A Trump le pone la Navidad. Si fue un 6 de enero cuando alentó el asalto al Capitolio, ha sido el tercer día del nuevo año cuando ha decidido dar un golpe en el tablero y secuestrar al matrimonio formado por Nicolás Maduro y Cilia Flores, mientras el mundo estaba atento a sus amenazas hacia Irán (aquí la portada del periódico El País el día 3 de enero).
A estas alturas poco se puede aportar que no hayan dicho ya los cientos de análisis que en tiempo récord, y con notable calidad muchos de ellos, se han podido ir leyendo en este y otros medios. Es cuestión de esperar acontecimientos y recomponer la secuencia de los hechos de forma que permita entender cómo, con total facilidad, la Delta Force entró donde dormían Maduro y Flores y se los llevó. Mientras él espera un juicio acusado de narcotraficante en unos términos delirantes –según lo que se ha filtrado del acta de acusación–, Delcy Rodríguez, su segunda de abordo, asume el poder con el beneplácito de Trump. La oposición venezolana al chavismo y la propia derecha española se han quedado estupefactas.
Trump empieza a hacer realidad por la vía de los hechos, es decir, de la fuerza bruta, la división del mundo en áreas de influencia
Por sintetizar, el America first es la nueva versión del “América para los americanos”, que expresa con absoluta nitidez sus pretensiones: todo el continente americano para EEUU en una vuelta a la Doctrina Monroe que Trump no esconde; esa que hizo de América Latina su patio trasero con el argumento de evitar la injerencia europea y luego la del comunismo. Es obvio que el pecado de Venezuela que Trump castiga no es su régimen autocrático ni haber violado con casi toda probabilidad el resultado salido de las urnas en las últimas elecciones de julio de 2024, sino ser la principal reserva de petróleo del mundo y pretender gestionarlo al margen de los intereses estadounidenses. Según cuenta Enric Juliana, China era el destinatario del 84% de las exportaciones petrolíferas de Venezuela, que el gigante asiático compraba sin usar el dólar como moneda de pago, y, al parecer, otros países productores querían seguir esa senda. Trump empieza a hacer realidad por la vía de los hechos, es decir, de la fuerza bruta, la división del mundo en áreas de influencia y el enésimo entierro –Gaza, Ucrania…– del derecho internacional. Y ahora ya sin disimulo, sin ni siquiera pensar en justificarlo. Sin complejos. Dejando el país al mando de la segunda figura del chavismo con su supervisión. Y Corina Machado, la flamante premio Nobel de la Paz, ya se sabe; una ‘chica maja’.
De todo esto, lo que más sorprende es la escenografía crudamente pornográfica, porque el contenido ya estaba anunciado en la Estrategia de Seguridad Nacional publicada el 10 de diciembre de 2025: “Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental y proteger nuestro territorio nacional y nuestro acceso a geografías clave en toda la región. Negaremos a competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio. Este "Corolario Trump" de la Doctrina Monroe es una restauración sensata y contundente del poder y las prioridades estadounidenses, coherente con los intereses de seguridad de Estados Unidos”.
En un mundo tan interconectado nada de lo que pasa en la esfera global deja de tener efectos en las políticas nacionales, y aunque, al calor de lo vivido, nuestras pequeñeces domésticas parezcan eso, menudencias, pueden ser más trascendentes de lo que se antoja en un primer momento. El golpe dado por Trump la madrugada del 3 de enero en Venezuela fue saludado con alegría y efusividad por el líder de la derecha española, Alberto Núñez Feijóo: “Llevamos muchos años denunciando el régimen de Maduro y a sus aliados, también desde la órbita del Gobierno de España. Hoy es un mal día para todos ellos. El actual Ejecutivo socialista sacó de Venezuela al ganador de las elecciones. Estados Unidos ha sacado a quien se mantuvo en el poder pese a perderlas".
Hasta la ultraderechista Marine Le Pen pasó al líder del Partido Popular por la izquierda: “Había mil razones para condenar al régimen de Nicolás Maduro: comunista, oligárquico y autoritario, había impuesto un manto de opresión a su pueblo durante demasiados años, hundiendo en la miseria a millones de venezolanos, cuando no los obligaba al exilio (…) Pero hay una razón fundamental para oponerse al cambio de régimen que Estados Unidos acaba de instaurar en Venezuela. La soberanía de los Estados nunca es negociable, independientemente de su tamaño, poder o continente. Es inviolable y sagrada. Renunciar hoy a este principio por Venezuela, por cualquier Estado, equivaldría a aceptar nuestra propia servidumbre mañana. Esto sería un peligro mortal, sobre todo cuando el siglo XXI ya presencia importantes convulsiones geopolíticas que proyectan una sombra permanente de guerra y caos sobre la humanidad. Ante esta situación, solo podemos esperar que el pueblo venezolano tenga voz lo antes posible. Son ellos quienes deben tener el poder de definir, soberana y libremente, el futuro que desean forjar como nación".
Si el secuestro de Maduro era algo ya previsto y anunciado en la citada Estrategia de Seguridad Nacional, sus planes para Europa no se ocultan tampoco: “Estados Unidos anima a sus aliados políticos en Europa a promover este resurgimiento del espíritu, y la creciente influencia de los partidos patrióticos europeos sin duda da pie a un gran optimismo”.
Que alguien le cuente a Feijóo, hoy ya ojiplático viendo a Delcy Rodríguez dirigir el país, que los aliados de Trump son aquellos partidos de la ultraderecha con los que las derechas no ultras disputan los votos. Su seguidismo acrítico de la intervención militar en Venezuela es otro aldabonazo más a que sus votantes opten por la papeleta de Vox. Le Pen, que se ha dado cuenta, ha leído el escenario y ha querido separarse del tirano. Lo incomprensible, en la aún democrática Europa, sería no hacerlo.
A Trump le pone la Navidad. Si fue un 6 de enero cuando alentó el asalto al Capitolio, ha sido el tercer día del nuevo año cuando ha decidido dar un golpe en el tablero y secuestrar al matrimonio formado por Nicolás Maduro y Cilia Flores, mientras el mundo estaba atento a sus amenazas hacia Irán (aquí la portada del periódico El País el día 3 de enero).