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La política es respetar a los adversarios, esos "felones, ilegítimos, okupas, desleales, mediocres e incapaces”

Si cambian las circunstancias cambio de opinión, decía Keynes, que fue uno de los inventores de la macroeconomía y, para compensar, mecenas del Círculo de Bloomsbury. Lo primero se lo echamos en cara y lo segundo es digno de agradecerse: sin su ayuda a aquel grupo de intelectuales únicos, tal vez Virginia Woolf no habría podido escribir Las olasUna habitación propiaOrlando y La señora Dalloway o E. M. Forster, Donde los ángeles no se aventuran y Pasaje a la India. Hoy es necesario callarse o poner en cuarentena la opinión de que la OTAN había llegado demasiado cerca de Rusia y había puesto sus misiles en la cocina de la Plaza Roja, porque la invasión de Ucrania ordenada por Vladimir Putin no admite paños calientes ni matices: es un acto criminal ordenado por un canalla que está matando civiles inocentes a sangre fría, tomando por las armas otro país, destruyendo infraestructuras, advirtiendo a Suecia y Finlandia con modales de lo que es, un matón a caballo que le hacía mucha gracia a nuestra ultraderecha aunque de vez en cuando envenenase a un disidente o encarcelara a un opositor, pero ahora ha amenazado al planeta entero con su arsenal nuclear, las nubes negras están en todos los cielos, los que fueron, como en la célebre frase atribuida a Bertolt Brecht, a por los judíos y después a por los negros y después a por los comunistas, ya llaman a nuestra puerta y nadie en su sano juicio puede tener dudas: es un bárbaro y en sentido estricto, porque todas las guerras son en la Edad Media. A lo mejor no es que vaya a empezar la tercera guerra mundial, sino que la segunda, en realidad, no había terminado.

En España, la tormenta internacional y la nacional mezclan sus aguas y hay quien espera que vuelva a ser verdad eso de que, a río revuelto, ganancia de pescadores. O por decirlo más claro, quien cree que cuando todos miramos hacia Kiev es un buen momento para desviar la atención, correr cortinas de humo y hacer birlibirloque con la documentación comprometedora, que podría ser lo que motivó a la presidenta de la Comunidad de Madrid a reconocer la primera factura que demuestra que su hermano y otras personas de su entorno, amigos de la infancia y demás, se beneficiaron, en los momentos más terribles de la pandemia, de las carencias de material sanitario que tanto nos angustiaban, hicieron supuestas funciones de intermediación para traerse mascarillas de China, por ejemplo, y se llevaron, según se ha publicado en infoLibre, comisiones de 67.000 euros por aquí, 170.000 por allá, 70.500 por otro lado… y así hasta que se fueron por el desagüe tres millones de euros de dinero público a los bolsillos del “entorno” de Ayuso. Hay quienes se manifiestan a favor de quien los despoja y le da a la familia lo que podría haberle dado a los hospitales, lo mismo que hay quienes te aplauden mientras te apuñalan, como hicieron las y los diputados del PP con su líder defenestrado, el otro día en el Congreso.

Pero la pregunta se hace sola: por pura lógica, si los barones del partido echaron con cajas destempladas a Pablo Casado por decir que el hermano de Ayuso cobró una comisión de 283.000 euros y ahora la Comunidad de Madrid, aprovechando que miramos, hipnotizados por el horror, a los bombardeos, confirma ese dato, los mismos virreyes territoriales la obligarán también a ella a dimitir, ¿o no? De momento, el aspirante a candidato, Alberto Núñez Feijóo, no dice ni que sí ni que no, pero la interesada ya le ha apoyado con claridad. Igual se comprenden, porque los problemas unen mucho y a él también se le acusa de favorecer a su hermana menor con contratos dependientes de la Xunta de Galicia. Las informaciones del diario Público dicen que desde que él ocupa el cargo se le han adjudicado treinta y siete millones de euros al Grupo Eulen; que la directora de esa compañía para el Noroeste de España es Micaela Núñez Feijóo y que el año anterior a que fuera ascendida la Xunta le dio a la empresa seis millones doscientos mil euros. Son números, pero dicen cosas.

Sin embargo, aún quedan muchos interrogantes por resolverse. Uno lo ha puesto sobre la mesa este mismo periódico: ¿pagó la Comunidad de Madrid el avión llegado de China con 250.000 mascarillas que costaron 1,5 millones y por las que el hermano de Ayuso cobró algo más de 67.000 euros? Es decir, 3,7 euros de comisión por cada una de ellas. Por cierto, a estas alturas, ¿dónde está el hermano de Ayuso? ¿Qué fue de la transparencia? 

A qué nivel de corrupción ha llegado el PP para que una formación que aspira a gobernar España, en vez de pedir explicaciones a quien parece que ha cometido actos inmorales y veremos si también ilegales, les corta la cabeza política a quienes lo denuncian

Y otro asunto, todavía más inquietante, es cuestionar a qué nivel de corrupción habrá llegado el PP para que una formación que aspira a gobernar de nuevo España, en lugar de pedir explicaciones a quien parece que ha cometido actos a todas luces inmorales y veremos si también ilegales, les corta la cabeza política a quienes denuncian la corrupción, aunque sea por métodos poco edificantes y con un espía de Mortadelo y Filemón, sólo que sin gracia.  “Entiendo la política desde el respeto a los adversarios”, dijo en su despedida el mismo Casado que, en su día, llamó “felón, ilegítimo, okupa, desleal, mediocre e incapaz” al presidente del Gobierno. Quien siembra viento recoge tempestades, dice la frase hecha, a la que, en este caso y en muchos otros, podríamos añadir: y no esperes que los tuyos te presten un paraguas. Y, en su caso, de tanto irse hacia la derecha le ha hecho salirse de la carretera, o lo han sacado de ella.

Hay dos guerras en nuestra actualidad, la que está más lejos, al menos por ahora, y la que está al lado; la de verdad, la de Ucrania, donde mueren personas de carne y hueso, asesinadas por orden de Vladimir Putin, y la guerra interna del PP, que no deja de ser un problema muy pequeño, comparado con la tragedia que se ha desencadenado desde Moscú. No aprendemos nada, ni siquiera que a los malos no hay que reírles las gracias sino pararles los pies. Cuando el mismo diablo a quien ahora todos identifican con un monstruo lanzaba campañas de desprestigio en las redes, los que se beneficiaban de ellas, en Washington o en Barcelona, callaban. Ahora, dan discursos.

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