Cuerpo no es un peluche Pilar Portero
El ministro con perfil de yerno ideal acaba de pasar de Cuerpo a Cuerpazo, por los poderes que le otorga la Vicepresidencia Primera del Gobierno a la que acaba de ascender esta semana. Y a pesar de su aspecto inofensivo, siempre sonriente, empático y al margen de polémicas, ese halo de osito de peluche no se corresponde con la realidad. Porque para abrirse paso hasta puestos tan altos siempre hay que trabajárselo concienzudamente. Y Cuerpo ha tenido una evolución fulgurante. En plan bien, eh. Que se lo digan a Gonzalo García, secretario de Estado de Economía con Nadia Calviño cuando vio que Cuerpo saltaba por encima, al ser elegido en su lugar como ministro en diciembre de 2023, y pasaba a ser su superior cuando hasta entonces él había sido su jefe. Algo que no sucedió con Sara Aagensen, para la que sí corrió el escalafón cuando Teresa Ribera se fue a Bruselas.
Cuerpo ya tenía cuerpazo de vice antes de ser designado, como él mismo evidenció cuando su nombre estaba en las quinielas y dijo que eso significaba que lo había hecho bien. Su nombramiento ha caído regular en el partido. Los militantes socialistas preferían a uno de los suyos, a Bolaños más concretamente. Ninguno de los tres vicepresidentes tiene carnet del partido. Ni Carlos Cuerpo ni Sara Aagensen ni, por supuesto, Yolanda Díaz. De hecho, Cuerpo es el que pone freno a las políticas más progresistas.
Sánchez ha optado por despolitizar el Gobierno, quiere perfiles que transmitan moderación. Busca acercarse a un votante liberal moderado, cuando el centro está desaparecido
Sánchez ha optado por despolitizar el Gobierno, quiere perfiles que transmitan moderación. Busca acercarse a un votante liberal moderado, cuando el centro está desaparecido y resulta que su última resurrección se debe al 'No a la Guerra', un eslogan capaz de sacar del letargo a la izquierda, pero con exiguo impacto en el resto. Una quimera. Con esta decisión, la vicepresidencia primera ha dejado de ser política con la marcha de Montero a Andalucía y se ha transformado en económica. Pedro Solbes o Nadia Calviño fueron números uno claramente económicos, que no entraban en negociaciones con otros grupos parlamentarios o con socios de gobierno, mientras que Soraya Saénz de Santamaría o Carmen Calvo fueron muy políticas, y llevaron a sus espaldas el peso que eso supone.
A Cuerpo se le considera en el partido de la secta de los técnicos del Estado con propensión a tirar de compañeros cuyas credenciales ideológicas no son demasiado progresistas, sino más bien del ala derecha de la socialdemocracia, a los que el partido les sirve para llegar al poder, pero que luego montan su camarilla tecnócrata, nombrando a colegas que encajan mejor en el PP que en el PSOE. Su perfil angelical deja más expuesto a Sánchez, quien concentrará más los golpes de la oposición, aunque a Cuerpo le toca, sí o sí, mostrar un lado más político que hasta ahora, que se quejaba de que nadie le interpelaba en el parlamento ni tenía gran interés para los medios.
En el caso de Hacienda, en cambio, se ha buscado un perfil mixto. Arcadi España, aunque sea un desconocido para la ciudadanía, es un hombre de partido, un reputado fontanero. Aquí no ha funcionado sustituir a Montero por su secretario de Estado, Jesús Gascón, un inspector de Hacienda que no ha pasado a primera línea. Al nuevo ministro le va a tocar liderar bastantes negociaciones políticas hasta el fin de la legislatura. El único problema de Arcadi España es que acapare el foco que debería tener Diana Morant como figura del socialismo valenciano y le perjudique en su candidatura a la Generalitat.
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