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Beber lejía

Publicada el 01/08/2021 a las 06:00

Con alguna frecuencia recuerdo la invitación del presidente Trump para combatir con lejía el coronavirus. Inyectarse o beber lejía para provocar la desinfección es una forma notable de pensar en el cuerpo, la ciencia y el tejido de causas y efectos que conforman la realidad. Se parece mucho al esperpento esta conocida dinámica de bulos, mentiras, noticias falsas, ocurrencias, denuncias y verdades alternativas que caracterizó el discurso de un empresario de la comunicación metido a político.

Pero conviene recordar que el esperpento fue una creación literaria de Valle-Inclán destinada al conocimiento de la sociedad que habitaba. Exageró el poder imaginativo y estético de su modernismo porque sólo a través de una deformación consciente podía comprender una realidad ya deformada. La deformación de lo deformado puede clarificar el sentido de los acontecimientos.

Debajo de los sucesos diarios hay una dinámica impuesta que nos aconseja beber lejía. Lo pienso al leer los comentarios desatados por el hecho de que una gimnasta joven, la primera –según parece– del mundo, abandone una competición olímpica presa de la angustia y la presión de su responsabilidad.

En un primer momento caigo en la tentación de comparar esa angustia con el famoso miedo a la página en blanco que dicen sentir muchos escritores. Luego tengo que reconocerme a mí mismo que siempre he considerado ese miedo como una leyenda tramposa en manos de los amantes del martirio. La conciencia crítica y la voluntad de escritura suelen relacionarse con la alegría más íntima en la vocación de un escritor. No me imagino a Valle-Inclán sufriendo mientras escribía, aunque sí sé que se angustió mucho al buscar escenarios para sus obras teatrales.

Descartado el miedo al oficio y pensando en la representación del éxito, he recordado que hace unos años me caí en el foso de un teatro. Por andar descuidado en un ensayo, me rompí la rodilla izquierda y el hombro derecho. Pasé las mañanas de aquel verano en una clínica de rehabilitación junto a una joven gimnasta que había llegado a competir en las Olimpiadas de Londres de 2012. Al quejarme yo de mi cuerpo de hombre que se acercaba entonces a los 60 años, el fisio me dijo que aquella casi niña tenía los tendones y los músculos de una mujer de 80.

Sí, bebemos lejía. Distorsionamos la inocencia de los juegos, mercantilizamos los cuerpos. Y no sólo nos pasan factura mental las competiciones exigentes, sino también una alta gama de deterioros físicos. Ni mente sana, ni cuerpo sano. Aquel lema de que lo importante es participar fue desbordado hace años por un deseo de ganar como único sentido de la competición. Medicaciones peligrosas, esfuerzos al límite, ejercicios poco saludables, drogas, aislamientos, aparecen de vez en cuando en las noticias, en la lógica del secreto, porque la investigación contra las malas sustancias va siempre acompañada de la investigación para encontrar sustancias que no sean descubiertas en una investigación… Bebemos lejía, somos un esperpento y un trabalenguas.

Y es que la vida es una competición, un concurso, en el que cada vez tiene menos importancia la convivencia y más valor el triunfo, ya sea debido a la suerte, al mérito o a la trampa. Bebemos una idea de la libertad que tiene poco que ver con los marcos de la igualdad y mucho con la ley del más fuerte. Basta encender el televisor y disfrutar de las programaciones convertidas en un concurso general. La cocina, la supervivencia, la música, los refranes, las palabras son materia exitosa de concurso. Si triste es acercarse a los alimentos en nombre de la competición, y no del hambre, más triste es para mí que se confunda la cultura con el aprendizaje de palabras raras y poco usadas en las conversaciones de la gente. Empieza con b, en náutica, cajeta de amugilar. ¡Baderna! Aunque lo peor de todo es cuando suena la música y presentadores, concursantes y público, se ponen a bailar en un mundo que se piensa feliz.

Acabo este artículo y decido ir a la playa para quitarme el sabor a la lejía. No con la mar salada, sino con los cuerpos de mi playa democrática. Gordos, gordas, fofos, fofas, esqueléticos, esqueléticas, jóvenes deslumbrantes, viejos, viejas, tullidos, tullidas, todos juntos a la orilla del mar. Mi playa en el sur, por fortuna, no sabe de concursos de belleza y no se plantea qué es eso de ser el primero o la primera del mundo.

 

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16 Comentarios
  • La RAF La RAF 03/08/21 16:40

    Insuperable artículo!!! Mucha salud para seguir ahí observando la vida y contándolo!!!

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  • La RAF La RAF 03/08/21 16:40

    Insuperable artículo!!! Mucha salud para seguir ahí observando la vida y contándolo!!!

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  • Chinchirina Chinchirina 01/08/21 20:20

    D. Luis, que a los del Madrid, os da lo mismo que juegue bien o que juegue mal. Que tenéis a Casemiro que lo que mejor hace es dar patadas y simular faltas.
    Veo algún partido de futbol y lo que no aguanto es lo de las banderas. Hasta me dan pena cuando se lían en ella o la besan.

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  • Isa. Isa. 01/08/21 15:22

    Qué sentir ahora en tu playa democrática, Luis...? Después de haber llenado mi corazón rebosante ya con Adrián Ben y Ana Peleteiro! A Simone Biles le quebró la presión por ser una ganadora, y la solución no será decirle que lo es gane o pierda.. porque no tiene porqué serlo. Qué año tan contradictorio y a la vez tan sentido. Para mí.

    Somos Trabalinguas e Vagalumes.. chin chin

    Chispa chama
    Recendeia
    Descandeia
    Refaísca
    Desfagulha
    Recentelha
    Desatiça
    Recintila
    Descorisca
    Relampeia
    Desestrela
    Reacende
    Reluzente
    Desilude
    Renitente
    Vagalume
    Manhã
    Manhã
    Manhã
    Manhã
    Êêh
    Manhã
    Manhã
    Pisca-pisca pesca o olho com a luz da sua isca
    Quando apaga recomeça como o ar que se respira
    Fogo fôlego varia como água que respinga
    Uma coisa tão pequena pode transformar a vida
    Manhã
    Manhã
    Manhã
    Êêh-ôôh
    Manhã
    Manhã
    Uãh-uãh-uãh-ãh
    Uãh-uãh-uãh-ã-ãh


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  • Silk Road Silk Road 01/08/21 12:45

    Hace varios cuatrienios que evito prestar atención a los Juegos Olímpicos. En mi caso es, sobre todo, porque son una exaltación del nacionalismo y yo aborrezco el nacionalismo. Pero, enlazando con lo que dice Luis, la presión que sufren los atletas olímpicos es mucho mayor que en cualquier otra competición, porque llevan sobre sus hombros el peso de todo un país que se quiere sentir orgulloso de hazañas deportivas sin moverse de su sillón.

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  • CinicoRadical CinicoRadical 01/08/21 12:44

    La " cultura " del Imperio inspirada en la Teología de la Prosperidad. TODO lo que tú deseas lo puedes conseguir.no seas un " Perdedor" .
    Individualismo criminal.

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  • El chipionero El chipionero 01/08/21 11:37

    Dependemos, cada día más, de los prejuicios de la sociedad norteamericana que uno de los "principios" más perseguidos es ser un ganador, un campeón. Y estos principios, cada vez más publicitados en las cadenas de TV y de Radio, están siendo introducidos en la mentalidad de nuestros jóvenes, que son muchos los que caen en depresiones, incluso en suicidios, por no poder alcanzar el ser el campeón o la campeona. Es triste querer imitar los aberrantes objetivos de otras culturas, cuando tenemos nuestra propia idiosincrasia.

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  • Anamaloa Anamaloa 01/08/21 10:59

    Mi nieto, de 8 años, al enseñarme un juego de cartas empezó diciendo: "el objetivo de este juego es ganar"; yo le contradije: "el objetivo de cualquier juego es disfrutar", pero no sé si me entendió

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  • manugarrote manugarrote 01/08/21 10:23

    estoy contigo, por edad conocí otros tiempos difíciles, no complicados como ahora, a los que nos lleva la competición y el consumo, y abusando de la manida frase: deberíamos de hacérnoslo mirar profundamente: al ir por el mal camino, salir del mundanal ruido y seguir la senda que sabios han seguido (aproximado lo dijo Fray Luis de León) Salud y que no decaiga tu buen escribir, felices vacaciones

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  • EdmundoXXI EdmundoXXI 01/08/21 09:05

    Excelente. No hay que asombrar al mundo con hospitales, ni creo que se eligiera Madrid capital, por ser la mejor. Tampoco hay que beber lejía, ni dejar dosis de vacunas sin administrar, menos todavía no intentar salvar vidas en una pandemia mundial simétrica (los protocolos indignos convirtieron las residencias en verdaderos campos de exterminio), tampoco hay que dejar UCIs sin utilizar,... menos todavía es retirar menús a los niños desfavorecidos...para darles pizza...
    ...
    Y después de esos desvaríos ir contra propios de su partido y extraños... sólo le faltan 26 millones de balas... eso fue lo que dio a entender.

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