X

Accede a todos los contenidos de infoLibre durante 15 días por 1. | El periodismo tiene un valor

infolibre Periodismo libre e independiente

¿Quiénes somos? Sociedad de Amigos
Buscador de la Hemeroteca

Hazte socio
Iniciar sesión Regístrate
INICIAR SESIÓN
¿Has olvidado
tu contraseña?
Secciones

Regístrate en infoLibre Comenta las noticias y recibe las últimas novedades sobre nosotros.

Gracias por registrarte en infoLibre Si además de comentar noticias quieres hacerte socio, sigue este enlace: Hazte socio
Formulario de Registro
¿Qué es Nombre público?

Es el nombre que se mostrará cuando hagas un comentario en infoLibre.es




El rincón de los lectores

Érase un ángel fieramente humano

  • Mara Torres se topó por primera vez con Ángel González en 1997. Recortó unos versos del periódico y los clavó en el corcho de la pared de su cuarto
  • Años después, en una cena, el poeta se convirtió en amigo: "Al apagarse él, se apagaron todas las luces"

Mara Torres Publicada 19/01/2018 a las 06:00 Actualizada 18/01/2018 a las 15:03    
Facebook Twitter Mas Redes

Envíalo a un amigo Imprimir Comentarios 7

Jesús García Sánchez, editor de Visor, Mara Torres y Ángel González.

Jesús García Sánchez, editor de Visor, Mara Torres y Ángel González.

LGM
​​​​​​Este enero se cumplen diez años desde que falleció el poeta Ángel González, miembro del grupo poético del 50 y figura clave de la literatura de posguerra. En este número, algunos de sus (numerosos) amigos le rinden homenaje y recuerdan su obra.​ La periodista y escritora Mara Torres recuerda aquí su primer encuentro, literario y personal, con el poeta. 
___________________


Érase un ángel fieramente humano que se presentó en mi casa un domingo de 1997, cuando yo todavía vivía con mis padres, existían las pesetas y se compraban los periódicos. Mi padre subió del quiosco el diario y me dio el suplemento dominical para que lo leyera mientras tanto. El País Semanal dedicaba un reportaje a la poesía española contemporánea y allí, en aquellas páginas de revista, de golpe y sin previo aviso, me topé con “Quise”. “Quise mirar el mundo con tus ojos/ ilusionados, nuevos/ verdes en su fondo/ como la primavera./ Entré en tu cuerpo lleno de esperanza/ para admirar tanto prodigio desde/el claro mirador de tus pupilas./Y fuiste tú la que acabaste viendo/el fracaso del mundo con las mías”. Recorté el poema con los dedos, lo puse en un corcho que tenía en la pared al lado de la cama y me dormí mirando el trozo de papel sujeto con la chincheta. En esos nueve versos estaban todos los temas que me interesaban: el amor, el paso del tiempo, la esperanza, el fracaso, el realismo social y el deseo. Acababa de enamorarme, y ya sería para siempre, del poeta Ángel González.


Mi primer libro suyo fue Poemas, una edición que el autor hizo para Cátedra y compré poco después de aquel domingo, en agosto del 97. Abrí al azar por “Me falta una palabra…” (“La necesito: ¿no veis / que sufro?”) y doblé la esquina de la página para seleccionarlo. Salté a otro: “Me basta así” (“Creo en ti/ Eres./ Me basta”), y también doblé la esquina de la página. Otro: “El conformista” (“Cuando era joven quería vivir en una ciudad grande. /Cuando perdí la juventud quería vivir en una ciudad pequeña./Ahora quiero vivir”) y doblé la esquina. Otro: “Canción para cantar una canción” (“Esa música… /Insiste, hace daño/en el alma”) y doblé. Y así fui haciendo con “Es la felicidad lo que hoy lamento”, “Muerte en el olvido”, “En ti me quedo”, “Eso era amor”, “Nada es lo mismo”, “Porvenir”, “Dos homenajes a Blas de Otero” —a quien robo un título en este artículo—, “Estoy Bartok de todo”… Hoy, al revisar aquel primer poemario, compruebo que tiene todas las páginas marcadas y asumo que nunca he podido elegir un poema de Ángel González porque me gustan todos.


Sin que él lo supiera, a partir de aquel verano vino a vivir conmigo. Se instaló en las estanterías, encima de la cama, en la mesa del salón, en el cuarto de baño. Recorrí junto a él infinitos estados de ánimo: si la madrugaba era oscura, él la iluminaba; si había ruido, lo convertía en música; si tenía pena, me acompañaba hasta dentro de la tristeza. Cuando necesité reírme, me enseñó a hacerlo de mí misma; y cuando algo me desconcertaba, aportó la reflexión y la ironía. Ante la desesperanza, ponía el convencimiento; ante la aspereza del mundo, la amistad; y si tenía sed, me ponía una copa. Recuerdo una de esas en las que me estaba muriendo (ya no recuerdo de qué, intuyo que de amor, era veinteañera) y él dijo serenamente que para vivir un año era necesario morirse muchas veces mucho. En asuntos humanos, el ángel era un fiera.

Un día, Luis García Montero, a quien agradezco tantas cosas que no me caben en ningún texto, me invitó a cenar a su casa. “Estaremos Almudena y yo, y vienen también Ángel y Susi”. “¿Qué Ángel?”, pregunté. “Ángel González, así le conoces”. Casi me da un infarto. Me puse tan nerviosa que no se me ocurrió otra cosa que llevar una botella de champán que compré en el Vips de la calle Fuencarral porque se me olvidó que bebía whisky. Después de aquella cena, vinieron otras y en todas fui testigo de lo que significaba Ángel González para sus amigos: cuando caía la noche, se convertía en la luz de la hoguera.

Al apagarse él, se apagaron todas las luces.

Uno de los poemas más tristes que conozco se titula “Caída”, es el último poema del libro póstumo Nada grave, publicado por Visor cuando Ángel ya no estaba (“Y me vuelvo a caer desde mí mismo/ al vacío, / a la nada./ ¡Que pirueta! / ¿Desciendo o vuelo?/ No lo sé./ Recibo/ el golpe de rigor, y me incorporo./ Me toco para ver si hubo gran daño,/mas no me encuentro./ Mi cuerpo ¿dónde está?/ Me duele sólo el alma./ Nada grave”), y si este cuento tuviera un final inventado yo no sería lectora, sino poeta, para poder haber curado sus heridas tal y como él hizo tantas veces con las mías.

*Mara Torres es escritora y periodista. Su último libro, Los días felices (Planeta, 2017). 

Volver a Los diablos azules
LA AUTORA Correo Electrónico


Hazte socio de infolibre



7 Comentarios
  • Berbel Berbel 23/01/18 21:29

    Gracias Mara, un artículo precioso.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    0

  • monstruo monstruo 23/01/18 20:54

    Precioso, hay tantas formas de amar!!!

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    0

  • irreligionproletaria irreligionproletaria 22/01/18 00:02

    "El poema de los 82 años. A. González (1925-2008) De nada grave (2008)
    Ha pasado casi un siglo,
    soy un señor antiguo.
    O mejor,
    lo que queda de un señor;
    unos restos
    desvaídos,
    algún gesto
    que pretende ser cortés.
    Es poco, pero algo es.
    Dicen que el agua pasada
    no mueve molino.
    Pero el río de la vida
    que pasó
    sigue moliéndome vivo,
    hecho polvo
    enamorado
    del agua,
    del agua aquella,
    cuyo murmullo lejano
    aún oye mi corazón."

    Gracias Mara, por un arlo extraordinario.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    0

  • J.A.Palacios J.A.Palacios 20/01/18 01:59

    ¡Qué artículo! ¡Qué historia tan hermosa! No le falta nada. En apenas cincuenta líneas una historia con su presentación de personajes, su nudo y su desenlace y el lector queda embelesado tanto por la historia como por la maestría, belleza y cariño con las que está escrita. No es poesía pero se le acerca, y ahí están igual que en los nueve versos del poema “Quise” todos los temas que le interesaban: el amor, el paso del tiempo, la esperanza, el fracaso, el realismo social y el deseo; que son en definitiva la vida. Muchas gracias

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    4

  • ivanovic ivanovic 20/01/18 01:10

    Maravilloso! Acabo de conocer a Ángel y me lo traeré también a mi casa.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    3

  • M.T M.T 19/01/18 13:04

    Excelente homenaje y recordatorio. Gracias.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    6

  • Rollon Rollon 19/01/18 09:31

    Mara, gracias por un artículo tan humano y emocionante. Has conseguido en breves líneas expresar lo que muchos hemos sentido a leer a Ángel. Sólo envidiarte porque yo no le conocí personalmente, pero basta su poesía, es así. Gracias, por este excelente artículo.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    7

Lo más...
 
Opinión
Oferta anticrisis
 
Sociedad de amigos

Ya puedes ser accionista de infoLibre

Cargando...
Cualquier ciudadana o ciudadano interesado en sostener un periodismo independiente como garantía democrática puede participar en la propiedad de infoLibre a través de la Sociedad de Amigos de infoLibre.
facebookLibre