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La sombra de la corrupción: el fiasco del Campeonato del Mundo de Atletismo de Catar

El emir de Catar, Tamim bin Hamad Al Zani.

Debía ser un momento de gloria para Catar y una demostración de que el rico emirato podía albergar la Copa Mundial de Fútbol en 2022. Pero los primeros días del Campeonato del Mundo de Atletismo de Doha se han convertido en una humillación pública para el emirato y la Federación Internacional de Atletismo (IAAF). Atletas abrumados por el calor, el estadio vacío, problemas logísticos: un número sin precedentes de atletas e incluso políticos han vertido las mismas críticas y han señalado lo absurdo de haber confiado el campeonato a Catar, un pequeño país donde el calor es insoportable y sin tradición deportiva alguna.

En los últimos años, pocos actores se han pronunciado en contra de la absurda organización de una competición de este tipo en un estadio climatizado, construido a toda velocidad por trabajadores inmigrantes explotados. Pero el pistoletazo de salida de la competición, el pasado 27 de septiembre, terminó por materializarse. “Todos podemos ver que es un desastre, que no hay nadie en las gradas, [...] el calor no es el adecuado”, denunciaba el actual campeón del mundo de decatlón, el francés Kevin Mayer, incluso antes del comienzo de su prueba. “En realidad, no se ha priorizado a los atletas a la hora de organizar los campeonatos aquí; les hemos dado problemas”.

A pesar de este escándalo, muy pocos dijeron que había una explicación creíble para esta elección a priori absurda: las sospechas de corrupción. El viernes, antes de la apertura del Mundial, Mediapart –socio editorial de infoLibre–, The Guardian y Der Spiegel desvelaban que la jueza que investiga la corrupción de la IAAF se interesaba por Doha 2019, en particular por los 37,5 millones de dólares ofrecidos por Catar a la Federación Internacional de Atletismo unas horas antes de la votación.

En Doha, por primera vez, los efectos negativos de la supuesta corrupción de un evento deportivo son evidentes para todos, en directo por televisión.

Catar, también cuestionado por el Mundial de Fútbol de 2022, está lejos de ser el único Estado que se beneficia de la corrupción generalizada que reina en los organismos deportivos internacionales. Las investigaciones judiciales iniciadas en Francia, Suiza y Estados Unidos también se centran en los Campeonatos Mundiales de Atletismo de 2013 de Rusia; de 2015, en China y de 2021, en Estados Unidos. En el radar también están los Juegos Olímpicos Río 2016 y Tokio 2020, así como la Copa del Mundo de 2006 de Alemania y la Copa del Mundo de 2018 de Rusia.

Pero por lo general, es un país “grande” el que gana. Los estadios están llenos. Las sospechas de corrupción se ven eclipsadas por el espectáculo, los resultados y el fervor de los aficionados. Siempre. Excepto en Catar.

Hay que decir que el espectáculo ofrecido en Doha no tiene precedentes. Como desveló The Guardian, la organización supuestamente sólo ha vendido el 12% del aforo disponible. A pesar de las miles de entradas de última hora que se regalan a los trabajadores inmigrantes y la lona que cubre parte del Estadio Internacional Khalifa en Doha para reducir su capacidad, el recinto de 40.000 asientos está desesperadamente vacío. Incluso la imponente tribuna de mármol VIP está casi vacía.

La final de los 100 metros, la primera prueba del Campeonato del Mundo, se disputó el sábado ante unos cuantos miles de espectadores. Los organizadores anunciaron la venta para ese día de 8.000 entradas, pero hubo menos para aplaudir al ganador estadounidense Christian Coleman: muchos trabajadores inmigrantes del estadio, más interesados en las distancias más largas, abandonaron el estadio antes del comienzo de la prueba principal del sprint.

Pero las críticas más serias tienen que ver con el calor. Para satisfacer las ambiciones de Catar, que ha elegido el deporte para brillar en el panorama internacional, los tradicionalmente veraniegos mundiales tuvieron que posponerse hasta finales de septiembre. Los organizadores querían evitar el hornillo. Pero el termómetro apenas baja de los 30°C por la noche, con un nivel de humedad del 70%.

Es menos molesto dentro del estadio Khalifa, que está climatizado a 25°C gracias a un sistema que consume energía y es ecológicamente aberrante. Pero las carreras de fondo organizadas en el exterior se han convertido en una pesadilla, a pesar de comenzar a las 23:59. Lo más destacado ha sido el maratón femenino, donde las mejores atletas del mundo quedaron diezmadas por el calor (28 abandonos de 68 participantes) corriendo por las calles desiertas de Doha en medio de la noche. Las imágenes de las atletas en tierra han dado la vuelta al mundo. “Esta es la maratón más dura de mi vida, nunca debieron haber dado la salida”, insistió la croata Bojana Bjeljac, citada por Le Parisien.

El mismo fenómeno se produjo durante los 50 kilómetros marcha, durante los cuales el campeón francés Yohann Diniz perdió su corona el domingo, obligado a retirarse a los 16 kilómetros. “Sabía que iba a haber condiciones extremas, pero esta vez fue demasiado para mí. Mi cuerpo no podía”, dijo.

Dos días antes, Diniz ya había denunciado las condiciones climáticas: “Estamos bajo una manta de plomo donde nos asfixiamos. Realmente espero que algún día las autoridades tengan la inteligencia para pensar en los atletas y no necesariamente el dinero y los negocios, porque aquí, fuera del estadio, somos conejillos de indias”.

El director técnico nacional del atletismo francés, Patrice Gergès, se mostró mucho más cauteloso, diciendo al mundo que “el deporte se había olvidado en Doha”.

“Pero, ¿por qué y cómo se aceptó que el WorldAthleticsChamps se celebrara en Doha?”, se preguntabaó Valérie Boyer, diputada francesa, incluso en Twitter.

El diputado de Génération·s Régis Juanico, experto en temas deportivos, fue un poco más lejos en Facebook: “¿Cómo podemos arriesgarnos a poner en peligro la integridad física de los atletas por razones financieras y comerciales? La codicia se ha apoderado de los valores del deporte”.

Corrupción

Pero nadie ha mencionado la palabra “corrupción”, como si quemara los labios. Sin embargo, ahora es la explicación más creíble para justificar la absurda decisión de la IAAF de organizar la competición en Doha. En 2014, unas horas antes de la votación, Catar prometió 37,5 millones de euros a la Federación de Atletismo en caso de victoria, de los cuales 4,5 millones de euros irían directamente a los bolsillos de Papa Massata Diack, hijo del entonces presidente de la IAAF, Lamine Diack, que serán juzgados por corrupción, en una causa separada del caso, el próximo enero en París.

Ciertamente, la nueva dirección de la Federación, tras la elección del presidente británico Sebastian Coe en 2015, ha señalado que el contrato ha sido finalmente modificado, y que ya no beneficia al hijo Diack sino a la organización. Sin embargo, las promesas financieras de última hora de Doha fueron un factor importante en su victoria.

Sebastian Coe, que fue vicepresidente de la IAAF durante las elecciones, siempre negó haber sido informado de la supuesta corrupción de su predecesor. Pero fue miembro del comité que evaluó la candidatura de Catar. Alguien muy próximo a Lamine Diack mantuvo relaciones problemáticas con su hijo. Los intercambios de mensajes revelados por la BBC sugieren que Papa Massata Diack ayudó a Sebastian Coe a asegurar los votos africanos cuando fue elegido en agosto de 2015.

Cuando las promesas del emirato el día de la votación fueron reveladas en gran medida por la prensa en diciembre de 2014, había estado a la altura de la ocasión para defender Doha: “Sí, pusieron incentivos sobre la mesa [y] el compromiso de construir 10 pistas en todo el mundo. ¿Impresionó a algunos de mis colegas del consejo [de la IAAF]? No hay duda de ello. ¿Esto influyó en su voto? No lo creo". La IAAF indicó que la puja catarí se ajustaba a sus estatutos y que los desafortunados finalistas podrían haber hecho lo mismo.

A pesar de las críticas vertidas ya en 2014 sobre lo absurdo de la elección de Doha en materia deportiva e incluso económica (los mundiales son más rentables en verano porque hay menos competencia con otros eventos deportivos), Sebastian Coe siempre ha apoyado con obstinación la decisión de la IAAF. Pocos días antes de la apertura de la competición, esperaba un mundial “espectacular” en 2019. El resultado está ahí. ____________

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Traducción: Mariola Moreno

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