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Bernie Sanders, más favorito y cuestionado que nunca ante las primarias de Nevada

El candidato presidencial demócrata, el senador Bernie Sanders, llega a un mitin en Texas.

Elena Favela llama a las puertas de las casas sencillas en el este de Las Vegas. En este barrio hispano de clase trabajadora, situado a unos 15 minutos en coche de los grandes casinos del Strip, muchos residentes no saben que su estado, Nevada, está en proceso de elegir a su candidato para las primarias demócratas.

“Su prioridad es el trabajo y si habrá comida”, dice esta joven de 18 años, enviada por la empresa Make The Road para llevar a cabo este puerta a puerta. Esta organización nacional de defensa de los inmigrantes indocumentados decidió recientemente apoyar a Bernie Sanders; es la primera vez en sus 12 años de existencia que apoya a un candidato en una elección presidencial.

Ahora, Make The Road pone toda su experiencia de movilización al servicio del viejo senador de Vermont. La red nacional organizó un gran mitin en Las Vegas y una marcha a los colegios electorales encabezada por “Bernie”. Los flyers bilingües de Elena, en inglés y español, que cuelga en los pomos de las puertas de los hogares, anuncian medidas que resuenan en el electorado popular: “Vivienda asequible, ciudadanía y seguridad social universal para todos”, y el fin del “oleoducto escuela-prisión”, metáfora que se utiliza a menudo en Estados Unidos para recordar el fracaso de las escuelas públicas.

La elección formal de Nevada –un caucus, un complicado proceso electoral que se convirtió en un fiasco en Iowa, precedida por un período de votación anticipada– se llevará a cabo este sábado 22 de febrero. A Bernie Sanders hace tiempo que se le considera favorito y no salir victorioso supondría un verdadero fracaso.

Leo Murrieta, que dirige Make The Road en Nevada, se muestra satisfecho por que las primarias se trasladen a los estados del oeste y del sur... “Iowa y New Hampshire [los dos estados con una población abrumadoramente blanca que suelen abrir las primarias] no representan la diversidad de nuestro país. El resultado de Nevada será un buen indicador nacional de cada estado”.

Nevada, gran estado del desierto norteamericano, es uno de los más diversos de los Estados Unidos. Es 10% negro, 10% asiático-americano y casi 30% hispano. Es uno de los cinco estados oficialmente "majority-minority", donde los blancos constituyen menos del 50% de la población y cada vez menos conservador.

Esta primera votación en el oeste americano abre una nueva secuencia de las primarias demócratas. El 29 de febrero, Carolina del Sur, con un 30% de afroamericanos, está llamado a las urnas.

Tres días más tarde, un tercio de los delegados de la Convención Demócrata, que se celebrará en julio en Milwaukee, Wisconsin, se presentará a la candidatura para el supermartes. La mitad de los delegados nominados ese día serán de los dos gigantescos estados de Texas y California, ambos con un 40% de hispanos y ambos con una mayoría no blanca.

La campaña de Sanders ha apostado por Nevada, donde tiene 250 empleados en 11 oficinas, ocho de las cuales están en Las Vegas, más que sus rivales. Los voluntarios organizan partidos de fútbol, otros hablan con los empleados del casino en los aparcamientos donde éstos aparcan sus coches; las decenas de miles de empleados del casino son un objetivo prioritario.

Dos días antes del caucus, el pasado jueves a mediodía, el director regional de la campaña, Luis Vásquez, rememoraba meses de movilización en el este de Las Vegas, basados en el establecimiento de vínculos relacionales con la población. “Estamos aquí desde junio. Hemos ido puerta por puerta, una y otra vez, nos hemos movilizado en los supermercados, hemos hecho manifestaciones, hemos participado en barbacoas. También hemos explicado el muy complicado sistema de caucus, hemos hecho mucho entrenamiento y hemos hablado por teléfono con los votantes, todo en inglés y español. Nuestros voluntarios se familiarizaron con el público. Algunos de nosotros hemos llamado a 4.000 puertas en seis meses”.

“Las campañas políticas se centran en los votantes, especialmente los hispanos, en el último minuto", señala José Mariscal, de 23 años, un organizador de campo en el este de Las Vegas. Ese es el desafío de la campaña de Sanders: movilizar un nuevo electorado joven, popular y multirracial, a menudo más distante de la política, más allá de los corazones de los votantes demócratas.

En la sede de Las Vegas Este, ubicada en un centro comercial, los voluntarios relatan sus mejores historias. Vaneik Echevarria trabaja en la producción teatral en la ciudad de Nueva York. Viajó a Nevada para movilizar a los votantes en español. Se le humedecen los ojos. “Conocí a un tipo de 29 años, cuatro hijos, sin educación. Al principio, dijo: ‘Son todos unos imbéciles’. Conversamos, le hablé de Bernie, de la asistencia sanitaria gratuita, de la educación para todos. Va a votar”.

Sanders no es el único aspirante en estas primarias. “No se puede llegar a ser el nominado demócrata sin el apoyo de los negros e hispanos”, espetó el exvicepresidente Joe Biden, que no lo tuvo fácil en los primeros escrutinios y espera recuperarse apostando por su notoriedad. Elizabeth Warren también se ha echado a la calle, haciendo campaña con Julián Castro, exsecretario de Vivienda de Obama, quien se unió a ella después de intentar aspirar él mismo.

El multimillonario californiano Tom Steyer, que está luchando por abrirse paso, ha invertido mucho en la campaña. Los candidatos que competían por el liderazgo de Biden en el centro, Pete Buttigieg y Amy Klobuchar, también guiñaron un ojo a los hispanos: Buttigieg pronunciando unas cuantas frases en español en sus mítines (es el único de los candidatos que habla español), Klobuchar recordándoles muy torpemente que su primer nombre en la clase de español era Elena. Todos ellos, por supuesto, contrataron anuncios en español.

Las próximas semanas serán decisivas. Sanders, favorecido por la movilización de sus partidarios, también saca partido del hecho de que los candidatos centristas aspirantes, aunque lo juzguen “divisor” e incapaz de ser elegido en contra de Trump, no tienen ningún interés (de momento) en crear un frente común.

“Bernie”, cada vez más atacado por Elizabeth Warren, que busca relanzar su campaña (por su estilo, la virulencia de sus defensores, su estado de salud, etc.), debe también demostrar que es capaz de ganar su apuesta de ampliar el electorado más allá de su base leal, lo que aún no ha demostrado en las dos primeras primarias.

Sus partidarios, a su vez, creen que la mejor manera de ganarle a Trump es creando una amplia coalición; siguen creyendo que habría ganado en 2016 a Trump si hubiese aspirado a ocupar la Casa Blanca por el Partido Demócrata.

Otra gran incógnita es la entrada de Michael Bloomberg en la carrera. El exalcalde de Nueva York, jefe del grupo mediático que lleva su nombre y el noveno hombre más rico del mundo (con una fortuna estimada en 61.000 millones de dólares) figurará en las papeletas a partir del supermartes.

Desde el anuncio de su candidatura en noviembre, Bloomberg, que financia su campaña con su propio dinero, ha estado literalmente tratando de comprar la nominación demócrata, gastando como un loco.

Ha contratado equipos a precio de oro y empapelado las pantallas de TV, Facebook y Google con anuncios; a fecha de 17 de febrero, ha gastado más de 400 millones de dólares en anuncios de TV, 42 millones en Facebook, 36 millones en Google. O lo que es lo mismo, 500 millones de dólares, más que todos sus rivales juntos. Su omnipresencia en los medios de comunicación lo ha hecho subir en las encuestas de opinión.

“Bloomberg y Sanders tienen dos visiones muy diferentes del futuro”, dijo Jeff Weaver, asesor especial de Bernie Sanders, a Mediapart (socio editorial de infoLibre). "Encarna la élite corporativa, la clase multimillonaria, las políticas discriminatorias. Quería recortar el gasto social, impedir que el salario mínimo aumentara, se negó a gravar a los ricos, aplicó políticas racistas. Todo contra lo que Bernie Sanders luchó”, añadió.

Considerado por muchos demócratas como el que los salvará del “socialismo” de Sanders, Bloomberg no salió muy bien parado en su primera aparición en el debate televisivo de Las Vegas el 19 de febrero. Fue acusado de comentarios sexistas, transfóbicos y homofóbicos, criticado por la política sistemática de detenciones y registros faciales llevada a cabo por el Departamento de Policía de Nueva York cuando era alcalde (entonces republicano) de Nueva York, y por los múltiples acuerdos financieros secretos que firmó con colaboradoras acusándolo de acoso sexual, sus comentarios antipobres, sus críticas a la reforma sanitaria de Obama, o su amistad con Trump, etc.

"Los demócratas corren un gran riesgo si sólo reemplazamos a un billonario arrogante por otro”, dijo Warren.

Al final del debate, los presentadores preguntaron si el candidato –o candidata– que llegara con más delegados a la Convención de Milwaukee debería ser el designado por el partido para enfrentarse a Donald Trump. Bernie Sanders dijo que sí. Todos los demás dijeron que no.

Las reglas de la Convención permiten múltiples votaciones y la posibilidad de obtener superdelegados nominados por el Partido Demócrata. Sanders, aunque siga liderando la carrera durante los próximos meses, podría muy bien llegar bien posicionado a la Convención... y no ser el candidato final, si ciertos candidatos alcanzan un acuerdo.

Semejante Cconvención cuestionada” podría marcar la explosión del Partido Demócrata y precipitar la reelección de Donald Trump.

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Sanders arrasa a sus rivales en los caucus demócratas de Nevada y consolida sus opciones

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Traducción: Mariola Moreno

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