"Si se llevan un balazo, no vengan a quejarse": masacre a puerta cerrada en Irán

Jean-Pierre Perrin (Mediapart)

En la televisión estatal, uno de los portavoces del líder supremo Alí Jamenei había pedido el jueves 8 de enero a todos los milicianos de la República Islámica que se reunieran alrededor de las mezquitas. A continuación, lanzó una terrible advertencia a todos los padres: “Si los jóvenes no piensan como es debido, indíquenles el camino y no les dejen salir. Si se llevan un balazo, no vengan a quejarse. Esta noche es la guerra.”

Es sin duda una guerra que el régimen ha lanzado contra su población, con un número de víctimas que no deja de aumentar a medida que se filtra la escasa información disponible, a pesar del corte generalizado de Internet ordenado ese mismo día por Teherán y que continuaba el miércoles 14 de enero.

La agencia Human Rights Activists in Iran (HRAI) ha contabilizado más de 2.500 muertos, entre ellos 2.403 manifestantes, doce menores y nueve civiles que no participaban en las protestas. También han perdido la vida 147 miembros de las fuerzas de seguridad y partidarios del Gobierno.

Un funcionario iraní, citado por la agencia Reuters, estima que desde el inicio de las manifestaciones el 28 de diciembre, han muerto unas 2.000 personas, entre ellas miembros de las fuerzas de seguridad. The New York Times, que cita un informe del régimen, habla de al menos 3.000 muertos, una cifra que podría revisarse al alza, similar a la facilitada por un responsable del ministerio de Sanidad iraní.

Por su parte, la cadena Iran International, con sede en el Reino Unido, no duda en avanzar la cifra de más de 12.000 personas muertas, lo que le parece “la mayor masacre de la historia contemporánea de Irán, perpetrada en gran parte durante dos noches consecutivas, el jueves 8 y el viernes 9 de enero”.

Iran International precisó cuáles habían sido sus métodos de investigación y “llegó a esta conclusión tras analizar información procedente de una fuente cercana al Consejo Supremo de Seguridad Nacional, dos fuentes de la presidencia y diversos testimonios del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica en las ciudades de Mashhad, Kermanshah e Isfahán”.

En Isfahán, la emblemática ciudad histórica, famosa por sus deslumbrantes mezquitas y palacios, se produjo efectivamente una masacre en esas mismas fechas, según dos fuentes de Mediapart. “Conseguí hablar por teléfono con mi hermana, que vive en esa ciudad”, indica Ardavan, que reside cerca de París. “Por miedo a que nos estuvieran escuchando, yo no quería que me contara lo que había pasado. Pero de todas formas quiso contarme que había visto desde su ventana a tiradores apostados en los tejados de los edificios disparando contra la multitud de manifestantes, y cadáveres en la calle”.

“Los relatos de las masacres en Irán superan el horror”, escribió en su cuenta de la red social X el periodista iraní Bahman Kalbasi, que abandonó Irán. “Un amigo habló con varios habitantes de Isfahán, quienes le dijeron que oían cómo moría gente en las callejuelas de la ciudad. Uno de ellos habló de calles y paredes manchados de sangre. La situación es mucho peor de lo que se puede ver en los vídeos”.

“Ya no sabemos qué hacer con los heridos”

Otra fuente indica que la matanza de Isfahán fue tan sangrienta debido a que varios miembros de las fuerzas de seguridad habían sido asesinados previamente durante las manifestaciones. “El jefe del poder judicial [Gholamhossein Mohseni Ejei, ndr] lo dejó claro cuando dijo: “Sangre llama sangre”, añade Ardavan.

La situación de los heridos en todo Irán también preocupa enormemente a las organizaciones humanitarias. Según HRAI, hay al menos 1.134 personas gravemente heridas. “En nuestro hospital, ya no sabemos qué hacer con los heridos, ya no tenemos espacio para acogerlos”, confesaba hace unos días una enfermera de Teherán.

Además, muchos heridos son detenidos nada más salir del hospital. Muchos incluso dentro del hospital. Algunos, antes de recibir los primeros auxilios.

En Karaj, una ciudad de las afueras de Teherán, las fuerzas de seguridad armadas habrían incluso rodeado los hospitales, se habrían llevado a los heridos y, según testigos y personal médico, también habrían disparado contra manifestantes heridos e incapaces de andar. Esta información, facilitada por Iran International, no ha podido ser verificada por fuentes independientes.

Lo que suscita aún más preocupación es la situación en las provincias kurdas del oeste de Irán, donde el levantamiento ha sido especialmente intenso y donde, en cada insurrección, la represión siempre ha sido extremadamente violenta. En la provincia de Ilam se produjo el ataque de las fuerzas de seguridad a un hospital en los primeros días de las manifestaciones.

Desde que cortaron Internet fluye muy poca información de esas regiones y es aún más difícil de verificar. La situación de las personas detenidas no es menos dramática. HRAI ha contabilizado 18.434 en 187 ciudades y menciona la difusión de 97 confesiones forzadas. Además, cualquier manifestante puede ser detenido.

Un proceso judicial expeditivo y opaco

“Yo no me manifesté, pero mis amigas que salieron a la calle recibieron poco después un aviso por SMS en el que se les indicaba que la próxima vez serían detenidas y que no habría más avisos”, cuenta Shirin, una joven que acaba de salir de Irán. El simple hecho de utilizar Starlink, la red de Internet por satélite, es motivo de encarcelamiento.

Gholamhossein Mohseni Ejei, jefe del poder judicial y uno de los pilares de la República Islámica, prometió juicios y ejecuciones “rápidos” para los sospechosos detenidos durante las manifestaciones. ”Si alguien ha prendido fuego a una persona, la ha decapitado y luego ha quemado su cuerpo, debemos hacer nuestro trabajo rápidamente”, declaró durante una visita a una prisión donde se encuentran detenidos los arrestados. Ya el 5 de enero había advertido: “Esta vez no tendremos piedad con los alborotadores.”

Erfan Soltani, un manifestante de Karaj de 26 años detenido el 8 de enero de 2026, podría ser ejecutado de forma inminente. Según la organización de defensa de los derechos humanos Hengaw, con sede en Noruega, el proceso judicial ha sido extremadamente rápido y opaco: sin abogado, sin acceso al expediente, sin derecho a defensa.

La familia fue informada cuatro días después de la detención de que su pena de muerte era definitiva e inapelable. Estaba previsto que Erfan Soltani fuese ejecutado el miércoles 14 de enero. La hermana del joven, que es abogada, no ha podido acceder al expediente a pesar de sus gestiones. La familia solo tiene derecho a una breve visita final antes de la ejecución.

El fiscal general iraní, Mohammad Movahed Azad, declaró además el martes que algunas de las personas detenidas serían procesadas por moharebeh (guerra contra Dios), lo que significa su ejecución en la horca. También pidió que se identificaran las propiedades de los manifestantes para poder confiscarlas, para “darles una lección”, según informó la televisión estatal. Según Iran International, el tribunal de Qom anunció la incautación de los bienes y las cuentas bancarias de un propietario de una cafetería de la región, detenido el 13 de enero, por ser sospechoso de haber apoyado las manifestaciones.

Además, las familias deben pagar sumas exorbitantes para recuperar los cuerpos de sus seres queridos, que a menudo tampoco pueden ser enterrados siguiendo los ritos religiosos.

En Teherán reina ahora una calma aparente. Las cafeterías están abiertas, pero los restaurantes y los centros comerciales cierran antes. Oficialmente, no hay alto el fuego. El tráfico en el centro de la ciudad vuelve a ser denso. El corte de Internet, en vigor desde hace cinco días, impide el acceso a aplicaciones extranjeras (YouTube, Instagram, Telegram...) y las comunicaciones con el extranjero siguen siendo muy aleatorias.

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Como consecuencia de la feroz represión, el movimiento parece haber perdido fuerza. Según el centro de investigación estadounidense Institute for the Study of War, el 12 de enero solo se celebraron catorce manifestaciones en seis provincias, frente a las 156 concentraciones en veintisiete provincias del 8 de enero, fecha en la que el régimen encargó a los Pasdaran —los Guardianes de la Revolución, la organización paramilitar bajo las órdenes directas de Ali Khamenei— la represión del movimiento.

 

Traducción de Miguel López

En la televisión estatal, uno de los portavoces del líder supremo Alí Jamenei había pedido el jueves 8 de enero a todos los milicianos de la República Islámica que se reunieran alrededor de las mezquitas. A continuación, lanzó una terrible advertencia a todos los padres: “Si los jóvenes no piensan como es debido, indíquenles el camino y no les dejen salir. Si se llevan un balazo, no vengan a quejarse. Esta noche es la guerra.”

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