Entre el conflicto terapéutico del PP y el soñado otoño fértil del PSOE

Pasada la avalancha de análisis en caliente, toca empezar a reflexionar con algo más de distancia. Los resultados de Aragón confirman las tendencias marcadas en Extremadura y parecen anticipar lo que puede ocurrir, con significativas diferencias, en Castilla y León y en Andalucía. Comparados los datos con los obtenidos en la última consulta electoral del 23J de 2023, se abren algunas líneas de reflexión: 

  • Abstención socialista. El PSOE tiene, al menos, en torno a uno de cada cuatro de sus votantes descontentos. Ni siquiera van a las urnas. Pero lo más llamativo es que mayoritariamente no se han ido a otro partido. Sin duda, están desmotivados, pero no tanto como para cambiar de bando. Como estímulo, cabe suponer que son más fácilmente recuperables que si ya hubieran decidido apoyar a otra formación política. Ahí el problema sería mucho más grave.
  • El PP cae. El PP, en mucha menor medida, pierde también votantes en Aragón, pero en este caso se van directos a votar a Vox o a SALF (Se Acabó La Fiesta). Ya ocurrió un fenómeno similar en Extremadura. Y en muchas encuestas nacionales aparece la misma tendencia. El problema se agudiza para ellos porque no consiguen compensar esa pérdida con la posibilidad de robar electorado socialista de forma consistente.
  • La barrera a la izquierda. La táctica del PP nacional apoyada por su armada mediática, su frente judicial y su soporte empresarial, sólo se ha centrado en un eje discursivo: la destrucción de Pedro Sánchez y de todo el sistema institucional. Han conseguido hacer mella en una parte de los votantes socialistas, pero efectivamente no han conseguido atraerlos a su territorio. Su deriva hacia la ultraderecha marca además una tendencia en dirección contraria a este difícil proceso de captación de voto en la izquierda.
  • Fuga a la ultraderecha. Toda la actividad de demolición emprendida por el PP no sólo ha tenido efecto en una parte minoritaria de los votantes del PSOE. También ha hecho mella en sus propios votantes. A casi todos ellos parece haberlos enfervorizado. Están movilizados y enfurecidos contra el Gobierno. El problema añadido es que a una parte de ellos los ha sobrexcitado tanto que se pasan a Vox o a SALF porque están seguros de que van a ser más duros y contundentes que Feijóo y sus desvaríos en la guerra declarada contra Pedro Sánchez.

Mientras los populares destrozan el modelo de Estado, la ultraderecha aparece como la única alternativa en mitad del erial. Después de que el PP pase con su bulldozer, la extrema derecha coloca una sombrilla y una hamaca

  • Nada nuevo a la izquierda. A la izquierda del PSOE, el análisis no puede ser más concluyente. La división, la fragmentación y el abierto enfrentamiento entre los diferentes grupos no despierta a su potencial electorado. Es posiblemente el único territorio político que depende de sí mismo y que, pese a ello, se niega a solucionar el problema al que se enfrenta. Es todo un fenómeno que merecería una reflexión antropológica. La política es siempre muy complicada por la cantidad de factores externos que influyen en la vida de cada formación. En este caso, a la izquierda del PSOE no interviene ningún vector exógeno. Todo depende de ellos mismos y de que decidan dejar de imponer todos ellos quién debe liderar ese espacio político.
  • A río revuelto. La ultraderecha vive en España una peculiar coyuntura. La salvaje y desmedida oposición que practica la tradicional derecha política le permite crecer sin tener que hacer nada. La reiterada y extendida campaña mediática del PP y su ejército colaboracionista basada en destruir todo lo que se encuentran por delante posibilita que la ultraderecha se limite a asentarse en los territorios que Feijóo arrasa. Mientras los populares destrozan el modelo de Estado, la ultraderecha aparece como la única alternativa en mitad del erial. Después de que el PP pase con su bulldozer, la extrema derecha coloca una sombrilla y una hamaca.
  • Las incertidumbres de Vox. Ante Vox aparecen también dos amenazas. Por un lado, la preocupación de que el PP alguna vez deje de hacerle todo el trabajo necesario para crecer, tal y como por ejemplo impulsa Juanma Moreno Bonilla en Andalucía. Por otro lado, las purgas y peleas internas parecen dibujar un futuro conflictivo. Los conflictos internos son constantes y los escándalos financieros empiezan a dejar surcos importantes. En Aragón, SALF ha obtenido casi veinte mil votos. De haber ido a Vox ese electorado, la formación podría haber superado el umbral del 20% del voto.
  • Revivir en otoño. Todo parece indicar que Castilla y León y Andalucía pueden seguir estas mismas tendencias. El PSOE sabe que le tocará sufrir hasta el otoño. La clave de estos meses estará en intentar que su bajada de votos se limite a acabar en la abstención y no suponga serias fugas hacia el PP. Luego, tendrá por delante todo un curso político para intentar despertar la ilusión y las ganas de combatir a una parte de sus seguidores que hoy le castigan no yendo a votar. Todo se lo va a jugar en la capacidad de Sánchez y los suyos de descubrir un propósito motivador que recupere la ilusión de sus votantes que consideren que el voto de castigo ya se ha producido en los procesos electorales previos a las generales y que un otoño fértil sea el anticipo de una frondosa primavera.

El PP sufre lo que en medicina se conoce como conflicto terapéutico. Sufre una doble patología. Le falta voto realmente numeroso proveniente del PSOE y también debe recuperar el que se está yendo a la ultraderecha

  • Feijóo en el alambre. La estrategia de Feijóo resulta más complicada de analizar. Si mantiene la línea de acoger a Vito Quiles y otros elementos similares parece evidente que ahuyentará a cualquier votante de centro izquierda. Mantendrá electrizado a su votante más excitado, pero correrá el peligro de que algunos de ellos se trasladen a Vox, antorcha en mano, en busca de una mayor pegada en el combate. Y, sobre todo, hará aumentar la tesis de que él no tiene capacidad de arrastrar voto de la ultraderecha hacia el PP. Hay momentos que da que pensar en la posibilidad de que dentro de su formación haya quien le anime cada día a acercarse un paso más al precipicio. Moreno en el centro derecha y Ayuso en la frontera ultra están esperando.
  • Enfermedades y tratamientos. Es evidente que el PSOE padece una enfermedad, aunque no es menos cierto que el mal puede ser reversible. Hay un evidente tratamiento futuro, basado en recuperar la ilusión y la motivación, que si funciona le puede permitir sanar. El PP sufre lo que en medicina se conoce como conflicto terapéutico. Sufre una doble patología. Le falta voto realmente numeroso proveniente del PSOE y también debe recuperar el que se está yendo a la ultraderecha. Su problema es que ambos males tienen difícil cura a la vez. Si tomas medicación para superar una, puede que te haga empeorar en la otra. Y viceversa.

Pasada la avalancha de análisis en caliente, toca empezar a reflexionar con algo más de distancia. Los resultados de Aragón confirman las tendencias marcadas en Extremadura y parecen anticipar lo que puede ocurrir, con significativas diferencias, en Castilla y León y en Andalucía. Comparados los datos con los obtenidos en la última consulta electoral del 23J de 2023, se abren algunas líneas de reflexión: 

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