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Cataluña es España y lo demás tierra conquistada

Pedro Sánchez tiene acto este domingo en Barcelona. Al parecer estaba previsto que acudiera en esta fecha a la presentación de la candidatura de Jaume Collboni, pero las casualidades en política siempre se buscan. Se reencuentra con el PSC justo después de haber culminado la delicadísima operación de desjudicialización del procés, que comenzó con la negociación de la mesa de diálogo en la investidura de enero de 2020, continuó con los indultos en junio de 2021 y se completa este diciembre de 2022 con la reforma de los delitos de sedición y malversación, con cambios en el Código Penal para ajustarlo a la situación de los dirigentes que promovieron el referéndum ilegal del 1-O. Este último ibuprofeno para desinflamar Cataluña no le pasa por la garganta a muchos en el PSOE que también reconocen que, sin Cataluña, tienen difícil continuar en Gobierno. Y en éstas está Sánchez, en generar las condiciones de su tercera investidura. 

El presidente cuenta con rentabilizar en las urnas su política en Cataluña por puro contraste con la inacción de Mariano Rajoy. No sabremos nunca si con otra aritmética parlamentaria habría estado tan determinado en este asunto, pero es innegable que Cataluña ha dejado de ser un problema para España y también que en las próximas generales puede ser el salvavidas para Sánchez. Es pronto para medir si los españoles valorarán la diferente situación de 2017 y 2022, pero Cataluña y los votantes catalanes son una pieza fundamental en el puzle: allí se juegan 48 escaños del Congreso que valen mucho más que nunca para el PSOE, sobre todo ahora que el PP ha ocupado su fuerte andaluz, el otro gran territorio donde tradicionalmente los socialistas han apuntalado sus victorias electorales.  

El presidente cuenta con rentabilizar en las urnas su política en Cataluña por puro contraste con la inacción de Mariano Rajoy

Electoralmente, para Sánchez, Cataluña es España y lo demás tierra conquistada. Ahí tiene que exprimir al máximo sus posibilidades. Parece una meta complicada regresar a los 25 escaños que Rodríguez Zapatero consiguió allí en 2008, tras la aprobación del Estatut, pero el PSC está en su mejor momento desde entonces y ahí los socialistas quieren echar el resto, luchar por ser primera fuerza política en las generales del año que viene y quedar por delante de ERC que, en cualquier caso, es un actor fundamental en la ecuación de la gobernabilidad por la izquierda en la próxima legislatura.  

En las municipales de mayo próximo habrá una gran pelea del PSC y ERC (se disputan muchas alcaldías del cinturón metropolitano de Barcelona), pero Pedro Sánchez necesita que ERC haga sus deberes en el espacio del independentismo de cara a las generales, que consolide su posición de liderazgo como el partido puente en Madrid y que aporte a la suma de su investidura los escaños que no vienen de otro lado. Y eso, dicen algunos republicanos, no se consigue contando en Cataluña que gracias a ellos pueden ver Netflix en catalán o aprobando un blindaje de la inmersión lingüística que luego tumban los tribunales. ERC abrazó la mesa de diálogo con el Gobierno de coalición como alternativa a la unilateralidad y apostó por la negociación sabiendo que de ahí no iban a sacar la autodeterminación o la amnistía pero lo que tampoco se pueden permitir es ser vistos por los suyos como los pagafantas de Pedro Sánchez en el Congreso.

El camino no es sencillo. Si algo ha aprendido el PSOE en estos años de convivencia inestable con ERC es que nunca se puede fiar del todo (les dejaron tirados con la reforma laboral) pero con los indultos, la sedición y, ahora, la malversación lanzan un mensaje claro de apuesta por el futuro de esa relación atormentada a veces (el capítulo del espionaje fue un buen ejemplo de ello), muy costosa en términos familiares (hay federaciones socialistas que padecen especialmente por ella) pero conveniente para ambas partes. 

Una ERC fuerte puede alejarse sin complejos de los independentistas irredentos y puede hacer una mayor aportación que ahora (tiene 13 escaños) a la complicada suma de una mayoría suficiente aunque será a costa de echar gasolina a los motores de la derecha que, desde el Estatut y antes y después del procés, ha consolidado posiciones en otros territorios a lomos del anticatalanismo. Está por ver, eso sí, cuánto saca a estas alturas apostando por la misma estrategia y cómo. Que la agenda catalana resucite a Vox puede complicar las cosas a Núñez Feijoó, que pretendía reunificar el centroderecha con la ayuda de la crisis económica y con innovaciones como el bilingüismo cordial y ahora navega según le viene el aire. No hay vientos favorables para quienes no tienen rumbo. Pedro Sánchez ya ha elegido el suyo.  

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