El fuego de San Telmo

Ha venido la primavera dibujando su curvatura entre misil y misil. Se nos ha puesto la gasolina por las nubes, mientras vive uno el vértigo del precio de la electricidad en un suspiro de luz que va desde la votación de un real decreto en la Corte de los Leones a los cielos de León XIV y el cristianismo universal. Hay tinieblas en la Habana, fuego y petróleo en el Estrecho de Ormuz y gobiernos in alvis en una buena parte de España. Cualquiera diría que estamos a merced de los elementos. 

La bandera de Donald Trump cotiza a la baja. Lo vimos en París, Marsella y Lyon, tres constelaciones donde vuelve a iluminarse el fulgor de la socialdemocracia. Lo hemos visto este lunes en Italia, con el no a la reforma de la justicia impulsada por Giorgia Meloni en su último referéndum. La gente busca estabilidad, frente a la incertidumbre USA provocada, quién sabe, si por una IA. Los italianos se lamentan de su justicia, sí, pero sigue siendo la suya. La mayoría italiana continúa confiando en su constitución, escrita y firmada por demócrata-cristianos y comunistas, o sea, antifascistas. Meloni ha querido consolidar su gobierno con un referéndum y, finalmente, ha salido escaldada en su empeño. 

Trump cotiza a la baja. Lo dicen en la Toscana y en la región de Emilia Romaña, espacio históricamente conquistado por el PCI. Se ha escuchado el mismo no a los neoliberales de la bolsa, en Milán, y lo han proclamado también, en el sur de Italia, Nápoles y Sicilia: si se debilita la justicia, se fortalece la mafia. Sólo la pétrea mirada futurista de Roma y las regiones ricas del Véneto y del Piamonte se han puesto detrás de Meloni. Este domingo veremos cuánto cotiza Putin en Hungría.  

Mientras en Roma corría este lunes un río de banderas rojas, Juan Manuel Moreno Bonilla ha encendido el fuego de San Telmo. La risa marmórea del presidente de Andalucía está a punto de repetir una mayoría absoluta. Trump no cotiza, pero sí lo hace la estabilidad. Esa es la gran lección que deberían aprender Kiko Méndez Monasterio y Santiago Abascal, al que se ha visto en Budapest junto a Orban en la cumbre de los patriotas. 

Trump no cotiza, pero sí lo hace la estabilidad. Esa es la gran lección que deberían aprender Kiko Méndez Monasterio y Santiago Abascal

En España, algo ha cambiado. ¿Habrá terminado ya el reemplazo? El mayor logro para Vox en estos caucus de la derecha sería concluir con tres gobiernos constituidos, Extremadura, Aragón y Castilla y León, antes de que Moreno Bonilla proclame su tercera victoria electoral. Veremos qué es capaz de hacer María Jesús Montero en Andalucía. ¿Será suficiente su acento sevillano para convencer a los electores de que no es una paracaidista? ¿Permanecerá en la memoria de los andaluces su paso por la consejería de Sanidad? La receta para no romper el suelo de Juan Espadas posiblemente se encuentre todavía en el ministerio de Hacienda. Tras la “deuda histórica” del Estado con Andalucía, la ministra está a tiempo de rebajar la de su comunidad con el Estado (18.791 millones de euros).

Lo que uno quiere decir en esta guillotina es que el fuego de San Telmo es hoy la estabilidad. Cualquier comicio, en Francia, Italia o Andalucía, debe tener un propósito electoral. El de Moreno es en esta ocasión la estabilidad. Sabe, a diferencia de Feijóo, que los votantes castigan los adelantos electorales. Uno corre siempre el riesgo de salirse de la curva y terminar la competición fuera de pista si pisa demasiado tiempo el acelerador.  Adelantar sin un propósito es acercarse a la derrota con vocación suicida. Moreno Bonilla, al contrario, nos trae una convocatoria electoral que se habrá celebrado después de la Feria de Abril y antes del Rocío, con un Betis que podría estar compitiendo en las semifinales de la Europa League. Nada mejor para el presidente sevillano que pasearse por Europa con los colores de Andalucía.

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