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La violencia colonial israelí en Cisjordania causa daños irreversibles en la salud mental de los palestinos

Una casa destruida en Yenín (Cisjordania) a mediados de junio.

Clothilde Mraffko (Mediapart)

At-Tuwani (Cisjordania ocupada) —

Desde la casa de Naïm Hamamdi, en la aldea de Umm Faqara, se pierde el horizonte en las colinas amarillentas del extremo de la Cisjordania ocupada, a las puertas del desierto israelí del Néguev. Este pastor palestino, sentado a la sombra de uno de sus olivos, nació en estas tierras rocosas hace sesenta y cinco años.

La vida allí nunca ha sido fácil. Cuando Naïm era niño, los palestinos sólo vivían allí seis meses al año, al ritmo de los animales. En la década de 1990, se vieron obligados a establecerse allí permanentemente cuando los colonos empezaron a codiciar sus cañadas. La zona que rodea la aldea de Naïm se fue reduciendo poco a poco, arañada por asentamientos, zonas militares y restricciones. En mayo de 2022, tras veinte años de batallas legales, el Tribunal Supremo israelí falló a favor del ejército, autorizando la expulsión de los palestinos de Masafer Yatta para convertir la zona en campo de tiro y entrenamiento de soldados israelíes.

Desde entonces, según cifras de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas (OCHA), han sido amenazados con ser trasladados a la fuerza en cualquier momento unos 1.144 palestinos, entre ellos Naïm Hamamdi y su familia. Estas expulsiones a gran escala constituirían un crimen de guerra y un crimen contra la humanidad.

"Las comunidades de toda la zona viven en un constante estado de temor", señalaba la OCHA ya en junio de 2022. Se ha multiplicado por diez desde el 7 de octubre, dice Naïm, sorbiendo un té muy azucarado. Se levanta el turbante para mostrar una herida en la frente. El 29 de abril fue atacado por colonos israelíes.

Frente a él, dos empleados de la ONG Médicos del Mundo Suiza le escuchan atentamente. Han venido a evaluar las necesidades de la familia. "A veces nos sentamos a comer todos juntos, entonces alguien oye un ruido y todos salimos corriendo, convencidos de que vienen los colonos", describe el pastor, padre de dieciocho hijos, siete de los cuales aún viven con él.

"Están en un estado de vigilancia constante... ¿Cómo les afecta eso físicamente?", pregunta Majdoleen Nattour, trabajadora social de la ONG. El patriarca responde que tienen problemas para dormir y que una de sus hijas tiene pesadillas con los colonos. Desde hace dos años, tras los ataques directos a las viviendas de la zona, los equipos de apoyo psicosocial acuden allí con regularidad.

Trauma reactivado

Cuando atacaron a su marido, durante tres días, las piernas de Miriam Hamamdi, madre de cinco de sus hijos, se negaron a moverse. "Últimamente me siento agotada, como si me faltara el aire. Antes me gustaba hacer cosas, cocinar...", confiesa esta palestina de 43 años con un torrente de palabras rápidas y el niqab negro levantado que muestra su rostro redondo. “Tengo miedo y, al mismo tiempo, siento cómo me consumo por dentro, devorada por un fuego".

En el frescor de la casa, fuera de la vista, está escuchando las noticias. Las masacres de Gaza han reavivado en los palestinos de Cisjordania, Jerusalén y el interior de Israel una angustia existencial marcada por la historia de la Nakba, la "Catástrofe", el traslado forzoso de 900.000 de sus antepasados cuando se creó Israel entre 1947 y 1949. Desde el 7 de octubre, han sido desplazados casi la totalidad de los 2,3 millones de habitantes del enclave palestino . "Antes de la guerra, no pensaba en ello. Pero cuando ves lo que han sido capaces de hacer en Gaza, piensas que hay muchas posibilidades de que nos pase a nosotros también. No tienen temor de Dios, no les importa nada, ni allí ni aquí", dice Miriam.

Médicos del Mundo Suiza lleva treinta años trabajando en los Territorios Palestinos Ocupados. "Nuestra acción es una respuesta a la ocupación militar israelí, que confina, mata y destruye progresivamente las condiciones de vida de los palestinos", explica la organización en sus comunicados.

Los palestinos están aislados en zonas como Masafer Yatta y la Autoridad Palestina está confinada en Ramala, manteniendo su cooperación en materia de seguridad con Israel a pesar de las masacres en Gaza. Las aldeas están situadas en la Zona C, donde el ejército de ocupación tiene plenos poderes y defiende a los colonos. La comunidad internacional guarda silencio en su mayor parte, fomentando así la impunidad.

Desde el 7 de octubre, las agencias de la ONU y las ONG tienen dificultades para acceder a esas zonas, cerradas por los bloqueos militares o bajo la amenaza de ataques de los colonos, señala Soundous Zaanoun, asesora de salud mental y apoyo psicológico de Médicos del Mundo Suiza en Cisjordania.

"Es un reto prestar servicios de salud mental cuando el riesgo siempre está ahí. Tenemos casos de hipervigilancia, insomnio... Pero hay una gran diferencia entre no poder dormir por las consecuencias psicológicas de un trauma o no dormir porque tienes que estar preparado y proteger a tu familia de los ataques de los colonos", prosigue. “Algunas personas ya ni van al baño por la noche, porque está fuera de la casa y no es seguro. Son sufrimientos que van mucho más allá del estrés postraumático." Además, el trauma se reactiva constantemente, porque esos incidentes de violencia se repiten y la causa de los choques no ha desaparecido: los colonos siguen allí y la masacre continúa en Gaza...

Quebrar cuerpos y mentes

Mohammed Rabai recibe a los visitantes en el edificio que sirve de centro comunitario, a la entrada del poblado de At-Tuwani, del que es alcalde. Quería hablar a los equipos de Médicos del Mundo de su proyecto de campamento de verano para niños, pero acabó hablando de la "lucha existencial " que libran los palestinos ante "el genocidio y las expulsiones" orquestadas por Israel.

Durante casi nueve meses, este hombre de 39 años ha cargado con todo el peso de su comunidad. "La nación se asfixia", resume, ahogada por carreteras bloqueadas, encerrada en enclaves, sin perspectivas económicas ni políticas y sus residentes testigos de redadas mortales y siempre amenazados. Desde el 7 de octubre han muerto en Cisjordania y Jerusalén 553 palestinos, entre ellos 135 menores. "Hemos perdido nuestra dignidad, ya no tenemos valor como seres humanos", comenta, con sus profundos ojos negros fijos en una de las ventanas. “No puedes salir de casa. Te rompen las cámaras, entran en tu casa mientras duermes, se llevan todo lo que tienes...".

Una sombra oscurece el rostro de Mohammed, su cuerpo se hunde imperceptiblemente. Fue detenido a finales de enero. Los soldados le dijeron que se había resistido a la policía y que había entrado en una zona prohibida; el alcalde, que conoce su tierra de memoria, asegura que eso no es cierto. Pasó once días detenido, nueve de ellos en la cárcel israelí de Ofer, en Cisjordania. Salió con nueve kilos menos, con el cuerpo destrozado, con viejos dolores y molestias que volvieron a despertarse por las palizas y las privaciones, y el alma rota.

"Estaba desesperado. Odiaba la vida. Esperaba que Dios me llevara con Él, en paz", dice. Caen las lágrimas en silencio mientras repite, como una obviedad que no puede tragarse: "No hay futuro".

Ya en noviembre de 2023, Amnesty International denunció las torturas y abusos cometidos contra los palestinos en cárceles israelíes, haciendo mención a detenidos "molidos a palos y humillados, incluso obligados a mantener la cabeza gacha, arrodillarse en el suelo mientras cuentan a los detenidos y cantar canciones israelíes".

Desde esta terrible experiencia personal, Mohammed Rabai ha perdido el control; le consume su impotencia. Las necesidades de su comunidad son inmensas: los enfermos se ven privados de tratamiento por falta de carreteras accesibles, los rebaños han sido diezmados por los colonos, los hombres han perdido su capacidad de proteger a sus familias... “A veces ni siquiera sé qué decir a la gente que viene a verme", suspira este padre de nueve hijos, que apenas pisa por casa.

"Soumoud"

Uno de los objetivos del apoyo psicológico es "aportar esperanza, ayudar a la gente a construir objetivos para el futuro. Pero con lo que está pasando en Gaza, por lo que están pasando estas personas y lo que nos está pasando a nosotros como comunidad, no podemos ver un mañana mejor", observa Soundous Zaanoun, de Médicos del Mundo.

En su opinión, los palestinos viven con el trauma histórico de las sucesivas expulsiones. También se enfrentan a un trauma colectivo: a través de los acontecimientos que viven, la violencia padecida se inflige a su pueblo o a toda su comunidad. "Estos incidentes colectivos implican que también han de ser tratados colectivamente. Pero las herramientas para ello tal como se conciben en Occidente se centran en los individuos, no en las comunidades", añade.

Por tanto, nuestra intervención debe también garantizar que el trauma no desintegre la sociedad. Para afrontarlo, explica la psiquiatra Samah Jaber, los palestinos recurren a su fe, al "verdadero significado de la yihad" ("esfuerzo" en árabe), para elevarse a una mayor perfección, y al significado político de su lucha existencial.

"Los palestinos tienen esta palabra, soumoud, que está entre resiliencia, resistencia y resignación", señala esta experta en la materia en Palestina, responsable de la unidad de salud mental del Ministerio de Salud palestino. "Soumoud no sólo significa resiliencia psicológica, sino también acciones políticas emprendidas para permanecer donde uno está. Y eso no significa que no sintamos dolor. El dolor está ahí. Es un poco como dar a luz: sientes dolor pero al mismo tiempo te alegras de tener un hijo".

Ella también insiste en la necesidad de incluir a la comunidad en la gestión de la salud mental en Palestina. Pero sobre todo, insiste, la solución es, en última instancia, política, porque el daño psicológico es creado por la situación colonial y opresiva. Por el momento, sin embargo, el mundo ha hecho la vista gorda, permitiendo que el ejército israelí continúe su masacre en Gaza y sus acciones violentas en Cisjordania, añadiendo un nuevo trauma a todos los demás que ya sufren los palestinos.

Israel se ensaña contra la población palestina en la Cisjordania ocupada

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Traducción de Miguel López

 

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