Hamás sigue controlando una Franja de Gaza destruida a pesar de carecer de estrategia

Gwenaelle Lenoir (Mediapart)

El hashtag “#Revolución del 26 de junio” lleva unas semanas circulando mucho en redes sociales, especialmente en los últimos días. Palestinos y palestinas, a menudo jóvenes, lanzan llamamientos a los habitantes de la Franja de Gaza, instándoles a manifestarse, a salir de entre las ruinas a la calle para protestar contra las condiciones de vida indignas y exigir el fin del genocidio, el acceso a la comida, al agua, a la higiene, a la sanidad, a la educación; en definitiva: a una vida digna.

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El llamamiento no está centralizado, pero la mayoría de quienes se expresan viven hoy fuera de la Franja de Gaza. Aunque el mensaje común es “Ya no podemos más”, algunos apuntan directamente a Hamás. Otros se centran en el incumplimiento de los términos del alto el fuego por parte de Israel y en la apatía de la comunidad internacional.

No sería la primera vez que se celebran manifestaciones contra las condiciones de vida infernales en el enclave palestino. Bedna na’ich (queremos vivir), un movimiento informal, lleva organizándolas desde marzo de 2019. Cuando se creó, Hamás ya llevaba doce años gobernando en solitario la Franja de Gaza. Eran numerosas las quejas de una parte de la población respecto al gobierno islamista, aunque nadie en ese pequeño territorio perdía de vista que el estricto bloqueo israelí impedía cualquier desarrollo económico.

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Moumen al-Natour, abogado de 30 años y miembro de Bedna na’ich, hoy refugiado en Italia, describe así a Mediapart el dominio del partido islamista antes del 7 de octubre: “Hamás lo gestionaba todo y lo controlaba todo, sobre todo el acceso al empleo en la administración. Si presentabas una solicitud, para tener alguna posibilidad de conseguir el puesto, necesitabas una recomendación del emir de tu mezquita. O conocer a alguien dentro de Hamás. Era un circuito cerrado”.

Todavía hoy, lo que queda de la administración de la Franja de Gaza está gestionado por Hamás. “Probablemente, la popularidad del movimiento nunca haya sido tan baja en el enclave, pero la gente soporta a su Gobierno porque no tiene otra opción”, explica un analista de Gaza que prefiere mantener el anonimato. “Lo necesitan para los certificados de nacimiento, los de defunción… para toda su vida, en realidad.”

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Control de seguridad

Bassem Naïm, veterano de Hamás, exministro de Sanidad del Gobierno de Haniyeh tras las elecciones de 2006 ganadas por el movimiento islamista y miembro de su oficina política, asegura, sin embargo, que el partido no pide otra cosa que dejar el poder.

“En varias ocasiones, en 2014 y luego en 2017, propusimos formar un Gobierno de unión nacional, pero esos intentos fueron saboteados sistemáticamente por la Autoridad Palestina de Ramala, por los israelíes, los americanos y, lamentablemente, los europeos”, recuerda a Mediapart en las oficinas del movimiento en Estambul. “Igualmente, estamos dispuestos a ceder la gestión de la Franja de Gaza al comité administrativo tecnocrático [previsto en el plan de veinte puntos de Trump de octubre de 2025 para gestionar el territorio —ndr], incluyendo la seguridad, las fronteras y los pasos fronterizos.”

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Pero el Comité Nacional para la Administración de Gaza (Cnag) sigue en El Cairo, al no haber recibido autorización para entrar en el enclave y comenzar su labor, y Hamás controla una parte del territorio, la que no está ocupada por el ejército israelí. Es decir, entre el 30% y el 40% de la pequeña franja costera.

Hamás asegura, pues, que ya no quiere asumir el gobierno. “Porque nos consideramos fundamentalmente un movimiento de resistencia. En este momento, no somos un movimiento en el poder”, añade Bassem Naïm. “Creemos que uno de los mayores errores de Oslo fue, como se dice en árabe, ‘poner la zanahoria delante del caballo’, es decir, establecer un sistema político bajo la ocupación. Primero hay que poner fin a la ocupación; después, que todos los palestinos puedan reunirse y formar su propio sistema político”.

Según él, la participación de Hamás en las elecciones de 2006 tenía como objetivo intentar cambiar el rumbo de los acontecimientos desde dentro. Pero el fracaso del Gobierno de unidad nacional formado tras su victoria en las elecciones legislativas, y posteriormente del gabinete de Hamás —ambos frustrados por la negativa occidental a negociar con ellos—, les sirvió de lección.

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Pero, añade Bassem Naïm, el movimiento no puede, en la situación actual, dejar un vacío de poder en Gaza. Sobre todo en materia de seguridad. Por ello, asegura, el despliegue de los hombres de Hamás en las calles, desde la firma del alto el fuego en octubre de 2025, no tiene otro objetivo que evitar el caos y, en particular, la actuación de las milicias financiadas y armadas por Tel Aviv. Esos grupos auxiliares, que hoy suman cinco, controlan todo el este del territorio —el ocupado por el ejército israelí— y llevan a cabo incursiones, secuestros y asesinatos, sobre todo de miembros de Hamás, en la parte occidental de la Franja de Gaza.

Ejecuciones sumarias

“Sin las fuerzas de Hamás, esto sería la jungla. Estas milicias, y quizá incluso las propias familias, se enfrentarían entre sí; habría robos y violaciones, pero las familias y las facciones políticas, en colaboración con Hamás, se esfuerzan por mantener la seguridad y velar por ella”, añade el responsable de Hamás, originario él mismo de Gaza.

El movimiento quiere ganarse el apoyo de esas grandes familias, que cuentan con miles de miembros y constituyen la columna vertebral de la sociedad gazatí, a las que Israel ha intentado a menudo integrar y con las que la convivencia es a veces turbulenta y sangrienta. Bassem Naïm tiene la prueba de ello, con las acciones de uno de los clanes más revoltosos del territorio, conocido por su implicación en la gran delincuencia: “Los Doghmoush mataron a mi hijo el pasado mes de octubre. Al día siguiente de la firma del acuerdo, intentaron sembrar el caos. Somos vecinos de la zona donde se encuentran, en Tal Al-Hawa. E intentaron tomar el control de la zona y matar a cualquiera que no obedeciera sus órdenes.”

Lo que Bassem Naïm se calla es la violencia desencadenada por Hamás tras el asesinato de su hijo. “Hamás reunió a toda la familia Doghmoush, incluidos los más jóvenes, y ejecutó sobre la marcha a unas nueve personas de la familia en lugares públicos, en represalia por el asesinato de su hijo”, relata el analista. “Hamás los acusó de ser colaboradores de Israel. Pero sabemos que, al menos algunos de ellos, no lo eran”. Las ejecuciones sumarias fueron grabadas y las imágenes difundidas por el propio Hamás, a modo de ejemplo.

Esta acusación de colaboración con el enemigo es fácil de utilizar, ya que efectivamente existen informadores, y se aplica ampliamente dentro del movimiento islamista. Contra cualquier persona que se oponga a su política y critique su línea. Bedna Na’ich ha organizado quince marchas de protesta en la Franja de Gaza desde el 7 de octubre. En cada ocasión, se ha esgrimido el argumento de la colaboración para desacreditarlas.

Existen diferentes corrientes [dentro de Hamás], y sigue en pleno apogeo la lucha por saber quién dirigirá el movimiento

Los opositores que, a diferencia de Moumen al-Natour y algunos otros, no han logrado huir del territorio, corren un grave riesgo. “Hamás publica nuestro nombre en una web dedicada a ello en redes sociales, que se llama: ‘Se ha detenido a un colaborador’. Lo que, evidentemente, nos pone en peligro”, explica el abogado. Describe una maquinaria represiva: “El movimiento ha instalado centros de interrogatorio en varios hospitales. Allí trasladan a los detenidos, les dan una paliza y, después, o los echan a la calle con los huesos rotos, o los ejecutan en público”.

“Hamás controla Gaza, pero únicamente mediante la fuerza y el miedo”, prosigue el analista. “Pero se encuentra en una situación imposible, objetivamente hablando. En estos momentos no existe una posición única dentro de Hamás. Hay diferentes corrientes, y sigue en pleno apogeo la lucha por saber quién dirigirá el movimiento”.

Divergencias estratégicas

Los resultados de las elecciones para renovar el comité político y sustituir a todos los que fueron asesinados debían haberse anunciado en febrero. Estamos a finales de junio y aún no se han proclamado. Responsables como Bassem Naïm atribuyen este retraso a las limitaciones geográficas y de seguridad.

“Hamás tiene tres componentes: una parte está afincada en la Franja de Gaza, otra en Cisjordania y una tercera en la diáspora. Cada uno de estos tres componentes elige a sus propios dirigentes y designa a una parte de la dirección común, así como a la alta dirección. Esta alta dirección expresa la posición definitiva de Hamás”, explica. “En este momento es difícil ponerse en contacto con todo el mundo, sobre todo en la Franja de Gaza. Las medidas de seguridad alargan mucho los plazos”.

También asegura que las divergencias de opinión y los debates son normales “en un movimiento democrático”.

Sin embargo, numerosos observadores afirman que se está librando una feroz batalla entre la línea de Khalil al-Hayya, originario de Gaza y actual líder del movimiento, y la de Khaled Mechaal, que ocupó el cargo de secretario general. “También influyen muchas dinámicas regionales, ya que los Estados de la región desean que haya alguien con quien dialogar”, explica el analista. “Porque Khalil al-Hayya se ha convertido, según la valoración de numerosos gobiernos, en alguien difícil de tratar. Su nombre está demasiado estrechamente asociado a los últimos tres años. Khaled Mechaal, por su parte, no estaba en el poder. Se le percibe más bien como una figura política capaz, tal vez, de replantear y redefinir la imagen de Hamás.”

Los responsables de Hamás siguen defendiendo el 7 de octubre

Y es que el proyecto del movimiento parece haberse estancado con el 7 de octubre, que los responsables siguen defendiendo. Bassem Naïm se mantiene firme en esa línea. El 7 de octubre no fue un error, ni moral ni estratégicamente. “Creo que fue la decisión correcta en el momento adecuado”, afirma a Mediapart.

Naïm describe la operación que condujo a la masacre y a la toma de rehenes de civiles israelíes y extranjeros como un acto de legítima defensa. Cita el plan Smotrich de 2017, destinado a acabar con el movimiento nacional palestino y con toda posibilidad de un Estado mediante la anexión de todos los territorios palestinos, y afirma que ya se estaba llevando a cabo. Recuerda el bloqueo y la tentación de los Estados árabes de sumarse a los Acuerdos de Abraham.

Ni una palabra sobre las más de 70.000 personas fallecidas en la guerra genocida, los cientos de miles de heridos, a veces discapacitados de por vida, pero sí la certeza de haber logrado romper la imagen de Israel y el apoyo al Estado hebreo en todo el mundo.

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El analista gazatí se atreve a afirmar, en voz baja: “De hecho, creo que en Gaza, Hamás oscila entre dos estados de ánimo. La supervivencia, en sentido político y concreto, pero también una tendencia al suicidio. Si nos fijamos en los líderes de Hamás que han sido asesinados recientemente, se observará que muchos fueron asesinados junto a sus familias. Lo que significa que salieron de su escondite y se quedaron con sus familias, sin ocultarse. Para mí, esto indica que algunos se han dado cuenta de que no hay salida. Porque, ¿adónde podrían ir? No tienen adónde ir, salvo hacia la muerte.”

Caja negra

Mediapart entrevistó a Bassem Naïm el 8 de junio en Estambul. Naïm, miembro del comité político de Hamás, está sujeto a sanciones estadounidenses.

Traducción de Miguel López

El hashtag “#Revolución del 26 de junio” lleva unas semanas circulando mucho en redes sociales, especialmente en los últimos días. Palestinos y palestinas, a menudo jóvenes, lanzan llamamientos a los habitantes de la Franja de Gaza, instándoles a manifestarse, a salir de entre las ruinas a la calle para protestar contra las condiciones de vida indignas y exigir el fin del genocidio, el acceso a la comida, al agua, a la higiene, a la sanidad, a la educación; en definitiva: a una vida digna.

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