EEUU oculta la identidad del político español cuyas charlas permitieron detener al narco 'Burger King'

En esta última década ha sido raro el narcotraficante de alto nivel que no haya pasado temporadas en Dubái. Pero esa tendencia ha dado un giro. La guerra de Irán ha agilizado movimientos de seguridad en el Emirato que se esperaban desde hace tiempo. La vista gorda que hacían las autoridades de ese país sobre criminales buscados por decenas de países del mundo se ha terminado, al menos en parte.

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Ahora, a los dirigentes de ese Estado del Golfo Pérsico ya no les hace tanta gracia que la crème de la crème del crimen organizado internacional dirija su negocio desde allí. Ahora al menos miran de reojo si conocen la existencia de una orden judicial de otro país contra un ciudadano extranjero que reside allí. Le ha pasado a la Camorra, la Mocro Mafia, el Clan Kinahan o a la Mafia Albanesa.

Eso le ocurrió también a Carlos Humberto Arango Castaño, alias Burger King, un supuesto narco colombiano afincado en Dubái que fue arrestado a finales de marzo. Arango Castaño puede ejemplificar esa nueva hornada de capos colombianos del crimen organizado con un bajo perfil mediático, pero que son decisivos en el engranaje del narcotráfico mundial. Sin ellos, sería imposible acceder a los productores primarios de la coca en Colombia, al igual que pasaría en Perú y Bolivia.

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La captura de un sujeto como este muestra que Emiratos Árabes Unidos (EAU) está colaborando en serio con otros Estados en materias de seguridad. Y le interesa bastante no enemistarse con nadie más, porque la guerra de Irán le está afectando en todos los aspectos, especialmente económicos y a la percepción internacional del país, ya que el turismo está en estos momentos está alrededor del diez por ciento de su capacidad como consecuencia del miedo a ser de nuevo atacados por misiles o drones iraníes.

Volviendo al protagonista, Burger King formaría parte de lo que el presidente de Colombia Gustavo Petro denominó como Junta del Narcotráfico. Que viene a ser, en esencia, una congregación de grandes narcos mundiales que deciden cómo se trafica con droga a nivel industrial. Y en ese estatus está Alejandro Salgado Vega, alias El Tigre, al cual las fuentes del periódico colombiano El Tiempo lo sitúan como uno de sus colaboradores.

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Y, como todo presunto capo colombiano que se precie, Burger King guarda relación con España. Eso se conoció cuando la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos (la DEA, por sus siglas en inglés) intervino conversaciones con un político español, que comentó que asistió a una gran fiesta en un yate en México. La fiesta había sido organizada por Carlos Humberto Arango Castaño –Burger King–, un personaje oriundo de Alcalá, Valle del Cauca (Colombia). Por esa pista lograron saber quién fue el organizador de tal evento, una noticia revelada el pasado abril también por la Unidad de Investigación de El Tiempo, en Colombia.

De los hechos, sólo se sabe que ocurrieron poco tiempo antes de la captura de Burger King, que tuvo lugar el 27 de marzo en el aeropuerto de Bali (Indonesia). Allí pretendía alejarse del foco de Dubái, como otros narcotraficantes que operan en Europa y son, por ejemplo, exmiembros de los Hells Angels que se toman temporadas en el sudeste asiático porque han sufrido atentados en lugares como en Marbella.

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La Corte de Texas reclama a Carlos Humberto Arango Castaño, y se adelantó a la Audiencia Nacional, ya que se sospecha que Burger King era uno de los proveedores con los que supuestamente trabajaba Ignacio Torán, el gran investigado de la trama del exjefe de la UDEF Óscar Sánchez al que se le intervino unos 20 millones de euros en efectivo.

Esta historia puede descubrir más relaciones y los contactos con altas instituciones del Estado que logró la supuesta organización criminal más importante de la historia de España, ya que se le calcula que traficaron con más de 70 toneladas de cocaína. Y no sólo transportándola a tierra, si no que era la organización que la comercializaba en suelo europeo.

También habrá que preguntarse porqué la DEA tenía intervenido el teléfono de un político español del que aún no hay información sobre su identidad, ya que las autoridades de EEUU no han filtrado este dato más que preocupante.

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En la citada fiesta fue contratado un conocido cantante de México, algo que entra dentro de la normalidad porque los artistas de narcocorridos son constantemente contratados por capos del narcotráfico. Sucede tanto que esta misma semana Larry Hernández, uno de los referentes de la música norteña mexicana, compartió en un reel de Instagram aparentemente inofensivo a uno de los narcotraficantes más importantes de todo México.

Las imágenes las grabó Larry Hernández y se le ve charlando con un chico en bici y con varias personas que se encontraban sentadas alrededor de una mesa en el bar Mariscos Bianney, en Pueblos Unidos (Sinaloa). De allí es Larry Hernández, y en la grabación se ve que uno de los comensales era un tipo llamado Carlos Alberto Páez Pereda, alias Carlitos Rugrats. Un capo de una de las facciones más poderosas del Cártel del Mayo Zambada que perteneció durante tres décadas al Cártel de Sinaloa. Por El Rugrats, EEUU ofrece una recompensa de tres millones de dólares para quien dé información para capturarlo.

Quizás en la fiesta que organizó Burger King en un yate en México había otro sujeto con una recompensa sobre la cabeza como en el Lejano Oeste. Aquello llamó tanto la atención porque la embarcación en la que se realizó tal fiestón tenía un coste de alquiler de unos 200.000 euros al día. Si un narcotraficante colombiano alquiló un yate de ese calibre, quiere decir que el buque medía más de 80 metros y sólo podía ser uno de súper lujo. Algo que no es discreto, y del que muchas personas se podían hacer preguntas sobre quién pagaba la fiesta. Ahora queda por saber qué político español acudió y qué razón le llevó a ese lugar. La DEA tiene el secreto.

En esta última década ha sido raro el narcotraficante de alto nivel que no haya pasado temporadas en Dubái. Pero esa tendencia ha dado un giro. La guerra de Irán ha agilizado movimientos de seguridad en el Emirato que se esperaban desde hace tiempo. La vista gorda que hacían las autoridades de ese país sobre criminales buscados por decenas de países del mundo se ha terminado, al menos en parte.

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