Los hidrocarburos, ¿nueva palanca diplomática de Argelia?
La noticia se dio a conocer en Marruecos la tarde del 16 de marzo y se extendió como la pólvora: a partir de medianoche, el precio del combustible subiría 2 dirhams (0,2 euros), y el gasóleo —de lejos, el más utilizado— alcanzaría casi los 13 dirhams (1,2 euros) el litro. Ante la inminencia de la subida, en las gasolineras de las grandes ciudades del reino se formaron inmediatamente interminables colas de coches y camiones.
A diferencia de Túnez y Marruecos, cuyas necesidades energéticas se cubren en más de un 94 % mediante importaciones, Argelia y Libia se perfilan como los grandes beneficiarios de la guerra en Oriente Medio, tras el bloqueo del estrecho de Ormuz por parte de Irán.
Libia, a pesar de contar con importantes reservas de petróleo (49.000 millones de barriles) y sólidos recursos de gas, sigue lastrada por la inestabilidad política y los problemas de seguridad. Eso dificulta las previsiones en materia de cooperación energética con Europa, a pesar de sus ventajas geográficas. No es exactamente el caso de su vecina Argelia.
Miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), Argelia, principal productora de gas de África, está a punto de superar a Catar, cuya producción es sin embargo el doble, con 200.000 millones de metros cúbicos al año. Desde el inicio de los ataques de Israel y Estados Unidos contra Irán, la estrategia diplomática de Argelia se inscribe en la continuidad “realista” desarrollada desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca.
La crisis con los Emiratos Árabes Unidos, el país árabe más cercano a Israel, que se venía gestando desde hacía varios años y que había llevado al presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune, a calificarlos de “mini Estado que gesticula mucho”, parece hoy totalmente olvidada.
La visita interesada de Giorgia Meloni
El ministro de Asuntos Exteriores argelino, Ahmed Attaf, al recibir el 1 de marzo a los embajadores de los Estados árabes atacados por Irán, les sorprendió con esta posición: “la plena y total solidaridad de Argelia con los países árabes hermanos que han sido blanco de agresiones militares, recordando el rechazo categórico de [su] país a cualquier atentado contra su soberanía nacional y su integridad territorial”. Según Ahmed Attaf, Argelia “siempre se mantiene al lado de sus hermanos árabes frente a estas inadmisibles violaciones [iraníes]”.
Los recursos de gas y petróleo, que ya se utilizan como fuente de ingresos para mantener una frágil paz social, están a punto de convertirse en una palanca diplomática, orientada esencialmente hacia la Unión Europea (UE) y Estados Unidos.
Desde que el gigante petrolero Qatar Energy, atacado por misiles iraníes, suspendió la producción del complejo de Ras Laffan (el 20 % de la oferta mundial de gas natural licuado, es decir, 77 millones de toneladas al año), las miradas de los dirigentes europeos se han dirigido inmediatamente hacia Argelia.
Durante su última visita a Argel, el 24 de marzo, la jefa del Gobierno italiano, Giorgia Meloni, no se anduvo con rodeos: “Hemos decidido reforzar nuestra ya muy sólida cooperación a través de nuestros líderes nacionales en la materia [la empresa italiana Eni y la argelina Sonatrach – ndr], trabajando en nuevos frentes como el gas de esquisto o la exploración offshore”, declaró junto al presidente Tebboune. “[Argelia es] fiel a sus compromisos, dado que somos un socio estratégico y de confianza de Italia y de Europa en general”, añadió el dirigente argelino.
Desde ese día no ha parado el trasiego diplomático europeo en Argel. Las tensiones en torno al Sáhara Occidental no han cambiado nada al respecto.
Reconciliación con España
En efecto, a Giorgia Meloni le siguió, el 26 de marzo, José Manuel Albares, jefe de la diplomacia española, cuyas declaraciones fueron igual de directas: “Reforzamos la cooperación, incluida la económica y en los ámbitos del gas y la energía. El tratado de amistad, buena vecindad y cooperación [suspendido en junio de 2022 tras la postura de Madrid, favorable a Marruecos, sobre el Sáhara Occidental – ndr] está plenamente en vigor.”
El gas argelino solo representa el 12 % de las importaciones de gas de la UE, que se redujeron entre 2022 y 2025, pasando de 41.000 a 39.000 millones de metros cúbicos. Pero, según un informe citado por RFI, desde el inicio del conflicto se han disparado, alcanzando las 462.000 toneladas durante las dos primeras semanas de marzo, frente a unas 265.000 toneladas durante las dos primeras semanas de febrero, lo que supone un aumento del 74 %. Ante esta situación, los dirigentes argelinos se disponen a impulsar la producción.
Un plan de inversión de cerca de 52.000 millones de euros, anunciado en febrero por Sonatrach, justo antes del inicio de la guerra, tiene como objetivo aumentar su producción de 100.000 a 200.000 millones de metros cúbicos de aquí a 2030. Las reservas argelinas se estiman en 4,5 billones de metros cúbicos de gas natural y 12.200 millones de barriles de petróleo. A esto se suma una ventaja geográfica: Argelia se encuentra en el corazón del Magreb, una región a las puertas de Europa.
Pero la región se encuentra entre las menos integradas económica y políticamente, con rivalidades de liderazgo en las que uno de los motores sigue siendo la cuestión del Sáhara Occidental, que se remonta a medio siglo. “A pesar de los últimos avances bastante prometedores en este asunto, bajo el patrocinio de Estados Unidos, ni Marruecos ni Argelia han mostrado su deseo y su voluntad de avanzar hacia un Magreb más integrado. ¡Qué desperdicio!”, lamenta el economista Fouad Abdelmoumni, contactado por teléfono.
No obstante, las posiciones de Argel y Rabat son prácticamente idénticas en su desaprobación de los ataques iraníes contra “los países árabes hermanos”, evitando cuidadosamente al mismo tiempo denunciar los de Israel y Estados Unidos contra la República Islámica. Ciertamente, la reacción de Marruecos parece en consonancia con sus alianzas tradicionales y nuevas, tanto con respecto a los países del Golfo como a Israel, que mantiene con el reino unas relaciones privilegiadas desde la firma, a finales de 2020 en Rabat, de los Acuerdos de Abraham.
Por el contrario, la postura argelina cristaliza una forma de ruptura progresiva en su diplomacia y una voluntad de diversificar sus socios económicos. Argel, sin dejar de preservar sus relaciones con la Unión Europea y sin llegar a la normalización con el Estado hebreo, se aferra a su proximidad realista con Washington, que se traduce, en particular, en una cooperación militar creciente desde la llegada de Trump a la Casa Blanca.
Como recordatorio, gracias a Estados Unidos, Argelia decidió no votar en octubre de 2025 en contra de la resolución de la ONU que reconocía el proyecto de autonomía marroquí como la única opción para resolver el problema del Sáhara Occidental. Y, también bajo presión de Washington, se vio obligada a participar, junto con Mauritania, en las negociaciones secretas entre Marruecos y los independentistas saharauis.
Caja negra
Omar Brouksy es periodista y profesor de ciencias políticas en Marruecos. Fue redactor jefe del Journal hebdomadaire (ahora cerrado) y periodista de la AFP. Es también autor de Mohammed VI derrière les masques. Le fils de “notre ami” (Mohamed VI detrás de las máscaras. El hijo de “nuestro amigo”, edit. Nouveau Monde Éditions, 2014) y de La République de Sa Majesté. France-Maroc, liaisons dangereuses (La República de Su Majestad. Francia-Marruecos, relaciones peligrosas (edit. Nouveau Monde Éditions, 2017).
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Traducción de Miguel López