Adriana Hest pone a la ultraderecha contra la pared de la verdad: "El fascismo se basa siempre en mentiras"

Adriana Hest publica el libro 'La ultraderecha contra la verdad'

'Con Franco se vivía mejor', 'los inmigrantes viven de paguitas y reciben más ayudas que la gente de aquí', 'el Estado no sirve para nada', 'las elecciones están manipuladas', 'el cambio climático no existe' o 'la mayoría de las denuncias de violencia de género son falsas'. Estos son solo algunos de los cincuenta bulos más repetidos del discurso de la extrema derecha que la politóloga y jurista Adriana Hest (Madrid, 2000) se ha propuesto desmontar con datos en La ultraderecha contra la verdad (Grou, 2026), un nuevo libro donde explica negro sobre blanco lo que ya hace a través de las redes sociales, donde acumula cerca de 300.000 seguidores solo en Instagram y TikTok.

¿Por qué escribir un libro como La ultraderecha contra la verdad?

Porque en redes sociales veo que la gente que está en contra de mis argumentos utiliza muchísimos bulos, así que subo más vídeos intentando desmontar todos esos argumentos basados en falacias. Y de ahí a este libro. 

¿El mayor enemigo del fascismo es la verdad?

Es así. En la actualidad hay una narrativa completamente falsa que está dominando el debate. Y eso es lo que más me preocupa, porque consensos que antes teníamos súper claros de repente los estamos debatiendo bajo falacias. Y me preocupa muchísimo porque además ahora con el tema de la inteligencia artificial el problema se ha agravado todavía más y nos está costando mucho desmentir todas estas falacias que sostienen al fascismo, que al final siempre se basa en mentiras, en negar la ciencia, en el irracionalismo. Todos esos son síntomas de fascismo y por eso tenemos que combatirlo con la verdad. Y para ello, lo bueno es que se supone que tenemos de nuestra parte cierta objetividad.

¿El fascismo odia la ciencia y el conocimiento porque ahí está la verdad más pura? ¿Por eso lo niega y ridiculiza?

Y eso es bastante desesperante, la verdad. Lo vimos en la pandemia, con Trump diciendo que había que inyectarse lejía. O incluso ahora con todas las borrascas que hemos vivido en España y la gente diciendo que por eso el cambio climático no existe, cuando nunca han escuchado realmente a los científicos.

Es muy significativo ese empeño constante en señalarles como los enemigos a batir. ¿Son los científicos los peores villanos para el fascismo?

Es horrible porque además hemos visto campañas de odio y de acoso contra científicos, que es una barbaridad. Que nos señalen a los que estamos en las redes sociales no es normal, pero tiene su sentido. Pero señalar a científicos y dedicarse a acosarles es horrible.

Y en redes sociales acosan a periodistas y comunicadores, pero si pueden ser mujeres, para ellos mucho mejor, pues así pueden mostrar su machismo y atacar a ese feminismo que es también otro de sus grandes némesis.

Todo el odio que hay hacia el feminismo al final se sustenta en mentiras, que también es una reacción a esa ola de feminismo que vivimos, cuando las mujeres salieron a la calle, plantaron cara y empezaron a hablar de conductas machistas, algo que ha molestado muchísimo. Esto es una reacción a que nos dimos cuenta de que había que cambiar muchas cosas que sobrepasaban el marco de la ley, conductas individuales que suponen un prejuicio para muchos hombres. Y al final se basa en mentiras porque sustentarlo en verdades es muy difícil.

¿Por qué cala tanto este discurso de odio?

Para mucha gente yo creo que ha sido maravilloso que de repente se normalice la homofobia o el machismo y poder decir abiertamente que lo son, aunque sea con buenas palabras. También creo que estamos viviendo una crisis muy diferente a todas las anteriores, con la vivienda, con el mercado laboral, en la que vemos que las economías crecen pero no se reparten las ganancias, y ese es el caldo de cultivo perfecto para sembrar un poco de odio entre las personas, buscar un responsable, como puede ser la inmigración, y responsabilizarle de todo lo que nos pasa. Es un discurso muy fácil en el que es sencillo instalar el odio porque la política no está sabiendo responder a todos estos problemas que tiene la población, que al final radican en el sistema económico, que es muy difícil de cambiar. Ante eso, personas a las que les causaba ya de antes incomodidad el feminismo o el colectivo LGTB, se plantean que si hay alguien el Congreso diciendo esas cosas también las pueden decir ellas. 

"Los avances en materia de derechos humanos nunca son una amenaza", defiende. Pero esa es justo la amenaza para el fascismo.

Me parece realmente horrible la necesidad de tener que escribir este libro, y que el debate que estemos teniendo en la actualidad sea sobre los derechos humanos. Debates tan básicos como que la igualdad nos beneficia o que no hay que invadir países en nombre de la democracia para quitar derechos. Son todos debates de una gran bajeza moral, y creo que hay que combatirlos porque se han normalizado muchísimo.

Para mucha gente ha sido maravilloso que de repente se normalice la homofobia o el machismo y poder decir abiertamente que lo son

Ahí tenemos a Bad Bunny defendiendo que "solo el amor es más fuerte que el odio" y miles de ultras de extrema derecha atacándole por cantar en español en la Super Bowl. Es una frase muy bonita, pero si gana la mentira a la verdad, ¿puede ganar el odio al amor?

Es lo que está pasando en la actualidad. Lo que ha hecho Bad Bunny me parece increíble, y he visto críticos de todos los lados. Para la izquierda no es suficientemente de izquierda, para la derecha es una absoluta locura y una falta de respeto que cante en español, a pesar de que hay tantísima gente que habla español en Estados Unidos en realidad. Estos son actos que dan siempre un poco la esperanza, que es lo que nos falta, la movilización, incluso el amor. Desde la otra derecha utilizan muchísimo los sentimientos y creo que nosotros también tenemos que movilizarlos para combatir esto de alguna manera, porque por ahora yo siento que estamos perdiendo en todos los sentidos esta batalla cultural o como lo queramos llamar. Este tipo de actos sirven para movilizarnos, y sí que podemos hablar del amor frente al odio, porque la ultraderecha para mí se resume en odio. Algo que se ve en el aumento de los delitos de odio, incluso de terrorismo de ultraderecha.

También habla de los bulos sobre los inmigrantes que ellos dicen que colapsan la sanidad, reciben paguitas, quitan el trabajo a los españoles...

En resumen, todos los problemas que tenemos son culpa de la inmigración: A mí no me paga suficiente mi jefe porque mi vecino es migrante. Es terrible porque además está generando un odio que se ve a través de las redes sociales y me preocupa muchísimo cómo se está deshumanizando no sólo a los migrantes, sino a cualquier persona racializada. En vez de hablar de los problemas que tienen estas personas en la sociedad, les estamos oprimiendo más porque gana el discurso de que hay alguien que está peor que yo. También entra aquí un poco el tema de la meritocracia, de sentir que hay alguien más pobre que nosotros y que no estamos tan mal, y es muy fácil generar odio hacia un colectivo que ya es vulnerable de por sí, sobre el que existen diferencias. En tiempos de crisis, como vimos en los años 30, es muy fácil movilizar el odio hacia un colectivo y plantear que si le erradicamos nosotros vamos a estar muchísimo mejor y se van a solucionar todos los problemas. 

El fascismo siempre se basa en intentar volver a un tiempo supuestamente mejor en el pasado, que en realidad nunca existió

En el libro desmiente con datos medio centenar de argumentos políticos falsos para vencer al odio. Por ejemplo, eso de que con Franco se vivía mejor que supuestamente se ha instalado tanto entre los jóvenes.

Esto es tan fácil de desmontar. Con el franquismo tenemos un problema muy grave que se ve muchísimo en la gente joven, que no es consciente de lo que fue. Por supuesto que hay un interés en reescribir la Historia. Además, el fascismo siempre se basa en intentar volver a un tiempo supuestamente mejor en el pasado, que en realidad nunca existió. Es igual que Trump, que siempre dice que quiere volver a la época dorada, pero no sabemos muy bien a qué época se refiere. Y aquí, entre líneas, igual no dicen 'queremos volver al franquismo', pero está claro de lo que hablan muchas veces y lo hacen otra vez a través de falacias o de convertir al franquismo en algo que no fue. Pienso en los típicos bulos de la seguridad social, en que se podía acceder a una vivienda... al final cambia el foco y en vez de estar aquí demandando cambios en el sistema que tenemos de vivienda para considerarla como un derecho, lo que estamos debatiendo es que con el franquismo se vivía mejor y teníamos vivienda, por lo que tendríamos que volver a un autoritarismo y es legítimo pensar como pensaban los líderes franquistas. Pero todo lo que vemos son, de nuevo, falacias.

Y así de paso borramos la conciencia y la identidad de clase.

Claro, vamos a por el que está más abajo en vez de ir a por el que está arriba, que es donde radica el problema, en la desigualdad. 

Con el franquismo tenemos un problema muy grave que se ve muchísimo en la gente joven, que no es consciente de lo que fue

¿Los asesinatos de ciudadanos en las calles de Minneapolis son el extremo del uso de la mentira del fascismo ante nuestros propios ojos?

Además incluso les llamaban terroristas, te cuentan una versión completamente diferente, aunque la realidad esté grabada, y lo peor es que la gente se lo cree. Bueno, entiendo que no se lo creen porque lo ven con sus propios ojos, pero deciden creérselo porque es una versión que sustenta sus argumentos. Por eso, creo que tenemos que conseguir tener la fuerza y llamar al sentido común para tratar de erradicar todo esto y que la verdad coja más fuerza. Es muy difícil porque Trump preside Estados Unidos y luego los dueños de las redes sociales forman parte también del movimiento MAGA. Es un luchar contra todo, de hecho, porque ahora con las redes sociales todo se ha llevado a un punto que nunca habíamos visto antes. Me resulta hasta difícil dar métodos para conseguir que la verdad vuelva a formar parte del debate, pero espero que todas las barbaridades que están pasando sean vistas por la gente y decidamos informarnos y tomar medidas. Y creo que desde los poderes públicos también habrá que hacer algo. 

¿Y los medios de comunicación qué pueden hacer?

Hay muchísimos medios de comunicación que están haciendo un trabajo increíble, desmontando bulos y contando historias individuales. Lo que pasa es que los bulos corren muy rápido, porque normalmente suelen ser sensacionalistas, van al miedo, o son noticias que resultan increíbles, se repostean mucho, llegan a mucha gente... Y en el trámite desde que sale un bulo hasta que lo desmontas ya ha conseguido instalarse. Es muy difícil combatirlos.

¿Somos más pero hacemos menos ruido? ¿Tenemos que decir esto más?

Sí que tenemos que repetirlo mucho, ya no solo personas de izquierda, sino demócratas que están interesadas en que nuestro país vaya bien, exista una igualdad y que no lleguemos a la barbarie que está llegando Estados Unidos. Es cierto que también se junta mucho la desafección política, que hay personas que no votan o no tienen ganas de movilizarse porque la política no está sabiendo responder a los problemas de la gente. Pero tenemos que ir hacia una movilización y, por supuesto, hacia una unión de la izquierda, que no sé muy bien qué está haciendo. Me parece una absoluta barbaridad lo que han hecho en Aragón, muy poco inteligente por su parte, pero ahora al menos parece que hay movimientos y ganas de juntarse, que creo que es lo que hay que hacer. Porque sí que somos más.

¿Hay que decir que somos más demócratas y que no vivimos en una dictadura?

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Esa es otra falacia, porque dicen que vivimos en una dictadura y acto seguido proceden a decir cincuenta barbaridades incluso en programas de máxima audiencia. Ese es otro argumento que se cae por sí solo. Habría que mirarse un poquito a uno mismo y ver lo que está pasando en Estados Unidos, con ese aumento del autoritarismo, creo que está el riesgo de ir hacia más autoritarismo. No creo que vayamos a ver una dictadura como la vimos el siglo pasado, pero quizás de otra manera sí. Eso hay que decirlo, porque no estamos ahora mismo en ese punto en España, pero podemos estarlo y ya lo vemos en muchos países, como Hungría, que ha visto muy perjudicado su sistema de derechos por determinados partidos políticos. Esa es una realidad. 

¿Qué le gustaría provocar en el lector con este libro?

Devolver la realidad al debate público es un primer paso. Creo que hemos llegado un poco tarde, aunque yo llevo años hablando de esto y nadie me tomaba en serio. Cuando surgía Vox yo decía que era ultraderecha y la gente se reía de mí comparándolo con Hitler, pero creo que a día de hoy esas personas ya no se ríen viendo lo que está pasando en el mundo. Ahora es cuando nos están empezando a tomar en serio por señalar y decir que esto es extrema derecha y que hay un riesgo real para todos. 

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