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Los libros

La economía que viene

  • Crítica del hipercapitalismo digital aborda las relaciones de los avances tecnológicos con la dinámica socioeconómica y las posiciones de poder
  • Albino Prada advierte sobre las tendencias monopolistas que se desarrollan en el mundo digital y el castigo político o mediático a quien disiente

Publicada el 21/06/2019 a las 06:00 Actualizada el 20/06/2019 a las 21:44
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Crítica del hipercapitalismo digital
Albino Prada

Catarata
Madrid

2019
  Este ensayo aborda las relaciones de los avances tecnológicos con la dinámica socioeconómica y las posiciones de poder. Este triángulo está en el núcleo de las transformaciones históricas desde el siglo XIX, pero ahora vivimos una fase donde la intensidad de los cambios en este conjunto de interrelaciones (y en cada uno de sus componentes) hace tambalear las versiones dominantes en la ciencia económica y política sobre esta cuestión.

El desconcierto interpretativo desde finales del siglo XX se ha ido llenando con análisis inevitablemente parciales, algunos de los cuales forman parte del bagaje con el que el autor se adentra en esta compleja tarea. Con ello y con la búsqueda del propio autor, este libro avanza en la aportación de evidencias sobre los procesos que se están desarrollando y en la identificación de sus consecuencias, que han estado propagándose probablemente con mucha más rapidez que los análisis interpretativos. De ahí la oportunidad de este trabajo.
Bien entendido que no estamos ante una teoría globalizadora ni ante un programa político (aunque se apunten elementos posibles para ello), sino ante un producto que responde a las preguntas y necesidades de un momento especialmente confuso, donde lo más sustancial comienza precisamente por la identificación de los datos y preguntas más relevantes. Podemos animar a los lectores a adentrarse en estas cuestiones concretando algunos de los asuntos abordados en este libro.

El optimismo tecnológico y la ausencia de precaución social con las consecuencias de los avances

Las revoluciones tecnológicas poderosas suelen acallar los análisis de riesgos y de las repercusiones económicas, sociales y ambientales que no sean manifiestamente positivas. Y ello a pesar de que todo avance puede admitir teóricamente diferentes soluciones en términos de derechos y relaciones sociales vinculadas, e incluso diferentes alternativas científico-técnicas. Pero estas cuestiones suelen quedar aparcadas o ser arrastradas por la potencia de la ola innovadora.

El autor advierte así sobre las tendencias monopolistas que se desarrollan en el mundo digital y sobre el castigo político o mediático a quien disiente: desde competidores menores o agentes afectados que estaban ocupando ese espacio hasta iniciativas de carácter público o colaborativo que se entrometen en la dinámica principal. Siempre sobre la base de que así se competirá mejor. De esta forma, en unos pocos años se ha configurado un conjunto de ganadores a escala mundial (perceptible en el valor bursátil alcanzado por estas corporaciones tecnológicas). La espectacularidad y rapidez de los resultados ha favorecido el olvido o marginación de las consecuencias sociales.

La transformación del empleo

No es un hecho históricamente nuevo que las grandes innovaciones arrastran nuevas demandas en los requerimientos formativos de los trabajadores y en las formas y tiempos de los trabajos. El relato “clásico” nos dice que la innovación arrastra inicialmente destrucción y reorientación de los empleos, a lo que sigue el incremento de la productividad y, posteriormente, un escenario con unas variables económicas que (históricamente) permiten mejorar las condiciones de trabajo (duración de las jornadas, etc.). Y, paralelamente, por cierto, propiciando movimientos demográficos entre países y continentes.

Para el caso actual, las novedades y preguntas que se tratan en el libro van en varias direcciones. Por ejemplo, se observan grandes diferencias salariales por profesiones (en cantidad y calidad de empleo) o la tendencia a la quiebra de fórmulas de protección social basadas en los salarios (cotizaciones a la seguridad social). Alrededor de todo esto, el autor nos presenta  algunos dilemas que forman parte de la primera línea de las preocupaciones sociales: ¿Qué fórmulas (nuevas) se pueden buscar para compatibilizar las exigencias de la competitividad internacional con la creación y conservación de empleo doméstico digno? ¿Cómo se puede corregir el anacronismo de que las empresas que (en el sistema actual) crean más empleo y retribuyen mejor sean las que más contribuyen a la protección social?¿Cómo abordamos simultáneamente la cuestión de la renta básica y la conveniencia de redistribuir el trabajo entre los activos? Estas (y otras cuestiones, como la de los falsos autónomos) serían algunos de los asuntos que deben formar parte de los equilibrios sociales y económicos del futuro.

Globalización y políticas nacionales

En el escenario de libre circulación de capitales (que ha contribuido sin duda al crecimiento a escala global) se producen dos efectos principales en los países industrializados: se desplazan empleos y dejan de recaudarse impuestos (por la búsqueda de fiscalizadores más "amables"). Ante ello, las políticas nacionales se han adaptado con lentitud y/o baja intensidad.

En este contexto, las políticas nacionales se tornan: a) ineficaces en temas sociales centrales como el empleo y la calidad de vida (con notorios efectos, por ejemplo, sobre las clases medias); b) encarnizadas, en cambio, en debates sobre temas ideológicos, que los ciudadanos perciben frecuentemente como cuestiones periféricas; c) ciegas o incapaces en los equilibrios territoriales internos. Así, socialmente el poder real se visualiza en otro lado, y el control de la información y del conocimiento (tan cercanos a la digitalización) resulta decisivo. Analizar las estrategias que se desarrollan desde estos núcleos monopólicos forma parte de los objetivos de este ensayo.

Ideología y sociedad en la era digital

Esta fase de impulso tecnológico está conviviendo muy bien con el pensamiento neoliberal: el Estado nacional está adelgazando y dimite (en parte) de su función social equilibradora, plegándose a la estrategia de grandes corporaciones; y mientras tanto nuevos (o no tan nuevos) valores se asientan en las sociedades y en las estrategias de los individuos. Estaríamos viviendo un regreso a un Estado guardián, con pérdida de capacidad de regulación, mientras se generan nuevas situaciones sociales con alto grado de desequilibrio o desigualdad. En paralelo, valores como la colaboración y la solidaridad quedan aparcados ante la prevalencia de los criterios de eficiencia, ganancia, competencia y éxito.

En este contexto, el autor se detiene especialmente en la tendencia a admitir que la distribución sea fijada esencialmente en  el mercado (haciendo caso omiso de los eventuales fallos derivados de la monopolización) mientras los programas sociales correctores chocan con otros objetivos o compromisos económicos (control de la deuda, etc.). Y ya que se abren nuevos espacios o situaciones de mercado, se observa cómo servicios públicos básicos del Estado de Bienestar (y la igualdad de oportunidades) pasan a ser presentados como sospechosos de despilfarro permanente antes que como colaboradores o prestadores necesarios para ese bienestar social. En esta tesitura, hasta se justifica la apropiación casi gratuita por parte de grandes corporaciones o intereses privados del conocimiento generado desde organismos de carácter público (pagado por todos).

Propuestas para un nuevo equilibrio social

Si se admite el escenario dibujado hasta ahora, el control centralizado de las tecnologías y las tendencias en empleo y distribución dejan en el aire el eventual efecto positivo de los nuevos avances tecnológicos sobre la mayoría social (en términos de equidad e igualdad distributiva). Las disfunciones resultantes entre lo global y lo local se concretan en varios aspectos: mayor dependencia externa de los aprovisionamientos básicos (alimentos, energía); grandes desequilibrios por países en términos de soberanía tecnológica; pérdida de fortaleza de los sistemas financieros nacionales; impacto global de los desequilibrios en los flujos migratorios y las respuestas exclusivistas de muchos países receptores.

En un contexto tan tenso y complejo, el autor propone algunas líneas básicas (fiscales y sociales) para poder transitar hacia ese nuevo equilibrio. La primera de las líneas implicaría replantearse la fiscalidad tanto a escala internacional como estatal/nacional. En un caso buscando la armonización (algo especialmente factible y necesario en la UE) y en otro corrigiendo los desequilibrios ligados al tratamiento de las rentas y propiciando sistemas de pensiones que corrijan la excesiva dependencia del empleo, ahora en situación más incierta y desigual.

La segunda línea básica se refiere a las ocupaciones y las rentas. Respecto a ello, el autor nos invita a reparar en el modelo japonés, donde parece encontrarse una visión inclusiva de determinados estratos de la población activa (segmentos de edad o de cualificación), especialmente castigados por las nuevas tendencias. Paralelamente, nos plantea una revisión de los mecanismos de redistribución y equilibrio (con la renta básica universal en el punto de mira), proponiendo una visión que ponga el acento no tanto en la subvención de empleos, sino en la situación de no-trabajo, buscando nuevos contratos inclusivos, sobre la base de marcar como objetivo la integración frente a la marginación social.

Si el lector encuentra motivación en estas reflexiones, en el libro de Albino Prada podrá encontrar muchos más datos y argumentos. Todo ello en un discurso de fácil lectura, por veces con lenguaje muy cercano, y donde la economía es el hilo conductor, y la preocupación por el equilibrio social el horizonte en el que se plantean las preguntas relevantes.
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*Manuel Varela Lafuente es catedrático de Economía Aplicada.

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