Muros sin Fronteras

Colombia, paz interruptus

El fiasco del referéndum de Colombia tiene tres padres: el presidente Juan Manuel Santos, las FARC y las empresas demoscópicas; y un herido colateral: la posibilidad de una consulta pactada a medio plazo en Cataluña. Tras lo ocurrido el domingo y en el Brexit, todo el mundo tiene claro que vienen cargados por el diablo. Siempre fueron un instrumento peligroso que solo funciona en la ordenada (y aburrida) Suiza. Que se lo pregunten a Charles de Gaulle, Augusto Pinochet o los generales uruguayos que se creyeron su propio cuento.

En este tipo de consultas se dirimen asuntos que van más allá de la pregunta. Este ha sido el caso colombiano. La victoria del 'no' tiene cinco razones, según La Silla Vacía, uno de los mejores periódicos digitales de América Latina. Se los resumo, pero si pinchan en el enlace podrán ver el desarrollo de los argumentos:

1) Se subestimó el rechazo a las FARC y que el uribismo supo encarnar. 2) Se minusvaloró el rechazo al presidente. 3) La estrategia de Santos de decir que el sí representaba la paz y el no la guerra se hundió después de que las FARC dijeran que su compromiso iba más allá del resultado. 4) La soberbia de las FARC y del presidente y 5) El conservadurismo tradicional de los colombianos, que tan bien describe Gabriel García Márquez en su obra.

Más allá de lo que nos parezca el ex presidente Álvaro Uribe , hay que admitir que ha sabido jugar mejor sus cartas, pese a que la campaña mediática dentro y fuera de Colombia ha sido casi unánime a favor del 'sí'. Uribe ha manipulado y ha mentido. El problema de fondo es que la verdad ha dejado de ser importante para la ciudadanía.

Uribe es como Donald Trump, pero con más cabeza política. Ha denunciado que los acuerdos de paz significaban la impunidad de los crímenes de las FARC, lo que es relativamente cierto y relativamente falso. En estos acuerdos se incorporan procesos de justicia, reconocimiento y garantías de no repetición que no existieron en el acuerdo con los paramilitares y que Uribe firmó como presidente. Siempre se le acusó de ser un político próximo al movimiento paramilitar.

Para salir del embrollo del resultado del domingo, Santos deberá incorporar a Uribe para encontrar una salida al laberinto. Será complicado porque la antipatía mutua es grande. Santos fue ministro de Defensa de Uribe, actuó con mano de hierro contra las FARC. Es esa época tuvieron varios éxitos militares, entre ellos dar muerte a los líderes guerrilleros Alfonso Cano y Mono Jojoy, además del 'ministro de Exteriores' Raúl Reyes. Uribe eligió a Santos como sucesor en la seguridad de que mantendría esa línea, y como sucede en estos casos, el sucesor acaba teniendo ideas propias y da un viraje a la política seguida. Santos ha pasado de halcón a paloma. Uno de los fallos del proceso ha sido la prisa, es como si el presidente pensara más en la psicología de los cinco miembros que otorgan el nobel de la Paz que en la de sus compatriotas. The New York Times en castellano publicó un titular que ha resultado premonitorio: “Colombia se debate entre la certeza de la guerra y la incertidumbre de la paz”.

El enfrentamiento de Uribe, su defensa caudillista del 'no' tiene además de causas políticas, asuntos personales. El Gobierno Santos ha metido en la cárcel a varios colaboradores del ex presidente, incluido su hermano. Uribe representa la mano dura que se salta la ley, viola los derechos humanos y utiliza el aparato del Estado contra sus críticos. Se trata de un presidente muy poco ejemplar. Sus ocho años fueron un machaque propagandístico contra las FARC, eso y los crímenes cometidos por este grupo que hace años cambió las ideas por el negocio de la coca, han hecho el resto.

Hay un dato esencial sobre el que se puede plantear una salida. Las zonas más castigadas por la violencia han votado 'si' al acuerdo de paz. Estirando un poco el argumento, se podría decir que las víctimas han votado a favor. Sobre ese hecho será posible construir un segundo acuerdo corregido. Ese voto da prestigio a la idea de que la paz es posible.

Quizá no haya mucho margen en la justicia con penas sustitutivas de cárcel si se cumplen una serie de requisitos. No es que haya inmunidad, existe un proceso de justicia novedoso que puede acabar con que muchos guerrilleros tengan que trabajar con las víctimas, construir carreteras o reparar pueblos destruidos.

En la parte que puede acoger más cambios es en la política. El uribismo empleó eslóganes muy efectivos, esgrimió el caso español con la llegada de Podemos al Parlamento, que también conectó con Venezuela y el chavismo. ¿Quiere que Timochenko (actual jefe de las FARC) sea presidente de Colombia? Es una posibilidad muy remota, pero la frase es efectiva. No todos los frentes y todos los comandantes de las FARC están entusiasmados con el acuerdo. Algunos que cometieron crímenes de lesa humanidad difícilmente esquivarán la cárcel.

Es interesante también el estudio de las zonas que votaron si o no. Donde están las grandes haciendas se impuso en el 'no'. El acuerdo recoge el compromiso del Gobierno de entregar tierras a los campesinos. El poder que ha gobernado toda la vida en Colombia no quiere compartir su riqueza.

Si todos actúan con inteligencia y mesura, si se mantiene el alto el fuego (el Gobierno asegura que finaliza el 31 de octubre) y no hay muertos, se podría salir de esta crisis con más y mejores argumentos. Las FARC deben convencer a los colombianos de que su compromiso es sincero, así como su arrepentimiento y deseo de ayudar a recomponer los puentes emocionales del país tras 56 años de guerra. Deberá haber más pedagogía para explicar un acuerdo jurídicamente complejo e incorporar de alguna manera a sectores del uribismo.

Si las víctimas votaron mayoritariamente a favor de acuerdo, un primer paso sería sumarse a su generosidad. Lograr la paz y la justicia es parte del camino del reconocimiento de su dolor. Las víctimas ya perdieron, ahora solo puede ganar Colombia.

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