Nacido en los 50

Justicia y corrupción, una relación inversa

Aguirre traslada a Rajoy la petición de investigar a la diputada protegida de Lapuerta

Esperanza Aguirre afirma que destapó la trama Gürtel al denunciar irregularidades en el Ayuntamiento de Majadahonda en Madrid. Hay otras versiones como la del juez Ruz, que reconoce el origen de las investigaciones en las denuncias del exconcejal de ese pueblo José Luis Peñas, que llegó a grabar al presunto cabecilla de la trama, Francisco Correa, contando cómo daba dinero a cargos del PP –concretamente a Bárcenas, 1.000 millones de las antiguas pesetas– cintas que, por cierto, el juez ha admitido como prueba.

Antes de ir a los juzgados, el señor Peñas elaboró un informe que puso en manos de su partido, el PP, denunciando fechorías de todo tipo. Cuando vio que aquello no prosperaba, intentó reunirse con Esperanza Aguirre y, según su versión, pudo escuchar como la expresidenta de la Comunidad de Madrid decía: “Con ese hijo de puta no tengo nada que hablar”. No parecía entonces doña Esperanza, a juzgar por esta versión, muy partidaria de destapar esa trama de corrupción que crecía como un cáncer en el seno de su Comunidad, a la que se adjudicaron cientos de contratos al margen de la ley.

Ella, ingenua, engañada por todos, confiada, no se enteraba de nada y consentía. Así, los de la Gürtel hicieron el agosto en Madrid, aprovechando que esta presidenta cumplía a la perfección con el prejuicio que se tiene sobre las rubias. Esperanza Aguirre es dual: tonta ante la Justicia, la elección de colaboradores y la corrupción, e implacable Dama de Hierro, honrada y trabajadora, paradigma de la privatización en manos de empresas de sus colaboradores cuando está al frente de la Comunidad. Su vocación de servicio la lleva a estar preparada en la retaguardia para sustituir a Rajoy y regenerar la democracia si España y su partido se lo solicitan. Por ella, encantada.

Esta señora, siempre dispuesta a hacer declaraciones en todos los medios que la solicitan menos delante del juez, ante quien se acogió a su derecho a declarar por escrito como testigo del caso Gürtel, sale de nuevo a la palestra por unas imprecisiones, que en otros sitios dan en llamar mentiras, pronunciadas al desmarcarse del famoso pelotazo de Arganda, donde la adjudicación de unos terrenos produjo todo tipo de beneficios al alcalde, los intermediarios y adjudicatarios, con pagos de comisiones, por lo que se sabe, de 24,8 millones de euros y además, según el SUP (Sindicato Unificado de Policía), el famoso ático de Marbella de propietario desconocido y hoy escriturado a nombre de Ignacio González.

Hay que ver cómo caminaba esta señora entre la ciénaga sin mojarse un pelo. Ni el mismísimo Moisés separando las aguas del Mar Rojo fue capaz de semejante prodigio. En su afán de declararlo todo y evitar el delito, cuenta Esperanza que fue testigo en una reunión en el despacho de Rajoy, debemos suponer que en su presencia, del relato de un supuesto trato de favor en la adjudicación de esos terrenos en beneficio de una empresa, Martinsa, y cómo intentó pararlo todo, pero no pudo: ¡No pudo! Aquí debemos preguntarnos dos veces: ¿Por qué?

En primer lugar, ¿por qué intentó pararlo todo? Eso es tanto como reconocer que la operación era ilegal. Los ciudadanos que padecen los recortes y son testigos crónicos del baile de millones que saltan de la caja al bolsillo de sus colegas de partido desean que, en tal caso, más que un gesto voluntarioso de la heroína neoliberal se organice una investigación a fondo y las fechorías acaben en manos de la Justicia, si procede.

En segundo lugar, ¿por qué no pudo parar el pelotazo?. La explicación es graciosa. Según cuenta: “Cuando me dijeron que se había hecho por unanimidad de todos los grupos políticos, que lo había hecho la mesa de contratación. pues yo quité el cuidado”. No está mal, si todos trincan, no hay más que hablar. Es curioso, porque dice que recuerda esto “perfectamente”, pero ante la pregunta de si estaba Bárcenas en esa reunión responde que no se acuerda, cuando fueron precisamente Bárcenas y Lapuerta los que denunciaron la cuestión, al parecer porque entonces se habían peleado con Correa.

Otra vez la Espe “lista” se convierte en “tonta” en una fracción de segundo. En fin, al margen de lo curioso de esa memoria selectiva de Esperanza Aguirre, concluimos que si lo recuerda todo “perfectamente” falta a la verdad, porque dicho pelotazo no se aprobó por “unanimidad”, todo lo contrario, salió adelante con los únicos votos del PP. De hecho, el PSOE no sólo votó en contra sino que llevó el caso a los tribunales.

Como conclusión podemos afirmar, a juzgar por su testimonio, que lejos de intentar evitar el gigantesco pelotazo, no hizo nada. Se limitó a llamar al alcalde y a un concejal del municipio, que afirmaron actuar conforme a la ley, y se quedó tan contenta. Tal vez Esperanza Aguirre esperaba que respondiendo a su llamada los presuntos corruptos le dijeran: “Sí, nos lo estamos llevando muerto, estamos trincando millones y millones, pero no te preocupes que lo estamos repartiendo con tus colegas”.

Es una pena que esta nueva Agustina, arrogante, intransigente, suspicaz e implacable con los rivales, que se puso al frente de aquella denuncia anónima en la que se acusaba a un grupo de médicos de haber cometido 200 asesinatos, a pesar de saber que eran inocentes, esa misma luchadora neoliberal que ha privatizado nuestra sanidad generando grandes beneficios a empresas de sus colaboradores, pierda la memoria de forma selectiva y se diga engañada por los que la rodean, que, al parecer, la toman por tonta.

Está claro: contra la corrupción no hay quien pueda. Ni siquiera la Justicia, que rebaja la petición de trece años de la fiscalía a cuatro de condena al señor Fabraque rebaja la petición de trece años de la fiscalía a cuatro de condena al señor Fabra, al que absuelve de los delitos de cohecho y tráfico de influencias por declararse incapaz de entender en base a qué le pagaban a este señor las distintas empresas y cómo era capaz de ingresar más de setecientos mil euros en sus cuentas si sólo declara en su renta sesenta mil.

No sabe encontrar el magistrado explicación a todo esto y, de paso, rebaja a la mitad la pena por delito fiscal por la dilación en el tiempo del proceso, a pesar de reconocer que dicha dilación ha sido provocada por el propio acusado y su defensa. Dicen que la distancia es el olvido y, en este caso, también el perdón.

Hacienda somos todos, idiotas también, o por eso nos toman. La justicia y la corrupción tienen una relación inversa: a más justicia, menos corrupción, y viceversa. Visto el panorama, pone los pelos de punta pensar en la calidad de este sistema.

Nuestra Justicia se apunta a entonar el bolero que, cual banda sonora, pone música a esta opereta de corrupción en la que se ha convertido nuestro país: “Llovía y yo pasaba por allí”. Nadie quiere líos.

Mientras, el príncipe Felipe se queda en tierra porque el avión que tenía que llevarle a Brasil a vender la Marca España no pudo despegar. Buena metáfora del hundimiento al que nos están llevando estos patriotas de toda la vida.

España es el segundo país del mundo en el que más crece la corrupción

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