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He vuelto a abrazar

Uno de los grandes reproches que tengo que hacerle a ese maldito bicho que nos cambió la vida es que me quitara las ganas de abrazar.  

De un día para otro, dejé de abrazar a mi madre, a mi amor, a mis hermanos, a mis sobrinos, a mis amigos. Me contuve de dar mil abrazos, que necesitaba, por aquello de proteger y protegerme. Y aquella decisión de responsabilidad social era un “prohibido pisar el césped” emocional porque, en el peor de los momentos, con tanto miedo y tanto dolor, ¡cómo no íbamos a querer abrazar!

Y pasó el tiempo, mucho, tanto que nos cuesta a veces hacer memoria y situar el 2020 y el 2021 en nuestro calendario vital. Y un día, no sé cuál, descubrí algo tan triste como inquietante: que, aunque llevara en el cuerpo todas las vacunas posibles y una mascarilla protectora a estrenar; que, aunque estuviera en el subsuelo la tasa de incidencia acumulada y la curva doblegada del todo, yo… ya no quería abrazar.

Se ha escrito tanto acerca de los abrazos que no me siento capaz de aportar alguna reflexión que no haya hecho alguien antes con muchísima más brillantez, calidad literaria y sabiduría que yo. Y es que se cuentan desde tantos lugares los abrazos… desde la poesía, la música o el cine; desde la psicología o desde la neurociencia: los abrazos y su relación con el cerebro, los abrazos y la liberación de oxitocina, la serotonina y la dopamina…

Y en un giro de guion, de esos en los que la vida loca va y te abraza, cuando menos te lo esperas, la segunda temporada que acaba de concluir, la he presentado yo

Los abrazos han sido analizados y hasta cronometrados, de más de 20 segundos dicen unos, de entre 5 y 10, defienden otros… Son miles los trazos de abrazos con los que Jorge Drexler podría dibujar otra canción redonda.

El pasado jueves se emitió el último programa de El Condensador de Fluzo, un programa divulgativo de Historia en La 2. Me enganché como espectadora fiel en su primera temporada, cuando lo presentaba mi amigo, el escritor Juan Gómez-Jurado. Y en un giro de guion, de esos en los que la vida loca va y te abraza, cuando menos te lo esperas, la segunda temporada que acaba de concluir, la he presentado yo.

Ha sido una aventura maravillosa porque soy de las que creen que la cultura y la divulgación han de tener su espacio en la televisión pública. Y que en televisión se puede hacer todo si se hace bien. Y justo con esa idea nació El Condensador de Fluzo, es la que lleva en la cabeza y en el corazón su director, Aitor Gutiérrez, es la idea que comparte todo el equipo y es la que ha conseguido conectar con miles de mentes curiosas durante doce semanas.

Ha sido una aventura fascinante porque he aprendido disfrutando y he disfrutado aprendiendo de personas brillantes y buenas personas. Y ha sido una aventura maravillosa porque he vuelto a abrazar.

Hay miedos que nos cuesta vencer porque se adueñan de nosotros pero hay otros, los provocados por algún maldito bicho que un día te robó la confianza, que se borran de inmediato cuando vuelves a abrazar y compruebas que no pasa nada, al contrario, que abrazar es un gustazo. A todo el equipo de El Condensador de Fluzo y a los espectadores que nos han acompañado, gracias. Os abrazo. 

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