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La historia rima

Lecciones de la 'nueva normalidad' de 1945

Publicada el 30/05/2020 a las 06:00

La imagen convencional de que 1945 fue un “Año Cero” para Europa ha sido desmontada en los últimos años por diferentes historiadores. No lo fue, en primer lugar, para la amplia región de Europa Central y del Este, que vio cómo la mayoría de sus países pasaban, en una historia de continuidades y rupturas, de la ocupación nazi a la ocupación comunista.

Europa Central y del Este fue el principal campo de batalla de la Segunda Guerra Mundial. La población de Polonia y Yugoslavia fue diezmada. Los países Bálticos, Polonia, Yugoslavia y Hungría quedaron en ruinas. En Varsovia el 85 por ciento de sus edificios fueron destruidos. El déficit de modernización era más grande que a comienzos del siglo XX. La agricultura y la industria descendieron a niveles del siglo XIX. Todos esos países que habían luchado contra su atraso y posición periférica cayeron en un profundo abismo. El exterminio de los judíos y la expulsión de la población étnica alemana significó la desaparición de la mayor parte de la vieja clase y la cultura burguesa, y facilitó la reconstrucción de la sociedad por las élites comunistas. Todos esos países, excepto Yugoslavia, pasaron de ser multiétnicos a tener poblaciones casi homogéneas.

Tampoco lo fue para España y Portugal, donde Francisco Franco y António Oliveira de Salazar, ya en el poder como dictadores antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial, pudieron seguir después de acabada durante tres décadas más. Desde el punto de vista de la democracia y de las libertades, España, Portugal -además de Grecia desde 1967 a 1974- y la Europa Central y del Este, desde la frontera austriaca hasta los montes Urales, desde Tallin hasta Tirana, quedaron fuera de esa complaciente descripción del continente -instalado en la “Edad de Oro” de la democracia tras la anterior “Era de catástrofe”- que procedía fundamentalmente de Gran Bretaña y Francia.

En esos países, y en otros de Europa Occidental y del Norte, la violenta derrota del militarismo y de los fascismos allanó el camino para una alternativa que había aparecido en el horizonte de Europa Occidental antes de 1914, pero que no se había podido estabilizar después de 1918. Era el modelo de una sociedad democrática, basada en una combinación de representación con sufragio universal, estado de bienestar, con amplias prestaciones sociales, libre mercado, progreso y consumismo. Estados Unidos había avanzado antes de 1939, con el New Deal, por ese camino, aunque con fuertes desigualdades sociales y la ausencia completa de derechos civiles para las minorías negras.

Volver a la “normalidad”, sin embargo, no fue fácil. Durante los últimos meses de la guerra y los dos primeros años de la posguerra, cientos de miles de personas -fascistas, colaboracionistas, ultraderechistas- fueron víctimas de una extrema violencia retributiva y vengadora, con un amplio catálogo de sistemas de persecución: desde linchamientos a sentencias de muerte, prisión y trabajos forzados.

Las purgas, los asesinatos y sobre todo la expulsión y deportación de millones de personas produjeron un trastorno demográfico enorme en Europa Central y del Este. La práctica de deportar minorías nacionales no comenzó con la Segunda Guerra Mundial. La Primera Guerra Mundial, las revoluciones y guerras en Rusia y el intercambio de población greco-turca en 1923 constituyeron puntos vitales de referencia en las décadas anteriores. Pero la Segunda Guerra Mundial rompió todos los registros. Según el pionero estudio de Eugene M. Kulischer, unos 55 millones fueron desplazados por la fuerza en menos de una década, 30 millones como resultado de la invasión nazi y el resto como consecuencia de la derrota alemana. En los dos años posteriores al final de la guerra, 12.5 millones de refugiados y expulsados de los países del Este llegaron a Alemania.

La inmediata posguerra estuvo plagada de tensiones y contradicciones. El mercado negro y el crimen aumentaron. Muchas familias y las relaciones sociales habían sido destruidas. El trabajo escaseaba e integrar a soldados, refugiados y evacuados resultó muy difícil. Las desigualdades se manifestaron entre poblaciones nativas y refugiadas, ciudades hambrientas y el mundo rural, deportados, refugiados y quienes habían permanecido en sus casas. Con ciudades y vidas destruidas, estudiar en escuelas y universidades fue imposible para muchos y el reparto de bienes y servicios no llegaba. Bajo esas condiciones, en un escenario de división e inicio de la Guerra Fría, se produjo el último de los grandes éxodos de una empobrecida Europa, con dirección casi siempre a América.

Es evidente que el Plan Marshall estimuló, desde 1947 a 1956, el camino de la recuperación, sirvió a los intereses estratégicos de Estados Unidos como primera potencia mundial, a la vez que mejoró las vidas de muchos ciudadanos europeos. Desde finales de los años cincuenta Europa Occidental experimentó un largo período único de crecimiento, de oportunidades para los trabajadores, incluidas por primera vez las mujeres, en las fábricas, en la sociedad y en la educación. Los sindicatos alcanzaron su apogeo de influencia, a la vez que los conflictos de clases se difuminaban ante el avance del consumismo, los cambios de valores y la secularización. Millones de inmigrantes acudieron desde los países periféricos de Europa a los más industrializados. La descolonización ocasionó también un importante movimiento de población pobre a las antiguas metrópolis.

Las democracias que salieron de la victoria sobre el nazismo edificaron un sistema de inclusión social, de estado de bienestar, de mayor protección e igualdad, que, tras años de sufrimiento y sacrificio, se convirtió en el modelo inequívocamente europeo. Tras la catastrófica primera mitad del siglo XX, muchos intelectuales y políticos soñaron con recuperar “una benigna versión de la modernidad”, en palabras de Konrad H. Jarausch, que otorgara abundantes beneficios en vez de causar muertes y destrucción. Se trataba también de reducir los peligros de las versiones más extremas del nacionalismo, militarismo y autoritarismo.

Esas tendencias autoritarias y militaristas no desaparecieron del todo y permanecieron durante décadas en Portugal, España y Grecia, pero la transición desde la violencia brutal, el militarismo y los criminales de guerra a una era estable de constitucionalismo político hicieron comprender a muchos ciudadanos europeos que si los fascismos hubieran ganado, el curso posterior de la historia hubiera sido diferente. Las estructuras sociopolíticas que permitieron y estimularon la acción violenta como fenómeno central de Europa entre 1912 y 1945 desaparecieron. La distribución más justa de recursos, el acceso universal a la educación y la criminalización de la política de odio y exclusión funcionaron como antídotos de las utopías salvadoras y bloquearon la posibilidad de que los “hombres de la violencia”, los responsables de millones de muertes, ganaran posiciones dominantes de nuevo.

No fue fácil volver a la “normalidad” tras 1945 y tampoco lo será ahora en medio del océano de desgracias que está dejando el covid-19 en una buena parte del mundo. Pero esto no es una guerra con decenas de millones de muertos y violencia extrema. Y los caminos que se abrieron en algunos países occidentales deberían servir de guía: criminalización de la política de odio y exclusión, distribución más justa de recursos y Estado de bienestar. Si el odio, que se está sembrando, germina, y la Unión Europea no es capaz de reforzar los pilares en los que se basó su fundación, la democracia, ya frágil, será derribada. Son lecciones de la historia, para quien las quiera escuchar.

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Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza.

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18 Comentarios
  • Dver Dver 03/06/20 22:32

    Aprovechando la ocasión que nos brinda el excelente historiador Julián Casanova, y también porque en estos días se ha producido un hecho completamente fascista del cual ha pasado completamente desapercibido en los medios este aspecto (me refiero a los criterios de exclusión de personas en geriátricos madrileños; otra forma de discriminación aparte de los de origen, raza, religión, etc. Aspecto que se puede leer entre líneas en el articulo del profesor Casanova), me parece oportuno hacer publicidad del breve ensayo de Umberto Eco "Contra el fascismo". En este corto libro Eco identifica una serie de características consustanciales con el "fascismo eterno". Características que siempre tienen como consecuencias las magníficamente ilustradas por Casanova. Porque todo lo que este profesor relata no es algo que cayó del cielo, un camino natural que hubo que seguir, sino que tales acciones ominosas fueron premeditadas y consentidas por los gobernantes de ambos lados. Si en un lado se escogió una ruta, fue con premeditación y alevosía, y lo mismo pasó en la otra, donde el estado liberal impuso sus normas sobre las relaciones sociales basadas en un concepto de propiedad absoluta intocable. Es claro que la reconstrucción significó también en ciertos lugares una redistribución de la riqueza, hecho necesario si se le quería enfrentar al fascismo estalinista, aunque no se puso la misma fuerza contra el fascismo español y portugués, ya que aquí no se ponía en solfa la propiedad absoluta de las cosas. Pero, visto desde la perspectiva de la distancia temporal, era evidente que los estados comunistas tal y como se concibieron fracasarían, y que el consumismo y la secularización "per sé", aún acompañados de una instrucción educativa generalizada y una democracia constitucional, no iban a ser capaces de poner freno a la acumulación de riqueza extractiva y la desigualdad que produce la libertad absoluta del concepto de propiedad, que hoy en día se pone por encima del Bien Común. Lean, por favor, "Contra el fascismo" de Umberto Eco. Un corto ensayo divulgativo del fascismo que llevamos dentro sin que nos demos cuenta, pero que produce las consecuencias que relata Casanova.

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  • Aserejé Aserejé 01/06/20 17:11

    Excelente analisis de la historia, q deberia ser objeto de estudio oblugatorio en los colegios e institutos. Tambien para los iletrados de las derechas extremas españolas, pero eso es pedir demasiado. Gracias Profesor y gracias InfoLibre.

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  • José Luis53 José Luis53 31/05/20 15:28

    Así es, señor Casanova. Las señales de alarma se prodigan por todas partes. Lo lamentable es que, como con la pandemia que actualmente padecemos, dichas señales sean banalizadas y desmentidas. Al igual que con la pandemia, cuando  se manifieste por completo, será tarde.
    No se está tomando en serio. Se considera un juego en el que se banaliza las señales de peligro inminente.
    En todo caso, algunos como usted lo habrán denunciado

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  • Sugrañes21 Sugrañes21 31/05/20 13:02

    Es muy difícil condensar un siglo de historia europea en un solo artículo, Julián Casanova lo hace de forma magistral, como suele. Los últimos 3 párrafos son un corolario que los políticos de hoy deberían llevar grabado a fuego en sus neuronas

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  • SirDrake SirDrake 30/05/20 22:44

    No sé como se ha triplicado mi comentario, ni entiendo el mal funcionamiento del sistema de votación ( ya ha votado usted este comentario, falso ) no pueden mejorar la calidad de este sistema de subir comentarios y de votación, a nadie le agrada ver tres veces el mismo comentario cuando solamente se ha enviado una vez, ni no poder votar un comentario al que apetece dar apoyo y el sistema se lo niegue, rogaría que
    mejorasen si es posible estos defectos, gracias.

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  • SirDrake SirDrake 30/05/20 22:36

    Interesante, ilustrativo y para mí que desconozco la historia, educativo.
    Pero como he leído en una pintada en pared blanca, " No podemos volver a la normalidad, porque la normalidad era el problema " me identifico en ella, una educación pobre sin igualdad de oportunidades, una sanidad saqueada, debilitada, privatizada, una justicia de impunidad que siempre castiga a los mismos, politizada y secuestrada por la derecha más radical, un indice de pobreza que nos retrotrae a la postguerra, uno de los mayores indices de parados de Europa, unos servicios sociales que ni se ven ni se esperan, etc.
    Una clase política vividora, privilegiada y carente de empatía con el pueblo, esa normalidad era y es el problema.
    Gracias profesor por ilustrarnos, Salud.

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  • SirDrake SirDrake 30/05/20 22:36

    Interesante, ilustrativo y para mí que desconozco la historia, educativo.
    Pero como he leído en una pintada en pared blanca, " No podemos volver a la normalidad, porque la normalidad era el problema " me identifico en ella, una educación pobre sin igualdad de oportunidades, una sanidad saqueada, debilitada, privatizada, una justicia de impunidad que siempre castiga a los mismos, politizada y secuestrada por la derecha más radical, un indice de pobreza que nos retrotrae a la postguerra, uno de los mayores indices de parados de Europa, unos servicios sociales que ni se ven ni se esperan, etc.
    Una clase política vividora, privilegiada y carente de empatía con el pueblo, esa normalidad era y es el problema.
    Gracias profesor por ilustrarnos, Salud.

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  • SirDrake SirDrake 30/05/20 22:36

    Interesante, ilustrativo y para mí que desconozco la historia, educativo.
    Pero como he leído en una pintada en pared blanca, " No podemos volver a la normalidad, porque la normalidad era el problema " me identifico en ella, una educación pobre sin igualdad de oportunidades, una sanidad saqueada, debilitada, privatizada, una justicia de impunidad que siempre castiga a los mismos, politizada y secuestrada por la derecha más radical, un indice de pobreza que nos retrotrae a la postguerra, uno de los mayores indices de parados de Europa, unos servicios sociales que ni se ven ni se esperan, etc.
    Una clase política vividora, privilegiada y carente de empatía con el pueblo, esa normalidad era y es el problema.
    Gracias profesor por ilustrarnos, Salud.

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  • jsanleon jsanleon 30/05/20 19:51

    Excelente articulo del profesor Casanova. Qué importante es conocer nuestra historia, sobre todo en viviendo en un país afectado de una grave falta de memoria.

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  • Emilion Emilion 30/05/20 19:09

    No tengo yo capacidad para para procesar este aluvión de datos.
    Quizás no sea pertinente hacer en este artículo alguna referencia al egoísmo de las potencias vencedoras y el abandono en que dejaron a los republicanos españoles, permitiendo seguir durante cuarenta años a los golpistas vencedores de la guerra civil, con la ayuda del fascismo al que acababan de derrotar en toda Europa.
    Leí ayer un artículo de la prensa americana, lamentando el avance de la extrema derecha en España, ahora se dan cuenta. De aquellos polvos estos lodos.

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