El martes 3 de febrero de 2026 hubo un temblor en el vasto mundo digital. “Hoy se está llevando a cabo un registro en las instalaciones francesas de la plataforma X”, en el marco de una investigación abierta un año antes sobre el funcionamiento global de la red social, anunció en un comunicado Laure Beccuau, fiscala de París. Es el resultado de varios meses de alertas sobre los abusos de la red social.
En enero de 2025, tras una denuncia del diputado Éric Bothorel (Renacimiento), la sección de lucha contra la ciberdelincuencia de la Fiscalía de París abrió una investigación para examinar los posibles "algoritmos sesgados" de la antigua Twitter, adquirida en 2022 por el multimillonario trumpista Elon Musk.
Desde entonces, no ha dejado de ampliarse la investigación para determinar si el funcionamiento de X cumple con la legislación francesa, como ha detallado recientemente Le Monde.
En noviembre de 2025, la inteligencia artificial Grok, un modelo de lenguaje integrado en X que responde a las preguntas de los internautas en función de los datos que ha recopilado, comenzó a expandirse con comentarios negacionistas.
Dos meses más tarde, esa herramienta fabricó y difundió, a petición de los internautas, millones de falsos vídeos y fotos de carácter sexual, “en los que aparecen menores”, precisó la Fiscalía de París, que incorporó esos nuevos elementos a la investigación el 2 de enero de 2026.
Por otra parte, la Fiscalía confiesa que “se multiplican los artículos 40” en relación con la plataforma, en referencia a la denuncia específica que debe realizar “cualquier autoridad constituida, funcionario público o funcionario que, en el ejercicio de sus funciones, tenga conocimiento de un delito o falta”.
Por lo tanto, las investigaciones se centran ahora en múltiples delitos penales, en particular la “complicidad en la posesión de imágenes de menores con carácter pornográfico”, la “violación de la imagen de la persona”, la “negación de crímenes contra la humanidad”, la “extracción fraudulenta de datos de un sistema automatizado de tratamiento de datos por banda organizada”, la “falsificación del funcionamiento de un sistema automatizado de tratamiento de datos por banda organizada” y, sencillamente, la “administración de una plataforma en línea ilícita por banda organizada”.
La Fiscalía abandona X
A este registro tan mediático se suma la citación sin precedentes, en audiencia pública, de Elon Musk y de la exdirectora de X, Linda Yaccarino, para el 20 de abril de 2026.
“La realización de esta investigación se inscribe, en esta fase, en un enfoque constructivo, con el objetivo de garantizar, en última instancia, la conformidad de la plataforma X con la legislación francesa, en la medida en que opere en el territorio nacional”, recuerda la fiscala.
Pero X no tardó en denunciar un “ataque político” y un “acto judicial abusivo”, refutando “categóricamente haber cometido la más mínima infracción”.
Parece que se avecina un verdadero pulso.
Por un lado, porque la justicia ya ha demostrado recientemente lo que puede hacer si el administrador de una plataforma no se presenta a una audiencia libre. A finales de enero, la Fiscalía de París solicitó una orden de detención y abrió una investigación judicial contra los tres responsables del servicio de streaming australiano Kick, conocido por el caso Jean Pormanove revelado por Mediapart, después de que estos ignoraran su citación.
Por otro lado, esta nueva etapa de la investigación permite refutar la idea de que las autoridades no tienen ningún poder sobre lo que ocurre en la web. Y tiende a recordar que, incluso en X, no todo está permitido. Combinando la acción con el registro, la Fiscalía de París suprimió su cuenta de X el 3 de febrero, invitando a seguir sus noticias en LinkedIn o Instagram.
Ciberacoso racista
¿Se puede seguir en X, cuando el odio se propaga ahí libremente? El diputado Aly Diouara, uno de los pocos parlamentarios negros de la Asamblea Nacional, lo sufre cada vez que publica un mensaje en la plataforma.
El jueves 5 de febrero de 2026, la justicia condenó a seis internautas por ciberacoso, agravado por su condición de parlamentario, cinco de ellos por el carácter racista de sus comentarios. Son seis personas condenadas, frente a “cientos que no han sido imputadas”, lamentaba el diputado durante la vista celebrada el 11 de diciembre de 2025. Aunque ahora dice sentirse “aliviado” por esta decisión judicial.
En la vista, la fiscal se esforzó por demostrar que, en X, los usuarios que envían insultos al diputado no pueden ignorar que su mensaje se inscribe en medio de otras publicaciones injuriosas, un elemento necesario para que se pueda caracterizar el ciberacoso.
Necesitamos X, es un termómetro que hay que mantener
Otro detalle significativo: la vista permitió poner de relieve que varios de los acusados ni siquiera seguían la cuenta de Aly Diouara en la plataforma, donde, por cierto, “solo” tiene 24.000 seguidores. Por lo tanto, son los algoritmos los que impulsan sus tuits ante los ojos de internautas animados por el odio, que solo tienen que responderle, sin moderación.
En ese momento, Aly Diouara confesó que no quería abandonar la plataforma, para no “resignarse” a dejar que ganaran los racistas, y asumió que la red era necesaria para dar a conocer sus ideas. Sin embargo, ha adquirido la costumbre de restringir con mucha más frecuencia la posibilidad de comentar sus tuits, reduciendo así la intensidad de la oleada de insultos.
Samir Belaïd también sufrió una oleada de racismo en X cuando anunció su candidatura a la alcaldía del distrito XVIII por el partido Horizontes. Pero el candidato de 39 años cree que hay que quedarse. “Lo necesitamos, es un termómetro que hay que mantener. También puede ser un buen reflejo de lo que ocurre en algunos territorios, fuera de París”, confiesa a Mediapart.
En cuanto al diputado macronista Éric Bothorel, que denunció a X ante la justicia, también asume, en una entrevista con France Info, que no tiene “ninguna intención de dejar una red social en manos de una ideología dominante, de extrema derecha u otras formas de radicalismo”. Al igual que él, una abrumadora mayoría de diputados de todos los partidos siguen en X: solo unos treinta de los 577 han dejado realmente de utilizar la plataforma.
¿Sigue siendo X tan poderoso?
Si hacemos caso omiso de las ideas fascistas de su propietario, del odio que se propaga a diario, de la falta de moderación eficaz, de las cuentas falsas, de los aumentos artificiales de visibilidad de las cuentas que pagan una suscripción mensual a Musk, de los deepfakes de pornografía infantil, de los contenidos negacionistas... ¿Es X realmente una red de comunicación tan poderosa?
Si se pregunta a quienes lo utilizan a diario, especialmente en el ámbito político, dirán que la plataforma sigue siendo imprescindible. Que la implicación (el número de visitas, likes, republicaciones, comentarios) es, a pesar de todo, mucho mejor que en otros sitios. Pero otros empiezan a dudarlo.
El periodista Nicolas Hénin, que ha abierto una cuenta en Bluesky —una alternativa que reivindica un espíritu “abierto y descentralizado”, aunque no lo sea exactamente—, señala, por ejemplo, que sus 16.000 seguidores reaccionan mucho más ahí que en X, donde tiene tres veces más seguidores pero sus mensajes quedan invisibilizados por los algoritmos.
A finales de diciembre de 2025, una estadística de Médiamétrie también hizo sonreír al mundo tecnológico francés: la red social de Elon Musk tendría ahora menos audiencia que Dailymotion, una plataforma arraigada en el imaginario colectivo francés como el servicio de vídeo competidor de YouTube que nunca llegó a despegar. “Es la peor puntuación de Twitter/X desde que existe esta medición, es decir, desde 2017. En aquel momento, Twitter tenía 19 millones de visitantes únicos al mes”, señaló la periodista Chloé Woitier, frente a los 14 millones actuales.
Pero sigue siendo una buena audiencia. Y algunos prosperan de forma fulgurante, como el diputado de extrema derecha Charles Alloncle (Unión de las Derechas por la República), ponente de la muy particular comisión de investigación sobre el audiovisual público, que ha ganado 40.000 seguidores en un año.
En X, la población ya no es la misma. En la actualidad es un observatorio de la extrema derecha
En enero de 2025, un colectivo de investigadores lanzó un movimiento denominado “HelloQuitteX”, que anima al máximo número posible de tuiteros a abandonar la plataforma. Algunos medios de comunicación (como Ouest France, Libération o Mediapart en Francia) lo han hecho, siguiendo los pasos de The Guardian, medio de referencia británico, que había anunciado su salida en noviembre de 2024.
Para explicar su decisión, el periódico británico mencionaba entonces los “contenidos a menudo inquietantes promovidos o presentes en la plataforma, en particular las teorías conspirativas de extrema derecha y el racismo” y afirmaba que X “era una plataforma mediática tóxica y que su propietario, Elon Musk, había sabido utilizar su influencia para moldear el discurso político”.
David Chavalarias fue uno de los animadores del movimiento “HelloQuitteX”. Un año después del éxodo, hace un balance positivo de esa “movilización ciudadana que realmente funcionó”, facilitada por la creación de una plataforma sencilla para transferir sus suscripciones. También tiene la impresión de que “los hábitos han empezado a cambiar” y que algunas personas tienden a “alejarse de las redes sociales en general.”
No niega que la actividad siga siendo intensa en X, gracias, según él, a “la afluencia de cuentas prohibidas que han vuelto”. La población ya no es la misma. ¡En la actualidad es un observatorio de la extrema derecha!”.
La desaparición de X de parte de los internautas franceses y de los medios de comunicación de izquierdas parece, en cualquier caso, molestar a sus oponentes. La editorialista Eugénie Bastié se burló, tanto en un artículo de Figaro Vox como en una crónica en Europe 1 el 16 de enero de 2026, de ese “éxodo progresista” que considera “sintomático de una izquierda progresista que se complace en la indignación moral y abandona la lucha”. Y se ríe, como otros antes que ella, de la alternativa Bluesky, “donde los usuarios de la izquierda radical se pasan el tiempo guillotinándose unos a otros”.
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¿Son Bluesky o su homólogo Mastodon “demasiado pequeños” para luchar? “¡Tenemos reflejos de ricos!”, bromea David Chavalarias. “Nos dicen que si una red no tiene 500 millones de usuarios, no es nada. Pero Bluesky tiene 40 millones y Mastodon 10 millones... eso ya es enorme. Si utilizas redes sociales para informarte, debatir con expertos sobre tus intereses... Entonces son muy interesantes”.
Traducción de Miguel López
El martes 3 de febrero de 2026 hubo un temblor en el vasto mundo digital. “Hoy se está llevando a cabo un registro en las instalaciones francesas de la plataforma X”, en el marco de una investigación abierta un año antes sobre el funcionamiento global de la red social, anunció en un comunicado Laure Beccuau, fiscala de París. Es el resultado de varios meses de alertas sobre los abusos de la red social.