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Crisis del coronavirus

'En casa': cine hecho desde, sobre y pese al confinamiento

  • Cinco cineastas españoles retratan las primeras semanas de cuarentena en esta serie de HBO, rodada sin equipo profesional y con todas las limitaciones del estado de alarma
  • Leticia Dolera, Paula Ortiz, Carlos Marqués-Marcet, Rodrigo Sorogoyen y Elena Martín tratan en sus ficciones las tensiones de la convivencia y los efectos psicológicos del encierro
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Publicada el 03/06/2020 a las 06:00 Actualizada el 03/06/2020 a las 21:12
Leticia Dolera en 'Mi jaula', el capítulo que dirige en la serie 'En casa', de HBO.

Leticia Dolera en 'Mi jaula', el capítulo que dirige en la serie 'En casa', de HBO.

HBO

El cine se detuvo. Para el 18 de marzo, solo cuatro días después de la declaración del estado de alarma por la crisis sanitaria del coronavirus, las asociaciones del sector calculaban que se habían detenido más de 90 rodajes, causando pérdidas de entre 150 y 200 millones de euros. Las filmaciones solo pudieron retomarse, en teoría, el pasado 11 de mayo, cuando la mitad de España pasó a fase 1, pero la realidad es que la industria está aún lejos de volver a ponerse en marcha. Sin embargo, mientras el país entero se detenía y se confinaba en sus hogares, en el peor momento de la cuarentena, había al menos cinco rodajes en marcha. Los que componen En casa, la serie de ficción que HBO estrena este 3 de junio. Son cinco episodios, dirigidos por cinco cineastas —Leticia Dolera, Rodrigo Sorogoyen, Carlos Marqués-Marcet, Paula Ortiz y Elena Martín— y grabados siguiendo todas las normas sanitarias, sin apenas equipo y dentro de casa. El primer cine desde, pese a y sobre el confinamiento. 

Los cinco capítulos, que en realidad son cinco cortos o mediometrajes —van de los 17 a los 44 minutos—, suceden, como es de esperar, dentro de casa, de la de sus directores o actores. Todos son ficción, pero todos están directamente relacionados con la cuarentena y el encierro. Todos han sido grabados con el mismo equipo, un móvil, micrófonos y un estabilizador. Todos han sido elaborados entre finles de marzo y principios de mayo. "Quizás si ves nuestro capítulo aislado no se refleje lo que ha sido el confinamiento", reflexiona Paula Ortiz (La novia, De tu ventana a la mía), "pero con todos los capítulos se ha conseguido hacer un pequeño abanico en el que creo que sí que se da cuenta de cómo son los procesos creativos bajo un momento único, y con una determinada presión psicológica interna".

Las piezas dan cuenta de los aspectos ordinarios del aislamiento —el gel hidroalcohólico, los aplausos de las ocho, las videollamadas—, pero también de ciertas obsesiones comunes: las dificultades de la convivencia, la distancia con los seres queridos, los efectos del encierro sobre la identidad. Es curioso: ningún relato se centra en las consecuencias sanitarias del coronavirus; no aparecen enfermos, solo en uno de los cortos de menciona una muerte por covid-19. Ortiz tiene una explicación: "La causa del encierro era tan inaudita, tan enorme, lo que leías era tan inabarcable, que lo único que hemos sido capaces de narrar era lo que teníamos cerca, que son las relaciones".

Rodaje unipersonal

Los planes de rodaje han sido tan variados como las circunstancias de los directores. A Leticia Dolera (Requisitos para ser una persona normal, Vida perfecta) le pilló sola, en su piso de Madrid. Afortunadamente, tenía una actriz a su disposición: ella misma. "Cuando me lo propusieron, primero les dije que no, que qué locura. Pero a partir de ahí se me ocurrió una historia, y cuando ya se me había ocurrido necesité materializarla", cuenta por teléfono. En su corto, retrata el confinamiento solitario de una mujer; bajo la apariencia de tranquilidad se esconden las fricciones con su novio, que le pide atención en todo momento, incluso a distancia. "Empecé a reflexionar sobre lo que son las jaulas", dice. "Estamos todos enjaulados, pero a la vez ultracomunicados, y eso me hacía pensar en si en nuestro día a día no hay también varios tipos de jaulas, la del estrés, la productividad, la de estar todo el día con el móvil... o jaulas más relacionales. Cómo hay relaciones que pueden ser una jaula".

Con un guion escrito por ella misma en alrededor de una semana, lo complicado fue rodar sin apoyo y teniendo que estar frente a la cámara. "Supe que serían todo planos de trípode, fijos, y eso me dio un estilo algo más nórdico, y de una acción-un plano. Intenté pensar una realización muy austera", cuenta. Las dificultades para llevar a cabo el rodaje —fijar un plano, rodar, observar el material, repetir— se solucionaron con unas jornadas maratonianas. Al fin y al cabo, si quería ponerse a rodar a las doce de la noche, solo dependía de sí misma. "El lado bueno que le podía encontrar a esto es que podía dar rienda suelta a mi obsesión", bromea Dolera. Aun así, ha contado con la intervención, a través de Zoom o de audio, de actores —y amigos— como Álex García, Ruth Llopis o Alberto Jo Lee. Tras la semana de escritura y los 10 días de rodaje, vinieron otros 10 de montaje, el mismo plazo otorgado a sus compañeros. 

Dirigir por Skype

Paula Ortiz se encontraba en una situación completamente distinta. Aunque da clases en la Universitat de Barcelona, y pasa en esta ciudad parte de su tiempo, la declaración del estado de alarma le pilló en Zaragoza, donde pasa la otra mitad. "Para rodar ficción, en cuarentena, sin ser actriz ni estar confinada con actrices... Mi única opción era esta", cuenta. Esta: dirigir mediante videollamada a Celia Freijeiro y Julia de Castro, confinadas juntas. A ellas se sumaba una tercera persona, una vecina que les ayudó con algunos planos. "Es muy complicado no estar ahí, no poder ensayar físicamente, no poder escuchar y participar de los matices emocionales", admite la cineasta. "Pero la parte técnica es más compleja aún, porque yo no conocía la casa, las dimensiones, la luz...". A partir del guion que fueron escribiendo juntas, trazaban un plan de rodaje en base a la iluminación del piso según la hora del día. Al final de la jornada, Ortiz revisaba el material y decidía si al día siguiente sería necesario repetir alguna toma. 

La restricción técnica y artística —"al final, no tienes control sobre la unidad de significado cinematográfica, que es el plano", explica— la obligaron a desprenderse también de su estilo habitual, muy medido, cercano por momentos a lo pictórico. "El cine siempre tiene mucho de frustración, pero para mí ha sido un aprendizaje personal renunciar al código y los planteamientos cinematográficos que son naturales para mí", dice la directora. Se ha decantado por el blanco y negro y ha cambiado incluso el género, acercándose por primera vez a la comedia, guiada en parte por la experiencia y la complicidad de las actrices: una mujer se refugia en casa de su amiga después de dejarlo con su novio, pero la convivencia será un poco más turbulenta de lo esperado. Para Paula Ortiz, la experiencia ha supuesto la constatación, una vez más, de que "el cine es arte colectivo y necesitas al grupo para ejecutarlo: "Hay un tipo de músculo narrativo que consiste en tener que contar lo que quieres con lo que tienes, y ese lo hemos ejercitado muchísimo".

Recuerdos del futuro

Quien no ha tenido que alejarse demasiado de sus trabajos anteriores es Carlos Marqués-Marcet (Los días que vendrán, Tierra firme). Todas sus películas, señala, son "muy caseras". Los días que vendrán sucede en gran medida en el piso de los protagonistas, una pareja que lleva poco tiempo junta pero que decide tener un hijo cuando ella se queda embarazada. Pero no solo eso: aquel largometraje se amoldó al embarazo real de la actriz protagonista, María Rodríguez, pareja de su compañero en la ficción, David Verdaguer. El guion, el rodaje y el montaje tuvieron que adecuarse a una realidad que imponía ciertas restricciones. Salvando las distancias, algo similar a lo que ha acabado haciendo en Viaje alrededor de mi piso. (Bonus track: su primer filme, 10.000 km, retrataba una relación a distancia conectada a través de Skype. "Aquí ya supe que no quería que saliera ninguna videoconferencia", dice entre risas).  

Cuando le llegó el proyecto, el director miró a su alrededor: la persona con la que convivía, Manuela Aparicio Sanz, la única actriz de la cinta y además responsable de la música, ya que toca el piano; su piso, "una casa muy especial, con una luz muy bonita" que siempre había querido filmar con detenimiento; el archivo de su móvil, con todas esas grabaciones de viajes que querría haber incluido en algún proyecto. Esos serían los principales elementos de su corto, al que también añade algo de ficción: la protagonista vive sola en la casa que compró con su pareja, que jamás llegó a mudarse. "Me interesaba esa idea, la nostalgia del futuro, esa nostalgia de las cosas que iban a pasar, que no han pasado y que están ahí presentes de alguna forma", cuenta el cineasta. Una sensación que, ruptura mediante o no, han podido experimentar muchos espectadores durante el confinamiento. 

Tras la experiencia de Los días que vendrán, que supuso "un antes y un después" en su manera de trabajar, Marqués-Marcet se negó también en este caso a seguir la estructura habitual de guion-rodaje-montaje. De hecho, lo primero fue el montaje, y solo cuando tuvieron una pequeña parte del material se pusieron a escribir el guion. Lo hizo junto a Borja Bagunyà, que ha participado en todas sus películas —también trabajó con Oscar de Gispert, el montador, en Los días que vendrán— y que le sugirió estructurar la voz en off en torno a Viaje alrededor de mi habitación, de Xavier de Maistre, otro relato de confinamiento —en este caso, en el siglo XVIII y por un arresto domiciliario—. De él le interesó, sobre todo, una idea: "Maistre insiste en la relación entre el cuerpo y la mente, y en que es posible viajar sin salir de casa. De alguna manera el móvil es capaz de hacer realidad eso, salir al mundo sin dejar tu habitación". El móvil con el que ha grabado el corto permite ahora, de vuelta, viajar a su habitación y a la ficción de una vida que no existe, sin salir de la nuestra. 

Carlos Marqués-Marcet hace una precisión: no son historias del confinamiento, sino historias del inicio del confinamiento. Cuando el aislamiento era casi total. Cuando no se veía el fin. Un periodo corto con unas cargas políticas y sociales muy concretas. Todos son conscientes de haber podido retratar, mediante la ficción, un momento histórico. "Tendremos muchas historias sobre la pandemia y sobre sus conclusiones", añade Paula Ortiz, "pero es muy interesante que haya relatos de ficción hechos bajo esa presión del encierro, con mucha rapidez, sin recursos". "He tenido mucha suerte de poder estar trabajando, creando y contando una historia en este momento en el que mucha gente se ha quedado sin trabajo y en el que el sector audiovisual se ha paralizado", dice Leticia Dolera, para quien ha sido especialmente importante formar parte de un proyecto colectivo. "Ahora saldrán otras historias, hechas de otra manera, pero nosotros hemos sido unos privilegiados". 

 

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