EL FUTURO DE LA TELEVISIÓN PÚBLICA

De Rajoy a un tímido consenso en RTVE: una década de televisión pública al borde del abismo

El presidente de RTVE, José Manuel Pérez Tornero.

Se cumplen diez años de la victoria por mayoría absoluta del PP, que dio a Mariano Rajoy el Gobierno en vísperas de Nochebuena. Fue comenzar 2012 y entrar en RTVE como un elefante en una cacharrería: primero cambiando la ley para poder designar a la nueva dirección sin pactar con nadie; después, dando un hachazo al presupuesto, por aquello de "no gastar lo que no se tiene"; y al final desalojando personas y modos que habían llevado a la televisión pública al liderazgo de audiencias y, lo que era más importante, a consolidar un prestigio entre la ciudadanía del que nunca había disfrutado. 

La primera pieza a cobrar fue la de Fran Llorente, el director de Informativos entre 2004 y 2012, periodo en que, al margen de los innumerables premios nacionales, el Telediario 2 recibió la distinción como el mejor informativo del mundo. "Yo no hice nada –contaría después Llorente–, me limité a designar a los responsables de cada área y pedirles que trabajaran en libertad, al margen de presiones políticas, que nunca permití que les llegaran a ellos. Y las hubo, siempre las hay, pero conté con el apoyo total de los máximos responsables de RTVE, primero Carmen Cafarel, y después Luis Fernández, comprometidos con la instrucción del presidente Zapatero de que se protegiera la independencia profesional de los periodistas de TVE". Por cierto, en esta misma semana, Llorente se despedía de sus compañeros de RTVE, tras treinta años en la empresa: “No me imagino la vida sin RTVE y sin vosotros”, afirmaba antes de pasar a Prisa, mientras su compañero en la creación de La 2 Noticia, Lorenzo Milá, sentenciaba: "Ninguna empresa bien gestionada expulsa así a sus mejores talentos".

Los directivos impuestos por el PP clausuraron la larga y brillante etapa de pluralismo e independencia de los Informativos, para conectar con la censura y manipulación de tiempos de Aznar, que tuvo su mejor representación con aquel Alfredo Urdaci del "C C O O" para emitir una rectificación obligado por los tribunales. En la primera hora, sitúan en la presidencia a Leopoldo González Echenique, un técnico del Estado, cercano a la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, y en la dirección de Informativos a Julio Somoano, procedente del denominado lado oscuro de la Telemadrid de Esperanza Aguirre, con un historial de manipulación al servicio del PP y su presidenta regional. Pronto el Consejo de Informativos denuncia extravagancias de su militancia religiosa, que le lleva a incluir en el Telediario una pieza de cómo rezar ayuda a paliar los efectos del paro, en el que llegan a caer seis millones de españoles, mientras el sesgo a favor de PP y Gobierno domina el conjunto de la información. 

Con todo, para la derecha González Echenique resulta demasiado profesional, con sus continuas peticiones de mejor financiación, y Somoano un tanto naif y poco contundente en la demonización del PSOE. Ambos son defenestrados para situar en la cabeza de RTVE a José Antonio Sánchez, y al frente de los Informativos a José Antonio Álvarez Gundín. El primero, que ya había ocupado el cargo con Aznar, procedía también de Telemadrid, donde ejecutó un ERE que expulsó a tres de cada cuatro trabajadores, y que fue posteriormente declarado por la Justicia "no ajustado a derecho". Su nombre aparecía en los papeles de Bárcenas como receptor de pagos por parte del PP por presuntos trabajos realizados mientras era corresponsal político del diario Abc. Él mismo declararía en sede parlamentaria: "Soy votante del PP, y lo voy a seguir siendo". Con ambos al mando se inaugura y profundiza la etapa que, cínicamente, denominarían "Sin complejos", traducida en censuras sin tasa, manipulaciones sin recato, apoyo sin fisuras ni razones al Gobierno de Rajoy y a las iniciativas del PP. Se da la espalda, literalmente en muchos casos, a los centenares de denuncias documentadas por malas prácticas informativas que realiza el Consejo de Informativos. Con premeditación y alevosía se censura desde el cómic de Ibáñez sobre Bárcenas a las implicaciones en el caso Gürtel de la cúpula del PP, pasando, sin rubor, por el episodio de la declaración de Mariano Rajoy ante la Audiencia Nacional, que la directiva Carmen Sastre ordena sea redactado con el argumentario del PP, pretensión rechazada –como tantas otras– por la periodista encargada de elaborar la noticia. Se suceden las sentadas y actos de protesta por la continua defenestración de todo mando intermedio que pretenda realizar su trabajo con independencia profesional, incluso con aquellos que se muestran tibios en convertir los informativos en órgano de propaganda del PP; se aparta a profesionales de reconocida solvencia y se contrata, al margen de la normativa, a decenas de periodistas de fuera de la empresa hasta construir una redacción paralela. El órgano de representación de la redacción de TVE y RNE suma firmas contra esas prácticas, denuncia la manipuiación ante el Congreso y eleva sus quejas hasta el Parlamento Europeo, pero la censura continúa hasta hacer que la situación en Torrespaña y Prado del Rey se convierta en explosiva. Nacen movimientos trasversales como el de MujeresRTVE y se visualiza el enfrentamiento con la dirección con los llamados Viernes Negros, en que los profesionales visten de luto, delante y detrás de las cámaras, para que los espectadores sean conscientes de sus protestas.  

En septiembre del 2017 se cambia la ley para obligar a que la cúpula de RTVE sea elegida por mayoría de tres quintos y la Corporación sufre un impasse con el Consejo de Administración sin renovar; las formaciones políticas debaten entre ellas pero no llegan a un acuerdo hasta que se produce la moción de censura que desaloja del Gobierno a Mariano Rajoy y sitúa en su lugar a Pedro Sánchez. Entre junio y julio de ese 2018 se produce un principio de acuerdo para renovar, de manera provisional, el Consejo de Administración... que no sale adelante por un voto, tras el presunto error de dos parlamentarios socialistas, lo que aboca al nombramiento de un Administrador Único Provisional. El cargo recae en Rosa María Mateo que, a su vez, nombra a Begoña Alegría como directora de Informativos de TVE. Mateo aúna así las funciones de primera ejecutiva de RTVE y del Consejo de Administración. Entre tanto el denominado Comité de Expertos, designado por las fuerzas políticas, afirma que en tres meses culminará su trabajo y ofrecerá al Parlamento una lista ordenada con los veinte nombres mejor cualificados entre los más de noventa candidatos que optan a entrar en el Consejo de Administración. 

Pero los desencuentros políticos continúan mientras se produce una doble convocatoria electoral, que culmina con el gobierno de coalición entre PSOE y Podemos. Mateo, nombrada "para dos o tres meses" sigue al frente de RTVE, con constantes enfrentamientos con la oposición de la derecha política a la que llega a espetar: "Ni usted, ni usted, ni ninguno de ustedes manda en mí". En paralelo, la paz en los Informativos llega de la mano de Begoña Alegría; han cesado a toda la cúpula nombrada por el gobierno del PP y se ha recuperado en los puestos clave a buena parte de los defenestrados en la anterior etapa; algunos de los destituidos plantean demandas contra TVE y muestran su disgusto en publicaciones y redes sociales, pero lo cierto es que meses después del inicio de esta etapa el Consejo de Informativos declara que no ha detectado ni un solo caso de censura o manipulación informativa, tan solo algunos errores menores, corregidos de inmediato. 

Sin embargo, llega abril y hay convocatoria electoral. Atresmedia organiza un debate entre Sánchez, Casado, Iglesias y Rivera para el día 23, martes, pero desde el PSOE, que solo quiere un único debate, se plantea que tenga lugar en la misma fecha en TVE. Rosa María Mateo acepta la pretensión de Moncloa y la redacción se subleva: Consejo de Informativos, significadas figuras como Xabier Fortes, corresponsales muestran su repulsa, pero la bomba estalla en los propios Telediarios cuando se lee una nota en la que se afirma que "la dirección de Informativos no comparte la decisión de la Administradora Provisional". El enfrentamiento interno es rotundo, las quejas del resto de candidatos unánimes, y el PSOE se ve obligado a realizar un primer debate en TVE el lunes 22, y otro el día después en Atresmedia.

Llegado el lunes, la plana mayor de RTVE recibe a los líderes políticos en el exterior del estudio. El comité de recepción está formado por Mateo, el director de TVE y la directora de Comunicación. No está Begoña Alegría, a pesar de que es Informativos quién realiza, produce, presenta y modera el debate. La relación entre Mateo y Alegría está rota. Pronto la primera crea un departamento inédito en la historia de la empresa, Dirección de Informativos y Actualidad, en la que sitúa a Enric Hernández, hasta poco antes director de El Periódico de Cataluña y nuevo superior de Begoña Alegría, que no mucho tiempo después dimite de su cargo "a petición propia". Los Informativos quedan descabezados, fracasa el intento de poner al mando a Almudena Ariza, nadie asume esa responsabilidad durante meses y finalmente se nombra a Pep Vilar, pero siempre bajo el mando de Hernández. Es un periodo dilatado en el que no prima la información completa, realizada con criterios periodísticos. El objetivo se centra más en no acrecentar las críticas de la oposición. Los Telediarios se convierten en la parte política en una mera sucesión de declaraciones de los portavoces de cada partido, sin contexto, análisis, o interpretación periodística que permitan al espectador entender lo que se está contando. Las audiencias se desploman mes a mes. Al principio del mandato de Mateo se decía con sorna que "los espectadores de derechas se han ido, y los de izquierda aún no han llegado", no obstante, al margen de chascarrillos más o menos ingeniosos, es que no interesan ni a unos ni a otros, y carecen del efecto arrastre que concursos y realities otorgan a Telecinco y Antena 3. 

Por fin, tras años de pasos adelante y atrás, los grupos políticos alcanzan la tierra prometida del ansiado consenso a principios de 2021. Los partidos designan nombres que estaban en la lista de candidatos, pero en valoraciones muy lejanas de las realizadas por aquel Comité de Expertos apartado de las decisiones finales. El PSOE elige a cuatro miembros, el PP a tres, Unidas Podemos a dos y el PNV a uno. La coalición de Gobierno se asegura, en principio, la mayoría y José Manuel Pérez Tornero, propuesto por los socialistas, llega a la presidencia de RTVE. Lo de menos es que algunos de los designados figuraran en el puesto 38, 55, o 85 a juicio de los expertos, todos estaban elegidos por los partidos y se acabó la discusión. Quédense con esta comparación: en Alemania los designados por los partidos políticos suponen una minoría del 30%, el resto son elegidos por entidades sociales, organizaciones ciudadanas, incluso por entidades religiosas. En España, todos representan a las fuerzas del Parlamento. En Gran Bretaña o Francia los medios públicos son considerados "bienes de Estado", lo que les sitúa por encima de las fuerzas políticas. Y a la par de otras instituciones nacionales, se permiten criticar a la propia reina o al presidente de la República, preguntar y repreguntar a cualquier líder político o profundizar en cualquiera mala práctica de ministros o diputados. Nada que ver ¿verdad? 

El nuevo Consejo de Administración arranca bajo el signo del consenso político, en teoría son profesionales designados por los distintas formaciones para que se produzca un equilibrio entre diversas sensibilidades, y un mismo afán por mejorar la radio y televisión pública. Pero la realidad es bien distinta. Consejeros apoyados por el PP lanzan públicas críticas contra este o aquel periodista que no les gusta. En algún caso se destaca la mirada de uno de ellos mientras escucha respuestas de Rocío Monasterio (Vox), en otras el planteamiento de una pregunta. Abierta la veda, los consejeros designados por Unidas Podemos califican de censura la no renovación del programa de Jesús Cintora y, en esta misma semana, realizan un balance de los siete meses transcurridos desde su toma de posesión en el que arremeten contra Pérez Tornero, al que acusan de realizar su gestión "al margen de las competencias y responsabilidades del Consejo de Administración", al tiempo que critican la línea editorial de los Informativos y se lamentan de que "el Partido Popular consigue una presencia importante en la estructura de los programas e informativos de RTVE". A estas alturas, consejeros designados por PP y Unidas Podemos evidencian que su principal misión es traer al gobierno de la Corporación los postulados, dispares y encontrados, de una y otras formación política. Ha habido consenso, sí, pero solo para conformar el órgano de gobierno de RTVE. En absoluto para trabajar unidos en la mejora de la radio y televisión pública estatal. 

Entre los nombramientos de primer nivel que realiza Pérez Tornero, destaca el del Esteve Crespo como máximo responsable de los Informativos de RTVE. Profesional de amplia trayectoria en la empresa, Crespo habla en su primera comparecencia de profundizar en los contenidos informativos, ofrecer contexto y análisis profesional que hagan entendibles las noticias, y de apostar por la ampliación de bloques temáticos cuando la importancia del asunto lo requiera, a imagen de algunas ediciones realizadas por el Telediario 2 en el Hospital del Mar de Barcelona con la pandemia, o el inicio de curso escolar en un colegio de Toledo. Sin embargo los deseos expresados no suponen una transformación brusca y positiva de los Telediarios, sino una lluvia fina que tarda demasiado en calar; mientras, se produce el veto a viajar a Tinduf en una expedición organizada por el Frente Polisario, decisión criticada por los Consejos de Informativos, que destacan cómo Crespo les comunicó que se trataba de un "momento delicado", expresión que parecería corresponder a un portavoz del Gobierno ante el conflicto con Marruecos, antes que a un periodista dispuesto a ofrecer la información más completa.

No obstante, y al margen del lento cambio en los informativos diarios, TVE brilla, prácticamente en solitario, en los programas semanales con el decano Informe semanal que, bajo la dirección de Oscar González, ha recuperado sus mejores días, aunque no la duración que permitió en otras épocas ofrecer tres reportajes de amplio formato. Con todo, es el único que disfruta de emisión en La 1 y en horario de máxima audiencia. El resto, como el impagable En portada de José Antonio Guardiola, se insertan en la minoritarias La 2 y el 24 Horas, y en horarios que coartan la difusión que merecen. No son solo los espacios citados sino el conjunto de programas dependientes del responsable de informativos no diarios, Juan Carlos Gallardo, en el que hay ejemplos, como el Objetivo Igualdad, de Carolina Pecharromán, de auténtica televisión pública con enfoques y difusión de asuntos que no aparecen en el resto de televisiones. 

A la hora de un balance provisional de los meses transcurridos bajo la dirección de Pérez Tornero hay que destacar que por fin habría un proyecto de futuro para RTVE. Se pretende afrontar los cambios producidos con la aparición de diferentes soportes, se apuesta por las nuevas tecnologías aplicadas a la difusión de todo tipo de contenidos y formatos entre segmentos de población alejados del espectador tradicional como es el incipiente Play; o se intenta renovar el entretenimiento por medio de alianzas con otros países europeos avanzados. En este sentido, figura en el haber la fuerte apertura al exterior, que se traduce en la mayor presencia de la historia de RTVE en los órganos de decisión de la Unión Europea de Radiodifusión (UER). Son pasos e iniciativas de largo y lento recorrido, pero que demuestran que se ha salido del ensimismamiento de la década anterior.

Por contra la desunión interna del Consejo de Administración demuestra el fracaso del consenso político, y sitúa a la presidencia en un difícil equilibrio entre las fuerzas políticas, que maniata una mayor firmeza y autonomía, como se ponía de manifiesto este mismo jueves, cuando el Consejo de Informativos salía en apoyo del director y presentador de La noche en 24 horas, Xabier Fortes, acusado por la portavoz del PP en el Congreso, Cuca Gamarra, de "blanquear a ETA" y, a esa hora en el Senado, parlamentarias del mismo partido arremetían contra este mismo profesional al que atribuían "sectarismo" y "manipulación", sin que Pérez Tornero dijera una palabra en defensa del periodista. 

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