La Cosa Nostra inventó en Sicilia una forma de asesinar que consistía en hacer desaparecer, literalmente, el cuerpo de la víctima de la faz de la tierra. Esa era, según pensaban, la mejor manera de eludir responsabilidad por uno de los delitos más graves que se pueden cometer: el asesinato. Sin un cuerpo, es muy difícil acreditar lo ocurrido, y eso es lo que hizo la mafia desde sus inicios. Primero en Italia y, después, también en Estados Unidos. Lo hemos visto en muchas películas, pero es un sistema muy real.
En esa tarea de hacer desaparecer cuerpos humanos, la mafia italiana fue perfeccionando su método. La lupara bianca consistía en disolver un cuerpo en ácido para que desapareciese visualmente hasta convertirse en una sustancia indetectable para los investigadores.
Esto es, exactamente, lo que intentaron hacer durante el pasado mes de marzo los asesinos del empresario alicantino Jesús Tavira, pero no lograron ser tan eficaces como los Corleonesi. Mataron a Tavira y lo enterraron bajo dos metros de hormigón en un aljibe de la casa donde vive una persona que, casualmente, trabajaba para su empresa.
Este asunto coincide con otra casualidad: Tavira fue testigo de uno de los asesinatos sin resolver de la Comunidad Valenciana, el de Mari Carmen Martínez, ocurrido en 2016. Ella era la viuda de Vicente Sala Bello, presidente de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM) desde 1999 a 2010, y antecesor de Modesto Crespo al frente de la entidad. Una historia de lo más inquietante.
La CAM fue una de las últimas cajas de ahorros en España que acabó siendo absorbida por el Banco Sabadell, tras una serie de escándalos financieros que tuvieron consecuencias penales. Entre ellos, la sentencia del Tribunal Supremo que acreditó que la cúpula directiva de la entidad permitió que quien era entonces su presidente, Modesto Crespo, cobrara ilegalmente durante dos años 600.000 euros en dietas por un cargo que era honorífico. Ese fue uno de los ejemplos de cómo una entidad bancaria que llegó a tener decenas de miles de millones de euros en activos, aderezados con una sombra de corrupción letal, acabó por desaparecer.
En medio de este thriller, a Mari Carmen Martínez la asesinaron a tiros en en su Porsche Cayenne mientras se encontraba en el concesionario Novocar, una empresa de la familia. Jesús Tavira fue testigo del caso porque, en los días anteriores al asesinato, había hablado en varias ocasiones con el yerno de Martínez, investigado por los hechos y que, nueve años después, ha sido absuelto de ese crimen. Era el único acusado, por lo que el misterio del crimen de la viuda de la CAM sigue sin resolverse. Y ahora se abre otro.
Jesús Tavira desapareció el 18 de marzo de 2026. Era un empresario conocido en el sector de la compraventa de automóviles de Alicante, propietario de Autodesguace Tavira. La ubicación de su negocio fue una de las claves para que su testimonio en el asesinato de la viuda de la CAM fuera tenido en cuenta.
Su negocio se encuentra a un kilómetro del concesionario donde fue asesinada Mari Carmen Martínez. En su declaración, Tavira aseguró haber visto a dos hombres de presunto origen magrebí merodeando cerca del concesionario. Antes, dijo, esas mismas personas habían pasado también por su negocio. Este testimonio le convirtió en una pieza clave del juicio y contribuyó a que, finalmente, el yerno de la viuda de la CAM fuese absuelto.
El asesinato de Jesús Tavira recordó aquellos hechos anteriores, aunque, por ahora, no parece tener relación con ellos. Según se sabe, sus asesinos lo citaron en la calle Geranio del Bacarot de Alicante para intentar solventar un conflicto que mantenía con su mecánico del desguace. Todo apunta a un móvil económico, aunque a día de hoy no está claro cuál fue exactamente el origen de esa deuda o disputa por dinero.
El 18 de marzo desapareció Tavira, y su familia se temió lo peor. Dos días después de que faltara de su domicilio, su Audi Q5 apareció calcinado en el barrio de las Mil Viviendas de Alicante, lo que hizo presagiar un desenlace trágico ante el temor de que hubiera sido secuestrado, pero nadie recibió petición alguna de rescate. Entre el 18 de marzo y 29 de abril, los asesinos tuvieron tiempo para esconder el cadáver de Tavira, hasta que fue descubierto por la unidad especializada de la Policía Nacional.
Enterrar bajo dos metros de hormigón el cadáver de una persona después de asestarle al menos 12 puñaladas con dos armas distintas da entender que el motivo trasciende a algo más que una deuda de unos pocos miles de euros. Es más propio, como se apuntaba al inicio de este artículo, de los métodos de la Cosa Nostra.
Pero en este caso, al menos por ahora, los sospechosos son un mecánico argelino, su mujer y un tercer hombre, el único que declaró durante la instrucción. El mecánico y su esposa guardaron silencio y se encuentran en prisión provisional, ya que el cadáver de Tavira apareció enterrado en su casa alquilada. No han logrado aclarar por qué acabó ahí Jesús Tavira. Hay, además, un cuarto identificado, aunque que no aportó demasiado al caso.
En cuanto a la identificación del cuerpo, fue posible porque, a pesar del avanzado estado de descomposición que presentaba, sus asesinos cometieron el grave error de sepultarlo con la medalla de San Sebastián que llevaba y que la familia reconoció fácilmente.
Este asesinato reaviva el misterio del crimen de la viuda de la CAM y abre otro en torno a la muerte de Jesús Tavira, cuyo móvil la Policía aún trata de esclarecer. La familia declaró al diario El Español que Omar, el mecánico y principal sospechoso del crimen, entraba y salía con frecuencia del negocio de desguaces y que, a pesar de una posible deuda por unas vacaciones no pagadas, no se explican porqué pudo cometer algo así.
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El caso ha sido mediático porque ambos asesinatos han acabado vinculándose en el relato público. Una forma tan macabra de hacer desaparecer a una persona recuerda siempre a la Cosa Nostra, y también coincide que hace no mucho se resolvió el asesinato de Francisca Cárdenas, que fue encontrada enterrada en la vivienda de su asesino confeso, en Hornachos (Badajoz). Aquello ocurrió el pasado 11 marzo, una semana antes de que Jesús Tavira fuese asesinado.
La coincidencia de fechas permite plantear la posibilidad de que los asesinos de Tavira tomaran la idea de esconder su cuerpo tras ver las noticias recientes sobre el caso de Francisca Cárdenas, de quien no se supo nada desde el 9 de mayo de 2017. Por suerte, en el caso de Tavira, la Policía logró resolverlo antes. Quizás porque alguien compró hormigón hace no mucho.
Los Corleonesi resolvían esto con ácido, un proceso más complejo. Estos asesinos creyeron que el hormigón bastaría para librarse, pero, si se prueba su responsabilidad, acabarán pasando mucho tiempo en prisión para rendir cuentas ante la sociedad. Nunca sale bien copiarse, y menos si copias un método de un asesino. En todo caso, antes habrá que probar quién hizo qué, porque Omar y su esposa podrían ser solo el escalón más bajo de la pirámide.
La Cosa Nostra inventó en Sicilia una forma de asesinar que consistía en hacer desaparecer, literalmente, el cuerpo de la víctima de la faz de la tierra. Esa era, según pensaban, la mejor manera de eludir responsabilidad por uno de los delitos más graves que se pueden cometer: el asesinato. Sin un cuerpo, es muy difícil acreditar lo ocurrido, y eso es lo que hizo la mafia desde sus inicios. Primero en Italia y, después, también en Estados Unidos. Lo hemos visto en muchas películas, pero es un sistema muy real.