Viktor Orbán, más fuerte dentro de su país pero más aislado que nunca en el escenario europeo

El primer ministro húngaro, Víktor Orbán, saluda a sus partidarios durante la noche electoral.

Ludovic Lamant (Mediapart)

A pesar de su estrategia de intenso acercamiento a la Rusia de Vladimir Putin a lo largo de la década de 2010, Viktor Orbán siempre fue el favorito en las elecciones parlamentarias húngaras celebradas el pasado domingo 3. Tras ser reelegido de forma aplastante para un cuarto mandato, corre el riesgo de quedar más aislado que nunca en la escena europea.

Este es uno de los efectos secundarios de la guerra en Ucrania: ha socavado la unidad del Grupo de Visegrado (V4), el grupo formado por la República Checa, Eslovaquia, Polonia y Hungría. Budapest, que actualmente ostenta la presidencia rotatoria del grupo, tuvo que cancelar una reunión de ministros de Defensa a mediados de semana debido a las fuertes divisiones sobre Rusia.

La ministra de Defensa checa, Jana Černochová, ya había declarado el 25 de mayo que estaba "muy triste porque el petróleo ruso barato es más importante para los políticos de Hungría que la sangre ucraniana". Marcin Przydacz, secretario de Estado polaco del Ministerio de Asuntos Exteriores, declaró por su parte el lunes de la semana pasado en la televisión que Orbán estaba "cometiendo un error" en Ucrania. El presidente polaco, Andrzej Duda, ya le había explicado el 26 de marzo que tenía "dificultades para aceptar la postura del primer ministro húngaro, Viktor Orbán". E insistió: "Esta política le costará cara".

"El grupo no vive sus primeros desencuentros, pero atraviesa una fase de tensión como pocas veces ha vivido", observa Valentin Behr, investigador en Ciencias Políticas en el Instituto de Estudios Avanzados de París, contactado por Mediapart (socio editorial de infoLibre). "No creo que esto signifique el fin de la cooperación en el seno de la V4, pero sin duda reconfigura su dinámica interna", añade Edit Zgut, académica de Varsovia especializada en Visegrado.

Hungría no bloqueó las primeras oleadas de sanciones contra Rusia en el Consejo Europeo tras el estallido de la guerra a finales de febrero. También aceptó el despliegue de un grupo de combate de la OTAN en su territorio. Pero se niega, al igual que Bulgaria, a entregar armas a Kiev o a enviar material militar a través de su territorio (el país comparte frontera con Ucrania).

También se opone a un embargo inmediato de la UE sobre el gas y el petróleo rusos. El país se ha declarado neutral en el conflicto en curso, lo que ha permitido a Orbán hacer campaña bajo la apariencia de un candidato "pacífico". Por el contrario, Polonia es sin duda el Estado miembro de la UE que más se ha movilizado en apoyo de Ucrania, tanto en la entrega y el tránsito de armas, como en la acogida de refugiados (más de 2,3 millones en un mes).

Para Varsovia, la estrategia de "apertura al Este" teorizada por Orbán -que aboga por un acercamiento a Rusia, pero también a China y Turquía- ya no es aceptable en su estado actual. "La guerra en Ucrania ha creado un nuevo campo de juego. Y ya no es posible ignorar el elefante en la cacharrería", dice Edit Zgut.

Incluso Miloš Zeman, el presidente checo que antes era considerado un fuerte aliado de Putin y que realizó una polémica visita de Estado a Moscú después de la anexión de Crimea en 2015, ha dado un brusco giro y ahora llama "loco" a Vladimir Putin.

El Grupo de Visegrado es una historia antigua. Creado en 1991, su objetivo era promover la integración europea de los países de Europa Central. Ganó en unidad y visibilidad al oponerse a la recepción de migrantes entre 2015 y 2017 –y más precisamente contra el plan de reubicación de poblaciones migrantes propuesto por la Comisión de Jean-Claude Juncker, que favorecía un sistema de cuotas–. Orbán se había convertido en el líder informal de este cenáculo movilizado contra el imperialismo de una Unión acusada de erosionar las libertades de los países de Europa Central y Oriental.

"Todo esto se hizo añicos con la guerra de Ucrania", insiste Edit Zgut. Viktor Orbán se encuentra aislado, mientras que Polonia busca reposicionarse en el Consejo de la UE y en el V4, cerrando filas con la República Checa respecto a Ucrania. Para Edit Zgut, esto no significa el fin de Visegrado. El profesor Valentin Behr coincide: "En cuanto las cuestiones del Estado de Derecho vuelvan a la agenda europea, y se vuelvan a discutir las decisiones de la justicia europea que no se aplican en Polonia, hay muchas posibilidades de que se reconstituya un eje Polonia-Hungría".

¿Olvidar la deriva del Estado de Derecho en Polonia?

Los dos países están en el punto de mira de un mecanismo de condicionalidad que se está tramitando en Bruselas: no se trata de pagar a los dos Estados miembros el dinero del plan de recuperación post-covid (24.000 millones de euros para Polonia, 7.000 millones para Hungría), mientras no reformen su legislación para cumplir con el Estado de Derecho.

A mediados de febrero, unos días antes de que estallara la guerra, el Tribunal de Justicia de la UE rechazó el recurso de Budapest y Varsovia al respecto, allanando el camino para que la Comisión, presionada por una amplia mayoría de parlamentarios, activara esta cláusula polémica.

En el seno de las instituciones europeas ya se ha abierto un debate: ¿hay que hacer borrón y cuenta nueva con Polonia, cuando el país acoge a más de dos millones de personas en apoyo de Ucrania? ¿Hay que poner fin al pulso sobre la independencia del poder judicial polaco, que ha envenenado las relaciones entre Bruselas y Varsovia durante años, argumentando que la sociedad polaca tiene una historia de solidaridad? La cuestión será sin duda el centro del debate en el pleno del Parlamento Europeo de la próxima semana en Estrasburgo.

Contactada por Mediapart, la eurodiputada Gwendoline Delbos-Corfield, ponente sobre el Estado de Derecho en Hungría, se muestra en contra: "El nivel de corrupción en Polonia no es ciertamente el mismo que en Hungría. Pero la independencia del poder judicial ya no existe, y esto se ha acelerado en las últimas dos semanas. También observo que no es el Gobierno polaco sino la sociedad civil la que está haciendo la labor de acoger a millones de refugiados".

La eurodiputada de los Verdes, que se encontraba en Hungría este fin de semana para seguir las elecciones parlamentarias, añadía antes de conocerse los resultados electorales: "Si Orbán vuelve a ganar, estará más aislado en la UE. Mientras que muchos colegas insistirán, en las próximas semanas, en "capotear" a Polonia, y ayudar a Varsovia en dos o tres cuestiones.

Aunque el Grupo Visegrado ha complicado los debates en la mesa del Consejo desde 2015, responsables, oportunistas, de la UE creen que hay un interés, por el bien de la UE, en ampliar la brecha política entre Polonia y Hungría. "Visegrado ya no existe. Los polacos y los húngaros se han separado completamente. Polonia ha asumido por fin el papel que le corresponde, dado su tamaño y ubicación geográfica, en la construcción de Europa", se entusiasma un ex jefe de gobierno europeo, que pide permanecer en el anonimato.

Por parte del LREM, la eurodiputada Valérie Hayer insta a "no equivocarse de debate": "Sí, Polonia acoge a refugiados y debemos ayudarla económicamente. Pero sigue habiendo claras violaciones de los derechos humanos. El 25 de febrero, una jueza polaca era de nuevo destituida de su cargo por no tener el carné del PiS", el partido conservador en el poder.

Para el eurodiputado Raphaël Glucksmann (PS-Plaza Pública), "si no queremos renunciar a todo en Europa, en la cuestión climática o en el Estado de Derecho, ante lo que está ocurriendo hoy en Ucrania, entonces Europa tendrá que comprometerse realmente a pagar mucho más dinero a Polonia de lo que da a día de hoy, para ayudarle a acoger a los refugiados".

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