Euforia empresarial en Venezuela tras las reformas de corte liberal bajo la sombra de Washington

Alice Campaignolle (Mediapart)

Caracas (Venezuela) —

Desde la última planta de la torre El Saman, en pleno distrito financiero de Caracas, las vistas de la ciudad son impresionantes. Horacio Velutini, director de la inmobiliaria Invaca, vigila su imperio desde su despacho. Desde las ventanas casi se divisa el centro comercial El Tolón, propiedad de su grupo, situado en el barrio más lujoso de la capital, “y muy cerca de la embajada americana”, añade rápidamente.

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La embajada reanudó sus actividades el 30 de marzo, tras permanecer cerrada durante los siete años de ruptura de relaciones entre Caracas y Washington. “Las empresas estadounidenses que quieran instalarse en Venezuela buscarán oficinas en este barrio, sobre todo por la proximidad a su embajada”, explica el empresario. “Cuando hicimos construir El Tolón, la ubicación, evidentemente, no se eligió al azar, el barrio de Las Mercedes es un lugar estratégico”.

Desde el secuestro del presidente, Nicolás Maduro, a principios de enero, Washington ha puesto a las autoridades del país bajo su tutela, y Donald Trump ha amenazado directamente a la presidenta interina, Delcy Rodríguez, si se niega a obedecer sus órdenes. Las autoridades, a pesar de que siguen reivindicando la revolución bolivariana, están liberalizando la economía a marchas forzadas.

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Más de 20 años después de su inauguración, parte del centro comercial El Tolón está en obras. En la cuarta planta, los ruidos de los taladros y los martillazos han sustituido a la música ambiental. “Estamos reformando toda la zona de restauración”, detalla Gabriel Roig Picon, vicepresidente de Invaca. “Hemos tenido buen olfato, el consumo se disparará en los próximos meses.” “Prevemos un aumento del 12% en el consumo en 2026, y lo mismo para 2027. No me gusta ser eufórico, pero tenemos todos los motivos para alegrarnos”, confirma Horacio Velutini.

Mientras que el PIB se desplomó un 75% entre 2015 y 2025, los economistas prevén ahora un crecimiento del 10% en 2026. Y solo en el mes de marzo, la producción de petróleo aumentó un 14%, alcanzando los 980.000 barriles diarios. Una curva que debería seguir ascendiendo en los próximos años.

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La economía venezolana depende casi por completo de los recursos petroleros, que representan al menos un tercio del PIB. “Evidentemente, Estados Unidos quiere aumentar la producción en beneficio propio, no nos engañemos”, reconoce el director de Invaca. “De ahora en adelante, en Venezuela, todo girará en torno a la relación que mantengamos con Washington.”

En su despacho, el empresario muestra una presentación de PowerPoint que enumera una serie de cifras. Consumo anual en este barrio de Las Mercedes, número de vehículos que circulan por la avenida principal cada mes, metros cuadrados disponibles, empresas instaladas, aparcamientos…

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“He preparado esta presentación para un grupo de inversores estadounidenses que acaba de salir de mi oficina”, explica. “Tenemos previsiones muy positivas. Esperamos duplicar el tamaño de la empresa de aquí a 2030”. Caracas está “llena de inversores potenciales, que han venido a explorar los mercados”, según Horacio Velutini. Pero, por el momento, todos se mantienen discretos. “Nadie quiere mostrar sus cartas”, comenta un consultor que prefiere permanecer en el anonimato.

Optimismo

Apenas unos días después del secuestro de Maduro, se aprobó una ley de hidrocarburos que deja atrás el modelo de soberanía petrolera impulsado por Hugo Chávez, presidente desde 1999 hasta su muerte en 2013. Además de reducir los impuestos, el texto prevé la posibilidad de que el sector privado explote el petróleo y lo exporte, sin necesidad de aliarse con la empresa pública.

“Otro punto importante es la seguridad jurídica: esta ley permite a las empresas acudir a un tribunal de arbitraje en caso de conflicto, lo que tranquiliza enormemente a las empresas extranjeras que deseen instalarse”, explica José Antonio Martínez, de la Cámara de Comercio Suizo-Venezolana, que tiende puentes entre ambos países. La sombra de las nacionalizaciones anunciadas en la televisión pública por Hugo Chávez sigue planeando sobre el mundo económico, aunque no se haya producido ninguna expropiación tras la muerte del “comandante”.

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A esta ley de hidrocarburos se suman textos sobre la explotación minera y la simplificación de los trámites administrativos, y hay una reforma fiscal en marcha. Todo un arsenal legislativo destinado a atraer y tranquilizar a los inversores.

El presidente de la cámara de comercio se muestra tan “optimista” que su organización tiene previsto traer a un grupo de empresarios suizos al país caribeño de aquí a junio. Hay “numerosas” oportunidades, explica. “En el sector petrolero, evidentemente, pero también para los distintos proveedores de bienes y servicios, etc.”, detalla. “También está el sector eléctrico, ya que es importante que recuperemos un servicio eléctrico de calidad. Sin olvidar el suministro de agua: funcionamos con centrales hidroeléctricas y, por ejemplo, varias turbinas de la presa más grande del país están averiadas.”

¿Cuál es la condición sine qua non para el nuevo despegue económico de Venezuela? El levantamiento de las sanciones que pesan sobre su economía desde 2017. Washington ha comenzado a suavizar ciertas medidas, favoreciendo a las empresas estadounidenses, lo que permite a varias compañías petroleras regresar al país.

Otra disposición importante, la más reciente: el Banco Central de Venezuela puede volver al sistema financiero internacional y, de este modo, tener un acceso más fácil a las divisas. “Si las autoridades venezolanas siguen avanzando en su dirección, en su visión liberal de la economía, los estadounidenses irán aflojando cada vez más las riendas”, considera Horacio Velutini.

Pero, aunque las perspectivas del mundo empresarial son muy optimistas, los venezolanos de a pie no ven ningún cambio en sus bolsillos. A pesar de las buenas cifras de crecimiento y de los aviones llenos de inversores, el salario mínimo en Venezuela sigue siendo de 130 bolívares, es decir, no llega a medio dólar al mes.

La maldición venezolana

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El 16 de abril, los sindicatos de trabajadores del sector público y de jubilados se reunieron en Las Mercedes, un barrio poco habitual para las reivindicaciones sociales, y entregaron una carta a la embajada de Estados Unidos. “Puesto que ahora estamos bajo su tutela, pedimos ayuda a Washington. Nos dirigimos a quienes realmente toman las decisiones aquí, porque nosotros seguimos en la miseria”, se lamenta una joven jubilada. “Con mi pensión de 30 céntimos de dólar al mes, ni siquiera puedo comprarme un par de huevos.”

 

Traducción de Miguel López

Desde la última planta de la torre El Saman, en pleno distrito financiero de Caracas, las vistas de la ciudad son impresionantes. Horacio Velutini, director de la inmobiliaria Invaca, vigila su imperio desde su despacho. Desde las ventanas casi se divisa el centro comercial El Tolón, propiedad de su grupo, situado en el barrio más lujoso de la capital, “y muy cerca de la embajada americana”, añade rápidamente.

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