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Volver a ser personas

Francisca Sauquillo
Publicada el 09/12/2020 a las 06:00

Las causas de las migraciones son múltiples y complejas, de índole política, económica, social, estructural o personal. Pero las emociones que acompañan a cada una de las personas en su decisión y proceso migratorio por cualquiera que sea la causa son comunes e inherentes a cada una de nosotras sin excepción. Las emociones son humanas, migrar también.

Nos encontramos en un periodo convulso de polarización, acrecentado en los últimos meses en el contexto del covid-19, que fomenta los discursos de odio y la división de las sociedades: aleja a las personas, las confronta radicalmente, convierte al otro en enemigo, lo cosifica haciéndole perder su condición humana.

Las personas migrantes son en demasiadas ocasiones el objetivo de esos discursos, que forman parte de una narrativa organizada y más amplia que engloba no solo las falsedades o bulos en un momento dado, sino que espera generar un clima de criminalización y estigmatización que fomenta el odio, las violencias y las discriminaciones.

Desafortunadamente, en muchos aspectos asistimos a un retroceso global en diferentes esferas y debemos luchar por recuperar derechos y valores que dábamos por garantizados. Tener que recordar que migrar es un proceso natural e innato a los seres humanos, vinculado al desarrollo y a la evolución de todas las sociedades y culturas es sin duda obvio. Pero en estos tiempos convulsos, no debemos dar nada por supuesto.

La reconstrucción ante el profundo impacto sanitario, social y económico que está suponiendo la pandemia tiene que aglutinar las fuerzas de todas las personas que no queremos sociedades balcanizadas. El ruido del odio es fuerte, pero somos millones de personas las que preferimos convivir de forma pacífica.

Nuestro trabajo como organización, el Movimiento por la Paz -MDL-, parte de la convicción de que la paz es mucho más que la ausencia de guerra. Hablar de PAZ, en mayúsculas, es hablar de igualdad de oportunidades para todas las personas, de respeto de los derechos y libertades, de solidaridad y cooperación entre todas las personas para crear un mundo de bienestar compartido y justicia social.

Por ello, trabajamos todos los días para construir la paz, como objetivo último, pero también como herramienta para solucionar los conflictos que existen en toda sociedad y para prevenir o erradicar la violencia, sea del tipo que sea.

La reflexión sobre las sociedades post-pandemia habrá de girar sobre una palabra: humanizar. Humanizar de nuevo nuestras vidas, ciudades, barrios, sociedades. Dejar de ser números para volver a ser personas. Todas sentimos alegría, tristeza, ansias de libertad, orgullo, incertidumbre, temor... no importa nuestro origen o procedencia.

________________

Francisca Sauquillo es presidenta del Movimiento por la Paz -MPDL-. La ONG ha lanzado la campaña #Yomigrépor

 

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2 Comentarios
  • Rigel Rigel 11/12/20 21:04

    Infinitas gracias por su solidaridad con los más desfavorecidos.

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  • Macu L. Macu L. 08/12/20 23:59

    Primero trasladarle mi saludo, mi admiración y mi respeto, Sra. Sauquillo.
    Segundo comentar que estoy muy de acuerdo con usted. La palabra mágica es humanizar, dejar de ver la otredad desde la superioridad (moral, racial, económica, de derechos, ...) Mirarnos como iguales, seres complejos y sintientes que, salvo megalómanos, explotadores, salvapatrias y malas gentes, perseguimos objetivos similares (personales, familiares, laborales, de pertenencia a un grupo, etc) y que podrían resumirse en el deseo de vivir nuestra vida con dignidad.
    No se trata solo de empatizar, lo que nos lleva a entender el sufrimiento ajeno, sino de potenciar la compasión (en su acepción psicológica) para dirigir nuestra actuación a eliminar o disminuir ese sufrimiento.
    Tercero plantear un paso adelante, ir mas allá de la humanización. Considerar la inclusión de otras condiciones medio ambientales y de justicia y ética economico-social, que generan muchos conflictos, y que, al ampliar esa compasión a todos los seres complejos y sintientes no necesariamente humanos, los dos "sistemas" (humano y no humano) se retroalimentan y se benefician mutuamente y llevan a sociedades y culturas más abiertas, respetuosas y pacíficas.

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