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Entrevista

Jorge Dioni López: "Si no funciona el ascensor social, la gente prefiere dejarle a su hijo una vivienda que una carrera"

  • El autor de La España de las piscinas destripa las implicaciones ideológicas del urbanismo neoliberal: "La gente se ha adaptado al mensaje de 'búscate la vida'"
  • Tras la aparente "contrición" por los excesos del ladrillo, ve en la práctica una escasa voluntad de cambio de modelo: "Se va a construir un Valladolid al lado de Madrid mientras hablamos de habitar la España vaciada"
  • Cree que la izquierda debe prescindir de la mirada "puritana" sobre la forma de vida de los trabajadores y recuperar el discurso del "ascensor social": "La piscina no es el problema, la piscina es la solución. ¡Piscinas para todos!"
  • "La derecha ha importado de Estados Unidos la técnica de no debatir proyectos, sino formas de vida. La técnica le funciona", expone el periodista
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Publicada el 31/05/2021 a las 06:00
Jorge Dioni López, autor de 'La España de las piscinas'.

Jorge Dioni López, autor de 'La España de las piscinas'.

Arpa Editores

"Barrios en forma de malla [...] con urbanizaciones cerradas o mares de chalets unifamiliares, situados normalmente en la parte exterior de las ciudades o, incluso, fuera. Son esas pequeñas islas verdes y azules, delimitadas por el gris de las carreteras, y donde vive gente que fue a EGB". ¿Dónde estamos? En el lugar de residencia de los "pauers". De hecho, el periodista Jorge Dioni López (Zamora, 1974), profesor en la Escuela de Escritores, tenía en mente introducir la palabra "pauer" en el título de su ensayo, una aguda exploración de nuestro modelo de urbanismo y sus múltiples implicaciones –culturales, políticas, ideológicas–. Él mismo es un "pauer", es decir, vive en un Programa de Actuación Urbanística (PAU), uno de esos barrios replegados sobre sí mismos, rodeados de rotondas y con algún centro comercial a tiro de coche, cortitos de servicios públicos y recorridos por calles "con nombres al por mayor", tipo Helsinki, Margarita o Estrella Polar. Pero finalmente la palabra "pauer" se quedó fuera del título. Buena idea: "pauer" no es un término especialmente pegadizo.

El autor también podría haber usado en el título el sintagma "cinturón naranja", porque su hipótesis de partida, que nace del análisis de los resultados barrio a barrio en las generales de abril 2019, era que el modelo PAU "crea un estilo de vida individualista y competitivo" y "favorece las soluciones particulares, el aislamiento y el repliegue", todo lo cual abonaba un terreno óptimo para Cs. "Yo estaba muy acojonado. Decía: 'Uy, el partido va a desaparecer y el libro todavía no ha salido...'", confiesa. Pero los temores de López no estaban fundados, porque Cs está en declive y en cambio su libro presenta plena vigencia. Ni "pauers", ni "cinturón naranja". Está bien el libro así, con su título: La España de las piscinas (Arpa Editores, 2021), cuyo autor responde en esta entrevista intercalando alguna risita entre irónica y maliciosa a varias preguntas. Se aclara esto porque no es fácil de plasmarlo por escrito, pero debe quedar dicho: López tiene un fino sentido del humor.

PREGUNTA: El libro mantiene el don de la oportunidad pese al declive de Cs porque la realidad que describe –urbanística, social e ideológica– sigue ahí.

RESPUESTA: En principio, vinculé el ascenso de un partido a un modelo urbanístico. Eso funcionaba bien, como todas las soluciones unívocas. Nos encantan las consecuencias de una sola causa, de ahí el éxito de las teorías de la conspiración. Al caer el partido y comprobarse que este modelo promociona una visión del mundo que puede ser aprovechada por otros partidos, pensé que el libro iba a perder pie. Pero al final no ha ocurrido, afortunadamente. Es un tema que está en el ambiente, porque todas las capitales de provincia, salvo quizás el norte, han tenido un desarrollo similar. Rotondas, piscinas... Cuando hablo de PAU, me refiero a los grandes desarrollos desde la burbuja. Urbanizaciones cerradas con zonas comunes y a veces piscinas. Hileras de chalés. Pocos servicios públicos, mucha presencia de los privados: escuela concertada, seguridad...

P: Coche y centro comercial.

R: Porque en una zona de baja densidad [de población] es poco interesante poner una tienda y mucho un centro comercial, cuando además es promovido por las administraciones. Es la importación del suburbio estadounidense.

P: Pero el suburb no tiene la connotación marginal del suburbio español.

R: Ya. Es como el tango: El suburbio es donde está "el conventillo alumbrao a querosén".

P: El PAU es otra cosa, con otras implicaciones. En primer lugar, una cosmovisión: aislamiento, repliegue, búsqueda de seguridad. Además, una forma de vida.

R: El libro sólo tiene dos tesis. Una, la vivienda debe ser un derecho, más que un bien mercado. Y dos, las administraciones se han desentendido del tema, tanto del proceso de urbanización, en manos de las juntas de compensación, como del proceso de compra. Esta semana ha sido noticia el desbloqueo de los desarrollos del suroeste de Madrid. Son 100.000 viviendas. Se va a construir un Valladolid al lado de Madrid mientras hablamos de habitar la España vaciada. Digo desbloqueo porque esos desarrollos se bloquearon con la crisis anterior. ¿Qué pasó? Que se dejó colgada a un montón de gente, con incertidumbre, desasosiego y quebranto económico. Tengo un conocido que dice: "Cuando le compro un juguete a mi hija, hay más control que cuando me compro una casa". La gente se quedó colgada con el dinero pagado, sin saber si lo recuperaría, teniendo que seguir de alquiler... Y las administraciones no han comparecido. Todo eso provoca un sentimiento de pionero, de que todo te lo tienes que buscar tú. El que resiste dice: 'Ostras, he aguantado'. Se alinea con el mensaje que han recibido: 'Búscate la vida'. Ese 'sálvese quien pueda' es el mensaje del neoliberalismo. El mensaje neoliberal es "búscate la vida" y la gente se ha adaptado. El colegio es un ejemplo.

P: ¿En qué sentido?

R: En un modelo competitivo, para sacar algo de ventaja tienes que llevar a tu hijo a un colegio especial. No me refiero sólo a un concertado religioso, también vale un concertado Montesori, o progresista, digamos. Lo importante es que sea especial. Así sacas un poquito de ventaja. Esa es la ideología: somos mercancías en un mercado desregulado.

P: Usted sostiene que la precariedad y la segregación no son disfunciones del modelo, sin el modelo mismo y su objetivo. ¿Por qué?

R: Cuando una situación se repite, hay que dejar de verla como un error concreto y comenzar a pensar que ese es el modelo. Cuando hablamos de las cifras de segregación escolar y de su aumento año tras año, hay que valorar que esa era la idea, aunque no encaje con nuestro sistema de valores. Sobre todo, cuando se urbaniza lejos de la ciudad, con una carretera de por medio, o cuando se ceden terrenos y recursos públicos a la concertada y privada. Hay escuelas del liberalismo que sostienen que la desigualdad es un motor del progreso porque el igualitarismo adormece a las sociedades.

P: ¿Cuándo acelera el modelo PAU en España?

R: En los 90, con las leyes liberalizadoras. Es la época de Seseña, de Enrique Ortiz, de Crematorio... Yo he trabajado para la Liga de baloncesto, y hubo un momento en que más de la mitad de los equipos estaban financiados por constructoras. Cada ciudad tenía que competir con el resto por las inversiones, de ahí que se urbanizara mucho, rápido y con gran extensión. Es decir, si pones problemas para urbanizar 5.000 viviendas, se va la inversión al pueblo de al lado, que te ofrece terreno para 10.000.

P: ¿Cuál era el problema?

R: Que nadie se preocupa de qué pasa con las 10.000 viviendas. ¿Es capaz el pueblo de darles servicio? Como dice un arquitecto de Málaga, Fernando Ramos, cuando haces preguntas así te llaman "anti-inversión", "yihadista de la conservación", "opositor al progreso". Pero son pertinentes. ¿Tiene la Policía de Cuarte de Huerva, en Zaragoza, capacidad de cubrir todas las necesidades del pueblo? ¿Y la de Molina de Segura o Las Torres de Cotillas? ¿Llegan a todas las urbanizaciones cerradas? No. Por eso suelen aparecer problemas de seguridad o urbanizaciones que se quieren desligar del municipio. Y surge, claro, la preocupación por la seguridad. Es lógico. No ves a la policía nunca, no tienes buenos servicios. Sales a las 8 de la mañana y vuelves a las 8 de la tarde. Y al mismo tiempo estás viendo todo el día en la tele: "Cuidado con los robos, cuidado con los okupas". Acabas por situar eso en tus preferencias. Y no crítico. Yo he querido evitar la cuestión personal, no es sobre la conducta personal. Pongo en foco en las administraciones, que se han desentendido y provocado un realineamiento de las preferencias políticas.

P: El libro recuerda que Joaquín Leguina, siendo presidente de la Comunidad de Madrid, le dijo al arquitecto Eduardo Mangada: "Oye, no hagas más viviendas cooperativas. La gente, en cuanto es propietaria, vota al PP". ¿El PSOE, en múltiples comunidades y ayuntamientos, se metió a sí mismo en una trampa?

R: No tengo nada en contra de que las administraciones promuevan desarrollos o vivienda en propiedad. El problema es el desistimiento, dejarlo abandonado, sin servicios. Además, las crisis han creado un sistema de altísima competición en el que la propiedad ha pasado a ser un valor fundamental. Quizás hace 50 años una persona pensara que lo mejor que le podía dejar a su hijo era la educación. Hoy está claro que es mejor una casa, o dos, o tres si puede ser. Porque, si le dejas una licenciatura y tres másteres, no le das garantía de disfrutar del ascensor social. Si no funciona el ascensor social, la gente prefiere dejarle a sus hijos una vivienda que una carrera. Es así. Y yo defiendo que el programa exitoso de la izquierda, que lo ha sido durante décadas, es el ascensor social. Lo debe recuperar. La piscina no es el problema, la piscina es la solución. ¡Piscinas para todos!

P: Pero no puede haber piscinas para todos.

R: Ya, lo digo como idea. Yo he oído mucho esto: "Toda la gente que vive allí es clase media aspiracional. Se cree mejor que los demás". Pero la gente que vive allí [en los PAU] es gente gente trabajadora. Y tradicionalmente la izquierda ha representado al trabajo frente al capital, ¿no? Pues esa es su gente. La izquierda tiene que dirigirse a esas personas, no demonizar la propiedad, ni la vida aburrida y tranquila que eligen vivir muchas personas. Llegados los 40, te puede molar una vida tranquila. No le puedes proponer a toda esa gente una visión franciscana. Hay que dar los máximos recursos posibles a la mayor cantidad de gente posible para que haga su vida.

P: ¿Qué propone, en suma? ¿Más servicios públicos en los PAU?

R: Sí. Mayor dotación de servicios y mayor intervención de las administraciones en el proceso de compra y urbanización. Se escucha muchas veces: "¿Cómo vamos a poner transporte público ahí si no hay gente?". Pero entonces, ¿el transporte público tiene que ser rentable o una herramienta para estructurar el territorio? Igual con los comercios. "No vamos a facilitar la instalaciones de comercios, porque no va a haber demanda", se dice. Pero si no se crea comercio, no surge la demanda. Al final, si la política se desentiende del mundo que crea, el mundo que crea toma su propio camino. Bueno, en Madrid no es que las administraciones se desentiendan, es que han trazado ese mundo.

P: ¿Cómo lo han hecho?

R: Cediendo terreno a colegios no públicos, facilitando la instalación de centros comerciales, limitando el tamaño de los edificios... La empresa Arpegio ha tenido un papel fundamental. Madrid es el gran laboratorio, el primer lugar donde se aprobó este tipo de desarrollo, donde se pasó de un modelo de pequeños ensanches, de urbanismo progresivo para que se fuera habitando poco a poco, a este modelo de islas urbanas. Se aprobaron los primeros PAU. La comunidad llegó a tener como unos 30 abiertos. Y ojo, ahora se van recuperando. Igual que Los 40 Principales tienen Los 40 Classic, el urbanismo ha reabierto su canal classic con los planteamientos colgados de 2008-2010.

P: El libro cita a Tony Judt: "Una vez que dejamos de valorar más lo público que lo privado, seguramente estamos abocados a no entender por qué hemos de valorar más la ley —el bien público por excelencia— que la fuerza".

R: Ese el marco de la política internacional, por cierto. Y volviendo a la vivienda, es que al llegar dices: "¿Dónde está el ayuntamiento?". No está. El primer contacto con el ayuntamiento es pagar impuestos. No es extraño que ese grupo social, mal alumbrado, donde recogen la basura cada tres días y no pasa la Policía Local, sea reacio a pagar impuestos.

P: "Quizás involuntariamente, Ciudadanos había logrado coagular un proyecto generacional que recorría el país", apunta en el libro. Con Cs de capa caída, ¿qué ha sido de los ahijados de ese proyecto? ¿Dónde van políticamente?

P: En el actual panorama, mayoritariamente en el PP, algunos se quedan en casa y otros se van a la ultraderecha. Pero creo que la ultraderecha ha tocado techo y hay una idea de volver a casa. Ciudadanos representaba regeneración, emprendimiento, liberalismo económico, visión social abierta, sin problemas con el matrimonio igualitario... ¡Era el Partido Demócrata! Pero eso se rompe. Porque ponen todos los huevos en el mismo cesto y llegan los que llevan 30 años en esto y les roban el cesto. En el Salvados del otro día, se intercalaban dirigentes de Ciudadanos con Rafael Hernando, que tenía una sonrisa en plan "hemos estado jugando con niños". Era cruel. A mucha de esta gente, si ahora le das a elegir entre Unidas Podemos y el PP, se va al PP.

P: El caso madrileño es particular. Ese comentario de Isabel Díaz Ayuso sobre los atascos a las tres de la mañana es difícil de imaginar en otro lugar. ¿El modelo ha generado ya una identificación cultural?

R: La derecha ha importado una técnica estadounidense: no debatir proyectos, no debatir programas, sino debatir modos de vida. Ha aprendido la técnica y le funciona: no debate programas, sino formas de vida. Sobre proyectos, te pueden convencer. Hay más cancha para un proyecto alternativo. Sobre modelos de vida es otra cosa. Eso va al corazón. Se trata de crear un hombre de paja que amenaza un modo de vida, que te desprecia porque haces barbacoa, tomas cerveza y ves la Superbowl, en el caso de Estados Unidos. Pero esa persona no existe, en realidad. Aquí hay medios que llevan años dándole bola al hombre que quiere venir a quitarte el coche, que no te deja hacer tal o cual cosa, que te va quitar la piscina, que no te deja hacer barbacoa. Pero, ¿quién es? No existe.

P: "Además de la nostalgia, este texto trata de evitar el puritanismo, la mirada severa hacia las vidas particulares". ¿Estaba ahí la tentación de la admonición?

R: No demasiado. No tengo vocación de dar la brasa. Será la edad, a mí me van a vacunar pronto... O mi origen de pueblo, donde se ayuda pero cada uno en su casa. A los 11 años dejé de ir a misa porque no me gustaba que me dieran la chapa. Llevo tiempo alejado de la política porque hay mucha política que da la chapa. Hace unos años escribí Por qué mola ser republicano (del Partido Republicano). ¿Y por qué mola? Porque no te dan la chapa. Ahí hay un modelo económico. ¿Asumes ese modelo económico? Perfecto. Da igual que seas de un comunidad evangélica de Kentucky o de un club de intercambio de parejas de Ohio. Hay un asesor del Partido Republicano, que se llama Roger Stone, que cayó en desgracia con Reagan porque salió en un asunto de intercambio de parejas. Pero fue recuperado luego, porque eso no es lo importante. El modelo económico y social absolutamente hegemónico, eso es lo importante. ¿Te adhieres o no?

P: ¿Y la izquierda no abraza las pautas de quienes se salen del estilo de vida más próximo a sus ideas? ¿No tiene un mensaje acogedor para los pauers?
R: Cuando tu modelo de redistribución es derrotado, lo que ocurre es que te centras en otras cuestiones. Y llegamos a eso de que "lo personal es político". Un callejón sin salida.

P: ¿Por qué?

R: Cuando los campesinos, en las revueltas que ha habido en la historia, han sido derrotados, siempre tenían un momento de puritanismo, austeridad, contrición. No digo que sea igual que antes, pero hay un hilo. El tiempo no pasa tan deprisa. No estamos en un tiempo tan acelerado. Ni en una nueva era. Estamos en la era que sale del Renacimiento, seguimos ahí.

P: ¿Puritanismo?

R: Una mirada severa sobre las vidas ajenas. Una cierta nostalgia del pasado.

P: ¿Me va a hablar del discurso de Ana Iris Simón?

R: No, no, no, no. Hay nostalgia del pasado en muchos sitios. El procés no deja de ser nostalgia del pasado. Quizás no vemos el hilo del carlismo, con sus clases populares dirigidas por una élites que se habían quedado fuera de juego frente a la industrialización. Ahora en Cataluña también tenemos élites fuera de juego. Hay cambios que provocan rechazo y se da un repliegue hacia el "antes estábamos mejor". Y vale, que sí, que antes estábamos mejor. ¡Es que antes estaba la URSS!

P: ¿Compensando al capitalismo, se refiere?

R: Claro.

P: O sea, la URSS era buena, pero para lo que había fuera...

R: Hay una frase que recuerda Enric Juliana que dice más o menos eso. Europa era un botín, el territorio de guerra donde no se podía hacer la guerra. Había que agasajarla, convertir a los proletarios en propietarios. Y se hizo. Pero ahora, una vez que ya no hay proletarios, no hace falta que sean propietarios. 

P: ¿Eso es lo que ocurre ahora?

R: Claro. Con el alquiler, que además sube de manera bestial.

P: La frase más famosa del que fue ministro falangista José Luis Arrese fue: "Queremos un país de propietarios, no de proletarios". Pero usted rescata otra: "Primero la vivienda, después el urbanismo". ¿Eso ha sido el modelo?

R: Totalmente. Los atascos, ¿qué son? Primero vamos a meter a 10.000 personas en esas viviendas. ¿Cómo se moverán? ¿Por esa carreterita de doble sentido? Bueno, eso ya lo pensaremos más adelante. Que se busquen la vida. 

P: ¿Qué le dice la palabra sostenible?

R: Significante vacío. Leo prensa económica y aparece veinte veces al día. Expansión, con buen ojo, ha hecho ya un suplemento de economía sostenible.

P: ¿No hay en vivienda y urbanismo un abismo entre discurso y realidad? Hablamos de sostenibilidad mientras mandan Airbnb, Blackstone, las socimi...

R: Somos un país católico. La contrición es parte de nuestro ADN. Decimos, pero luego cambiar las cosas... En mayo de 2012, una concejala de Urbanismo en Madrid [Paz González] dijo en La Casa Encendida que había habido un modelo desarrollista, que no podía ser... Y mientras tanto la Comunidad estaba negociando Eurovegas, aquí en mi pueblo [Alcorcón]. Somos un país enganchado a la vivienda. Es así. En el resto de Europa, la vivienda ha sido un bien social para no tener problemas con esa gente desmovilizada y que no te la volvieran a liar como en los años 30. El Estado del bienestar. Aquí la vivienda siempre fue un bien de mercado. No tenemos la vivienda en el apartado de los derechos, sino de la riqueza. Es como en Estados Unidos con la sanidad. Aquí vamos por oleadas. Hay que recalificar, construir, comprar y seguir hasta que se satura y cae. Y otra vez. Ya lo hemos vivido varias veces, una de ellas muy heavy.

P: Llevamos más de diez años hablando de la Gran Recesión. ¿No hemos hablado poco de su origen, del ladrillazo? ¿Tenemos hecha la autocrítica como sociedad?

R: Eso es también contrición. "Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa". Yo pongo el foco en las administraciones. Era insostenible. Pero si lo decías, no te creía nadie. "¿Qué problema va a haber, si la vivienda siempre sube?", decían. Es como ahora. "Vamos revertir la España vaciada", se oye. Pues luz verde a 10.000 viviendas en Madrid. Y las tendrá que construir alguien, ¿no? Pues eso. "Vente, Joselín, vente pa Madrid", cantaba Ketama.

P: Su ensayo no tiene nada de alegato, pero sí late un reconocimiento del valor social de la ciudad, el barrio, la plaza y hasta la asociación de vecinos. ¿Hay un debilitamiento de todas esas estructuras?

R: Estados Unidos tuvo un problema con las ciudades en los 80, se abandonaron muchas... No tengo claro que pase aquí. La ciudad europea tiene un valor simbólico brutal. Sí creo habrá ciudades intermedias que sufran... Y otra cosa: este modelo [los PAU] tiene una vitalidad interior. Es un lugar donde te pueden cuidar a los críos, recoger los paquetes, cuidarte al perro o al gato. Se organizan partidas de mus, los críos salen a jugar. Pronto saldrán bandas que dirán "empezamos a tocar en la urba y tal". Pero hay un aislamiento hacia el exterior. Además, cuando sólo usas el coche, tu contacto con el mundo está muy mediado. Todo lo sigues por los medios y redes sociales. Una cosa que se podría hacer es convertir estos barrios en lugares más diversos. Pero, si la administración no está presente, no va a salir bien.

P: ¿Con vivienda social, protegida?

R: Claro. Pero también con mediadores. Hay una serie que me encanta, Show me a hero, en la que se incorpora vivienda protegida a un barrio y se forma un cisco. En los 80 en España pasaba con las viviendas de realojo y protección oficial, ¿te acuerdas? En esa serie, el delegado de Urbanismo hace sesiones con la gente que se va a instalar y con la gente del barrio antiguo. Les dice: "Estas son las normas y son para todos". Esto es una visión, que para mí es el civismo, que ahora tiene poca acogida. Lo llaman buenismo o paternalismo. Hay un desprecio del uso de normas consensuadas. No está en su mejor momento. Se lleva más esa libertad de "yo hago lo que quiero".

P: No perdamos de vista que esas viviendas de los PAU, espaciosas, cómodas, a menudo incluso bonitas, son vividas también como un logro, un éxito personal.

R: Claro. Como antes ir a la universidad, o conseguir el pisito. El problema es la percepción individualista de ese logro. Que no se entienda que lo has conseguido en una comunidad, con un ayuntamiento que lo cuida, gracias a una educación...

P: ¿Algún vecino ha leído el libro y le ha mirado raro?

R: No, no. Uno me felicitó. Siempre habrá quien se quede con la caricatura. Pero yo se lo dedico a ellos. Yo estoy muy a gusto aquí. En 20 años se ha creado comunidad. Yo soy introvertido, pero sé que la hay. Bajas, saludas. "Te dejo las llaves y me cuidas al gato". "Vale". Hubo una nevada y se pusieron a quitar nieve. Bueno, yo no bajé, no tengo tengo pala...
 

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1 Comentarios
  • Jesús Zandueta Jesús Zandueta 30/05/21 21:36

    Para que se apliquen esas buenas ideas es necesario concretar cómo asegurarse de que el Ayuntamiento 1º cumpla sus leyes y normas sobre ordenamiento urbano y respete y utilice el PEH (sigue sin hacerlo aunque diga lo contrario) no lo hace, aunque lo diga) y 2º no deje colgados los expedientes abiertos por escandalosas infracciones. Ante esta situación cabe preguntarse, quién considera el Ayuntamiento que debe mandar sobre las viviendas: sus propietarios o los especuladores?;¿para qué sirve mejorar las vivienda si se van aprovechar de ello, especuladores que intentan apropiarse de las plusvalías generadas con la pasiva complicidad del “dejar hacer” del Ayuntamiento?. Me temo que en el Anillo 2 hay más casos como el de Juan Alvarez Mendizábal,15, que después de dos años de lucha y más de dos docenas de Instancias, Denuncias y Reclamaciones sigue sin poder vivir en paz y sin riesgo.

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