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Mantener la llama sin quemarse

  • No puedes ser así se construye desde la imbricación entre la lucidez y los sueños, la vocación de alegría y la conciencia de las heridas del mundo
  • Hay otro tema fundamental en el poemario, el amor entendido como modelo de convivencia íntima y social: "La vida sin amor no se comprende"

Publicada el 28/05/2021 a las 06:00 Actualizada el 28/05/2021 a las 12:38

No puedes ser así
(Breve historia del mundo)

Luis García Montero
Visor
Madrid
2021

Un nuevo libro de Luis García Montero es un acontecimiento y un motivo de alegría para sus numerosísimos lectores. Eso sucede con No puedes ser así (Breve historia del mundo) (Visor, 2021), que desde el primer poema, "Sin vocación de triste", anuncia su carácter inevitable: "Este libro me estaba esperando igual que una sombra,/ dispuesto a saltar sobre mí desde cualquier esquina./ Y no hay remedio". Cualquier escritura auténtica es irremediable en el sentido de insoslayable, igual que un animal o una sombra que nos asalta en cualquier esquina. All time is unredeemable, decía Eliot, y si este mundo nuestro es irredimible, tematizar poéticamente su historia convulsa, sus heridas y su vulnerabilidad también se hace inevitable. De hecho, se transita por "las inevitables esquinas del mundo", siempre corporeizadas en la poesía de Luis García Montero, hechas piel y pensamiento. El verso toca la piel del mundo y "la piel del tiempo" ("Las horas"). Con la piel y el pensamiento se toma conciencia de "aquello que me acecha y desconozco" ("Señas de identidad") y también de la historia que se ceba siempre con los cuerpos. Somos lo que conocemos y lo que desconocemos, albergamos la alteridad de una manera íntima, pegada a la piel. La estrecha unión entre cuerpo y razón es la base de la vida y la poesía, como leemos en "La casa": "el instinto se vuelve pensamiento", "En cada uno de nosotros vive/ un misterio carnal,/ la respuesta que somos/ incluso a lo que no tiene respuesta./ Por arrimar la llama a mi memoria,/ hace ya muchos años/ que la llamo poesía".

Las devastaciones contemporáneas remiten a los mitos bíblicos y a Homero. Asistimos así en "Adán y Eva" a "la historia/ resumida en dos cuerpos", los de los refugiados expulsados del paraíso que intentan alcanzar y en "Helena" al delirio de Agamenón que desató la guerra de Troya por "fundar su poder/ en el nombre de Helena". Como se afirma con estremecedora claridad en "Olympe de Gouges", "la geografía humana de los sexos/ tiene mucho que ver/ con la historia que intenta separar/ un corazón y una cabeza". La autora de la Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana, en réplica a la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, nacida al calor de la Revolución francesa y que excluía a las mujeres, fue guillotinada: "Razonable manera de acercarse a la muerte,/ propia de una cabeza/ que se desprende de su corazón,/ igual que se alejaban/ el calor del hogar y las tribunas,/ los cuidados del hijo y el poder,/ la tierra, los despachos y el político". En "El ángel de la historia", homenaje a la célebre y lúcidamente triste imagen de Walter Benjamin, leemos que hablar de la historia es inseparable de mirarse a los ojos y tocar otro cuerpo. Muy lúcido es también el poema "Piénsalo": "No hace falta/ que te arranques la piel/ o me arranques la piel,/ que te cortes la lengua/ o me cortes la lengua,/ que te borres el sexo/ o me borres el sexo,/ para que descubramos/ que tú y yo/ pudimos ser iguales".

Desde la imbricación entre la lucidez y los sueños, la vocación de alegría y la conciencia de las múltiples heridas del mundo se formula una poética donde la duda se concretiza en la actualización del célebre enunciado "E pur si muove" de Galileo. En el poema homónimo se repite "Y sin embargo…", y este "Y sin embargo… ", en íntima relación con el ángel de la historia de Benjamin, apunta a la constatación de la fractura, la grieta, la fisura de los sueños: "Pasó la Inquisición./ En esta parte de la historia/ ya no hay libros sagrados,/ la ciencia y la conciencia/ tienen buenas ideas, sus derechos,/ la libertad, la paz./ Y sin embargo…".

Hay otro tema fundamental en No puedes ser así, el amor entendido como modelo de convivencia íntima y social. "La vida sin amor no se comprende", leemos en "El virus" y en el epígrafe del libro, una cita de Juan Ramón Jiménez que afirma que "la vida social sin amor, sin comprensión mutua, no debía de comprenderse tampoco". El yo que afirma, en "En otra caverna (habitación 5427)", "Hablo solo de mí, de lo que nunca/ puede tener sentido si me faltas", sabe que tanto el amor privado como la convivencia pacífica son una cuestión de piel. Recordemos que Fedro es el único diálogo platónico en el que Sócrates defiende que la locura amorosa es útil para el bien común, ya que el respeto, la ternura y la compasión que son propios del enamorado representan cualidades adecuadas para la convivencia social.

Tal vez no sea descabellado afirmar que la escritura de Luis García Montero, en la que la corporeización de todos los elementos es fundamental, sea una escritura desde el cuerpo, muy presente hoy en numerosas autoras y deudora de la célebre noción de "escritura femenina" que Hélène Cixous formuló en 1975. Las palabras de Cixous aluden a la inscripción del cuerpo en la escritura no solo en sentido físico, biológico, sino también de lugar de enunciación, de producción de un discurso cultural. La "vitalidad desesperada" de raigambre pasoliniana que se reclama en "Canción Pasolini" (reivindicada también en Vista cansada) apunta a una cuestión clave a nivel íntimo e histórico: buscar los sueños colectivos y ser consciente de su posible deriva histórica, lograr alcanzarlos sin hacer daño y sin que los sueños le hagan daño a uno. Hay unos versos magníficos en este sentido en "No puedes ser así": "Estás aquí, has recibido el fuego./ Quizá todo consiste en mantener/ la llama sin quemar y sin quemarte". Mantener la llama sin quemar y sin quemarse es sin duda lo máximo a lo que podemos aspirar en este mundo tan acongojado.

 

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