Del motor inmóvil del Madrid D.F. al aguirrismo de Otegi

El Madrid D.F. sigue metabolizando los avatares internos de la política nacional sin necesidad de que sea espoleado continuamente por Isabel Díaz Ayuso, esa escopeta nacional que no logra conectar con la ciudadanía desde que partió a Cancún con la industria de la actualidad. En cambio, el Real Madrid, tras sus últimas elecciones, sí toma protagonismo aunque sólo sea sufriendo el ferragosto del alcalde Almeida que ha visto cómo el Supremo anulaba al eterno presidente madridista los dos parkings que había levantado bajo los sótanos del Santiago Bernabéu. Ayuso y Almeida deberían saber que Florentino Pérez continúa siendo el motor inmóvil de la capital del reino. Organiza, disciplina, ordena sin moverse ni tampoco desgastarse.

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El Real Madrid, querido y desocupado lector, es una factoría de sentimientos. Será interesante saber cómo termina la reyerta entre la Iglesia Blanca y el PP local. Hasta la fecha, es una institución social y deportiva la que domina y comprende mucho mejor la demografía del Madrid D.F. que un partido como el PP o Vox, cuando se reactivan los fantasmas del pucherazo electoral, denunciando la supuesta “ingeniería” de la mal llamada “ley de nietos”. El PP de Feijóo y el de Ayuso son rehenes de este Vox, en un Madrid, capital plural, que siempre celebra el fútbol y la vida sin atender al color, al sexo, la bandera o la religión.

En ese contexto, la exportavoz del PSOE Enma López ha movido ficha presentando en Vallecas su candidatura a las primarias que decidirán la cabeza de cartel del partido en la capital. López está haciendo una campaña de recogida de avales que mira a Nueva York, a la inmigración, a Mandani, porque sabe, como dijo en su día Ramón Gómez de la Serna, que Madrid es moro. En cambio, Reyes Maroto ha decidido arrancar, después de las sesiones del Orgullo, en el barrio de Salamanca. Efectivamente, Madrid es la obra monumental de un albañil de Jaén y el marqués de Salamanca, un suponer. No te lo acabas nunca.

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Volver a José Antonio Aguirre

Afortunadamente, no todo pasa por el Madrid D.F. El Sistema España comienza a ofrecer síntomas de cansancio. Lo vimos en el último Comité Federal socialista, donde no hubo nuevas máscaras. Pedro Sánchez no habló a la ciudadanía, tampoco apeló a sus bases. Pedro Sánchez sigue sin ser Pedro. Se dirigió a los cuadros del órgano supremo entre congresos del PSOE y formuló los mismos planteamientos que ya había expresado días antes en el Congreso de los Diputados y… ya. El mensaje transmite fatiga, extenuación, cansancio, como si el Sistema España se estuviera apagando, como si el calor dilatara el momento de la transformación de Sánchez en Pedro y se hubiera aplazado para después del verano eso que hemos venido en llamar “the last dance”.

Las encuestas, mientras tanto, confirman lo que adelantamos la semana pasada aquí: el algoritmo Marchena no les funciona. Hay partido

Y no es sólo Pedro. El mismo estado de ánimo se ha generalizado en otros socios de investidura. Mientras Sumar trata de resolver sus cuitas internas, sin prestar suficiente atención a la vía Unai, en Compromís la apuesta se llama Mónica Oltra. La exvicepresidenta tratará de reeditar el Acuerdo del Botánic junto a Pilar Bernabé si el socialismo valenciano se resigna a renunciar a la que podría ser la próxima presidenta de la Generalitat. En la Comunitat Valenciana importan más las ideas y las personas que las siglas y las ideologías. Las reestimaciones de los dos últimos CIS que ha elaborado el partido nacionalista siguen otorgando la mayoría absoluta a Pérez Llorca junto a Vox. La derecha valenciana se resiente pero aguanta, mientras la izquierda plurinacional crece pero no llega. Todo sería de otra manera si no fuera por una anomalía llamada Diana Moránt.

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Los partidos del bloque plurinacional expresan síntomas de cansancio y extenuación. ¿Todos? Pues no. En el albor de la gran batalla frente al contraataque del Consorcio PP-Vox, Bildu da un paso adelante ante las próximas locales y las generales de 2027. Otegi ha entendido que la plurinacionalidad es garantía de estabilidad democrática y se expresa apostando por gobiernos de amplio espectro como lo fue el de José Antonio Aguirre, quien entendió que su gobierno debería incorporar a comunistas, socialistas y a las dos grandes familias del abertzalismo. Bildu puede gobernar Navarra —momento fundador del nuevo ciclo político— y es por eso que el líder abertzale ha querido plantear, dentro y fuera de Euskadi, gobiernos de coalición con toda la izquierda plurinacional para abrir paso a un nuevo marco político, plural, progresista y transversal frente a la España autoritaria y uninacional.

Y mientras tanto, en Andalucía, el PP sigue teniendo a un líder cautivo de Vox. Las elecciones andaluzas fueron la primera parada técnica de las generales. Moreno Bonilla tuvo la oportunidad de convertirse en Juanma si hubiera decidido no pactar con Abascal. La posible repetición de las elecciones en octubre habrían convertido al presidente de la nación del Sur en el estandarte de la derecha plural frente a Sánchez, Ayuso y Feijóo. En cambio, prefirió ser, simplemente, otro hombre más cautivo de Vox. Las encuestas, mientras tanto, confirman lo que adelantamos la semana pasada aquí: el algoritmo Marchena no les funciona. Hay partido.

El Madrid D.F. sigue metabolizando los avatares internos de la política nacional sin necesidad de que sea espoleado continuamente por Isabel Díaz Ayuso, esa escopeta nacional que no logra conectar con la ciudadanía desde que partió a Cancún con la industria de la actualidad. En cambio, el Real Madrid, tras sus últimas elecciones, sí toma protagonismo aunque sólo sea sufriendo el ferragosto del alcalde Almeida que ha visto cómo el Supremo anulaba al eterno presidente madridista los dos parkings que había levantado bajo los sótanos del Santiago Bernabéu. Ayuso y Almeida deberían saber que Florentino Pérez continúa siendo el motor inmóvil de la capital del reino. Organiza, disciplina, ordena sin moverse ni tampoco desgastarse.

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