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La mala política y el periodismo perverso

Baltasar Garzón
Publicada el 24/05/2020 a las 06:00

Hace más de dos meses que nos encontramos sumidos en nuestro particular Gran Hermano en el que las paredes de cada domicilio guardan las propias pasiones y rutinas, mientras en paralelo se desarrollan las historias singulares de millones de personas en otros tantos hogares de nuestro país y del mundo. La pandemia nos ha convertido por una vez en un universo de individuos que, desde la soledad, compartimos el miedo a la enfermedad y abordamos una vida extraña asimilada a velocidad de vértigo y a la que acompaña la incertidumbre por lo que vendrá después. Nos animamos, nos aplaudimos, nos mandamos emoticonos, vídeos, canciones, frases sacadas de cualquier parte, leemos y escuchamos los partes de sanidad con una especie de sordina y una cristiana resignación para los creyentes y un hartazgo total para los demás. Pero ahora, además, a las 21h suenan las cacerolas aporreadas por personas envueltas en banderas españolas. ¡Ah, las banderas!

Lo cierto es que tratamos de disfrazar nuestra inquietud, nuestro desasosiego, nuestro miedo frente a algo que no controlamos y que nadie controla, ni el Gobierno, ni la UE, ni la OMS, ni los mejores científicos y laboratorios, de momento. Tampoco sabemos cuánto durará, ni si vendrá una segunda y hasta una tercera ola, si retrocederemos de fase o si deberemos volvernos a confinar, mientras las finanzas merman y a ratos nos invade la desesperación. La gran duda que nos desborda es si cuando estemos en la nueva normalidad (expresión que detesto, con perdón) podremos encontrar las soluciones que aplazamos, los ingresos para nuestra economía familiar, el remedio para los corazones rotos, las separaciones impuestas, la ausencia de afectos, la exacerbación de la violencia, la desesperación por la falta de resultados, la frustración por no poder retomar nuestra vida anterior, tal y como la vivíamos antes de que el virus nos la arrebatara dejándonos al borde del precipicio económico en el que estamos, mientras, para colmo, quienes nos tendrían que proteger y guiar en este angosto camino (disculpen la expresión) nos joden. Sí, amigas y amigos, son cada vez menos los políticos que están a la altura de las circunstancias.

En estas condiciones, lo que antes era habitual, el encuentro con el vecino, el café con los compañeros en el bar, las reuniones en el trabajo, las citas con amigos, las comidas con los seres queridos, el placer de compartir la película en una sala en compañía de múltiples desconocidos, es decir, lo que nos hace parte de un colectivo, todo eso permanece en suspenso, y no sabemos si alguna vez lo volveremos a recuperar del todo. Hay quien ya dice que no. Esta mañana, cuando el reloj marcaba las 7.30, he salido a pasear con mi perro Nuk, un labrador chocolate cruzado con no se sabe quién. Nuk iba eufórico, pero yo avanzaba agobiado por la falta de fuerza en los pulmones, detrás de mi mascarilla y observando a las escasas personas que me encontraba. Poco a poco, la senda por la que caminaba se ha ido poblando de más gente. Miradas perdidas de quienes no iban protegidas, giros bruscos de quienes sí lo estaban y huían (se separaban) de aquellas; reproches en las miradas; algún que otro, "¡buenos días!"; escorzos para evitar ser atropellado por el enjambre de bicicletas y, eso sí, un día excelente con el sol asomando entre los pinos y encinas del lugar. Finalmente he podido soltar un rato a Nuk y este ha retozado celebrando su libertad, revolcándose en la tierra y entre los jaramagos exuberantes de esta primavera veraniega (que también preocupa). Todo estaba en calma e incluso bucólico con los mirlos y jilgueros trinando, como hacía mucho tiempo no escuchaba.

Finalizando mi paseo puse la radio y, en ese momento, el escaso tiempo idílico que he vivido conmigo mismo, con Nuk y la naturaleza rediviva, se me vino abajo. Ni siquiera los acordes del preludio de la Traviata de Verdi que voy escuchando me consuelan. De nuevo el agobio y la desesperación. En este punto y a partir de esta hora, entro de lleno en los sinuosos caminos de otra realidad, la realidad comunicada. Toca enterarse de las broncas políticas, de los desencuentros de Gobierno, de las descalificaciones de la oposición, de los rebotes de la patronal, de las discrepancias partidarias, de las frases lapidarias, de los aquelarres informativos. Es decir, la triste y cierta realidad que nos atenaza.

La comunicación fluye masivamente para todos, pero cada cual la recibe de manera personal y le impacta de manera diversa, lo que no supone necesariamente la conexión con el vecino. Un mundo diferente del que no es fácil salir ileso y que viene a resumirse en un pensamiento del filósofo coreano Byung Hul Chan cuando afirma que hoy en día prevalece la comunicación sin comunidad.

En este tiempo en que la comunidad desaparece, la comunicación se convierte en un arma formidable que despliega su capacidad de influir y transformar la apariencia en realidad, la mentira en verdad, haciéndonos dudar de qué es verdadero y qué no. En una situación tan excepcional como la que estamos viviendo, abundan los que mienten, los que manipulan, los que conscientemente saben que de esta forma alteran el equilibrio ciudadano y producen enaltecimientos que, en ocasiones, pueden llevar hasta la confrontación. La cuestión no es prohibirlos, sino desenmascararlos, descubrir sus artimañas y denunciarlas, educar y hacer pedagogía de la verdad contrastada.

Los medios informativos deberían cuidar la forma en la que proyectan lo que acontece, porque su responsabilidad es innegable en la formación de la opinión política y social de cada persona que sumadas configura la opinión pública. Es algo que conocen bien las fuerzas económicas propietarias de los medios de comunicación y de las redes sociales a nivel global que han convertido al usuario en un almacén de datos de donde obtener conocimientos sobre gustos e intereses, destinados a continuar alimentando el mercado.

Pero, si hay un espacio en el que la comunicación despliega su mayor capacidad de influencia es en la política. Quienes la ejercen, lo saben y aprovechan todas las posibilidades. Desgraciadamente, una parte considerable de las y los políticos no respetan siquiera el momento crítico que atraviesa la sociedad. Sus mensajes son todo lo contrario a las ideas de unidad, solidaridad o actuación común ante la tragedia. "En los políticos actuales está la naturaleza de lo mediocre", afirmaba el filósofo Alain Denault en una reciente entrevista. Y añadía: "…Pero ser mediocre no es equivalente a ser incompetente. Sino en ser del montón, no destacar. Lo que desaparece es la mente crítica. La política y las ideas han ido desapareciendo en favor de lo que los manuales de gestión llaman resolución de problemas y lo que se busca es una solución inmediata a un problema inmediato, que excluye cualquier pensamiento a largo plazo…".

Tienen la urgencia de evacuar del poder al oponente para asentar en el puesto las propias posaderas, para lo cual usan la falsa apariencia, la fatuidad y la mentira. Al igual que el hemiciclo, las tertulias radiofónicas y televisivas se convierten en un teatro de pasiones desbordadas en que se marca al enemigo y se le destroza. Nada es inocente. La ciudadanía asiste perpleja a las dentelladas dirigidas a la yugular de determinados profesionales que defienden como si les fuera en ello la vida los argumentos de los partidos con los que simpatizan.

El profesor Jesús Izquierdo escribía sobre este cinismo de los nuevos profetas en estas mismas páginas: "Ya nos vamos acostumbrando: ese elenco de políticos, periodistas y contertulios conservadores que nutren instituciones, radios y televisiones de pronóstico fácil se deja ver y escuchar; con la ventaja añadida de una audiencia sedienta de venganza por unos muertos que nunca deberían ser propiedad privada salvo que se pretenda esgrimirlos como justificación para un desquite injusto. Y sus palabras resuenan amplificadas en el golpeteo desleal de las caceroladas, con un sentido casi gregario, de tribu en fase rito de paso que busca su "libertad" en detrimento de la salud pública…".

Algunos políticos y periodistas han perdido la mesura, el equilibrio y la prudencia, virtudes olvidadas a las que hay que añadir otra ausencia notable: el respeto. Sus señorías se faltan al respeto verbalmente desde la tribuna. Los periodistas que siguen similares tácticas faltan al respeto hacia sus colegas y hacia el público. "Ahora mismo, mucho de lo que se llama periodismo es como un grifo del que sólo mana el grumo espeso del agua estancada. Y huele que apesta", escribía Alfons Cervera expresando en pocas palabras lo que muchos pensamos.

Estamos a expensas de lo que la televisión o Internet aproximan al universo personal de nuestro hogar en el que estamos confinados, sin el arrope de la comunidad que enmarcaba nuestro día a día para dotar de sentido a lo cotidiano. Nos encontramos al abrigo de la enfermedad, pero al descubierto de otro peligro que nos asalta en el salón de nuestra casa, originado por la mala política y transmitido por quienes se aprovechan del periodismo de forma perversa para incendiar el debate en unas condiciones de desigualdad que solo favorecen a las posturas y actitudes extremas y potencian los efectos del virus de la intolerancia que arrasa la democracia y abre la puerta al fascismo.

Mientras tanto, me consuelo con la Golberg Variations, BWV988, nº 7 de Bach y eso me hace seguir creyendo que algún día lograremos superar la mediocridad y hacer algo realmente positivo en favor de los demás.

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Baltasar Garzón es jurista y presidente de FIBGAR

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14 Comentarios
  • JAGiménez JAGiménez 25/05/20 21:25

    Sr. Garzón no voy a gradecer su escrito porque coincida con mis ideas sobre los medios de comunicación españoles. Agradezco su pensamiento libre para expresar en este medio ( que valoro en su independencia) lo que cree sobre la influencia que cierta información política genera en la construcción de la opinión de cada ciudadano.
    Con frecuencia observo conversaciones y comentarios ciudadanos en los que la gestión de la pandemia que el Gobierno lleva a cabo es causa de malestar , crítica exacerbada y rechazo. Y lo más triste es que esta posición se sustenta , en la mayoría de los casos, en opiniones, datos e informes comunicados que son aceptados de forma acrítica e irreflexiva, sin manifestar la menor duda de su veracidad (en el mejor de los casos), y sin la menor intención de ir más allá de lo que se nos ofrece como verdad. ¿De verdad estamos tan mal educados como lectores o espectadores? ¿ Es una realidad que la educación política del ciudadano medio sea tan mediocre?

    Me siento muy decepcionado con el mundo periodístico, en cualquiera de sus manifestaciones. Y en particular con la frecuente e interesada conducta de parte, que raya en la deshonestidad profesional, de quienes se consideran sus artífices.

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  • currante currante 24/05/20 13:50

    La prensa que tiene como objetivo desacreditar a un gobierno elegido en democracia . Con falsedades i bulos dice mucho de ella ,en especial los palmeros del PP i demas derecha extrema.

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  • leondebarro leondebarro 24/05/20 13:05

    MIRANDERO
    Particularmente solo pido información (OBJETIVA) de lo que ocurre, se que es una quimera pero es lo que me gustaría. No quiero información de partidos -de ninguna tendencia- , y si la clase política y periodística es de lo peor que en estos tiempos nos toca sufrir.
    A los políticos los elegimos (al menos yo) para que nos resuelvan los problemas a la ciudadanía, no para que nos creen mas.
    Los que se llaman periodistas se lo debían hacer mirar pues, desgraciadamente, son la voz de su amo en una inmensa mayoría.

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    • Mirandero Mirandero 24/05/20 19:15

      Teniendo en cuenta que la objetividad política no existe (al ser humano le resulta imposible desligarse de sus intereses personales y emocionales; estudios científicos así lo corroboran), mi anhelo es una emisora nacional que pretenda informar bajo el prisma de la igualdad social.

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  • ADL3 ADL3 24/05/20 12:18

    Se sentaron alrededor de una mesa un político (no representante), un banquero y un constructor (empresario). Hablaron y se fueron. De aquellas conversaciones la peor parte se la llevó el ciudadano; la mejor, el chismoso que estaba en la barra.

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  • M56 M56 24/05/20 11:31

    Llevamos dos días en los que solo se habla del pacto gobierno eh-bildu, y la irresponsabilidad del P.P., no apoyando la renovación del Estado de Alarma?. Pocos telediarios se han abierto con esta información. Gracias de nuevo Sr. Garzón.

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  • MASEGOSO MASEGOSO 24/05/20 11:29

    1/2 A esos políticos, por llamarles de alguna forma, que sólo les importan su meta en alcanzar poder y, su salario (inmerecido y pagado por aquellos a los que tratan de escoria) no se les puede pedir más.

    Pedirles meditación cuando su cerebro (en caso de funcionarles bien) solo ve poder y euros, ver como derrotan, por cualquier medio, al que hoy las urnas le han dado la facultad de gobernar. Sorprendido en el inicio de su gobierno de coalición por una pandemia de origen desconocido, pero de la que se desconoce todo lo demás, que ha tenido que asumir sin experiencia alguna en estas lides con la cantidad de contagios, fallecimientos, medios mermados por gobiernos neoliberales y ladrones como el PP que M.Rajoy heredo del insufrible Aznar, ausencia de medios de prevención para estas enfermedades y un largo etc. que no es necesario describir por ser ampliamente conocido.

    Ahora, surge la protesta, cacerola en mano, de las élites económicas que ven mermado su enriquecimiento monetario ya que, el enriquecimiento cultural solo les preocupa sí afecta a su dinero. Esa caterva de malandrines que heredaron de la sangre vertida, criminalmente, en la GC su actual status. Este Vox, amparado y creado por Aznar no es otra cosa que la grey heredera de los asesinos de FET y de las JONS que una vez, tomados los pueblos por el ejercito, indagaban y asesinaban a hombres mujeres y niños por el solo hecho de no “pensar” igual que ellos y en seguimiento del planteamiento de Mola Vidal que basó en el terror la eliminación de los “disidentes”

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  • M56 M56 24/05/20 11:26

    Estoy muy de acuerdo con vd. Sr. Garzón. Y con los distintos comentarios a su artículo. Lo que ocurre con los políticos, en la situación en que nos encontramos es para analizar por la psiquiatría, sociología, y por todos, es insoportable. Pero los medios de comunicación...... No los aguanto, me tienen harta, he renunciado a verlos o escucharlos, y no me refiero solo a los conservadores, no, son todos. Ya no hay información objetiva, toda es de parte. Objetivo, tumbar el gobierno actual. Hasta RTVE está en ello. ASCO de periodistas, ASCO de políticos.

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  • MASEGOSO MASEGOSO 24/05/20 11:26

    2/2 ¿Tendremos que sufrir las caceroladas y exhibición de medios de sus paseos a la tarde o manifestaciones autorizadas ?

    La manifestación. con medios idénticos a la sufrida ayer sábado 23 de Mayo, fue solicitada por los sindicatos para el día 1º de Mayo, recuerdo de los acontecimientos en Chicago (USA por la obtención de la jornada laboral de 8 horas. Rechazada por la justicia fascista de que disfrutamos en este país, los trabajadores no tuvimos la misma oportunidad. Al trabajador no se le tiene en cuenta al capital sí. Esa brecha abierta en estos aciagos días de pandemia pone en clara evidencia lo que aquí se soporta o no. El gobierno está tan ocupado que no ve estos detalles que marcan una diferencia y crean un abismo cada día más ancho.

    Siento vergüenza en el recuerdo de tantas personas que se dejaron algo más que la vida para impedir a estos hijos de puta campar por sus dineros.

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  • passarola passarola 24/05/20 09:41

    Y lo que es peor Sr. Garzon, ya se han cuidado estas elites de que en la educacion de este pais no se incluya para nada el espiritu critico que nos hace discriminar lo oido, leido y visto.
    Saludos

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  • Mirandero Mirandero 24/05/20 09:35

    La herramienta más demandada que tenemos los ciudadanos de a pie para estar informados son los medios de comunicación. En función al interés que cada uno tenga por el estado de las cosas así oirá, verá y leerá más o menos medios informativos. «Cultura» y «cultivo» son términos que van de la mano: cuanto mayor sea el área cultivada con diversas simientes, mayor y variada será la cosecha; cuanto más cultura reciba una persona, mayor será su juicio crítico. Es conveniente precisar que si solo se come un único alimento, el organismo se resentirá por la falta de los aportes que facilitan otros víveres; es decir, si una persona solo se informa a través de un único medio de información su objetividad se resiente gravemente.

    Por otra parte, el emblema radiofónico de la izquierda, la Cadena SER, ha variado hacia posturas conservadoras. Desde hace tiempo el grupo PRISA, al que pertenece la emisora aludida, apuesta por una línea editorial, sobre todo, económica, más liberal que socialista. Es posible que los problemas económicos a los que hace frente el grupo desde hace tiempo tengan mucho que ver en este cambio. De todas formas, hasta ahora apenas ha habido críticas al Gobierno. Pero todo cambió el pasado miércoles tras el acuerdo alcanzado por el Gobierno con Bildu para sacar adelante la prórroga del estado de alarma, donde se firmó la derogación de la reforma laboral de 2012. Esto ha sido el detonante que ha agravado los ataques a Pedro Sánchez y, especialmente, a Pablo Iglesias. En este sentido, un medio digital ha publicado que tras este acuerdo, la directiva del Grupo PRISA convocó una reunión de urgencia, a la que estuvo invitado Felipe González, y en ella se acordó exigir la ruptura del gobierno de coalición entre PSOE y UP y agudizar las críticas al Ejecutivo. De esta forma, la información radiofónica socialista a nivel nacional ha quedado muda, con la excepción de algunos pocos programas dirigidos por honestos periodistas que no se doblegan ante las presiones de sus jefes.

    Se echa de menos una emisora realmente socialista que informe con objetividad.

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