nombres ficticios, a petición de las interesadas.

Esta investigación comenzó a finales de 2018, a raíz del movimiento #MeToo, cuando tuvimos conocimiento de tres testimonios, entre ellos el de Daniela Elstner. Pero en aquel momento, la directora general de Unifrance, contactada a través de personas de su entorno, no estaba dispuesta a hablar públicamente. En los años siguientes, tuvimos conocimiento de otros relatos y retomamos activamente la investigación en abril de 2025. Tras un largo proceso, Daniela Elstner se mostró dispuesta a hablar en el segundo semestre de 2025.

El 9 de marzo de 2026 solicitamos a Patrick Bruel, a través de su responsable de comunicación Clara Paul-Zamour, una entrevista, solicitud que rechazó. Por lo tanto, el 9 de marzo le enviamos la lista de los hechos imputados, con fechas y lugares, y el 10 de marzo, preguntas precisas y detalladas. Su abogado, Christophe Ingrain, nos envió respuestas por escrito la tarde del 13 de marzo. Sus respuestas figuran íntegramente en los anexos. Les hemos pedido acceder a los registros del teatro y a los testimonios mencionados en sus respuestas. “Las personas han confirmado sus recuerdos de los hechos ante el abogado de Patrick Bruel, quien se lo certifica a ustedes. Lo mismo ocurre con los documentos: han sido consultados por el abogado de Patrick Bruel, quien se lo certifica a ustedes”, nos respondió Clara Paul-Zamour, pero sin darnos acceso a dichos elementos.

La abogada de Daniela Elstner, Jade Dousselin, al ser contactada sobre su primera entrevista en 2019, nos indicó: “Daniela vino a verme por primera vez en 2019. En aquella época, los casos de Weinstein en Estados Unidos y de Adèle Haenel en Francia habían puesto de relieve los casos de violencia sexual en el cine y las instituciones buscaban adaptar su comportamiento ante esta toma de conciencia. Durante la entrevista, concertada con el fin de encontrar soluciones para proteger el necesario equilibrio entre la palabra de quienes se declaran víctimas y la presunción de inocencia, Daniela me contó con gran emoción su historia personal. En aquel momento, no quiso presentar denuncia. Solo recientemente, tras un difícil camino, tomó la dolorosa y comprometida decisión de alzar la voz por ella misma y por todas las demás; y para ello toma la decisión de acudir a la justicia. Es consciente de que los hechos que denuncia han prescrito. Le ha llevado años dar este doloroso paso. Prueba, si es que hace falta alguna, de lo difícil que es este proceso. Su iniciativa es hoy menos un deseo de condena que un deseo de liberación.”

En cuanto a la publicación de Facebook de Jeanne* en 2019, la eliminó siguiendo el consejo de un amigo, que temía que la justicia la tuviera en cuenta. Pero hemos podido consultar dicha publicación, que ella archivó en la plataforma.

En cuanto al testimonio de Isabelle: la directora de casting citada en su relato ha hecho saber que no deseaba respondernos.

Dos mujeres citadas en este artículo también han testificado en otros procesos mediáticos. Estadísticamente, una mujer que ya ha sido víctima de violencia sexual tiene más probabilidades de volver a serlo.

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