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El otro día vi que hay una cuenta en redes de nostalgia millennial, y, aunque sé que hay millennials que ya ven cerca los 40 y que ese palabro casi ya no es sinónimo de "joven", me abatió pensar que gente menos vieja que yo ya se ve instalada en la nostalgia. Luego entendí que no hay edad para la nostalgia, que esta la puedes sufrir del día de ayer, porque no es más que el lugar donde nos sentimos seguros.

Le pregunté a mi psicóloga una vez por qué no paraba de imaginar escenarios futuros en los que las cosas iban mal o recrear conversaciones pendientes con gente con la que ya sé que no quiero hablar, y me respondió que eso ocurría porque el sufrimiento era mi lugar seguro. Que había somatizado que estaba en la vida para sufrir, que mi zona de confort (pongo esta expresión para no repetir "lugar seguro"... pero LA ODIO) era el padecimiento, que aunque lo pasaba mal me sentía seguro. Que no estaba preparado para la incertidumbre y que no sabía vivir en ella, así que prefería estar donde lo pasé mal o en futuros inventados en los que padecía donde no sé lo que me espera.

La nostalgia, supongo, es un lugar cómodo. Es una zona en la que sabemos qué sentimos, en la que controlamos lo que pasa, en la que no hay incertidumbres. Y por eso viene, por eso es tan valorada, por eso genera tanto dinero y por eso se rentabiliza tan bien. Porque nos elimina la duda, nos da el control. Nos empodera, que dicen ahora.

Lo malo de la nostalgia es que es mentira. Yo he tenido nostalgia de lugares a los que no quiero volver, de personas a las que no quiero ver más, de sentimientos, incluso, que preferiría no tener que experimentar más. Pero para llegar a esa conclusión he tenido que repensar qué paso, he tenido que revisar críticamente qué sentí, he debido esforzarme en analizar cómo era esa gente. He trabajado para huir de la nostalgia. Lo consigo, las más veces. Ahora, la añoranza por parte de mi pasado no es más que un pensamiento intrusivo que no quiero que venga. Que combato. Contra el que lucho.

No voy a ganar esta batalla de hacer que el mundo considere la nostalgia algo indeseable por lo que se pierden casi todas las batallas: porque la nostalgia da dinero y yo no. Así que, abocado como estoy a la derrota, a esta como a otras, sí que voy a hacer por guerrear contra la mía propia. Casi ningún tiempo pasado fue mejor. De hecho, he decidido que es peor mientras no se me demuestre lo contrario. Tengo lo que tengo y soy lo que soy. Si mi lugar seguro es sufrir, trataré de vivir en el alambre. Ni yo me lo merezco ni, si es que estás leyendo y te identificas con esto, tú tampoco te lo mereces. 

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