Todos tenemos metido en lo más profundo de nuestros cerebros una de las mejores ideas que ha tenido un creativo publicitario en su vida: el famoso “Sueldo para toda la vida” de Nescafé.
Un premio que sigue funcionando después de 35 años de éxito gracias a que sublimaba en una frase y en un concepto la aspiración de cualquier español de bien: la vida de funcionario sin el funcionariado, cobrar un sueldo para toda la vida sin tener que hacer nada, tomar un par de cafés.
La arcadia de la clase baja, la panacea para los que no nos gusta trabajar, lo que nos gusta es el sueldito.
El concepto es tan bueno que da hasta miedo:
Mandar unas etiquetas y conseguir a cambio no aguantar a un jefe déspota, horas extras no pagadas, desplazamientos infernales, un trabajo alienante o no tener que volver a poner el despertador en tu vida.
Quizás por eso la ultraderecha ha hecho suya esa reivindicación de tener por la cara –al sol– un sueldo de por vida sin hacer nada.
Le podríamos llamar El sueldo Nesfaché.
Ellos han hecho realidad el sueño. Un sueldo a cambio de nada:
No necesitas gobernar, de hecho si te lo ofrecen recházalo, no necesitas tener un discurso coherente –puedes decirle a los trabajadores que luchas por sus derechos y votar contra la subida de pensiones o la reforma laboral–, puedes ser un patriota y envolverte en la bandera y vender a la mínima a tu país para lamer las botas de un presidente megalómano de Estados Unidos…por no tener, no tienes ni que ir al Congreso; pasas un rato a media mañana y te piras en cuanto hable alguien con el que no estás de acuerdo, es decir cualquiera.
Curioso que dos de los pilares de un partido de ultraderecha acusen a su propio partido de ser ¡una dictadura!
Una paguita que en este caso es buena, porque claro, es para ellos.
Por supuesto que, con el coste de la vida, tener una vivienda en propiedad de millones de euros y un tren de vida elevado para poder competir con tus vecinos de urbanización con piscina y pádel no se puede mantener con un solo sueldo Nesfaché. Es muy importante, de hecho imprescindible, acumular varios sueldos vitalicios, y por la cara, en la misma unidad familiar. La familia es muy importante para estos partidos tradicionalistas, sobre todo si todos aportan su granito de arena, en este caso de café, a la PYME familiar.
Una lección que la ultraderecha se traía muy bien aprendida de sus hermanos mayores de la derecha.
¡Y lo mejor de todo es que nos estamos enterando de toda esta financiación por la cara y bajo sospecha por sus ex!
Si los ultras no hubieran vetado a TVE por Sanchista y estuvieran viendo la serie La Promesa se habrían dado cuenta, hace ya casi 800 capítulos, de cómo se forja una venganza y que con el amor no se juega.
Importantes exlíderes de Vox como Javier Ortega Smith o Juan García-Gallardo Frings (nótese la abundancia de apellidos extranjeros en un partido que aboga por echarlos a todos de nuestro país) han levantado la mano, aún más, para hacer notar que algo huele a podrido en esa marca.
Curioso que dos de los pilares de un partido de ultraderecha acusen a su propio partido de ser ¡una dictadura! Como si fuera algo negativo para ellos… Parece que les molesta haber militado en un partido sin democracia, donde no puede haber discrepancia. Yo asumía que eso es lo que querían para toda España y, por lo visto, no lo quieren ni para su ya expartido, pero debo de haberme equivocado.
Ha sido García guión Gallardo, el ex presidente de Castilla y León, el que más ha largado sobre sus ex, con titulares míticos que están pidiendo a gritos una portada a todo color de la revista Hola, como: “Yo perdí la confianza en Abascal cuando conocí que se estaba embolsando un tercer sueldo en la cuenta de su mujer”, “Hay enormes cantidades de recursos públicos a los que accede el partido para beneficio último de muy poquitas personas” o que algunas familias cercanas a la dirección “están detrayendo y parasitando los recursos económicos de Vox”.
Pero la mejor definición de cómo funciona el que era su partido es ésta: “Aquí hay unos pocos que están haciendo de Vox su particular gallina de los huevos de oro. Se están haciendo ricos”.
Que los que usan la bandera de España con el pollo franquista hayan convertido al partido en una gallina, la de los huevos de oro, es una idea digna de un guión de Azcona para una película de Berlanga.
Lo más curioso es que cualquier discrepancia en la izquierda llene titulares y mesas camillas de tertulias televisivas –como las definió a la perfección el adorado Pedro Vallín– durante horas, semanas e incluso años y estas gravísimas acusaciones contra el tercer partido de nuestro país no tengan apenas sitio en portadas y medios tan dados a publicar y llenar programas de televisión a base de bulos con menos fuentes que Madrid en verano.
Supongo que su sueldo Nesfaché también está en juego.
Acabamos con otra reflexión de García guión Gallardo, que está haciendo más por España desde el rencor que desde la poltrona que le regalaron, que resume muy bien este partido en el que su única patria es su bolsillo: “A este paso, Vox quedará como el plan de pensiones de Abascal”.
Lo dicho, el sueldo Nesfaché.
Todos tenemos metido en lo más profundo de nuestros cerebros una de las mejores ideas que ha tenido un creativo publicitario en su vida: el famoso “Sueldo para toda la vida” de Nescafé.