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La unidad, valor de izquierdas

Publicada el 14/10/2021 a las 06:00

Decía el poeta valenciano Juan Gil Albert: “Solo hablando en nombre propio logra el hombre coincidir, si no con la verdad, que resulta una meta demasiado abstracta, con la autenticidad al menos. Ser auténtico vale tanto como ser verdadero y está más al alcance de nuestra buena voluntad”. Hablaré, pues, del próximo ciclo electoral español como lo pienso y como lo siento, sin pretender jamás que lo mío va a misa.

La unidad es el criterio que en estos momentos más valoro de cara a ese ciclo. La unidad de las fuerzas progresistas, quiero decir, que yo no oculto mi color. Intuyo lo que nos dirán todos en ese campo durante las próximas campañas electorales: que hay que impedir que la derecha/ultraderecha del nacionalismo españolista y el capitalismo gansteril añada el poder gubernamental a los muchos que ya tiene en su zurrón, desde el judicial hasta el mediático, pasando por el financiero. Dirán también que, para los intereses de las clases populares y medias, es importante que un Gobierno como el actual prosiga su acción de intentar corregir las injusticias, desigualdades y corruptelas más sangrantes de la patria.

Apruebo ambas ideas, pero no veo modo alguno de llevarlas a la práctica a partir del espíritu ególatra, sectario y cainita del Frente Popular de Judea. Me temo que una variedad descomunal de ofertas progresistas en los próximos comicios municipales, autonómicos y nacionales solo servirá para darles más concejales y diputados al PP y Vox, y menos a los progresistas. La ley electoral prima la cohesión y castiga la dispersión.

Los votantes de la derecha y la ultraderecha saben perfectamente que el PP de Casado o Ayuso, que ya veremos quién gana de ellos, y el Vox de Abascal se entenderán sin mayores problemas tras los comicios para formar mayorías de gobierno en ayuntamientos, comunidades autónomas y, si pueden, el Congreso de los Diputados. Los de las izquierdas, en cambio, vivimos con angustia las grescas del PSOE y Unidas Podemos tras las dos legislativas de 2019. A punto estuvieron de perder la mayoría relativa conjunta que alcanzaron en abril y noviembre por preferir subrayar lo que les separaba a los que les unía, un vicio tradicional de las izquierdas en nuestro país y en todo el mundo.

No tengo el menor problema en que el PSOE de Pedro Sánchez afirme en las próximas elecciones que busca mayorías absolutas para gobernar en solitario. Tiene todo el derecho a intentarlo, sí señor. Pero apreciaría que dejara claro como el agua que, de no conseguirlo, repetiría la actual fórmula de coalición gubernamental con las fuerzas nacionales a su izquierda y alianzas parlamentarias con formaciones como el PNV y ERC. Así es ahora eso que llamamos la España plural.

La experiencia de Sánchez, y la de tantos otros en la Unión Europea, demuestra que las coaliciones no solo son legales y legítimas, sino también útiles y hasta resistentes. Era patán negarse a practicar aquí esa fórmula por el mero hecho de que nunca se había hecho a escala estatal desde el restablecimiento de la democracia.

En el caso español, además, los dos años de vida del actual Gobierno demuestran que, si queremos que el PSOE practique alguna que otra política tibiamente socialdemócrata, conviene que gente más de izquierdas se siente en el Consejo de Ministros o, al menos, le apoye desde los escaños del Congreso. Así está ahora el centroizquierda europeo, necesitado de muletas.

En el campo de Unidas Podemos, sigo con simpatía los esfuerzos de Yolanda Díaz para intentar impedir que las fuerzas a la izquierda del PSOE ofrezcan en los próximos comicios una sopa de letras: Podemos, Izquierda Unida, Compromís, En Comú Podem, Más País, Recupera Madrid, Adelante Andalucía, etcétera, etcétera. Y agradezco que, en su reciente cónclave de otoño, Podemos haya expresado su voluntad de ceder protagonismo individual para contribuir a la más amplia propuesta de la vicepresidenta segunda, en estos momentos la política española más popular. Recuerdo que agradecí en su momento la generosidad de Pablo Iglesias al renunciar a cualquier cargo institucional y partidista, recomendar el nombre de Díaz y asumir que también se puede contribuir a la res publica desde el pensamiento y la comunicación.

Yolanda Díaz ha hecho saber que no persistirá en sus esfuerzos si, como se teme y es perfectamente posible, le van poniendo zancadillas los egos desmesurados de unos, la pasión por los particularismos de otros, el odio visceral hacia antiguos compañeros de tantos. Bien sabemos que tales bajas pasiones dominan a más de uno y una, a esos que prefieren mantener su propio chiringuito a federarse o confederarse.

Pero la correlación de fuerzas es la que es, y, a tenor de los sondeos, las izquierdas –el PSOE y la galaxia situada a su izquierda– no disponen de una mayoría tan amplia como para permitirse el lujo de seguir cultivando el fraccionalismo, de seguir prefiriendo caminar desde la diferencia que hacerlo desde la unidad. Todos y cada uno de nosotros, los progresistas, tenemos nuestros ideales, todos tenemos nuestras preferencias personales y políticas, pero, en mi opinión, si no queremos que vuelva Trump a la Casa Blanca, que siga Bolsonaro en Brasil, que Éric Zemmour o Marine Le Pen presidan Francia, que Casado o Ayuso ocupen La Moncloa con el apoyo de Abascal, debemos valorar la unidad. La hora es grave, en España y en todo el planeta.
 

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34 Comentarios
  • Rafael Santana Rafael Santana 19/10/21 20:15

    Yo también ruego porque así sea.
    Concentrémonos en lo auténtico, porque de la dispersión, no sacaremos nada.

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  • Makarenko Makarenko 15/10/21 21:26

    Esperemos que haya cordura política y se avance desde un programa común, que dada las circunstancias es bastante fácil de poner sobre la mesa. El problema es la tendencia suicida de la izquierda, que antepone intereses espúreos a la necesidad de defender los intereses de la mayoría desde una postura unitaria y exenta de personalismos. Espero que se tenga altura de miras y se sea consciente del momento histórico que vivimos, donde el capitalismo financiarizado, está dispuesto a reducir la democracia a una caricatura con tal de mantener su posición dominante.

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  • Piluco Piluco 15/10/21 20:23

    De acuerdo, toda la izquierda segregada, vamos toda la izquierda, porque el PSOE sin fu ni fa, debería hacer piña en torno a Yolanda Díaz, una mujer muy capaz, preparada, y ojala futura presidenta de este país, nos la merecemos, desgraciadamente lo veo complicado, hay mucho reyezuelo que quiere tener su parcelita.

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  • Epi Epi 15/10/21 08:40

    De acuerdo, Valenzuela. Espero que no se haga buena la Fábula de los Ratones y el Gato.

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  • Argaru Argaru 15/10/21 01:27

    Reflexionando sobre mi desconfianza sobre la política, he llegado a la conclusión de que, en realidad, lo que he perdido es mi confianza, si alguna vez la tuve, en mis conciudadanos. Uno no se hace misántropo (y lo confieso), sin ninguna causa justificada. He crecido en un país donde cuarenta años de democracia no han logrado borrar del imaginario colectivo cuarenta años de fascismo ordinario y el auge de VOX es una buena prueba ello. Un país, que rindió culto a la personalidad de un dictador y que ahora, por “inercia” de la costumbre, sigue ciegamente al líder de turno, sea este un genio de la política o un completo incompetente, no es sano. Sánchez no es ningún lince, pero si Casado o Ayuso llegan a La Moncloa, cualquier idiota puede hacerlo. Esto sólo se logra con una total y absoluta falta de educación en valores democráticos. Conscientemente, esta sociedad está fabricando ciudadanos muy bien cualificados, laboralmente hablando, pero “analfabetos” funcionales en plano político. Este tipo de ciudadano, que piensa que la política es ir a votar cada cuatro años, es un ciudadano más fácil gobernar y no le crea problemas ni a la élite dominante ni a sus partidos domesticados. Aunque una parte importante de esta ciudadanía confía su voto en el PSOE, hay un electorado que prefiere una opción más progresista y aquí “está la madre del cordero”, porque son verdaderamente incapaces de ponerse de acuerdo en unos mínimos. La experiencia de este gobierno nos dice que, en términos posibilistas, es bueno para una gobiernanza de izquierdas una coalición. Evidentemente, dependiendo de la correlación de fuerzas, un gobierno de coalición es más o menos progresista. Ya sabemos que el PSOE cuenta con la inercia del líder y sus años de gobierno, pero a su izquierda las cosas no están nada claras. Es más, teniendo en cuenta la tradición cainita y los egos desatados, soy bastante pesimista. Yolanda Díaz está haciendo una gran labor de cohesión, pero no me fío ni un pelo de que esto sirva para crear una sola y única candidatura a la izquierda del Partido Socialista. Debo recordar que se pudo dar “il sorpasso” y se dinamitó desde dentro. No obstante, nada me gustaría más equivocarme.

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  • Jose Espuche Jose Espuche 14/10/21 22:43

    Es muy malo los odios dentro de una organización política. Yolanda Díaz está en el ruedo político por con siguiente está al día informada. La esperanza es Yolanda y se esparrama adíos a los vientos de esperanza que llegan desde su cabeza. Es espectacular.

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    • SELLA SELLA 17/10/21 20:39

      Estoy 100% de acuerdo contigo. Espero, como tú, que el cainismo tan tradicional, no nos lleve a un nuevo fascismo-franquista. Hay muchos más de los que pensamos, deseándolo.

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  • Gulberri Gulberri 14/10/21 22:34

    De entrada, me uno y suscribo el contenido y espíritu del artículo del Sr Valenzuela, a quien agradezco poner sobre la mesa un asunto tan trascendentaly crítico para los intereses de tod@s l@s de izquierdas.
    De igual modo, quiero llamar la atención sobre la necesidad de no cuestionar a los que consideramos no tan de izquierdas como nosotr@s mism@s, si es que, realmente, queremos conseguir el objetivo de seguir gobernando este país y por ende evitar que vuelvan a hacerlo los que, con absoluta certeza, no son de izquierdas y persiguen objetivos radicalmente distintos. Por último, tengo la convicción de que la unión de las derechas es muy fácil, y desde luego muchísimo más fácil que la unión de las izquierdas, y no me sorprende en absoluto que sea así. La razón, a mi entender es obvia: el "pegamento" de las derechas es el dinero, y repartirse dinero provoca adhesiones y acuerdos fáciles de concretas; el de las izquierdas simplemente no existe, hay mucha filosofía, mucha teoría, muchos matices, muchas tonalidades, pocas cosas tangibles y demasiada elucubración, lo cual dificulta cualquier intento de confluencia. Si a todo ello añadimos que las izquierdas independentistas prefieren hacer causa común con las derechas independentistas, siendo como son tan necesarias para seguir gobernando España, la esperanza de una unidad total de las izquierdas se desvanece. En cualquier caso, y a pesar de todo lo anterior, la unión de la izquierda es absolutamente necesaria y debemos buscarla sin pisar los callos a l@s que no piensan exactamente como nosotr@s. Después de conseguir el objetivo común de seguir gobernando ya tendremos ocasión de matizar y disentir, pero después.

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  • Andrew Andrew 14/10/21 19:11

    Si la mirada y los focos de Yolanda parecen buena, solo falta que la dejen conducir.

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  • agua agua 14/10/21 18:38

    Totalmente de acuerdo con Javier Valenzuela , ahora estamos a tiempo de construir unidad huyendo de personalismos y miradas cortas. Esta legislatura es un ejemplo claro. Muy oportuna la reflexión y a difundirla.

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  • Jose Espuche Jose Espuche 14/10/21 18:22

    La unidad de la izquierda es imprescindible. En las elecciones de 1977 la izquierda llegó muy fraccionada. Hay algunos que entendemos es imprescindible la unidad de la izquierda pero otro piensan lo contrario. ¡¡Sin la unidad de la izquierda nos la pegan todas en mismo lado!! Haber si se convencen la militancia, porque de lo contrario estaremos siempre en el mismo sitio; sin avanzar. Doctores tiene la izquierda, para reparar el daño que hayamos hecho el conjunto de la militancia. No es hora de responsabilizar a nadie. Es tiempo de unir fuerzas.

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