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Foro Milicia y Democracia

El paracaidista en la farola

Publicada el 13/10/2019 a las 12:24 Actualizada el 13/10/2019 a las 13:27
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El día de la Fiesta Nacional se celebra el 12 de octubre porque este día se conmemora la llegada de Colón a América a finales del XV, por la proyección lingüística y cultural fuera de Europa de lo que desde ese momento acabaría siendo España, y porque en aquella época asistimos a los prolegómenos autóctonos de lo que hoy entendemos como esa forma de organización política que es el Estado.

La ley  –la Ley 18/1987– consideró que la concurrencia de esos tres elementos justifica la celebración del 12 como Día de la Fiesta Nacional. Según su redacción, que no dista mucho de la Ley franquista de 1958, los tres conformarían "momentos de la historia colectiva que forman parte de nuestro patrimonio histórico, cultural y social común".

Los antecedentes de este Día de la Fiesta Nacional son el Día de la Raza (en cuya conmemoración de 1936 tuvieron Millán Astray y Unamuno sus más y sus menos), y el Día de la Hispanidad; denominaciones que, tras varias vicisitudes, acabaron vinculadas sin género de dudas a posiciones católicas y reaccionarias.

Con estos antecedentes, no debería extrañar que a algunos nos parezca que, llegada la democracia, el mantenimiento de la fecha del 12 de octubre no sea la idea más feliz e integradora de un sistema político constitucional que, por definición, debe ser plural e inclusivo. Más aun teniendo en cuenta lo que la misma Ley reconoce que tenemos "un pasado complejo y una nación diversa".

Las fechas, en todo caso, pueden resignificarse, cambiando lo que se hace con ellas, dándoles un contenido distinto, un sentido diferente o al menos matizado al que determinó su origen. Pueden resignificarse, o no. Y en el caso de la Fiesta Nacional, no se ha hecho.

Más allá de las cuestiones territoriales y los límites mentales de unos cuantos –probablemente ni muchos ni pocos–, lo que de verdad impide que la Fiesta Nacional tenga un sentido aceptable, no es, en lo fundamental, que se celebre el 12 de octubre. Lo que lo impide es su formato. El protagonismo exclusivo que este da a los militares y a la monarquía –y me atrevo decir, a la capital, Madrid– aleja la connotación civil y plural que debería caracterizar una celebración así.

Habría que contratar anuncios y decirlo en los telediarios: el 12 de octubre no celebramos el Día de las Fuerzas Armadas. Este es en mayo. Lo del 12 es, debería ser, diferente. Debería celebrar una trayectoria histórica, cultural y política, discutible (como la de cualquier país), singular y propia. Y en esa trayectoria, debería celebrar lo que nos une como nación, en la medida en que pueda hablarse de esta con un mínimo de sentido y respeto.

Pero, año tras año, no es así. A pesar de que hay pequeños gestos de apertura civil –se abren gratuitamente algunos museos, se organiza algún concierto, se propone alguna charla– el acto fundamental del 12 de octubre es un desfile militar por la columna vertebral (si al menos fuera por la espina dorsal, que decía Sánchez Ferlosio) de la capital de España. Un acto precedido en las vísperas por publicidad que nos habla de las Fuerzas Armadas y –este año– de sus logros tecnológicos y su vocación por la paz. Un desfile en cuya retransmisión no se habla de España ni de nuestro patrimonio cultural y social, sino de los militares, de su historia, de su trabajo, de su importancia. No en vano la Fiesta es organizada por el Ministerio de Defensa.

Lo he escrito otras veces. La celebración y consolidación de la unidad de esa idea política y jurídica que es España solo cabe buscarla en lo que tienen en común sus gentes y sus territorios, realmente diversos. Y ese denominador común, a día de hoy, no son ni las Fuerzas Armadas ni la Policía Nacional ni la Guardia Civil. Son las líneas muy marcadas de una cultura compartida que se silencia por intereses políticos de unos y otros (aunque más por unos que por otros). Y es el marco de convivencia llamado Constitución.

En la oscarizada película El violinista en el tejado (Jewison, 1971), la imagen del músico sobre los techos de las casas es la metáfora de la inestabilidad de las comunidades judías en la Rusia zarista. A veces veo así a España, como a un país que, a pesar de sus cuarenta años en democracia, no ha alcanzado la estabilidad suficiente para poder sacar a un dictador fascista de su mausoleo oficial, o para celebrar la Fiesta Nacional con algo más de sentido común.
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6 Comentarios
  • passarola passarola 20/10/19 10:13

    Es imposible hacer pais si no se depuran las responsabilidades y consecuencias de la guerra civil de 36.
    De hecho las instituciones nacionales estan dominadas y plagadas de pesebreros que se siguen beneficiando al estado/pais, entonces y ahora. Y esta tan denostada celebracion significa para un muy alto porcentaje de ciudadanos españoles una reafirmacion de los valores fascistas que provocaron ese episodio aun por juzgar y depurar.
    Ya va siendo hora de ser valientes y poner los puntos sobre las ies y a quienes se benefician al estado chuleando a la bandera en la carcel. Solo asi haremos patria

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  • jorgeplaza jorgeplaza 13/10/19 16:17

    Si la Fiesta Nacional fuera el 6 de diciembre y sin desfile, ¿acudirían los dos Presidentes separatistas? Nop, con pe, que dice mi hijo pequeño. ¿Y Pablo Iglesias? El de los indignados, desde luego que no. Del travestido de los últimos debates electorales, tengo alguna duda, pero me inclino a creer que tampoco.

    ¿Hay entonces tanta diferencia entre el 12 de octubre y el 6 de diciembre? Pues no: los mismos que consideramos aceptable el 12 de octubre veríamos bien el 6 de diciembre. Y los que rechazan la misma idea de España ven mal cualquiera de las dos fechas. Poco ganaríamos con el cambio.

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    • Adaja Adaja 14/10/19 03:22

      Vuelve a leer el artículo, porque no has entendido nada.

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  • Janubio Janubio 13/10/19 15:49

    De acuerdo totalmente con el contenido del artículo. Y, de mi cosecha, añado que estos homenajes a las fuerzas armadas son un ejercicio más de la hipocresía del estado y del gobierno de turno.
    El acto únicamente sirve para satisfacer el ego y la soberbia de los altos mandos , cuyos intereses están totalmente distanciados de los de la población en general.
    Muchos miles de personas que componen esas fuerzas armadas son en su mayor parte asalariados precarios de la empresa de los generales. No creo que estén contentos de hacer de adorno en esos desfiles en las deplorables condiciones que tienen que sufrir.
    Y que hacen los ministros para garantizar la integridad de las mujeres en el ejército? Y eso que ha habido unas cuantas ministras de defensa, incluida la actual. Y que hacen los gobiernos por dar un mínimo amparo a los accidentados, muertos y dependientes a causa de su trabajo?
    Por lo que yo sé es tapar lo más gordo y desentenderse de lo menos mediático. En definitiva, hipocresía pura y dura. Eso si, la mascarada la paganos a escote. (Menos mal, a escote nada es caro).

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  • Ambon Ambon 13/10/19 13:51

    Totalmente de acuerdo con el articulista. La fiesta nacional en el período democrático actual es el 6 de diciembre con la aprobación de la actual Constitución en referendum.

    Si queremos tener otra fiesta nacional podremos abrir un debate sobre si es mas adecuado un hito histórico u otro, incluso podremos mantener como festivo el 12 de octubre buscándole un significado que nos una con todos los pueblos hispanos e ibéricos, día del español, día de la solidaridad entre los pueblos ibéricos y americanos, día del encuentro de los mundos o lo que nos dé la gana, lo que no es de recibo es que se celebre con un desfile militar, las fuerzas armadas ya tienen su día, cosa que no tienen ni los trabajadores de la sanidad, ni de la educación, ni los torneros fresadores, cualquiera de ellos mucho mas importante para el bienestar de los españoles.

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    • FGR FGR 13/10/19 15:34

      Estoy de acuerdo en quitarle la dimensión militar al 12 de octubre y dejarlo como Día de Iberoamérica. El desfile militar, el Día de las FAS. Pero, los militares no están para el bienestar de una nación, aunque contribuyen en gran medida, sino para su Defensa.

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