Marine Le Pen quiere convertir la segunda vuelta en un referendo anti-Macron

La ultraderechista Marine Le Pen vota en las elecciones francesas, este domingo.

Lucie Delaporte (Mediapart)

Sin ninguna duda, a Marine Le Pen la apuesta le ha salido bien. La candidata de Agrupación Nacional (RN, por sus siglas en francés) obtuvo este domingo el 23,1% de los votos emitidos, pasando con ello por segunda vez consecutiva a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Pese a ser una campaña especialmente complicada, con la aparición de la candidatura rival de Éric Zemmour, consiguió imponerse de nuevo para enfrentarse a Emmanuel Macron, que mejoró sus resultados en tres puntos respecto a 2017.

La decisión, tomada en otoño, de una campaña centrada en el poder adquisitivo –la principal preocupación de los franceses– y que preocupó en su familia política, con el riesgo que algunos temían de banalización, sin duda ha sido la adecuada. Durante meses le ha permitido presentar una imagen de sí misma más suave y consensuada, más cercana a la gente, en perfecta consonancia con su proyecto de “desdemonización” iniciado hace diez años.

El domingo, apenas se conocían los resultados, Marine Le Pen instó en su alocución, pronunciada desde un pabellón en el Bois de Vincennes, a “todos los que no votaron a Emmanuel Macron” a unirse a ella, tratando de convertir la segunda vuelta electoral en un referéndum contra el presidente saliente.

La candidata de RN invitó al electorado a elegir “entre la división, la injusticia y el desorden impuestos por Emmanuel Macron o la reunión de los franceses en torno a la justicia social y la protección garantizada por un marco fraternal en torno a la idea milenaria de nación y pueblo”. Una forma de presentarse, una vez más, como la “candidata del pueblo” frente al “presidente globalista”.

“De su voto depende también el lugar que queremos dar a las personas en nuestra sociedad frente al poder del dinero. Pienso, por ejemplo, en la importancia que concedemos a la solidaridad con los más vulnerables, la posibilidad de los derechos garantizados o de acceder a la jubilación con buena salud”, abundó, en clara referencia al programa de Emmanuel Macron sobre la renta de solidaridad activa –que quiere condicionar a que el beneficiario/a realice una actividad parcial–, pero también a la jubilación a los 65 años propuesta por el presidente-candidato.

A tenor del impresionante resultado de Jean-Luc Mélenchon, que le pisa los talones al haber logrado el 22% de los votos emitidos, es evidente que Marine Le Pen hablaba para los votantes insumisos. Al evocar en su discurso a los “funcionarios [...] despreciados durante el último quinquenio”, pero también a “la fractura social” o “la restauración del Estado reforzado en sus medios”, es a este electorado, exasperado por la política neoliberal dirigida por Macron, al que tendía la mano.

Después del batacazo de Éric Zemmour que, a pesar de su ambición de “dar la vuelta a la tortilla”, finalmente sólo lograba el 7,1% de los votos emitidos, Marine Le Pen no tuvo ni una palabra para el experiodista de Le Figaro, cuyo nombre ni siquiera se molestó en mencionar. Lo único que hizo fue deslizar que su lucha contra Emmanuel Macron era, en efecto, una lucha por la “civilización”, palabra clave adorada por los identitarios simpatizantes de Zemmour.

Mientras Zemmour, candidato de Reconquista, multiplicaba los errores tácticos y se encerraba en una carrera suicida hacia el radicalismo, Marine Le Pen mantuvo el rumbo de su campaña de “proximidad” todos estos últimos meses. “La cantinela del voto útil se le va a volver en su contra”, pronosticó hace unas semanas el estratega de su campaña Philippe Olivier, cuando su candidata repetía que Éric Zemmour obtendría “menos del 10% [de los votos]”.

Sin mucho entusiasmo, el polemista ultraderechista invitó el domingo por la noche a votar no tanto a Marine Le Pen sino contra Emmanuel Macron, quien, según él, “ha traído a dos millones de inmigrantes, no ha dicho una palabra sobre identidad, seguridad e inmigración durante la campaña y que lo hará peor si es reelegido”.

Entre los 12 candidatos a la Presidencia francesa, es el único, junto con Nicolas Dupont-Aignan, aliado efímero de Marine Le Pen en 2017, que ha llamado a votar por esta última. Acusado de haber sido ambiguo frente a la extrema derecha en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2017, Jean-Luc Mélenchon insistía esta vez en que “no hay que darle ni un solo voto a la señora Le Pen”.

La candidata de Los Republicanos (LR), Valérie Pécresse, que obtuvo un calamitoso 4,8% de los votos, también hizo un claro llamamiento a votar por el presidente saliente, invitando a sus votantes a “sopesar las consecuencias potencialmente desastrosas” de una victoria de Marine Le Pen. Al término de una campaña en la que los temas de la extrema derecha dominaron el debate público durante muchos meses, esta última representa ahora casi un tercio de los votos.

A pesar del éxito de su estrategia de una campaña de perfil bajo, Marine Le Pen sabe que sus reservas de votos son limitadas y que el camino es largo para poder vencer a Emmanuel Macron.

Jean-Philippe Tanguy, director adjunto de campaña de Le Pen, que confirmaba a Mediapart (socio editorial de infoLibre) su voluntad de llegar al electorado de Mélenchon, dice estar confiado y se burla “de estos barones de izquierdas que explican que votando a Macron hay que aceptar la jubilación a los 65 años o el plan de austeridad preparado por la Unión Europea”.

Para él, Marine Le Pen, que todo apunta que centrará su campaña entre las dos vueltas en la “injusticia social” y el “trabajo”, va “a pasar por encima de estas baronías para dirigirse directamente a los votantes”.

Traducción: Mariola Moreno

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