X

La buena información es más valiosa que nunca | Suscríbete a infoLibre por sólo 1 los primeros 15 días

Buscador de la Hemeroteca
Regístrate
INICIAR SESIÓN
¿Olvidaste tu contraseña?
infolibre Periodismo libre e independiente
Secciones
Comunicación política

El insoportable auge del insulto

  • Corremos el peligro de normalizar un lenguaje tóxico que destruye el diálogo basado en el contraste de opiniones
  • La fórmula trumpista de centrar el discurso político en la destrucción del rival mediante la descalificación permanente parece extenderse en España
  • La pérdida del mínimo respeto hacia los oponentes políticos se extiende a la ciudadanía a través de los medios tradicionales y las redes sociales
     

Publicada el 16/04/2021 a las 06:00 Actualizada el 23/04/2021 a las 16:27

La proximidad de las elecciones en Madrid parece haber exacerbado aún más el tenso clima político que vivimos en España. Esta semana en el Congreso de los Diputados, en las declaraciones de diferentes líderes en campaña y en los habituales espacios de radio y televisión que siguen cada día la actualidad, el insulto, la injuria y la descalificación parecen haber subido un escalón en su intensidad. En el caso de las redes sociales es difícil que el fenómeno se agudice teniendo en cuenta que es su práctica cotidiana. Todos somos conscientes del crecimiento de este deterioro del diálogo democrático. Nadie ha dado con la fórmula adecuada para impedirlo.

El pasado miércoles, la sesión parlamentaria acumuló un buen número de insultos y descalificaciones por parte de la oposición. Resulta evidente que la oposición tiene el derecho y el deber de ejercer su labor de crítica y vigilancia del Gobierno. El interrogante que surge es el de intentar determinar si es conveniente que exista un umbral en el tono de esa actividad. Son dos cuestiones diferentes. Una es la decisión política de plantear una oposición más o menos dura. La otra es la de establecer si es compatible la convivencia democrática recurriendo al insulto como argumento principal.

Trump, un antes y un después

El pasado 19 de enero de este año, The New York Times publicaba un amplio informe en el que se recopilaba buena parte de los insultos que Donald Trump había lanzado a través de las redes sociales desde que anunció su candidatura a la Casa Blanca, en junio de 2015, hasta el 8 de enero de 2021. En esta fecha, Twitter decidió cerrar su cuenta por difundir mentiras y graves descalificaciones contra la democrática victoria de Joe Biden.

Trump ha hecho historia por muchos motivos. Seguramente, uno de los aspectos de su personalidad más identificativos ha sido el reiterado uso del insulto como principal argumento en su forma de expresarse. El expresidente norteamericano rompió con cualquier tradición de considerar un mínimo decoro en la controversia democrática. También, según Toni Aira, autor de La política de las emociones, “Trump significó el aval a una tendencia que ya existía, acelerando una manera de hacer política que ya existía antes de él y de la aparición de las redes sociales”. Lo más sorprendente es que esa estrategia fuera explotada no por un partido radical de oposición minoritario, sino por quien ostentaba el poder. No había precedente alguno.

El trumpismo, pese a su derrota, sigue su extensión

Donald Trump, que tanto trabajó durante su mandato por la degeneración de la vida democrática, fue finalmente derrotado por la propia democracia. A día de hoy, no sabemos si pretende o no volver a la carrera electoral. Lo que sí es un hecho incontrovertible es el efecto que su estilo ha desencadenado en muchos países. Diferentes líderes conservadores parecen haber tomado su modelo como guía básica de comportamiento en la que el insulto a los rivales se ha convertido en una constante. “Lo hemos visto con Bolsonaro en Brasil, Salvini en Italia, Farage en el Reino Unido...”, explica el sociólogo y expresidente de la ACOP David Redolí: “En Occidente, hay una emergencia de líderes que utilizan la agresión verbal y la ausencia de criterios de corrección política para defender sus ideas”.

En España, vivimos estos días una situación especialmente crítica, debido a la coincidencia de una continuada estrategia de acoso y derribo contra el Gobierno con la pandemia como instrumento de guerra y con la próxima celebración de elecciones en la Comunidad de Madrid. Posiblemente, Isabel Díaz Ayuso representa como ninguna otra figura política en nuestro país la influencia del trumpismo. Su discurso no ofrece duda. Da igual que se hable desde el Gobierno o la oposición. El lenguaje siempre se cimenta en la descalificación del rival.

A lo largo de los últimos años, las fuerzas más extremistas de nuestro arco parlamentario se han habituado al uso cotidiano del insulto como centro de su discurso. El crecimiento de fuerzas radicales, como Vox, ha llevado al PP a reincidir en la fórmula en abierta competencia por una parte del electorado que parece aceptarla sin problema alguno. En el caso de la campaña madrileña, el principal escollo que parece tener la expectativa de voto a Vox tiene que ver con la invasión de los populares en el espacio político que parecía tener conquistado desde su radicalismo extremo como principal posición ideológica.

Pérdida de la sensibilidad

Una de las principales consecuencias que parece extraerse de estos años de proliferación del insulto en el lenguaje político es la pérdida de su impacto. Según David Redolí, “la alta polarización que estamos experimentando y el uso frecuente de la descalificación ha dejado de causar tanto estupor”. La injuria personal se ha repetido en un grado tal que es evidente que ha hecho subir nuestro nivel de sensibilidad. La mayor parte de los insultos directos que podemos oír a diario en las declaraciones públicas de portavoces políticos ni siquiera son recogidos ya por los medios de comunicación. Han dejado de ser noticia. Han dejado de ser sorprendentes. Como mucho, podemos escuchar crónicas periodísticas que aluden a la mayor o menor dureza de una intervención. Poco más.

Parece lógico que diferentes medios no se muestren impactados por este tipo de discurso, teniendo en cuenta que muchos de ellos lo promueven en sus espacios dedicados a la opinión y el debate. Es casi rutinario escuchar a presentadores de emisiones radiofónicas y televisivas utilizar la injuria para calificar a los líderes políticos o como argumento frente a quienes defienden posiciones diferentes a las suyas. Nadie parece extrañarse. Ni siquiera se plantea esta situación como digna de una reflexión pública. Lo más preocupante es que parece que hemos llegado a normalizar el fenómeno.

El impacto en la ciudadanía

Una significativa parte de la ciudadanía parece verse arrastrada por esta degradante e imparable ola. Las audiencias de la mayor parte de estos espacios de actualidad así lo corroboran. Los responsables de estos programas saben que el mayor o menor éxito que puedan obtener dependen del mayor o menor grado de excitación que sean capaces de transmitir. Parece haberse asentado en muchos oyentes radiofónicos o telespectadores una especie de adicción por la sublimación de la tensión y el enfrentamiento. "Pensamos que los políticos utilizan el insulto como si bajaran de otro planeta y que no tiene correspondencia con lo que pasa en otros ámbitos de nuestra vida, pero ellos elevan el tono porque nuestras sociedades tienen cada vez una mayor tendencia a la dispersión y nos cuesta más entrar a los debates de fondo", recuerda Aira, profesor de Comunicación Política en la UPF Barcelona School of Management.
 
Todo este proceso ha coincidido, cabe pensar que de manera no casual, con el auge de las redes sociales. El insulto se ha convertido en uno de los ganchos más eficaces para contribuir a la extensión de mensajes en internet. Los mensajes negativos obtienen mucha mayor difusión que los positivos. El anonimato contribuye de forma sustancial a que todo salga gratis. No hay peligro alguno de crítica social o de exposición pública alguna. Según los especialistas en la materia, se calcula que aproximadamente la mitad de los contenidos políticos que circulan en la red están lanzados desde robots preprogramados o desde granjas de fabricación de basura ideológica.
 
En ese entorno, tampoco parecen esconderse formaciones y líderes políticos de diferentes ideologías siempre dispuestos a aceptar cualquier ocasión que se les pueda presentar. Si la clase política debiera representar un papel de ejemplaridad a la hora de escenificar el debate ideológico, parece claro que, en la actualidad, el radicalismo juega a aplastar cualquier intento de buscar la moderación, el razonamiento y el diálogo sosegado. Al final, tal y como explica Redolí, parece lógica la consecuencia de que los seguidores más fieles tiendan a imitar a sus líderes: “Si los ciudadanos ven que los políticos se insultan, también acabarán asumiendo la normalidad del insulto en discusiones familiares o de amigos con personas de diferente ideología. Eso significa cruzar fronteras que no contribuyen ni a la buena convivencia ni a la edificación de la ciudadanía”.
 

La violencia verbal

El insulto empieza donde termina el debate civilizado y da paso a la violencia verbal. Todo lo que pueda venir después deja de tener sentido en una democracia civilizada. Es imposible y hasta poco aconsejable pretender dialogar una vez que aparece la injuria. El colmo de la situación es tener que defenderse de una ofensa que, habitualmente, carece de toda justificación. La difamación muestra siempre la falta de argumentos para defender una posición.

En otras ocasiones, no sólo el insulto domina el discurso. Además, se ve acompañado de la abierta cobardía de ser lanzado sin la presencia de la persona aludida. Por último, a la falta de escrúpulos y la cobardía se une una elevada dosis de osadía. Es fácil encontrar a diario declaraciones de políticos y opinadores dispuestos a descalificar a personas que poseen un nivel de conocimiento en la materia de la que se habla muy superior al de quien se permite la autoridad de juzgar.

Cuando el debate se deteriora y pierde su sentido, se produce un factor añadido no menos trascendente. No sólo es tóxico en su formulación. Además, impide que se aborde de verdad una discusión sobre los asuntos que realmente tienen importancia. No se trata por tanto de una cuestión meramente formal. La contaminación del debate impide que sobreviva la necesaria discusión que sirve de base al modelo democrático. Resulta evidente que quienes más se apoyan en emponzoñar su discurso suelen ser quienes menos interés tienen en que se hable y se analice cualquier asunto.

La falta de soluciones

No existen fáciles soluciones para afrontar el crecimiento de esta corriente. Su poder radica en el fuerte impacto emocional que traslada a quienes la secundan. Es imposible entender el fenómeno sin tener en cuenta la rabia social que estalló hace 15 años, tras el estallido de la crisis económica que las instituciones políticas fueron incapaces de detener. “El auge del insulto también tiene que ver con las altas desigualdades sociales que genera el modelo económico actual, la sensación de pérdida de perspectivas por altas capas de la población y la incertidumbre con la que viven sobre todo las clases medias actualmente”, explica Redolí. Esto facilitó la irrupción del lenguaje populista, demagógico y agresivo que sirvió de mínimo consuelo a gente que necesitaba dar salida a su desesperación.

Algunos partidos, líderes, medios y opinadores han convertido aquel sentimiento de frustración en la base de un discurso destructivo que amenaza el desenvolvimiento de la convivencia democrática. No hay fórmula mágica para combatir el insulto grosero y humillante. Es evidente que califica a quien lo utiliza, pero no parece que le cree problema alguno. Saben lo que hacen y entienden que llevar la discusión a ese terreno les facilita jugar en condiciones más favorables al carecer de argumentos razonables y fundamentados. “Un primer paso”, concluye Aira, “es plantear que existe el problema y que todos seamos conscientes del abuso del insulto en la política. Pero, sobre todo, hay que conseguir que la reflexión lleve a la acción”.

Cuando Donald Trump ganó las elecciones en 2016, Barack Obama ha confesado públicamente que sintió un fuerte impacto. En uno de sus últimos encuentros internacionales antes de abandonar la presidencia, se vio con Justin Trudeau, que no hacía mucho había ganado las elecciones en Canadá. Obama, consciente de su salida de la vida política, se dirigió a él y le dijo: “Justin, va a ser preciso que se oiga más tu voz. Vas a tener que hablar sin pelos en la lengua cuando ciertos valores se vean amenazados”. Trudeau le confesó que él era su referente y le contestó: “Las combatiré con una sonrisa en los labios. Es la única forma de ganar”.

Más contenidos sobre este tema




33 Comentarios
  • Epi Epi 18/04/21 18:13

    " Difama que algo queda". Sobre este tema, el que esté libre de culpa, que lance la primera piedra: políticos, periodistas, tertulianos de todo tipo de medios, opinadores, opinadores de opinadores,...

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    0

  • Cabuérniga Cabuérniga 17/04/21 11:02

    A mi no se si me hace gracia, u otra cosa, ese empeño de la prensa en general de cuando hablan de este tema siempre hablan con equidistancia con terminos como "el crispado ambiente del Congreso", los politicos se ensalzan en insultarse en vez de..." etc, siempre generalizando. Oigan, NO, en el Congreso y el Senado los que insultan, muestran lenguaje agresivo y vociferan SON LOS DIPUTADOS DEL PP Y VOX. A falta de argumentos ni propuestas que nunca los han tenido. ¿es que no hay medios ni periodistas que sean capaces de decir a los ciudadanos quienes son los que quitan cada día toda nobleza a la política con su conducta?

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 1 Respuestas

    0

    15

    • Isabelle006# Isabelle006# 17/04/21 13:12

      No, esos periodistas son contados con los dedos de las dos manos y no llegan, olvídate porque estos que van a vela y a motor, según sople el viento dinerario, derecha extrema o ultraderecha en programas basura, no lo van a hacer, si hasta lo intentan en el programa de Cintora, menos mal que hay siempre uno a veces dos periodistas que les rebaten sus mentiras, medias mentiras y falsedades, utilizando con honestidad pedagógica argumentos contrastados para que la audiencia se desintoxique de tanto cinismo informativo que lo inunda todo.

      Responder

      Denunciar comentario

      1

      8

  • ANTOM ANTOM 17/04/21 10:39

    Enhorabuena por el artículo se puede decir más alto pero no tan claro.

    Responder

    Denunciar comentario

    1

    5

  • 74camilo 74camilo 16/04/21 21:22

    "TOD LOS POLÍTICOS SON IGUALES". Está claro que los de derechas si. Tanto antipratriotismo (que ironía), tanto clasismo y tanto conservadurismo algún día cansarán hasta en la barra del bar!

    Responder

    Denunciar comentario

    1

    7

  • REE REE 16/04/21 20:10

    Insultos .. Se trata de impedir un dialogo
    porque el que insulta no tiene intención
    de dialogar porque no ve aprovechoso para el mismo
    aportar algo que puede ayudar al ciudadano de a pie.
    Es un politico que cobra de un puesto por callar de los
    problemas de la gente .. y al final aprovecharse de
    un buen puesto en la industria como recompensa. Una
    sagrijuela chupasangre .. pero eligido encima por
    nosotros .. es algo lamentable. Mi opinión.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    7

  • Arkiloco Arkiloco 16/04/21 17:42

    Expertos en el insulto y la descalificación dando lecciones. Imaginen que es cosa de "los otros".

    Responder

    Denunciar comentario

    3

    9

  • jumar jumar 16/04/21 17:21

    Lo primero que destaco es la generalización de los que insultan, falsean, porque afortunadamente no son todos.

    Hace tiempo ( dejé de verlo por insoportable), mucho tengo compadecido al Sr. Maraña, en eso que llaman tertulias (de ahí que escapo al uso de la palabra), cuando, intentando dar su opinión, en su turno, los Indamariamaruenda, se dedican a vociferar, vejar, jalear e insultar para impedir que pueda ser escuchada.

    Tambien vemos como estas formas se van trasladando y se incorporan en el parlamento. Por mi parte sería tendencioso, sesgado e intencionado, decir que el Sr. Maraña no es una persona educada, respetuosa, con paciencia infinita, frente a los energúmenos a los que se enfrenta.

    Del mismo modo creo que no es objetivo, hablar en abstracto de episodios broncos parlamentarios o de otro tipo, ya que SEÑALAR, srs. periodistas a veces puede ser no sólo bonito sino que muy útil para todo@s, en esta realidad mediático-virtual que se nos impone.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    20

  • Antonio LCL Antonio LCL 16/04/21 16:24

    Quienes en el ejercicio político practican el insulto, la mentira y la manipulación, se merecen el mayor de los desprecios por parte de la ciudadanía.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    8

  • MIglesias MIglesias 16/04/21 15:58

    Veo que salvo honrosas excepciones la mayoría solo ve en del artículo la parte que no le obliga a reconocerse.

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 1 Respuestas

    15

    4

    • jagoba jagoba 17/04/21 15:27

      Yo si me veo, y llevo dos días fustigandome. Me he pedido unos cilicios por Amazon.
      una faja con cerdas y otra con puntas metálicas. Espero ademas de mortificarme, que me adelgace un poco.

      Responder

      Denunciar comentario

      0

      4

  • Alberto Sánchez Otero Alberto Sánchez Otero 16/04/21 13:24

    Un artículo firmado por un ejecutivo de un grupo mediático que promueve, ¡y de qué manera! , las intervenciones públicas más insultantes y despreciables. Señores de Infolibre, de verdad: ¿no hay más cera? En fin, 24 días y bajando...

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 7 Respuestas

    11

    9

    • Isabelle006# Isabelle006# 16/04/21 19:17

      No has dicho ninguna mentira, "En 2000 crea y dirige el primer canal español de series, Factoría de Ficción (FDF), para la televisión de pago. En el año 2000, el Grupo Árbol se asocia con Antena 3 y Telecinco para crear el canal temático Factoría de Ficción, especializado en series de televisión (FDF). En 2006 el Grupo Árbol se fusiona con el grupo Mediapro, creando el holding empresarial Imagina Media Audiovisual, donde se incorpora al Consejo de Administración. Asimismo, es nombrado Consejero Delegado de la cadena de televisión laSexta, en la que pone en marcha programas como laSexta Noticias, entre otros programas. En febrero de 2013, tras la absorción de 'laSexta' por parte de Antena 3, es elegido vicepresidente no ejecutivo de Atresmedia." Wikipedia

      Y los insultos, ofensas y difamaciones a determinadas/os personajes politicos proferidos por conductoras y conductores, colaboradoras y colaboradores de las privadas Telecinco, Antena 3 y la Sexta son antológicos. Existe amplia hemeroteca.

      Responder

      Denunciar comentario

      Ocultar 2 Respuestas

      2

      10

      • Alberto Sánchez Otero Alberto Sánchez Otero 16/04/21 19:43

        Efectivamente. Le agradezco la consideración. Me sorprende mucho que en este medio se haga hincapié en la necesidad de un periodismo de calidad y que al mismo tiempo en él colabore quien promueve todo lo contrario. Igualmente me sorprende que se haga apología de los medios libres y que, por otra parte, se le dé voz a un exjuez endiosado que ordenó infundadamente el cierre de un medio de comunicación y el encarcelamiento de un periodista.

        Responder

        Denunciar comentario

        Ocultar 1 Respuestas

        9

        10

        • Isabelle006# Isabelle006# 16/04/21 20:40

          Será por pura casualidad pero ese exjuez endiosado hoy no hace ascos a reunirse a tomar café con uno de los sinvergüenzas más repugnantes del periodismo de casquería, director de un panfleto de difamación, que todo sea por echarle un cable a la no separación de Poderes jurídico y mediático, entre los que están los más potentes MEDIOS ECONÓMICOS de DESINFORMACIÓN MASIVA.

          En los 80 y 90 los jovenes leíamos Interviú, periodismo de investigación con notables periodistas entre los que estaba Pepe Rei, un valiente, profesional incansable y apasionado que no precisó de medallas para denunciar la corrupción política de los condecorados por "acto de servicio" como Rodríguez Galindo, uno de los torturadores y asesinos de Lasa y Zabala.

          Responder

          Denunciar comentario

          2

          11

    • MIglesias MIglesias 16/04/21 15:56

      Su comentario es un ejemplo perfecto de lo que critican Baroja y Contreras: la descalificación como argumento.

      Responder

      Denunciar comentario

      Ocultar 3 Respuestas

      13

      3

      • Alberto Sánchez Otero Alberto Sánchez Otero 16/04/21 18:13

        Pienso que no, que no hay ningún insulto en mi comentario; si acaso, algún juicio de valor. En cualquier caso, no me enriquezco a cuenta de insultar ni de los insultos que profieren otros a mi amparo.

        Responder

        Denunciar comentario

        Ocultar 2 Respuestas

        1

        11

        • MIglesias MIglesias 16/04/21 18:34

          "Descalificación"

          Responder

          Denunciar comentario

          Ocultar 1 Respuestas

          12

          2

          • Alberto Sánchez Otero Alberto Sánchez Otero 16/04/21 18:48

            Empleé el término "insulto" para aludir al mismo concepto que mencionaban los autores en el titular. La descalificación es algo distinto.

            Responder

            Denunciar comentario

            1

            11



 
Opinión