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Alivio social, no exaltación nacionalista

Publicada el 01/05/2019 a las 06:00 Actualizada el 03/05/2019 a las 12:10
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El 26 de julio de 1945, el carismático primer ministro conservador Winston Churchill fue severamente derrotado en las urnas por el modesto líder de la oposición laborista Clement Attlee. Churchill daba por hecha su victoria electoral: él había dirigido desde Downing Street el tremendo esfuerzo del pueblo británico en la Segunda Guerra Mundial, un esfuerzo que acababa de culminar triunfalmente con el derrumbe del Tercer Reich. Sin embargo, una amplia mayoría del electorado británico decidió que Churchill se había ganado una buena jubilación, que ya había pasado el tiempo de su discurso épico y belicista, de su retórica de “sangre, sudor y lágrimas”, de sus llamamientos a persistir por el camino de la grandeza nacional e imperial. Esa amplia mayoría prefirió la oferta de Attlee: había llegado la hora de hablar menos de Gran Bretaña y más de los británicos, el momento de que los ciudadanos cosecharan los dividendos de la victoria frente a Hitler en forma de mejores salarios, de trabajos más seguros, de pensiones de jubilación dignas, de una sanidad, una educación y un transporte públicos y eficaces.

La mayoría de los españoles votamos el pasado domingo en un sentido semejante. Queremos cobrar los dividendos del enorme sacrificio de las clases populares y medias en esta larga década de crisis. Nos ha gustado que Pedro Sánchez, estimulado y apoyado por Unidas Podemos, haya puesto el acento desde el verano de 2018 en la agenda social, en intentar arreglar cosas concretas que alivien nuestros sufrimientos. Deseamos que siga así, como lo hace el Gobierno de izquierdas portugués desde hace un tiempo. Sin alarmar a los amos del universo, que ya vimos en Grecia lo crueles que pueden ser. Pero deshaciendo injusticias y desigualdades flagrantes. El nuevo Gobierno de Sánchez bien puede hacerlo. El mundo no se ha derrumbado sobre nuestras cabezas porque el domingo hayamos preferido a la izquierda. Y la actitud de Pablo Iglesias, Irene Montero, Alberto Garzón, Juantxo López de Uralde y compañía está siendo sensata y cooperativa.

Los españoles hemos rechazado el camino que proponía el Trifachito: el del exacerbado nacionalismo rojigualda. Las tres derechas deseaban que el 28 de abril plebiscitara su visión tremendista, casi guerracivilista, del conflicto catalán. Proponían que castigáramos a Sánchez porque había cometido el “pecado” de intentar dialogar con los independentistas catalanes, que le sancionáramos porque, a diferencia de Casado, Rivera y Abascal, él se negaba a arrojar gasolina al fuego. Y no lo hemos hecho. En absoluto. En la cuestión territorial también hemos preferido la sensatez, el pragmatismo, el reformismo. Las banderas no llenan la nevera, ni pagan el alquiler, ni curan las enfermedades.

La derrota del Trifachito es aún más espectacular si se piensa que su intento de imponer la cuestión catalana como el gran tema del 28 de abril contó con el apoyo militante de la mayoría de los grandes medios de comunicación, esos diarios de papel, emisoras radiofónicas y cadenas televisivas que dan inmensos titulares a un abucheo o la quema de una papelera en Cataluña, como si fueran tan graves como la caída de las Torres Gemelas. Y no lo son, cualquier democracia que se precie puede vivir con una cierta conflictividad. Exagerar las cosas no es periodismo, es puro y simple amarillismo. Y el amarillismo siempre obedece a ideologías e intereses concretos.

Imagino la cara de chasco de algunos dirigentes zorrocotrocos del PSOE al comprobar el domingo que, a pesar de sus apocalípticos augurios, su partido no se había hundido catastróficamente en las urnas porque Sánchez hubiera ganado la moción de censura a Rajoy con el apoyo de los independentistas catalanes, ni porque luego hubiera charlado en un par de ocasiones con Torra. Resulta que la gente no es tan gilipollas, que una mayoría de los españoles entiende perfectamente que el diálogo no es rendición ni traición.

El Trifachito es la España que asusta a la mayoría de los españoles. Ha dado mucho miedo, ha provocado la movilización de los progresistas –tibios o menos tibios– y no ha pasado. El  faltón y agresivo PP de Casado se ha dado un batacazo monumental, incluso el resultado de la ultraderecha de Vox ha estado muy lejos de esos sesenta diputados que algunos le atribuían. La palabra alivio ha sido muy pronunciada en España –y fuera de España– desde la noche del domingo. Tenemos una ciudadanía menos desnortada, más sagaz que aquellas que en otros países han llevado al poder a Trump, Bolsonaro y Salvini, y al borde del poder a Le Pen. Y parece que esta ciudadanía guarda la memoria colectiva de que la Transición se hizo con pactos y componendas, con cesiones de unos y otros. No gritando ¡A por ellos!

En la noche del lunes,  Ignacio Sánchez-Cuenca hizo en El Intermedio una observación que suscribo: a Sánchez le ha ido bien cada vez que ha sido valiente y se ha rebelado. Cuando se negó a apoyar la investidura de Rajoy a pesar de lo que le exigían el Ibex35, el Grupo Prisa y los felipistas y zorrocotrocos de su propio partido, y renunció a su acta de diputado. Cuando se presentó a las primarias del PSOE como el candidato de las bases de izquierda contra el establishment concentrado en torno a Susana Díaz. Cuando presentó la moción de censura contra Rajoy sin tener garantizada su victoria. Cuando se reconcilió con Podemos y propuso el diálogo en el asunto catalán. Cuando en esta última campaña electoral optó por no fomentar la guerra de las banderas y propuso un programa de mejoras sociales.

Ahora –lo estamos viendo desde el lunes por la mañana– los mismos actores que se conjuraron para expulsar a Sánchez del liderazgo del PSOE le presionan para que gobierne por el centroderecha, con el apoyo de Ciudadanos, y no por el centro izquierda, con el de Unidos Podemos. Es natural: el Banco Santander y compañía tienen muy claros sus intereses, que no son necesariamente los del común de los mortales. Ellos desean contratos precarios, sueldos bajos y despidos baratos. No quieren pagar ni un céntimo en impuestos. Y  prefieren que el gasto público se destine a rescatar bancos, autopistas y petroleras en apuros, y no a asuntos sociales.

Y también es natural que los grandes medios de comunicación jaleen ese deseo de que Sánchez repita la escena del sofá con un Rivera cuya palabra, ya lo sabemos, no vale un colín. Al fin y al cabo esos medios son propiedad de sus dueños y no de sus periodistas y su público. Pero si Sánchez termina escogiendo esa vía, no solo defraudará a los militantes socialistas que en la noche del domingo le decían alto y claro ¡Con Rivera, no!; también lo hará a los millones de votantes del PSOE, Unidos Podemos, Compromís y otras fuerzas que, como los de Clement Attlee en 1945, desean una legislatura de alivio socioeconómico y recuperación de libertades y derechos, no de exaltación nacionalista.
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31 Comentarios
  • Ambon Ambon 02/05/19 17:59

    Si Pedro Sánchez, después de su propia experiencia, llega a un pacto de legislatura con C's, ya pude ir buscando un tapón para el desagüe porque los militantes y los votantes se le van a ir a chorros.

    El puede gobernar en minoría con lo que llaman "geometría variables" unas leyes se pactan con unos y otras con otros, es mas, el desmontaje del Estado del Bienestar ha sido tan enorme en estos años de crisis y de Rajoy que solo con proponer su reconstrucción creo que incluso para algunas de las derechas les será dificil explicar a sus votantes porqué no apoyan determinadas propuestas.

    Pedro Sánchez está en una situación ideal, para avanzar por donde el quiera avanzar y poner pegas a los avances en otra dicrección alegando su bajo número de diputados, pero debería tener cuidado porque también puede acabar cabreando a todos y en ese caso, mas le vale que elija a quien cabrea.

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  • jorgeplaza jorgeplaza 02/05/19 00:16

    ¡Ay, la aritmética! Si entre UP y PSOE tuvieran diez actas más, hasta estaría por una vez de acuerdo con Valenzuela. Pero, por desgracia, sumados no tienen más que 165. Incluso sumando PNV y retales autonómicos (¡seis partidos en total!: difícil coalición) no tienen mayoría absoluta: se quedan en 175. En cambio, la suma de solo dos partidos (PSOE+Cs) sí da mayoría absoluta: 180. Es muy difícil, casi imposible, digan lo que digan los empresarios, esa coalición PSOE+Cs (y no por las reiteradas declaraciones de los bocazas de Cs, que eso tiene fácil olvido) sino porque Cs, que lo ve más cerca que nunca, no va a desistir en su empeño de sustituir al PP al mando de la derecha y ese objetivo es evidentemente incompatible con una alianza con el PSOE. Tal vez hubiera alguna posibilidad si fracasara la investidura de Sánchez en primera y segunda votación (no es imposible porque en España somos especialistas en ir contra el primero y podrían votar estrictamente todos los partidos en contra del PSOE: en eso no tendrían las derechas inconveniente en votar con los separatistas), pero hoy por hoy parece remota.

    Repito: basta contar para darse cuenta de que una coalición formal del PSOE con UP no garantiza en absoluto un Gobierno estable, contra lo que predica un Pablo Iglesias a quien le interesa que Sánchez ceda para así, con la propaganda que supondría entrar en el Gobierno, poder disimular el desastroso resultado electoral de UP. Porque malísimo es para cualquier partido que no sea UP y cualquier líder que no sea Iglesias perder 29 escaños de 71 que tenían (bajada de más del 40%, solo superada por la de más del 50% del PP). ¿O no lo es?

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  • Dossy Dossy 01/05/19 19:20

    Apoyo sus reflexiones y su ánimo. Espero que el Sr. Sánchez no caiga en la trampa de los poderososy pacte con U.Podemos

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  • GRINGO GRINGO 01/05/19 18:35

    Esperemos que, por el bien de la gran mayoría del país, los pactos y la orientación del nuevo gobierno sea hacia la izquierda, porque además de lo que comenta Javier, desgraciadamente ya atesoramos demasiadas desilusiones con el PSOE en los últimos 40 años...

    Han sido, y Pedro Sanchez tiene la oportunidad de cambiar éso, un partido que ha prometido una cosa y, o no la ha hecho, o ha hecho lo contrario. Mejor no volver a recordar los compromisos de la moción de censura, y sus logros......

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  • ESCEPTICOUTÓPICO ESCEPTICOUTÓPICO 01/05/19 18:21

    "Las banderas no llenan la nevera, ni pagan el alquiler, ni curan las enfermedades"... Siempre lo he pensado así. Pero hay gente que las usa como metralletas.

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  • itnas itnas 01/05/19 17:00

    Excelente artículo Sr. Valenzuela. A mí me parece que no solo al Sr. Sánchez le va bien cada vez que se ha rebelado, le va bien a cualquiera de nosotros que esté convencido de lo que hace y de que se haya demostrado insostenible la situación contra la que se rebela. Me alegraría mucho constatar que, a pesar del batacazo de UP, el Sr. Sánchez siga rebelándose y vea quién es buen compañero de rebelión.

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  • Ataio Ataio 01/05/19 13:13

    Inmensa alegría leerte de nuevo itnas. Un abrazo.

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    • itnas itnas 01/05/19 13:52

      Gracias por tus palabras. Otro para tí.

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  • javi49 javi49 01/05/19 13:12

    Magnifico artículo! Certera visión del momento, Sr. Valenzuela, añadiré que como viene siendo habitual en sus escritos. Y he disfrutado al leer de nuevo la palabra “zorrocotroco”, ha sido como un viaje en el tiempo, a los momentos de la Transicion cuando se usaba habitualmente para referirse a ciertos líderes de la izquierda. Esos especímenes continúan, lamentablemente 

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  • Ataio Ataio 01/05/19 13:08

    De nuevo mi agradecimiento Javier, mi enhorabuena y mi ánimo para seguir siendo como eres.
    Tu e Ignacio aportáis a este medio las mejores dosis ( no las únicas ) de honradez y rigor periodístico.
    No sé que debemos hacer los no creyentes para sustituir el rezo. Lo que quiera que sea hagamoslo con intensidad para que la elección de Sánchez no abunde en la mentira-Psoe sino en la verdad de Unidas Podemos.
    PD: Salud y República!

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  • bidebi bidebi 01/05/19 12:08

    2.2
    De la misma forma, se nos quiere publicitar la “verdad” de que el gobierno del llamado PSOE supone una gran esperanza para el progresismo español. Es decir, se nos quiere hacer creer. Se nos quiere hacer presentar al llamado PSOE como una creencia religiosa. La “verdad” de la creencia religiosa es la existencia de dioses en un cielo imaginario. La “verdad” sobre el PSOE es que supone una gran esperanza para el progresismo. Sin embargo la realidad nos dice el hacer de ese partido durante cuarenta años, su sociedad e hipotecas con los poderes económicos y su casi nulo hacer en estos meses desde la moción de censura. Por lo tanto, se nos vende una creencia religiosa llevada a la política. De la misma forma que la ignorancia del ser humano sobre su propia existencia hace aconsejable la esperanza de la creencia religiosa, el desastre actual de España hace aconsejable la esperanza de creer en el mesías Sánchez. Y es que sin esperanza en algo la vida se hace muy difícil. Y en España más. Pero no es la verdad, porque la realidad nos dice que no puede ser.

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    • micanuto micanuto 01/05/19 12:53

      Si, como dice el dicho, la esperanza es lo último que se pierde

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