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Los diablos azules

‘¡La exclusiva!’, el choque entre el viejo y el nuevo periodismo

  • El periodismo de descolgar el teléfono para hablar con las fuentes o de relatar los hechos desde el lugar de la noticia ha dejado paso a las redes sociales 
  • La autora, exdirectora del suplemento cultural de The Guardian, sitúa la trama a finales de los años noventa, con la prensa británica como escenario

Lucía Méndez
LA AUTORA
Publicada el 29/07/2016 a las 06:00
Portada de 'La exclusiva', de Annalena McAfee.

Portada de 'La exclusiva', de Annalena McAfee.

Annalena McAfee, experimentada periodista británica y exdirectora del suplemento cultural de The Guardian, publicó en 2012 la mejor versión moderna de las mejores novelas clásicas de periodismo. Quién sabe por qué casi todas las novelas de periodistas son mordaces, cínicas, irónicas y con personajes que trabajan al límite de la moral. Lo es ¡La exclusiva!, como tituló McAfee de forma convencional la que fue su primera novela. Un entretenido y brillante relato sobre el comienzo del fin del periodismo tradicional que perece a manos de la revolución digital. La crítica recibió el libro con agradable sorpresa por la calidad literaria de una ópera prima escrita por una autora ya en su madurez profesional.

La periodista sitúa la trama novelesca a finales de los años noventa, con la prensa británica como escenario. El mundo digital aún estaba en pañales, pero ya se barruntaba que el reinado de Internet no iba a ser un simple cambio tecnológico, sino toda una revolución llamada a transformar la práctica periodística hasta el tuétano. Las décadas transcurridas no han hecho sino acrecentar las tendencias que apunta McAfee en su novela. El periodismo de descolgar el teléfono para hablar con las fuentes o de relatar los hechos desde el lugar de la noticia ha dejado paso a las redes sociales como manantial inagotable de impactos y virales. 

La exclusiva
Los personajes que sujetan ¡La exclusiva! son dos mujeres periodistas. Honor Tait, una gran dama del periodismo de 79 años, curtida en los tiempos gloriosos de la tinta del papel como corresponsal de guerra, cronista de los mayores acontecimientos históricos del siglo XX y entrevistadora de los grandes líderes del planeta. No es difícil intuir en ella los rasgos de la legendaria Oriana Fallaci. Le da la réplica Tamara Sim, joven veinteañera ambiciosa y sin escrúpulos, que busca salir de la precariedad laboral buscando una exclusiva a toda costa en el mundo del sensacionalismo y el cotilleo donde se mueve. Aquel en el que la vida privada de los famosos es lo único interesante y donde los detalles más escabrosos de la intimidad de famosos, políticos o empresarios ganan la partida a cualquier otra información.

Tamara entrevista por encargo a Honor y el choque entre las dos mujeres y su forma de ejercer el periodismo es el telón de fondo de la novela. Toda una vida las separa. La una, agarrada a su gloriosa historia del periodismo. La otra, con el “todo vale” y la búsqueda del impacto inmediato como única escuela de periodismo. McAfee retrata con sarcasmo las diferencias culturales que separan a la joven —obsesionada por descubrir los detalles escabrosos de la vida íntima de Honor Tait— de la anciana periodista que evita responder a las preguntas y se burla de la ignorancia de los nuevos reporteros. El abismo entre ambas puede resumirse en un momento dado de la entrevista y en media página de la novela. Tamara teme que la grabadora no funcione y Honor le responde —sarcástica— que sería una lástima porque no se habría perdido un conocimiento semejante desde la Biblioteca de Alejandría. La joven apunta en su libreta: consultar en Google qué es Alejandría y qué le pasó a su biblioteca. Más adelante, la entrevistada le habla de la Revolución Cultural y de Vietnam y la entrevistadora tampoco sabe de qué le hablan. Muy crítica con la deficiente y mediocre formación de los nuevos periodistas, la autora ha recomendado a los alumnos de las Facultades de Periodismo que se formen en Historia y en Humanidades. Cualquiera que haya trabajado en una redacción en las últimas décadas formulará exactamente la misma recomendación que Annalena McAfee.

A pesar de que la novela está ambientada a finales de los noventa, cualquier periodista se sentirá como en casa al pasar sus páginas. El choque entre Honor Tait y Tamara Sim llega hasta nuestros días. La autora es capaz de relatar con toda naturalidad la vida diaria en las redacciones de los diarios porque es el ambiente donde ella misma ha vivido. No sólo eso. También ha experimentado en su propia familia cómo se las gasta la prensa amarilla británica. Su marido es el célebre escritor Ian McEwan, cuya vida ha dado para más de una portada y no sólo por su obra literaria.

La novela está recorrida por la añoranza de una forma de entender el periodismo que toca a su fin. McAfee es contundente en la denuncia de las manipulaciones, la mediocridad y el sensacionalismo de los editores de los tabloides. Si bien acaba siendo piadosa para con los jóvenes periodistas como Tamara Sim, a quienes presenta como víctimas de la nueva realidad digital a la que tienen que acomodarse obligatoriamente. Tal y como ella misma ha dicho, "finalmente ni la mujer mayor es tan íntegra ni la joven tan rastrera". La rutilante fachada de fama y premios de la veterana esconde las miserias del naufragio familiar motivado por la dedicación exclusiva de la madre a su profesión. También aquí las mujeres periodistas podrán sentirse identificadas con la protagonista. En definitiva, las dos periodistas representan lo mejor y lo peor del oficio. Y el coro de colegas y jefes que las acompañan, también. El periodismo veterano y el nuevo acaban por reconocerse mutuamente. Así como se identifican los dilemas éticos consustanciales al ejercicio profesional desde el comienzo de los tiempos.

El lector reconocerá en la novela la falta de ética de algunas prácticas periodísticas, la ambición de publicar cualquier información al precio que sea, los codazos para ser el primero, la ausencia de límites que lleva a hurgar en la basura —de forma real y literal—, la vanidad de los periodistas que persiguen la fama a toda costa, el vértigo con el que se desencadenan los acontecimientos informativos y las consecuencias que tiene lo que se publica en los medios sobre la vida de las personas. En suma, el periodismo en estado puro. El de antes y el de ahora, inmersos en una crisis —de modelo de negocio pero también de principios— que empezó a finales de los noventa y aún no ha terminado.

*Lucía Méndez es periodista y madre (como se define en Twitter), redactora-jefe de El Mundo, analista política en radio y televisión y autora de los libros Duelo de titanes y Morder la bala, y editora de El poder es cosa de hombres, memorias de Cristina Alberdi. 

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2 Comentarios
  • unomasleon unomasleon 31/07/16 11:13

    Estimada Lucía. Te traslado la misma pregunta que he formulado al S. Maraña en un artículo publicado hoy mismo en este mismo diario digital: ¿que opinas de que un Jefe de Estado, a la sazón Felipe VI, haya encargado formar gobierno a un corrupto, Mariano Rajoy? y aún mas ¿que de los "periodistas" que apoyan este futuro gobierno?

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  • Sancho Sancho 30/07/16 00:46

    Gracias, Lucía Méndez. Me agrada leerla por aquí.

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