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Defiendo la política porque no me queda otra. Nunca no hacer política o no hacerle caso es mejor opción que lo contrario, de manera que, aunque fuera como mal menor, la política debería ser un interés central de nuestra vida. Es un tópico que si no haces política te la hacen, pero no deja de ser verdad si te consideras de la clase social que no posee los medios de producción de nada. Es decir, que en el peor de los casos la política es una desgracia ineludible.

Otra cosa distinta es que entienda que la gente que nos ubicamos en el amplísimo campo a la izquierda del PSOE consideremos a veces que ese lugar es, efectivamente, campo. Tierra llana y sin mucho valor. Un lugar en el que no te puedes quedar si quieres prosperar. Por suerte, mi edad me dice que el peor de los escenarios actuales en ese terreno político es mejor que el mejor que tuvimos antes de que apareciera Podemos, de manera que no hay que dejar de valorar lo que se tiene, por poco que parezca. Los que somos tirando a viejos izquierdistas somos como los que son tirando a viejos aficionados de la selección española de fútbol: sabemos que hubo un tiempo antes de la explosión del éxito en el que todo era peor que ahora. Pero es lógico el desaliento, el hastío, el "hasta los cojones" colectivo. Es normal, razonable y justificado.

No voy a tratar de convencer a nadie de que deje de lado el desaliento porque es normal, humano y quizá cabal tenerlo. Solo digo que el hastío no beneficia a nadie que no sea quien se frota las manos con estos disparates

Evidentemente el episodio de la confluencia andaluza, esa chapuza de hacer las cosas a última hora y acabar cagándola, es algo de lo que se puede recuperar el Real Madrid pero quién sabe si Por Andalucía. Posiblemente no. Probablemente el último cortometraje de desconfianzas, cuitas de poder, malas artes y rencillas de todo tipo que acaban con un sainete amateur en este espacio político sea una palada de tierra en las posibilidades electorales de una coalición que no es que partiera con las mejores perspectivas. Escuchar a Pablo Echenique decir en Buenismo Bien que los programas electorales no cuesta nada acordarlos porque no hay apenas diferencias y constatar que la cagan en todo lo que es accesorio para la ciudadanía es desalentador. Por repetido, por sabido, por experimentado. Por llorado.

Así que no voy a tratar de convencer a nadie de que deje de lado el desaliento porque es normal, humano y quizá cabal tenerlo. Solo digo que el hastío no beneficia a nadie que no sea quien se frota las manos con estos disparates. Sobre todo el PSOE, que al poco de este episodio era trending topic en Twitter y cuando lo leías, veías que la mayoría de los tuits eran cuentas de cargos y militantes diciendo, básicamente, que "la única opción sensata en la izquierda" eran ellos. Es decir, el mismo discurso que en los últimos 40 años pero puesto en bandeja por los próceres de la izquierda alternativa. Si en el PSOE parecían relamerse, imaginad más a la derecha.

Dicho lo cual, me niego a caer en el hastío. La política es importante porque nos va la vida en ello. Los que creemos que la mínima opción de cambio en las muchísimas cosas que necesitan las clases trabajadores es (aunque no solo) un espacio del cambio fuerte no solo debemos no desmovilizarnos, sino intentar que los de al lado no lo hagan. A veces, como ahora, casi sin argumentos. Quizá hoy con el único de que si la política no nos la hacemos nosotros y nosotras, hay toda una gama de colores entre el rojo, el naranja, el azul y el verde dispuestísima a hacérnosla. Otra cosa es que a veces den ganas de mandar a tomar por culo a todos los que nos representan. No os niego que hoy es uno de esos días.

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